En Palermo, capital de Sicilia, Italia.

Abril de 2009

 

Mi sensación de amargura se acentuó al subir a la limusina. Miré la nuca de Enzo quien, ajeno a todo salvo a conducir, volvió a preguntarme hacia dónde debía dirigirse.

―Vamos a lo de la señorita Etty  ―respondí.

―Linda mujer aunque a ti, Giussi, nunca te gustó  ―reaccionó de improviso Enzo, mirándome por el espejo retrovisor con una sonrisa pícara,

―No seas impertinente, y conduce Enzo, que ese es tu trabajo. Lo que no me gusta es tu sonrisa, así que hagamos de cuenta que no la vi para no partirte la cara. ¡Es una orden!

Al doctorarme en Leyes fui nombrado Consigliere de los Buonfornello. me había convertido en la mano derecha del joven Ettore, capomafia de la famiglia. Él se hizo cargo de ella al regresar de La Sorbona con su título de comercialista, más un posgrado cum laude[i] en economía pesquera, el negocio legal fundado por mi primer capo, Don Giulio, su padre.

Etty era Etsuko Kada, la hija de Tamasijo Kada, cónsul japonés en Sicilia. Era la novia de Ettore desde que él regresara a Palermo.

Tamasijo Kada había llegado a Sicilia a principios de los años ’90 como asesor del Gobierno Provincial de la isla para la reglamentación de la pesca, actividad económica básica de la zona, y dar consejo de cómo evitar la disminución de cardúmenes de atún y de pez espada que, debido a la rapiña de los pesqueros clandestinos de la Mafia, corrían peligro de desaparición.

Al poco tiempo, hizo venir a su esposa, Kana, desde el Japón. Ella se adaptó rápidamente a las costumbres de la isla e hizo de su casa un lugar de reunión muy apreciado por la alta sociedad del lugar. Logró instalar, mediante sus frecuentes rendez-vous, varias costumbres culinarias y literarias japonesas. Se destacaban en sus mesas el shushi y, como refinación poética, el enviar y recibir tankas, esa exótica y antigua forma de poesía erótica nipona que fue el deleite de los amantes en los feudos del antiguo imperio del Sol Naciente.

Era natural que Don Giulio Buonfornello, capo di tutti capi de Palermo pero, sobre todo, el padrino de los pescadores, asistiera a esas reuniones. Kada y él se necesitaban mutuamente y el quid pro quo[ii] cimentó una relación mutua que, al poco tiempo, se convirtió en sólida amistad.

Ya habían pasado tres años desde que María Buonfornello le había dado su primer hijo a Don Giulio cuando yo comencé a trabajar para la famiglia. Ettore era un robusto angelito rubio. Transcurría por ese tiempo el embarazo primerizo de Kana, que culminó con la llegada de Etsuko.

Del Polo Norte al Sur, la maternidad es un don que homogeniza a la naturaleza femenina, y entre Kana Kada y María Buonfornello no fue diferente. Se convirtieron en comadres. Deduje, entonces, que esta circunstancia permitió que entre ambas mujeres se desarrollara una comunidad de intereses que en otro momento hubiese resultado impensada, dado las diferentes culturas.

También fui testigo de la relación que, tímida en sus comienzos cuando adolescentes y fogosa en la actualidad, se desarrolló entre Ettore y Etsuko, Etto y Etty. Una pasión devastadora, alentada por ambas madres.

No juzgo esta liason. Ettore es el Don y yo lo envidio. La belleza oriental de Etty desvelaría a cualquiera, hombre o mujer, pero estas misiones mañaneras a la mansión Kada, para sólo recibir y entregar sobres conteniendo tankas manuscritos por los enamorados, alteran mis nervios. Tengo un trabajo que hacer y debo cuidar mi reputación. Siendo abogado, y Consigliere, considero que menoscaba mi jerarquía.

Durante el viaje, aproveché para leer lo que el Boss había escrito a su amante:

 

Ya extinguirás

de mi cirio la flama

lo has de tallar

con hacendoso arte

otra llama prenderé.

 

¡Vaya con el chiquillo que había conocido! Todas las redes le eran dóciles, pensé, al tiempo que, por la ventanilla, vi que atravesábamos los docks del puerto de Palermo.

―¿Para dónde vamos, Enzo?  Te dije que me llevaras a la casa de la señorita Etty.

―Si, para allá iba. Recibí recién un mensaje de Don Giulio. Cambio de planes. En las oficinas del Sr. Kada está toda la familia, incluso la señorita Etty, y te esperan allí.

Temblé. Fue sólo un instante, pero las imágenes que pasaron por delante de mis ojos en esos segundos ya no me abandonaron. ¿Alguien lo habría leído?

Fue hace unos días, cuando saliendo del cuarto de Fiorella, el ama de llaves de los Kada, tropecé con el camino alfombrado y terminé en el piso. El barullo provocado por la caída no me preocupó, ya que mi relación con Fiorella era conocida por todos, pero me tenía a mal traer el haberme dado cuenta, luego, de que el sobre que me había entregado la señorita Etty para mi jefe se había deslizado de mi bolsillo al levantarme, y quedó allí, tirado sobre el tapete.

Minutos antes, Fiorella se había reído al leerlo pues el texto le pareció extemporáneo. Es más, no le encontró ni erotismo, ni romance, ni estilo. Y así era, no lo tenían, pero no le expliqué nada. Nos arropó la lujuria y Fiorella olvidó el tanka. Pero ahora, en camino a las oficinas del Sr. Kada volví a preguntarme, inquieto, ¿alguien lo habría leído?

