EL MISTERIO DEL INCONSCIENTE

De una manera sencilla, mediante este libro de 125 páginas, la profesora Élisabeth Roudinesco da respuesta a preguntas, acerca del inconsciente, partiendo de un querer saber que reúne a niños, niñas y adolescentes interesados en descubrir el tema.

Vamos a intentar pasar revista aunque más no sea, superficialmente, a algunos de los temas incluidos en el libro, ajustándonos a la expresión popular: “para muestra basta un botón” y vamos a transcribir aquellos párrafos y fragmentos que permitan dar una idea de contenido.

Un iceberg: “Imagina por un instante ese hermoso objeto inerte, cuya mitad está inmersa en las profundidades del océano, mientras que la otra navega por la superficie del agua. Ambas mitades son iguales: la parte invisible es más importante que la parte visible, y también más peligrosa porque permanece oculta…” Obviamente, preocupa más aquello que está escondido que lo otro que resulta aparente…; esa parte escondida, la parte sumergida de la montaña blanca, compuesta de varios pisos, con trincheras, pasarelas, laberintos, sería el inconsciente. Así comienza esta charla rodeada de figuras y metáforas, de arte, de cuadros, de poemas y escenas fílmicas conocidas.

Siguiendo esta línea, Roudinesco, sugiere comparar el inconsciente con una casa flotante sobre la cual no llegamos a definir el contorno, pero sí intuir su presencia. Y entonces, se encadenan las preguntas, -¿cómo es posible que esa casa esté presente y a su vez ausente, sea flotante y sólida a la vez?- La respuesta a esta inquietud deriva en la imagen del bote sin timón, sin motor y sin vela; y a renglón seguido aparecen otras figuras, la del orate y la inconsciencia –La nave de los locos, el cuadro de El Bosco-; hombres y mujeres viviendo en un mundo invertido “un viaje fuera de la consciencia”. Pero, el inconsciente -dice la autora- podría ser el país de las maravillas con colores radiantes y, también, un agujero negro cubierto de tristeza. Y sigue diciendo que puede ser rojo como el enojo, o azul como un cielo de primavera en la pradera. Desde luego marca, ante los adolescentes, una diferencia entre “ser” inconsciente -ello implica cometer actos insensatos- y “tener”inconsciente -tener ese lugar cubierto de imaginario, intuiciones y emociones-.

Sigue un camino plagado de interrogantes y, siguen las respuestas tejiendo un buen libro.

…el inconsciente es una abstracción, es decir, una representación de la mente: lo pensamos, lo sentimos, lo construimos, pero no podemos verlo, tocarlo ni capturarlo. Y por eso no puede ser únicamente cerebral. En realidad, no vive en ninguna parte, pero sí se manifiesta, se expresa. Está envuelto por la consciencia, que tampoco vemos”.

Explica el automatismo mental, los reflejos, las reacciones involuntarias de los órganos del cuerpo.

Al tratar el tema del pensamiento “partido en dos”, acerca a este trabajo el de René Descartes, y así explica la parte racional que se vincula con la consciencia, y la irracional, ubicándola en el terreno de la locura -una parte que puede escapar abruptamente de se “agujero” – cuando uno no puede controlarse, quedando “fuera de sí”-.

Con los psicólogos y los psiquiatras aparecería la idea de “el subconsciente” y la de la persona alienada -que no ha perdido la razón ni la consciencia-. Alguien que ha mudado una parte de sí hacia un objeto, una idea, una institución, un médico, un sacerdote, un gran jefe, un brujo, un dios o varios dioses, y a ellos les encarga que conduzcan su vida… Ya no es una persona libre -aliena su libertad-; pero sí tiene un pensamiento. Aquí se dispara otra pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre un brujo, un sacerdote, un psiquiatra y un psicólogo?, y la autora contesta sobre los poderes mágicos que acompañarían la figura del brujo -predicción y sanación-. Es el elegido que cree descifrar enigmas, el “rey de la inconsciencia”. Y también aparece Harry Potter en la respuesta.

En lo que hace al sacerdote, sería el “rey de los hombres que creen en el Dios todo poderoso” que, a su vez, sería el “rey del universo y del destino”. Tanto los sacerdotes como los brujos creen en una verdad preestablecida y sagrada que no admite prueba en contrario.

Por su parte, el psiquiatra sería el “rey del subconsciente”; analiza la alienación como enfermedad. Es “médico del alma y del cuerpo”. Maneja un lenguaje de clasificaciones y designaciones y administra medicamentos y tratamientos. Por último, el psicólogo, que no es médico, se dedica a curar trastornos del alma, las pasiones, los sufrimientos.

Los psicólogos junto a los psiquiatras serían los “reyes de la razón y la consciencia”. Son portadores de un saber aprendido, que no se reconoce como dogma ni como verdad definitiva; admite la duda.

