El lenguaje poético; la función poética del lenguaje y el imaginario que, en cada tiempo, se reconoce testimonial y constitutivo de la cultura y su dinámica.

Poemas de Antología -1974-2017- de Fernando Sánchez Sorondo, exhibe con transparencia una convicción, la del poeta genuino que se acerca a la verdad con voluntad de expresar imágenes y sentires, apelando a lo más íntimo de su propia sensibilidad, sin necesidad de recurrir a esos otros lugares que podría visitar alejándose de las virtudes del alma.

Él sabe cómo tratar a las palabras, y así lo dice en uno de sus poemas:

“Cuidado, las palabras viven;

hay que ecercárceles de a poco,

negociar adjetivos,

hablarles bajo, escucharlas;

no interrumpilas, de pronto,

cuando trabajan,

cuando se alinean entre ellas

dibujando silencios, mantras, japas.

No hay que forzarlas.

El escritor es el hombre

a quien aman las palabras.

El que de tanto sentarse a oírlas

se le entregan

concediendo el poema,

la cadencia, el ritmo,

la copia fiel de la memoria,

y ese antiguo territorio

no escrito

más allá de las palabras,

el verbo haciéndose carne.

Las palabras ríen y lloran

y dictan, a veces, El Quijote.

Las palabras tienen ángeles y devas.

El sánscrito es la casa de su infancia.”

(En pág. 66: DONDE VIVEN LAS PALABRAS)

Tu obra aborda una cantidad de temas complejos haciendo, de cada uno de ellos, una síntesis cuya intensidad alcanza el poder de emocionar, de conmover. Son palabras que reaparecen con fuerza, una y otra vez, en diferentes poemas. Así, por ejemplo: MEMORIA…, el mapa de la memoria/ el espejo de la memoria/ la desmemoria/ el lastre de la memoria/ el sol de la memoria/ los vivos sin memoria/ arando la memoria/ cajones dado vuelta de la memoria/ en memoria de los muertos/ los días de memoria/ La memoria famélica… Y los recuerdos, y el olvido; bendito huerto de los olvidos… ¿Podrías hablarnos de ello, de la memoria y el olvido?

Humildemente dicho, creo que los poemas que citaste hablan mejor acerca de estos temas que lo que yo podría agregar. Aparte de que, como sabés, la nostalgia es un tema recurrente en la lírica universal, casi un sinónimo. Nostalgia de lo que fue y hasta de lo que no fue. Antonio Machado lo expresó mucho mejor en un verso: ¡infancia nunca vivida, quién te volviera a soñar!”

Otro tema recurrente es la INFANCIA. Por ejemplo: en los alrededores de una infancia/ Es el testigo, el viejo compañero de la infancia (el miedo)/ cuervos disputándose los restos de la infancia/ compañero de los juegos de la infancia (el cuerpo)/ Como hombre solo tuve infancia/ en la fotografía de la infancia/ el escapularios de la infancia/ El corazón de Jesús en el pecho como el vicvaporú de la infancia aliviándonos/ las rodillas de la infancia/ cofres sellados de la infancia/ palabra infancia… ¿Qué podés decirnos de la infancia en general y de la tuya en

particular?

Universalmente se tiene a la infancia como la verdadera ritual, acaso de un modo exageradamente romántico.

En mi propia historia, situaciones muy dolorosas dieron contexto a mi infancia: la muerte de mi madre cuando yo tenía 6 años, mi adicción a las drogas, el proceso de recuperación me marcaron terriblemente y me obligaron a una salida; todo eso impregna mi escritura. También la revelación de una dimensión espiritual a través del descubrimiento de la India y de la filosofía vedanta. En ese sentido, yo concibo la escritura como aventura del autoconocimiento, de la búsqueda espiritual. Y ahí estriba, sin ninguna especulación proselitista ni dogmática, mi mayor motor para sentarme a escribir.

PALABRAS. Por ejemplo: tener casa edificada sobre roca y no sobre palabras/ que me devuelve a la vida sin palabras/ entre palabras/ palabras de palabras de palabras/ me puse a trabajar con las palabras/ son a veces las lecturas más triviales quienes me reconcilian con las palabras/ la tremenda imprevisibilidad de las palabras/ como un homenaje que las palabras rinden al silencio/ otras palabras menos torpes/ Confiábamos en la palabra/ el don de la palabra/ Mi patria es una palabra/ y las palabras que siempre están de más/ palabras aplastadas en los ceniceros/ Su idioma, palabra desandada/ en la temeridad de toda palabra/ la última palabra, y las palabras plagiadas/ en la fraternidad inclinada de la palabra/ Sus últimas palabras salieron de mi boca/ entre palabras que nos dejan tan atrás de nosotros/ mientras nosotros dormimos de palabras y sueños nocturnos/al resplandor de una palabra que la tarde decía fuera de mi boca/las palabras que ya no nos sostienen/ la anunciación a la palabra/ Las palabras no me hablan/ Cada palabra tergiversa todo lo escrito hasta entonces/ La palabra justa. Así como se escribe una palabra para que continúe a la otra en un poema/ la falta de palabra que me inició curiosamente en las palabras/ este silencio que tachamos con palabras…¿Será posible detenernos, por un momento, (en la página 66) para preguntarte por DONDE VIVEN LAS PALABRAS y, a partir de ahí, hablar del don de la palabra y de cuándo y cómo nace y crece tu íntima relación con ellas?

