Fotografía de portada: Vito Rivelli

Luego del fenómeno de Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016) -donde Mariana Enriquez aborda el horror con precisión y maestría en escenarios que van de Constitución, a Lanús, Asunción o el Riachuelo, y donde “la gente triste no tiene piedad”, entre la chica deforme del subte, mujeres que desprecian a sus maridos, un petiso espectral o incendios que aparecen y desaparecen en el medio del campo; entre el asco y lo monstruoso-, Random House publica Éste es el mar (2017), una invitación a la mitología, en diálogo con Neil Gaiman, Ray Bradbury, Arthur Machen.

El universo del rock protagoniza esta historia de fans y criaturas sobrenaturales: “el rock para mí es una de las grandes narraciones”, sostiene la autora. Helena debe convertir a una Estrella -James Evans- en Leyenda, arrojarla a una muerte esplendorosa como lo han hecho sus guías con Nick Drave, David Bowie, Jimi Hendrix o Jim Morrison.

No sin nostalgia, la novela propone el fin de una era: “Cuando el tiempo es infinito, el olvido resulta inevitable; Helena también se había revelado por eso, porque le costaba aceptar que no estaba en su naturaleza el recuerdo. Porque no quería que James se convirtiera en otro jirón de su memoria, como ese joven guerrero de los bosques que marchaba hacia el mar, como el humo de la matanza, como el sol visto desde abajo de las olas, como los huesos con restos de carne y su hedor, como las canciones”.

La sensibilidad poética y destreza narrativa que despliega Enriquez señala un camino que comienza con su primera novela Bajar es lo peor (1995; 2013), y sigue: Cómo desaparecer completamente (2004), Los peligros de fumar en la cama (2009; 2017), Chicos que vuelven (2010), Cuando hablábamos con los muertos (2013), Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios (2013), La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo (2014).

La consagración de James Evans, cantante de Fallen, última leyenda del rock, es también una historia de amor y de transformación mutua que nace en la música, motor esencial de este relato que conduce a Helena a una pregunta indispensable: “¿Cuánto tardará el olvido?”.

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¿Cómo nace Este es el mar? Hay en la novela un registro diferente al de tus libros anteriores, incluso el escenario es radicalmente opuesto (de lo local pasás a Los Ángeles), ¿fue una búsqueda intencionada?

Si, fue una búsqueda intencionada. Escribí esta novela al mismo tiempo que los cuentos, en paralelo. No fue exactamente un escape sino una manera de desarrollar otros instintos literarios. No creo ser una escritora demasiado apegada a un género o a un universo particular, me interesan muchos. El despegue de lo local tuvo que ver con tratar de salir del realismo e ir hacia la fábula. Aunque muchas cosas son muy realistas, como el universo de las fans (de las reales, claro).

¿De qué modo trabajaste en la construcción del universo mitológico que presenta la novela?

Tomé una idea “prestada” de Ray Bradbury. En un cuento de sus primeros libros, “La multitud”, imagina que todas las personas que rodean los accidentes y a los accidentados son las mismas. Tienen las mismas caras, a través del tiempo. Y son ellos los que, diciendo “muevan al tipo” o “llamen a la ambulancia” terminan decidiendo la vida y la muerte del accidentado. Pensé: por qué no hacer lo mismo con las fans. Que sean siempre las mismas. Las caritas que gritaban con Elvis son las mismas que con los Beatles, usan diferente ropa, por ejemplo, pero son el mismo ser a través del tiempo. Y su misión es convertir a los artistas que eligen en leyendas, en dioses de los que se alimentan con devoción. Contagian a los humanos. Es una idea de colmena femenina y también pensé en las mujeres de las mitologías, desde las bacantes en éxtasis hasta los tríos femeninos griegos o celtas. Hay homenajes a Arthur Machen, al Sandman de Neil Gaiman, a varios clásicos fantásticos. Y algunas referencias ocultistas leves.

En cuanto a esa otra mitología que constituye el rock, ¿qué representa para vos y la adolescente que fuiste? ¿Cómo se alimentan música y literatura?

Yo sigo siendo muy rockera, cierto que de adolescente era lo más importante de mi vida. El rock para mí es una de las grandes narraciones: el Bowie andrógino y brujo de los 70 con su fauno Iggy, los Stones y su invocación de la música negra -y toda la mitología alrededor de Brian Jones casi como bestia sacrificial-, Led Zeppelin y su ocultismo priápico, Nick Cave y Dylan y Springsteen que para mi son enormes escritores, las grandes épicas como Manic Street Preachers, las tragedias como Hank Williams o Townes Van Zandt (aunque eso es country), las chicas salvajes como Runaways o The Slits, los malditos como Robert Johnson o Sam Cooke o incluso Michael Jackson… Yo escribo con música, necesito de la música para armar escenas e incluso para conseguir ciertos ritmos o redondear un personaje y resulta fundamental para mi literatura en muchos sentidos, incluso cuando su presencia no es evidente. En este libro, claro, lo es. Creo que en Bajar es lo peor, mi primera novela, también.

Mariana-Enriquez

Este es el mar propone, no sin cierta nostalgia, el fin de una era. Como fenómeno cultural para los jóvenes, ¿qué queda después del rock?

Quedan muchas culturas juveniles. El pop juvenil es impresionante y muy secreto para los adultos, pocos sabían -hablo de la gente mayor de treinta años y sin hijas teens- quién era Ariana Grande antes del atentado en Manchester, la cultura digital -que incluye la escritura, el fan fiction, por ejemplo- con las redes y todas las comunidades desde Youtube a Reddit, el pop latino, por supuesto el deporte… Para mí el tema es que el rock sigue siendo una cultura juvenil pero minoritaria, una más en todo caso, sigue existiendo como género musical pero como cultura juvenil ya no es la más importante. Era todavía muy importante cuando yo era chica, entonces el libro tiene esa nostalgia, de fin de la juventud que se acompaña del fin de la cultura juvenil que la definió.

La novela parece dirigida a un público juvenil, ¿es el de las nuevas generaciones? ¿Considerás la figura del lector cuando escribís?

Creo que es juvenil vintage, o sea, es para jóvenes que ahora ya son adultos, para aquellos jóvenes. Claro que un adolescente la puede leer y disfrutar pero sinceramente para mí no existen los públicos tan segmentados salvo que se escriba con todas las características de un género y esta novela no es Young Adult, no es Crepúsculo, tiene otra intención desde el lenguaje y las referencias (me gustan algunos libros de YA, no lo digo peyorativamente: sencillamente es otra cosa). La figura del lector para mí es muy lejana: intento, una vez que terminé el texto, darle algo que sea grato de leer, o perturbador, o lo que elija en ese momento pero la verdad es que escribo para mí, en el sentido de que escribo lo que me gusta a mí. Y si les gusta a los lectores, es un placer. Pero no escribo para los lectores salvo en cuanto a ofrecer un texto que, creo, tiene algún valor, que al menos para mí merece ser leído, compartido.

“… y salvo otros fans nadie los entendía pero los fans amaban y sobrevivían y vivían más intensamente que la mayoría de los humanos, con excepción de los religiosos. Pero los religiosos solían ser infelices. Y los fans no.” Fanatismo y religión: ¿cuál sería el nexo que articula estos dos conceptos? ¿Cómo te llevás con la idea de dios?

No creo en Dios, no me llevo de ninguna manera. Creo que el sentimiento fanático es casi siempre religioso, devocional. Ése es el nexo que encuentro: el de la devoción, el de la fe y en consecuencia del sacrificio.

A diferencia de los cuentos de Los peligros… o Las cosas… -más instalados en el realismo-, este relato parte del fantástico. ¿Cuáles son los mecanismos que más te interesan del género? ¿Por qué creés que está tan presente en estos tiempos?

