Menuda manera de Alejo Stivel de recibirme en el living de su departamento. Son cerca de las 18 hs. de una tarde otoñal madrileña y lo primero que me encuentro al entrar a su hogar son dos gatas blancas, gordas y bellas (Mirta y Rebeca) que me observan de manera seductora apostadas sobre el cabezal del sofá, y a las que Alejo no dejará de mimar hasta lo imposible a lo largo de la entrevista. Por el resto, estamos rodeados de todo lo que se supone tenemos que estar rodeados en el hogar de un artista de rock y productor musical de mil historias. Hay una estantería  inmensa repleta de vinilos, cintas de video y DVDs en sana convivencia con unos buenos racks de equipos de audio, y una fonola auténtica que ahora está apagada, al igual que el semáforo que está del otro lado, no muy lejos del almohadón que reza “like a rolling stone”. Y varios posters enmarcados en las paredes, entre los que se destacan un retrato de Joni Mitchell, otro con la portada del disco “Sticky Fingers” y un tercero con una foto del afablemente salvaje escritor y periodista Hunter S. Thompson, en cruel blanco y negro, más una camiseta enmarcada de la Selección argentina con el número 10 firmada y dedicada por, claro, Diego Maradona. También hay una mesa ratona grande sobre la que descansan varias pilas de libros, y entre los que sobresale uno de puteadas en idish. Y dos sillas de barbero originales enfundadas en cuero rojo sobre las que al entrevistado le gusta retozar.

Alejo continúa promocionando “Yo Era Un Animal”, su nuevo  álbum de estudio, editado en septiembre pasado, y segundo trabajo solista de su carrera tras el disco de versiones “Decíamos Ayer” lanzado en 2011, pero el primero de canciones enteramente propias (“con la ilusión de un principiante, es como si fuera el primer disco de mi vida”, señala) El título bien debería tomarse como una declaración de principios de una vida suficientemente intensa cuya línea de largada bien podría comenzar en la Buenos Aires de  1976 cuando, en plena adolescencia, tuvo que vivir de cerca la muerte de su padrastro (el escritor, poeta y periodista Francisco “Paco” Urondo , a quien Alejo define como “mi segundo padre”) quien tras haber optado por la lucha armada, fue asesinado por las fuerzas de la dictadura militar argentina, lo que terminó llevando a los Stivel a emigrar a destinos más serenos. Fue cuando arribaron a España, casi paralelamente a los Rotenberg, familia que incluía a Ariel (Rot), su amigo de la infancia, y con el que ahora, en la nueva tierra que los albergaba, formaría Tequila, el combo hispano-argentino que enhorabuena salvó al rock en español a fines de los ’70, para luego convertirse en un triunfante productor discográfico con más de 200 producciones a cuestas. Lo que a grandes rasgos resulta la vida de aquel animal que pudo haber sido cierta vez, pero al que al mismo tiempo la gacetilla de prensa de su nuevo disco, en el que vuelve a reinventarse, prefiere dejar en claro que “no sabemos qué pacto hizo esta vez Alejo con Lucifer, pero este disco va cargado de magia negra” Y todo mientras Mirta y Rebeca, galantemente, nos siguen mirando de reojo.


Como para ir rompiendo el hielo, ¿qué hace esa camiseta de la selección argentina firmada por Maradona enmarcada en la pared?
Cuando hicimos “19 Días y 500 Noches” con Joaquín (Sabina, el álbum que Stivel produjo en 1999), yo estaba buscando apoyo para el disco, y entonces llamé a mi cuñado Jorge Guinzburg, y le pedí que metiera a Joaquín en uno de sus programas, ya que en esa época estaba haciendo “La Biblia Y El Calefón” en la TV argentina, y entonces me dijo que sí. Pero yo le pedí que me haga un programa “guapo”, porque iba a llevar a Joaquín hasta allí. Fuimos especialmente desde Madrid a grabar ese programa. Y los otros invitados esa noche eran Maradona, Charly y Graciela Alfano. Y después nos fuimos todos a cenar a casa de mi hermana Andrea, fue una noche fabulosa. Y fue ahí cuando Diego me firmó la camiseta.

