EGO era la tesis de Candelaria Sabagh[1], dramaturga y directora. Ella misma aclaraba en algún momento, como autora, que la obra era autoreferencial, hablaba de ella y de quienes la rodeaban. Un mundo que podía parecer confuso para los más distraídos siendo esa era su dosis de hiper-realismo, delicioso para los espectadores atentos.

Pero esto fue hace ya doce años, yo la vi en el Teatro del Pueblo y ya antes había estado en algún otro lado. Una de las obras más dinámicas que otorgaban a cada gesto y movimiento un sentido, un intertexto, teoría aplicada al artificio teatral, un enigma y un manifiesto. En estos años hubo intentos de reformularla porque como la puesta indica en la actualidad, ese mundo de vínculos amigos al rededor del azar del juego aún está vigente.

El 15 de diciembre, en el teatro El Estepario, esta obra terminó una temporada que tuvo como director a Martín Brunetti, también actor y productor de teatro independiente.[2] Dos actores se repiten y a su vez Martín fue, hace más de una década, el asistente de Candelaria.

Volver a la obra tanto tiempo después es un evento reflexivo. Asistir nuevamente a la acción, con un texto, habitarlo, re-encontrarlo/se. Un modo simbólico de cerrar un 2018 minado de trabajo para Brunetti:

1

 

Tuviste un año muy intenso, estuvieste dirigiendo TALK, actuando en Siento Perderte y dirigiste EGO.

Martín: Y produje Para mañana es tarde[3]. Sí, se dió así este año.

¿Qué tenés planeado para el año que viene?

Martín: Me estoy yendo a Barcelona la semana que viene, voy a llevar agunas dramaturgias de Cande (Sabagh) y algunas de las obras de acá, o dirigir con actores de allá, o llevar la obra de acá. Es ir a ver, qué se hace, ver qué onda con este viaje que se dió.

¿Vuelve EGO el año que viene?

Martín: Volvemos, sí, el año que viene. Es una obra en la que yo fui asistente de dirección y me pude dar el lujo de ver la obra, que me encanta. Candelaria me dió la oportunidad de dirigir, me dió total libertad, la vió y le encantó. Está muy contenta con el resultado. Ese es mi pequeño éxito, que a Candelaria le haya gustado.

¿Qué fue lo que le diste vos a esta versión de la obra?

Martín: Lo tenía muy claro, EGO es muy buena, es larga, es compleja y yo lo que tenía que tratar era de facilitársela al espectador. A veces era muy naturalista y yo traté de diferenciar a los actores en el código de actuación, que dijeran el texto en un lugar, para facilitar. Creo que los que han visto otras puesta, en esta lo reconocen.

De todos tus roles en el teatro independiente, ¿cuál elegís?

Martín: Me gusta actuar, soy actor, por naturaleza. El ritual de la actuación, cómo se vive una función, las horas antes es totalmente distinto siendo actor que director. De hecho yo puedo no venir más y la obra va aseguir funcionando, mi trabajo está hecho. Igual soy obsesivo y tomo notas, función a función. Es más solitario el trabajo del director, más ingrato. Creo mucho en la sinergia del grupo, no tanto en el talento individual, saber trabajar con el otro.

¿Por qué repetiste actores?

Martín: Los actores estaban del año pasado, habían hecho una puesta, Candelaria lo intentó, me llamó para que hiciera la dirección de actores y ella la supervisión, la dramatirugia y la puesta. Iba a ser algo muy difícil porque íbamos a tener una decisión compartida, es incómodo incluso para los actores. Me dijo que lo hiciera yo, me dió ese lugar.

¿Cuáles de las obras vuelven el año que viene además de esta?

Martín: Vuelve Siento perderte y también tenemos funciones pautadas de TALK.

 

Cali Rogers[4] fue parte de alguna puesta en el pasado, pero fugazmente. Hernán Oviedo y Fracisco Vocos también estaban presentes hace doce años, pero ellos en el mismo papel, lo que cambió fue su recorrido a través del tiempo.

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Francisco, ¿cómo fue para vos reencontrarte con la obra después de doce años?

Francisco: Es una obra que ha  crecido conmigo porque la inocencia que creo que tiene mi personaje en algún punto, va modificándose en mi persona, tengo que estar todo el tiempo traduciendo ese punto de vista.

Fue increíble reencontrarme, porque ratifico la idea teatral que tengo de que no hay repetición posible, porque no hay manera de que yo haga lo que hice. Es encontrarse con esas palabras y ver cómo resuenan ahora en mí que soy muy diferente, toda mi vida es muy diferente a lo que fue. A su vez es una construcción muy formal, yo que trabajo desde mí, por ahí no es muy literal el texto, es muy simbólico; ver cómo resuena esa simbología en uno después de tanto tiempo. Es muy interesante y espero que haya sido lindo de ver.

El último texto es improvisado siempre, y hablo un poco sobre mi vivencia al hacer esto y sobre una cosa que siempre tuve con la directora original, con Candelaria, que es algo sobre el texto y la realidad más concreta, el personaje me lo escribieron a mí, con lo cual también es muy interesante. Siempre tuve la libertad de indagar sobre ciertas emociones o sentimientos que me pasan como actor, en relación a lo encriptado del lenguaje de la obra y lo que va pasando. Entonces tengo mi momento de romper con lo cerrado y ser yo.

Cuando hacías la obra con Candelaria, ¿también improvisabas al final?

Francisco: Si, de hecho con Candelaria, en su dramaturgia, mi personaje moría mucho antes y yo pelié para que tuviera una reivindicación. Sentía que venía a hablar de eso, un uso de la voz y la emoción o un sentimiento humano, qué pasa con eso. Me parece que funciona en el sentido de que siento que tiene mucho peso para mí, lo siento así. En el momento que expreso qué pasa con el mundo y con mi país y un montón de cosas que pienso yo como actor, en función de algo que siento tan encriptado y tan simbólico y tan autoreferencial y tan crítico en relación al teatro, que me parece que lo enriquece, pero ha ido modificándose en el tiempo. No es lo mismo lo que me pasa a mí ahora que lo que me pasaba hace doce años. Mi vida cambió muchísimo.

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Hernán, ¿cómo fue para vos reencontrarte con la obra, después de doce años?

Hernán: Uh, fue increíble, porque además hacía cuatro años que no actuaba. En un momento me distancié un poco del teatro, necesitaba otra cosa más individual y me puse a hacer fotografía, volví ahora a hacer esta obra que me llevó a un montón de lugares, a Europa. Pasamos cosas rarísimas con Fran, porque es el único que está del viaje a Europa. La obra tiene mística, una cosa de energía muy rara, al director no le gusta que digamos esto, pero, por ejemplo, con el chico que representaba antes a Santos yo tenía una relación muy oscura y la obra era muy oscura, pasamos por cosas muy intensas que se revelan en los textos de la obra, cosas que pasan con las mujeres y esa relación tan machista.

Está bueno que la obra en algún punto tiene una contrapartida, por un lado es súper machista y por otro lado es una mina que está hablando o siendo sarcástica con ese mundo tan patriarcal, eso me interesa mucho. Además la cuestión ideológica e intelectual que tiene la obra, esta cosa de la vuelta a lo mismo, de retorno de lo mismo, medio nietzschiano. Hay algo de la obra que es muy intenso en el vínculo que empieza a generar una cosa de mística entre los personajes. Nos transforma a todos, propone otros rumbos, incluso en la vida propia, nos absorbe, nos golpea. Sí hay un talento o una virtud en Martín que tiene que ver con el orden que le dio a la obra, cierta cosa de no hacer de más, ir siempre a lo que el texto propone. La hizo más punzante. Si tuviera que compararla con un texto, pienso en La cámara lúcida de Barthes, pienso en el studium y el puntum: los pibes jugando, pasa lo de la piba, pero además un puntum, una herida, un tajo; incluso en esta función final, lo que dice Tincho cuando termina la función, lo que pensamos nosotros, desde dónde nos paramos ideológicamente. Nosotros no nos paramos desde los que tiran piedras, nosotros nos paramos desde el lugar donde están los gendarmes, entonces vemos la represión, no a los diez o quince pibes tirando piedras, que es lo que reproducen. La obra tiene esa posición. Está muy claro desde dónde estamos hablando y así fue desde siempre, en el 2009, 2010, 2012, en Chile, en el Teatro del Pueblo. La obra se actualiza, la puesta de Martín, me parece, que actualizó mucho. Creo que es una obra muy bien escrita por Candelaria Sabagh y creo que va a perdurar, puede que la hagan nuestros hijos ad infinitum.

2

[1] en un entrevista para EvaristoCultural: http://evaristocultural.com.ar/2017/01/31/la-profe-de-semiotica-entrevista-a-candelaria-sabagh/

[2] en otras notas de esta revista: http://evaristocultural.com.ar/2016/07/29/esta-confusion-es-teatro/ , http://evaristocultural.com.ar/2017/08/16/talk-fem-lugar-oscuro-la-sordidez/ , http://evaristocultural.com.ar/2017/12/11/fotos-flotando-en-el-agua/

[3] http://evaristocultural.com.ar/2017/07/20/lluvia-de-dinero-y-paranoia/

[4] también presente en la nota:  http://evaristocultural.com.ar/2016/07/29/esta-confusion-es-teatro/

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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