En mi cabeza daban vueltas esas palabras. Dos eran los textos, que de tanka solo conservaban la métrica, que Etty había escrito para Etto:

 

 

¿Quiénes nos reinan

hoy, en esta Palermo?

Mentes antiguas

Mercenarios sin piedad

con sicarios bien pagos

No obstante, si

otros nos rebelamos

por otro mundo,

los viejos, ya vencidos,

dirán “adios Sicilia”

 

Al entrar a la oficina privada de Tamasijo Kada comprendí que los dos seudo-tankas no sólo habían sido leídos. Tampoco había habido confusión alguna en su interpretación. Una corriente de aire frío me atravesó, como si la calefaccionada oficina estuviese revestida con hielo.

Don Giulio hizo un gesto para que me acercara, en tanto su mano me extendía el papel perdido. Vi a María y a Kana sentadas, abrazadas, y llorando una en el hombro de la otra mientras que, vestido con un tradicional yukata[iii] gris y la empuñadura de una katana[iv] entre sus manos con la hoja apoyada en el piso, el Sr. Kada mantenía su vista fija en la pareja de amantes, Etty y Etto, que parados uno al lado del otro desafiantes y tomados de la mano, no se la rehuían.

 

En Londres, algunos meses después

 

El M5 está satisfecho. Me ha condecorado con el León Imperial de Bronce.

Tras doce años de actuar como su agente encubierto en Palermo, luego de que al graduarme de abogado me contrataran y me asignaran una misión aprovechando mi función de Consigliere de la famiglia Buonfornello, conseguí desbaratar la sociedad entre la Yakuza japonesa y la Cosa Nostra siciliana, unidas para el tráfico de heroína desde Filipinas a toda la comunidad europea.

Quizás me contraten para otra misión. O no. Ya no me importa.

Que Fiorella haya muerto me ha dejado melancólico. Pobre. Murió de un infarto masivo luego de que disfrutáramos una exquisita tarde de pasión. Al menos me quedan de recuerdo todos los tankas que yo le escribí y la agenda con todos los contactos del Sr. Kada en QC (Quezon City) en Filipinas, que ella robó para mí y se obstinó en no darme cuando, relajados y saboreando un vino rosso, le dije que el matrimonio no estaba en mis planes.

No develaré nada, más allá de lo que ya se sepa hoy. Estas cosas, pequeñas, son el seguro de un espía retirado.

Giulio Buonfornello y Tamasijo Kada, junto a sus esposas, son buscados por Interpol. Se los supone en la zona de la Triple Frontera, en Sud América. Allí habrían restablecido sus negocios, aprovechando de la Argentina la vulnerabilidad de sus fronteras y la venalidad de sus funcionarios gubernamentales.

¿Cómo huyeron? Menos me pregunta Dios, y espero que me perdone, ya que en mi informe al M5 faltó una hoja. Es esa en la que describí cómo Ettore y Etsuko programaron con sus respectivos progenitores cesar la operación en Europa.  Padres al fin, entendieron después de una larga y técnica explicación que suavizó su furia, que no era una conspiración generacional, sino que para sobrevivir y mantener la rentabilidad de sus negocios esa estrategia era imprescindible.

Etto y Etty, los apasionados amantes, no recurrieron a Dios. Yo había negociado con el M5 la libertad de ambos si ayudaban, y lo hicieron con eficiencia.

El comercialista pudo, con mi interesada “ayuda”, demostrarles a la famiglia y a la Yakuza que, con la llegada de la Comunidad y del euro, era necesario trasladarse a América por una sencilla cuestión de costos y “facilidades”. Hoy ellos residen, con nueva identidad, en Ciudad Juárez, en México.

Perdonen, pero no me interesó averiguar sus nombres actuales.

[i] cum laude (latín, ‘con alabanza, con elogio’) es una locución latina usada para indicar el nivel de rendimiento académico con el que se ha obtenido un grado académico universitario máximo, usualmente el doctorado.

[ii] quid pro quo (latín) es una locución latina que significa literalmente «quid en lugar de quo», es decir, la sustitución de una cosa por otra, «algo por algo» o «algo sustituido por otra cosa»; en latín medieval, también quiproquo.

[iii] yukata (japonés) tradicional kimono de entrecasa (no ceremonial) de uso cotidiano.

[iv] katana (japonés) espada curva tradicional japonesa utilizada antes de la apertura del Japón a Occidente en el siglo XIX solo por la clase aristocrática y sus samuráis (guerreros de estirpe). Toda familia japonesa de ascendencia aristocrática posee una o varias.

Sobre El Autor

Roberto Tito Tchechenistky nació en la ciudad de Buenos Aires y cursó su formación universitaria en la Facultad de Ciencias Económicas de la Univ. de Buenos Aires, graduándose como Licenciado en Administración. Se desempeñó en la misma Institución como Profesor Ayudante de la Cátedra de Lógica y Metodología de las Ciencias. Después de integrar distintos Estudios Profesionales de relevancia, se independizó para dedicarse a la consultoría y asesoramiento en organización y equipamiento industrial en la industria de la confección de indumentaria y textiles para el hogar. Comenzó a desarrollar su actividad literaria en el año 1999, dedicándose al relato corto y a la poesía, y también al estudio del lunfardo rioplatense, léxico que ha utilizado para redactar algunas de sus producciones.

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