¿Y esa foto de Hunter S. Thompson?
Es una autofoto. Fue sacada de una exposición. Luego de morir, después que se suicidó, Johnny Depp, que se había hecho muy amigo de él cuando hizo la película “Miedo Y Asco En Las Vegas”, organizó una exposición de fotos en Londres para recaudar guita para la viuda. Los dueños de la galería, la Michael Hoppen, que queda en Chelsea, son amigos míos, y me regalaron esa foto.

Yendo a tu infancia, siempre me resultó confusa tu historia paternal. Sé que sos hijo biológico de David Stivel que, por supuesto, fue un renombrado escritor, productor y director de cine y televisión en Argentina. ¿Cómo es entonces que siempre se habla primeramente de Paco Urondo? ¿Y ya que estamos, acaso tuvieron ellos influencia en tu carrera artística?
Es que yo tengo dos viejos. Está David, pero Paco es tan o más papá que David. Y sí, los dos tuvieron mucha influencia en mi carrera, si bien cuando matan a Paco yo todavía no la había empezado. Y cuando finalmente empecé mi carrera aquí, mi viejo ya vivía en Colombia, así que casi no lo veía. Su influencia fue más que nada en mis años de formación como persona, y no como artista. Más que nada por lo que yo veía de ellos, porque sobre todo yo mamé de ellos, y también de mi vieja, claro (la actriz Zulema Katz) Y también de todo su entorno, de todos sus amigos. Por mi casa pasaba una cantidad de gente talentosísima, que para mí eran una especie de tíos, de los cuales yo no sabía de la dimensión que tenían como artistas.

Eras todavía muy chico.
Claro. Actores, escritores…que me transmitieron muchas cosas que me quedaron dentro.

Me hace acordar a la anécdota que me contó Ariel (Rot), de cuando una noche, por estar durmiendo, se perdió la visita de Vinicius a la casa de sus padres.
Bueno, a mí no me mandaban a dormir, siempre me dejaban quedarme. Siempre contaban conmigo en las reuniones, y ahí aprendía muchísimo.

Tengo entendido que ya pensaban en formar una banda.
Sí, ya teníamos la idea en la cabeza de formar un grupo desde antes. Incluso teníamos algunas canciones que salieron en el primer disco de Tequila.

¿Cómo cuáles?
“Abre El Día”, “Nena Qué Bien Te Ves”, o  incluso “Necesito Un Trago”. Ya las habíamos compuesto en Buenos Aires. Y las compusimos con nuestras guitarras criollas, porque todavía no teníamos guitarras eléctricas, o era que las que teníamos eran de esas de marcas truchas. Llegamos aquí, y a Ariel le compran una Gibson SG. Y en cuanto a mí, Norman Brisky le pidió a un amigo que viajaba a New York que me traiga una Stratocaster, que le pagué tras juntar la guita laburando. Por ese entonces había muy pocas guitarras en Buenos Aires. Incluso recuerdo que una vez Spinetta le prestó la Fender Stratocaster a un amigo mío que era compañero de colegio, del Juan María Gutiérrez. Se había corrido la voz de que un pendejo tenía una “Strato” y se la pidió prestada, imaginate.

¿Podrías decir que de alguna manera los motivos que llevaron a los Rotemberg y a tu familia a venir a España fueron similares?  ¿Era algo que se acordó previamente entre ambas familias?
Sí, casi vinimos juntas, apenas con una diferencia de 15 días. Hubo una reunión en casa de los Rotenberg a la que fuimos con mi mamá. Sabíamos que había que irse, y se decidió conjuntamente venir a España.  Mi mamá tenía en verdad más amigos en México, en Perú, en Cuba, en Venezuela, pero un poco también fue decidido así para que ambos tuviéramos un amigo cerca. Pero bueno, no fueron los mismos motivos. Ellos vinieron porque la situación estaba muy mal, pero en mi caso fue algo mucho más extremo, porque el ejército mató a mi viejo, y tuvimos que salir corriendo. Era algo más comprometido.

