Borges se suicidó. Cuenta la historia que Borges se suicidó, cuando era relativamente joven. En un hotel de Adrogué. Cargó un revolver de caño corto, lo ubicó dentro de un saco casi impoluto, se peinó frente al espejo con delicado escozor —su ya clásico temor frente a l’mushi, y se dirigió al mítico hotel que solía visitar en eones dorados, en compañía familiar. Llevó un whiskey, uno escocés —aunque su preferencia deslizaba en una variedad de ajenjo que se ha vendido en San Telmo alguna vez. La noche era oscura (sin b) y entre la humareda de arbustos la tenue niebla acaso bramaba. Miraba al cielo soluble en el aire con sus ojos ciegos para ver la marcha de almas —mancha de almas. También hubo desengaño, también hubo desamor. Una mujer que lo dejó por un poeta —uno menor. La estratagema —si se quiere, era a-la japonesa. Registrarse en una habitación. Un Hombre solo. Enivrons-nous. Y hacer que libre el cauce la vena que «late», como Dazai. [¿Cómo Chatterton?] No necesariamente: Just Borgie.

La vena late time-slip. La vena comienza a latir cuando tiene ganas. A-la hedgehog’s dilemma. La espina crece y cuando crece la vena late. Y lo que late atormenta. Heautontimorumenos. El crespón casi opaco de la habitación dió dote de sombra a su semblante rebosado en un latir-de-extravío, uno a-boca-de-sombra. Luego de haber elogiado los silencios, el poeta menor atravesó instantes de impudicia púbica: su gozar al vislumbre de lo que mejor un poeta sabe hacer. “Yo quiero ser una promesa”—Inquio “Solo las promesas son perfectas”[1].

Tras el vaivén de la lámpara sus ojos. Se revistieron de color amarillo (“Un lento atardecer, crepúsculo de verano”) enterrando su lejano brillo en una enclenque cuna del verbo [crepitacula garrula tersa] una plurivalencia que unía la metafísica de éste, la mecánica de la digestión del crepusculario ambarino, el Sartor Resartus —recientemente abarcado y las fulguraciones verbigracicas de la alquimia reverberante. Latían. Sentado en la cama sumergió sus adentros en un cumulo de angustia. La noche estaba igual, afuera. Y no volvió a salir de allí. La noche y su presencia se fundían. Así fue: L’hydre-univers tordant son corps écaillé d’astres. Ubicó la pistola apuntando a su cabeza. Sus manos temblaban con fuerza. Algunas nubes descubrían la luna al momento en que disparó. La capital porteña se alborotaba en un ajetreo ambivalente, dinámico, etéreo; tal como si nada [o, todo] ocurriese. Alguna ilusión discurría entre los rostros, una breve, una modesta, un «amor compartido» rebosante de la dignidad de jóvenes parejas [quizá sus padres, lector] alguna dicha lozana y simple, lejana a la inmundicia de internet, de los tatuajes, de la paranoia que se instauraría en «la angustia del año 2000». Un grillo redoblaba su caudal sonoro en la penumbra cuando Borges obitó[2].

Quedó otro Borges. El de la heráldica policroma, el doppelgänger. Uno que fantaseó con un final anónimo, tirado en algún callejón [tinto en sangre, guerra]; la flor de los cuchilleros …que ahora tapa la tierra. El otro. Como Mishima. Éste, intentó morir como un «cuchillero japonés» es decir: un samurái, un hitokiri. Borges cuchillero, Mishima samurái. ¿Qué podría entender un japonés acerca de lo que Borges sentía por el «honor cuchillero»? ¡Nada!. ¿Qué podrá entender una china sobre éste?. Ambos escritores fantasearon con omitir su obra a cambio de terminar sus vidas en La ley del hombre. Toda su obra a cambio de que sus vidas sean concluidas por el heroísmo, el valor: el coraje hermoso del faites morir la mort.

Cuando el recuerdo llegue a su último peldaño ¿No será uno, un doble del otro? [¿No seremos dobles de nosotros mismos, esperando un instante que resuma toda nuestra vida, que la encierre, que la metaforice encendiéndola?] ¿No confundirá el recuerdo en su azar mnémico aquello de «el saber olvidar también es tener memoria» fundiendo a ambas personalidades juntas, despellejándolas de impurezas impregnadas por el paso del mundo?. Toda novedad no es más que un recuerdo.