Otra personalidad destacada que visita estas páginas es Charles Darwin, más precisamente en ocasión de responder las siguientes preguntas: ¿dónde se esconde el inconsciente? Y ¿cómo se sabe qué sucede dentro del cerebro? Llevando, aquí y ahora, la solvencia de una respuesta convincente, a su mínima expresión, nos queda claro que el inconsciente no se esconde en el cerebro, pero sí existe gracias a él. Es una “representación de la mente”. Existe como una fuerza, como una energía que se manifiesta por medio de lo que sentimos, por medio de las emociones; por medio del lenguaje, cuando habla en lugar de uno -por ejemplo cuando una frase sustituye a otra; cuando uno quiere decir una cosa y dice otra-.

Otro tema es el del inconsciente en los pueblos originarios: los chamanes. Los espíritus en guerra por las almas robadas. Un pensamiento “salvaje” que, sin embargo mereció ser reconsiderado por Claude Lévi- Strauss cuando afirmó que esa manera de pensar no reflejaba ningún nivel inferior, sino que sucedía que el inconsciente, en ese caso, es ese mundo invisible poblado de mitos y leyendas, un mundo que guía los actos de los hombres, les roba el alma, los enloquece, los hace vivir o morir, dirige sus elecciones. Cuando un hombre ha perdido su alma, el curandero entra en éxtasis, en trance, él mismo enloquece con el propósito de viajar al mundo de los espíritus para recuperar el alma perdida, como un cazador rastrea sus presas. Asalta a los espíritus, negocia con ellos, les entrega regalos y trae el alma de vuelta para reincorporarla al cuerpo del hombre enfermo. Todo esto representa una forma de pensar que no tiene nada que ver con la idea que nos hacemos del inconsciente en la civilización occidental.

El alma. Un principio espiritual, inmaterial. Las creencias. En las religiones -monoteístas- Dios es el alma de los hombres, y también es el inconsciente de los hombres.

Los griegos distinguían entre “alma sangre”- la que empuja a actuar, a desear, y a relacionarse con el mundo exterior- y “alma soplo”-la asociada al sueño, a la muerte, a la fragilidad, pero además, a la eternidad, a la inmortalidad- enseña la autora. Según Platón, el alma estaba compuesta de tres partes: La inmortalidad, el recuerdo y el saber. El cuerpo sería “la tumba provisoria durante una vida”. El alma conservaría la memoria de lo vivido; en ella se inscribirían las ideas, las emociones y las representaciones. Son tres partes ligadas entre sí. Y, salir del cuerpo implicaría ir más allá hacia el conocimiento. “Recordar es saber quiénes somos”, “Aprender es actualizar la potencia de la inteligencia que tenemos en nuestro interior”.

El estado psíquico, o psiquis, es un todo a la vez consciente e inconsciente que cuenta la historia de toda una vida subjetiva, su parte visible y su parte oculta: el amor, el deseo, el sueño, la memoria, el espíritu, los antepasados.

Siguen las preguntas, y seguimos transcribiendo y resumiendo algunas de las tantas respuestas.

La ciencia en el lugar de los dioses, la ciencia fundada en el conocimiento objetivo. Y, por otro lado, los adivinos y los astrólogos creyéndose más lúcidos que los científicos. No hemos reemplazado a Dios ni a los dioses; sólo los miramos de otra manera.

Los adivinos considerados peligros desde la época de la Inquisición; perseguidos como una encarnación diabólica. Cuestionados y censurados, igualmente siguen con sus predicciones.

Otro tema es el de los mensajes subliminales. Imágenes imperceptibles que, se dice, podrían influir en el comportamiento sin que uno tome consciencia de ello. Se trata de mensajes percibidos, directamente por el inconsciente.

El tema de los sueños despierta un interés particular y, en este caso, es tratado por la profesora Élisabeth Roudinesco de un modo tal que, parecería ocupar el lugar más destacado en, éste, su trabajo. Viaje al centro del sueño, es un capítulo imperdible pero no autónomo, toda vez que remite a ideas expresadas en otros que lo preceden. Parte de un sueño que comenta uno de los niños.

Aquí, la película Titanic, sumada a una serie de datos y elementos de juicio que relaciona e interpreta la autora, ante quien soñó -la “pesadilla”-, representa un brillante análisis que permite mensurar el alcance y trascendencia del inconsciente; asumiendo que se trata de algo misterioso, nocturno y temible y, a su vez, algo más íntimo y benévolo. Viaje al centro del sueño es, además, la puerta que se abre para que entre Sigmund Freud a recorrer páginas junto a Roudinesco.

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Título: El inconsciente explicado a mi nieto
Autora: Élisabeth Roudinesco
Traducción: Agustina Blanco
Editorial: Libros del Zorzal
128 páginas

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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