La isla (des)cierta

De pequeño, tenía la fantasía de vivir en una isla desierta. No es que mi infancia fuese infeliz, sino todo lo contrario. Mi padre se encargó de alimentar mi imaginación con esas fascinantes novelas de náufragos que deben enfrentar mil penurias aislados de la civilización. Salgari y Verne me dieron muchas de las más memorables ideas de supervivencia, pero mi preferido siempre fue Robinson Crusoe. El libro me fascinó hasta la llegada de Viernes. Estaba entrando en la adolescencia y mi heterosexualidad a flor de piel no me permitía disfrutar de la entrañable amistad de estos dos olvidados. Hoy veo con cierta fascinación como la idea de los desterrados retorna de la mano de series como Lost o The walking dead.

Ya más grande, descubrí La isla de cemento de J. G. Ballard: un hombre sufre un accidente automovilístico y queda varado en un triangulo de tierra rodeado por autopistas le impiden retornar a la civilización en una metáfora feroz. Pero el principal profeta del aislamiento en la literatura fue, sin lugar a dudas, Franz Kafka y su feroz pesadilla La metamorfosis, donde Gregorio Samsa es separado de su familia no por una barrera física, sino emocional.

De sencilla etimología, el término “aislar” significa convertir en isla o, como diría el poeta John Donne llevándolo a un plano mucho más humano, separar del continente que conformamos como sociedad. El exilio en la propia tierra se ha convertido en un tema recurrente, porque la posmodernidad propone un hombre fragmentado que ha perdido sus vínculos con el otro.

Y es acá donde aparece Sergio Bizzio, originalísimo escritor que en su momento ganara el premio Emecé, dispuesto a dar un giro a su literatura en la novela Rabia, obra única dentro del panorama de la novela argentina. Se trata de un relato clásico, opuesto a los desvaríos delirantes con los que nos deleitó durante sus primeros libros, pero que sin embargo continúa plasmando una misma concepción literaria.

Rabia cuenta de la historia de José María, un obrero de la construcción enamorado de una muchacha que trabaja como mucama para uno de esos matrimonios que ya nada tienen en común excepto la comodidad de una existencia miserable pero funcional. Viven en una vieja mansión señorial que poco a poco se convertirá en un personaje más del relato: la isla donde nuestro protagonista, arrastrado por la tempestad de su propia falta de control, se verá obligado a esconderse para convivir con sus habitantes sin que nadie, ni siquiera su enamorada, sepa que está ahí.

Bizzio crea un personaje excepcional, parco y retraído, capaz de aguantar en silencio las peores humillaciones: un hombre mutilado por la sociedad y por su propio resentimiento que encuentra su espacio ideal al dejar de existir. Desde ese lugar, se convertirá en un amigo, un amante, un vengador y por sobre todas las cosas, un padre siempre presente en su absoluta ausencia. Porque José María no es un fantasma: los fantasmas quieren hacerse notar, cobrar venganza, reclamar piedad, pero él solo pretende pasar desapercibido, borrar sus huellas para, desde el vacío, reconfigurar su universo.

Rabia plantea la contradicción esencial del hombre posmoderno: la cercanía se contrapone a la realidad física, la unión con el otro se siente más fuerte con el que está alejado, la presencia virtual es más poderosa y determinante que la real. Para Bizzio, la soledad no es una isla desierta, sino una ciudad superpoblada donde la indiferencia destruye a las relaciones y desvaloriza a las personas. Dentro de este contexto, el autor de En esa época propone la paternidad como la más radical de las redenciones. Porque ser padre en el sentido más absoluto del término –trascendiendo lo biológico, como muy bien plantea la novela– es dar la cara al viento para gritar que en un mundo cruel, se puede hacer la diferencia con el amor de un hombre por su hijo.

Mis días con Robinson Crusoe y La isla misteriosas ya son lejanos. Abandoné la niñez, dejé atrás la crueldad de la adolescencia, cometí los errores de quien se adentra en la vida adulta; pero sobre todo, tuve hijos y con ellos, dejé de ver el aislamiento como una aventura para comprender que, en realidad, es solo el rostro más duro de la soledad. No sé cómo será recordada Rabia, pero me gustaría que fuese como la novela que desde la nada, se contrapuso al vacío. Una historia atrapante que refleja lo que somos y lo que podríamos ser. Un libro que muestra que en una sociedad que naufraga, no siempre la isla desierta es la única salida.

978-987-1180-63-9

Titulo: Rabia

Autor: Sergio Bizzio

Editorial: Interzona

192 páginas

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Ezequiel Dellutri

Escritor, conductor radial y profesor de Literatura especialista en géneros. Ha recibido distinciones en el ámbito de la literatura fantástica, género dentro del cual ha publicado las novelas Sobre la convergencia (Booklet) y Sobre los inmortales (UPV), además la miscelánea de horror Las tres brujas niñas (Saco de Huesos). Ha escrito dos libros de ensayo para adolescentes, ambos publicados por la editorial Verbo Vivo y publicado diversos artículos sobre literatura de género. Ha sido finalista en dos oportunidades del Premio Azabache de Novela Negra. Editorial Vestales publicó sus novelas Todo queda en familia, Nunca me faltes, Malaventuranzas y Alambre de Púas.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir la barra de herramientas