Me interesa la libertad formal y temática. Creo que hay una idea ya un poco pasada de moda que concibe al fantástico como un género con muchas reglas y yo creo -y leo- lo contrario. Supongo que está presente porque se nutre de narrativas clásicas, de mitos, de cuentos de hadas, de magia, de narrativas presentes desde siempre y que resultan reconocibles, familiares. Además es divertido.

Mariana Enriquez por Nora Lezano

¿Cuál es ese tándem que une terror y fantástico? ¿En qué términos concebís el miedo en tu literatura?

 Para mí el terror está más cerca del realismo. Como lectora de terror soy más hija de Stephen King que de Lovecraft. Mi terror suele ser más realista; cuando escribo fantástico me meto en mundos de la imaginación o mitológicos. Aunque eso puede cambiar, todos los híbridos y las mezclas me resultan lugares cómodos. El miedo en mi literatura suele aparecer muy cerca de un registro realista y hasta como emergente de lo político.

Hay en tu narrativa una fuerte impronta del gótico y, particularmente en Este es el mar, resuenan autores como Neil Gaiman o M. John Harrison, ¿cuánto del gótico hay en tu formación lectora? ¿Cuáles son, incluso en la literatura contemporánea, tus influencias más fuertes?

Hay bastante del gótico pero mucho más del decadentismo y el romanticismo: las Bronte, Rimbaud, Baudelaire, Rachilde, De Nerval. Del gótico primigenio no tanto, realmente. Lo disfruto pero no creo que sea una influencia clave, salvo Mary Shelley. Sí la novela victoriana, o mejor dicho el imaginario victoriano, desde Machen hasta Stoker, Jack The Ripper y la Golden Dawn. El gótico sureño es una influencia clave para mí, Flannery OConnor, William Faulkner, Nueva Orleans y sus vampiros. Y de los contemporáneos me gustan mucho Robert Aickan, Gaiman, Shirley Jackson, Alan Moore, Laird Barron, Kelly Link, Peter Straub, Caitlín Kiernan, Karen Russell, China Mieville, Thomas Ligotti, John Ajvide Lindqvist, Joe Hill, muchísimo Dennis Cooper -que no hace fantástico pero el trabajo con las culturas juveniles y sus morbos es notable-, Steve Ericksson, Harrison, Joy Williams, Ballard… Me gustan muchísimo escritores en lengua castellana diversos pero no encuentro grandes influencias en términos de género. Leo y disfruto a Luciano Lamberti, Samantha Schweblin, Liliana Colanzi, Marina Perezagua (que de tan inclasificable termina siendo fantástica), Tomás Downey, Ariel Pavón y muchos otros que olvido.

¿Encontrás algo de redentor en la literatura?

No, la verdad.

¿Sobre qué materiales estás trabajando ahora?

Una novela larga, más “para adultos” y casi por completo de terror.

Gran parte de tus textos tiene un claro foco en lo político y social, ¿creés en una función social del arte?

Sí. No creo que pueda cambiar materialmente las cosas, pero sí creo que la opinión del artista sobre cuestiones políticas y sociales es importante, si tiene ganas de darla. Creo que el artista puede contribuir a la discusión sobre el mundo que vivimos. No desde un lugar especial y por supuesto jamás desde un pedestal, pero como tiene el privilegio de ser una voz escuchada y a veces respetada, me parece importante que diga lo que piensa, sea en su trabajo o como persona pública. Personalmente, prefiero cuando surge del propio trabajo porque suelen aparecer ambigüedades que ayudan a pensar mejor las cosas, a que no sean tan blanco y negro como una opinión más encuadrada.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Roxana Artal

Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Se formó como actriz con maestros de la talla de Carlos Gandolfo y Augusto Fernándes. Da clases de literatura, talleres de escritura y de teatro. Se desempeña como periodista cultural. Colaboró en publicaciones como Revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla (México); Agulha Revista de Cultura (Brasil); El ojo de la tormenta, Metaliteratura (Argentina), entre otras. Se dedica también al trabajo social, desarrollando diversas actividades en escuelas rurales del interior del país.

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