Tuve una tremenda suerte. En medio de tantas dudas como se tienen de chico, estaba seguro de una sola cosa: lo mío era escribir. De entrada, en mi casa no los puso muy felices la noticia porque, con toda razón, sospechaban que el temperamento artístico podía resultar sinónimo de una extrema sensibilidad y de transgresión. Sin embargo, con el tiempo y “la dura obstinación de los hechos” como diría Borges, terminé encontrando apoyo.

Y tuve mi primer maestro muy cerca, en realidad, en la persona de un vecino que resultó un gran poeta y amigo, Oscar Corbacho. Ya más grande recibí también el estímulo de un amigo de mi padre, el poeta y novelista Leopoldo Marechal, que fue absolutamente generoso conmigo y con los textos que yo le mostraba. Por último fue en el colegio Sarmiento nocturno donde conocí a mi primer editor, Héctor Landolfi, a cargo de Américalee. Héctor editó mi primer libro de cuentos: “Por orden de azar”, con el que obtuve el Tercer Premio Nacional de Literatura para el bienio 63-65.

Hasta aquí: la palabra, la infancia y la memoria. Pero son tantos más los temas recurrentes puestos en palabras tales como: amor, cuerpo, edad, deseo, miedo, escarmiento, fantasmas, madre, muerte, Dios, eternidad…¿Qué podrías decirnos acerca de cada una de estas palabras que se instalan con frecuencia en tus poemas?

Evidentemente son las palabras que configuran mi diccionario poético, los “nombres” de mi yo lírico, mis “heterónimos”, para decirlo con Pessoa.

Voy a tomar dos de estas palabras, al solo efecto de relacionarlas, para preguntarte por la edad de los fantasmas. Borges y Cortázar, también Perón. ¿Qué lugar ocupan ellos en tu memoria?; ¿sería posible relacionar a cada uno de estos nombres con alguna de las palabras hasta aquí seleccionadas durante el desarrollo de esta entrevista?

Borges-Cortázar-Perón: Algo así como las “paradas” o “estaciones” del escenario vital que me tocó en suerte, y quise “bajarme” (obvia metáfora) en todas estas paradas porque me gusta escribir sin abjurar del “aquí y ahora”.

El poema, la cadencia, el ritmo. La creación. Quisiera que nos hables de ello; de la expresión y del tiempo en la poesía.

Decime si me equivoco al pensar que en ningún otro género literario que no sea la poesía podría expresarse de manera tan honda y esencial aquello que acontece en “el corazón” humano…

Como podemos imaginar y también recordar fácilmente, el tema ha sido y será abordado desde todos los géneros literarios, pero en ninguno, en mi opinión, se logrará esa plenitud expresiva que es propia de la poesía.

Se trata de una cuestión que atraviesa todos los temas, asuntos, situaciones y vivencias que atañen a la escritura literaria y, por supuesto, a la vida: la poesía fue, es y será siempre su corazón, su centro, su núcleo, la base desde la cual fluyen la diversidad de sus vertientes.

Sin embargo, afirmar su primacía no equivale en absoluto a desmerecer el esplendor y la gloria de los géneros derivados: la narrativa, el teatro, y las diferentes formas de la prosa; al contrario. Todas ellas, desde luego en la singularidad de sus diversas modalidades, comparten un origen vivo, nutriente, radiante, expansivo, una filiación materna, que es la poesía.

Lo expresa Leopoldo Marechal muy bien cuando dice, citando a Aristóteles: “todos los géneros, son géneros de la poesía”.

A que la poesía fluye por debajo de los demás géneros como de contrabando. Aunque emplea palabras, no las dice, las IRRADIA, está más allá de ellas, las hace sentir. Contagia su significado y la atmósfera de su significado.

¿Qué podés decirnos de la relación entre la poesía y la política y, fundamentalmente, de la poesía ligada a la conciencia crítica?

La poesía puede relacionarse con la política; no es el caso de mi propia poesía; pero sí el de grandes poetas como Pablo Neruda.

Poesía y religión. Te pido una reflexión al respecto.

En mi opinión poesía y religión o, mejor poesía y espiritualidad es lo más alto que existe en el género, es la poesía mística.

No quiero dejar de preguntarte por el cierre de EL FRÍO ES DIFÍCIL (pág. 49): “La poesía es el borrador de la muerte”

Una metáfora que alude a la esencialidad que la poesía y la muerte comparten. La calavera de los místicos.

Hablanos, por favor, de tus lecturas en la actualidad.

Leo poesía mística –por ejemplo San Juan de la Cruz- y poetas argentinos como Miguel Ángel Bustos y Enrique Molina -mis predilectos- y leo muchos cuentos y novelas especialmente contemporáneos.

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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