¿Acaso no fue Jorge Francisco Isidoro Luis Borges quien mediante su eterno Jardín de senderos, se adelantó al desfasaje de la desmemoria?. ¿Acaso no era él, quien no cesaba de recordar en cuanta conferencia o ensayo, aquel poema de Chuang Tzu?; Éste, soñó que era una mariposa. Sin embargo, al despertar ignoraba si había soñado con una mariposa, o si era la mariposa, que en ese mismo momento soñaba que era Chuang Tzu. Es mediante ese reflejo de sueños en el sueño de otro espejo, que Borges desde un pasado novedoso nos brinda una comprensión más antigua que los sueños; Que el Enûma Elish.

[…] En la pampa se abre el horizonte[3]

con el extraviado sonido del organito roto

que trajeron los marineros.

Allí llega el pueblo con la esperanza

y muere crucificado en la nostalgia de la patria.

El pueblo abandonado doblemente por la patria y la tierra nueva 

sin tejer ni un pedazo del sueño,

vaga por el laberinto del gran tiempo 

y se encuentra con su rostro verdadero y eterno

un momento antes de su muerte. […]

El poema japonés funciona como un reclamo femenino a la obra de Borges indagando en la relación con su madre. Tamura estableció amistad con García Márquez –a pesar que éste no cedió el titulo de su opera prima al carismático Shuji Terayama en vistas al film Saraba, Hakobune (“Farewell to the ark” 1984) es decir, la adaptación fílmica de “Cien años de soledad”. Una pieza pura de cine. Qué curioso que en la transición [macondo-buraku] o que no-curioso es, se hayan tomado ideas de la novela que quiso-ser Cien años… M/T del maestro Kenzaburo Oe (y quizá, muy poquito, lo fué) mediando entre dos aguas. Aguas por demás, distantes. Empero las mismas funcionan como un diluyente colombiano-japonés en ámbitos de tradición/transición campestre in koketeo parnaso-pre-zengakuren (¡Que nos bendiga Kanno Sugako!).

[4] […] «Heráldicapolicroma, heráldica de los sueños

Doblefragor corpóreo en ojos de crisálida disecada por dentro

¡Heráldicapolicroma! Limadura de Hephaestos

Del ominoso ser en reflejo imbuyendo sus alas por dentro» […]

En Gilgamesh. ¿Allí la historia soñará al lector o el lector soñará a la historia?. Enfocando las comisuras de aquel moebius semi onírico a la sombra-doppelgänger, ajeno a las aristas del ulterior calculo (el que deja a la memoria R.E.M. perturbante, acrisolada en pendularidad, algo entristecida) el recuerdo se evoca retórico: es Poe con su poema “A dream within a dream” (Un sueño, dentro de un sueño) no es acaso, desde dentro de un sueño que una obra surge? Dentro del holograma onírico de el doble «Sueño»; —En japonés se dice «Yume». El último capitulo de “Genji Monogatari” se titula: Yume no ukihashi (“El Puente flotante de los sueños”). Murasaki Shikibu también adelantó a Borges, con dicha plataforma, o con «utsusemi», aquello del cuerpo de la cigarra ya abandonado e incrustado al árbol, como metáfora de la transmigración solitaria de las acciones (lo upanishadico). De los sueños renacemos, tal como el recuerdo de Stevenson en aquello que el folklore irlandés llamaría fetch y el alemán doppelgänger; el fantasma de alguien vivo, también presente en el relato “El Otro” de Borges o en “Kafka en la orilla” de Haruki Murakami. Intervenir en los sueños se convierte, quizá, en una forma de aprehensión; el lugar donde un trickster hallaría su shinkiró (espejismo, en japonés). Por lo tanto, de esta forma, me permito en pos de vislumbrar —por algunos segundos, acaso el espejo del inconsciente Borgeano, finalizar continuando el segmento poético de la “Nueva refutación del tiempo” como una suerte de blasón de esta insomne refutación onírica.

El sueño es la sustancia de que estamos hechos.

El sueño es un río que me arrebata, pero yo soy el río;

es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;

es un fuego que nos consume, pero somos el fuego.

es el sueño quien nos sueña, aún somos el sueño.

516D27D5-8EC5-4AD7-9EF5-3A660F654556

[1] Lo cierto es que el «deseo de ser tan solo una promesa» solo se conjeturó en la mente de un extasiado Borges como una ironía. Nunca fue pronunciado como tal, es decir, solo se trató de huellas mnèmicas del poeta menor, gravitando en la imaginación del propio Borges, atormentándose. [«Yo es otro» Rimbaud].

[2] El Borges que allí tendido quedó [por si la explicación resultara necesaria] nunca más regresó.

[3] Borges con maquillaje, fragmento de poema de Satoko Tamura.

[4] Heraldicapolicroma, fragmento de un poema inédito de César Vallejo hallado en Japón.

Sobre El Autor

Ex docente FFyL UBA; Traductor en Japón desde 2007.

Artículos Relacionados

Una Respuesta

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas