Contraviniendo la periodicidad estipulada por Tía Vicenta -publicitada en la fotografía que sigue a estas líneas- hoy, martes 13 de marzo de 2018 a las 19 hs, el Archivo de Historietas y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno inaugura la muestra Breve Historia Universal de Landrú en las salas María Elena Walsh y Leopoldo Lugones de la institución. La muestra reúne dibujos, manuscritos, impresos y documentos originales inéditos del singular humorista argentino.

Una introducción a la cosmogonía landrusiana

A setenta años de su publicación, incluso las primeras obras de Landrú mantienen la capacidad de darle al lector un shock de desconcierto, esa potencia que fatalmente el paso del tiempo va velando en tantas otras creaciones del humor.

En cualquiera de las formas que se proceda para seccionar su trabajo, cada período se presentará como la manifestación de una obra acaso absoluta, parte de un universo acabado, como el conjunto de expresiones de un sistema ordenado y armonioso. En toda su trayectoria no parece haber necesitado buscar las maneras, no hay en ella devaneos ni ensayos de estilo: es única y directa, segura de principio a fin. Y continuamente desopilante.

El universo de Landrú está enteramente prefigurado en una pieza de factura precoz, el Génesis Novísimo: “Dios pegó una patada a un trocito de la Vía Láctea que quedó girando, lo que lo condensó en un queso, de cuyos sueros se formaron los mares y ríos, y al arrugarse, las montañas. Sus gusanos fueron los primeros habitantes. Ese es el origen del mundo”.

Con frases tan certeras como esas, el quinceañero Juan Carlos Colombres escribió y dibujó su propio relato cosmogónico.

Ha contado sobre su escolaridad: “Cuando estaba engripado me quedaba en cama y armaba revistas y diarios, mezclando titulares, noticias, dibujos e historietas que después llevaba al colegio y, por lo que recuerdo, eran muy exitosos”. Esto reafirma su posición de demiurgo, por cuanto practicó los mismos procedimientos para su obra profesional, logrando extenderlos como los modos en que su universo habría de manifestarse, muy nítidamente ya en su rol de editor. Tía Vicenta es la ópera magna de lo que el niño Colombres practicaba engripado: la reconfiguración de un relato o retrato del universo, el mundo, el país, sus faunas y su actualidad mediante la mecánica del collage con sus fragmentos, cuya combinación y sorpresa asociativa tal vez no sea fortuita. En la práctica artística landrusiana, la vida privada y pública descubren inquietantemente su irracionalidad, y es ahí donde larva su impacto el efecto humorístico: todo es incongruente pero está sucediendo, realmente sucede en el aquí y ahora de la viñeta, como cuando hace confluir a esas señoras de su casa –esa señora que reveló como un estado del ser argentino– con las figuras de la actualidad política en la misma viñeta –ese living anacrónico–, apoderándose del tema del momento político y exponiendo su inmanente absurdidad.

No interesa, para esta exposición, tratar otro abordaje hacia una obra por demás imposible de enjaular en una única mirada que aquel que emana de lo que el muchachito Juan Carlos Colombres plasmó en un cuaderno Avon a fines de la década del treinta, cuando para diversión de sus compañeros del secundario se dio a crearlo todo nuevamente desde el origen mismo, y lo logró. Los ecos de su impronta son verificables en nuestra historia, pero las resonancias de la obra preanunciada en esa visión adolescente aún son impredecibles, porque ese universo está activo y lo verificamos con cada nuevo shock.

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