Ariel me dijo que vos cumpliste un rol fundamental en introducirlo al rock and roll, sobre todo cuando le hacías escuchar discos de los Stones.
La verdad, tengo muy mala memoria y no recuerdo eso. Pero nosotros ya éramos amigos de chicos, y escuchábamos juntos todo lo que aparecía, incluso Rock Progresivo, y un día alguien me prestó “It’s Only Rock N’Roll” de los Stones, o será que lo vi en casa de un amigo, y me dije que había que volver a las fuentes.

Ariel da como comienzo de todo eso el día que fueron al cine a ver la película “Gimme Shelter”
No lo sé, porque la fuimos a ver muchas veces. Fuimos a ver “Gimme Shelter”, “Woodstock”, por supuesto, y también “Mad Dogs and Englishmen” de Joe Cocker. Íbamos al cine Arte, y encima a la trasnoche. Y teníamos 12 años. Básicamente el que iba era yo, porque los padres de Ariel eran más estrictos que mi vieja, y la única manera en que lo dejaban salir era si después se venía a dormir a mi casa. Y también salíamos a caminar por Av. Corrientes.

Y también iban a conciertos.
Y también conciertos, sí. Vi a Manal en Mar del Plata, me había llevado mi vieja, que en ese momento estaba haciendo teatro allí. Calculo que habrá sido en el verano del ’68, o el del ’69. Fue uno de esos dos años.  Con lo cual yo tenía 8 o 9 años de edad. Esa noche habíamos ido al Teatro de la Comedia a visitar a otra actriz amiga de mi vieja, Elsa Berenguer, y nos metimos en los camarines. Por su parte, antes de que tenga el sello, Jorge Álvarez había abierto un local que se llamaba Mandioca. Era algo que había abierto sólo por ese verano. Un lugar muy rústico. Las mesas eran ruedas con una tabla encima, y los asientos eran ruedas de camiones donde te sentabas. Pero una vez llegó la policía y le cerró el local en dos segundos. Y entonces le pidió al dueño del teatro si no podía hacer los conciertos ahí. Manal, Vox Dei…tocaban ahí antes de la obra de teatro, que empezaba tarde, como a las 11 de la noche. Que tampoco se llenaba mucho, ya que el teatro habrá tenido 200 localidades, y nunca se llenaba más de la mitad. De hecho yo conocía a Jorge antes que entrara en la música, porque tenía una editorial de libros, y Paco, mi viejo, los editaba a través de él. Y yo también iba a esa librería. Recuerdo haber ido al cóctel de cuando se lanzó el primer número de Mafalda. Pero volviendo al teatro, esa noche me senté a ver al grupo que tocaba, tras la sugerencia de mi vieja. Yo ni sabía quién tocaba. Más tarde me enteré que era Manal. Después de todo eso, Marilina Ross, que era del grupo de amigos de mi familia, y que era muy fan de la música, me llevó a ver a Arco Iris al Teatro Provincial, a Vox Dei al Hermitage, y también a Sui Generis, antes que grabaran su primer disco, cuando fueron teloneros de Pedro y Pablo. Y después también estuve en la presentación de “Vida” en el Ópera, que fue un domingo a la mañana, porque en aquel entonces se hacía en esos días. Y así también vi a Pescado Rabioso en el Teatro Olimpia, que ya no existe más, que estaba en la calle Sarmiento. En aquella ocasión tocaron 10 o 15 días seguidos en el teatro, durante las vacaciones de invierno,  y a la 1 de la mañana. Yo por entonces tenía 12 o 13 años. En esa época no veías a pibes chicos en los conciertos, como es ahora. Eran todos de veintipico y con barba. Había ido con mi hermano Javier Urondo. Ese es el concierto que después apareció en la película “Rock Hasta Que Se Ponga El Sol”


¿Cuánto creés que tuvo que ver toda esa escuela de música que traían incorporada de Buenos Aires en la formación musical de Tequila?
Todo. Los miembros de la banda que eran españoles (Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias) no conocían nada. Pero bueno, empezamos a hacer canciones totalmente inspirados en esta gente. Spinetta, Sui Generis, Pappo, La Pesada, Vox Dei…

Que de por sí es algo que se nota mucho en el primer disco de Tequila.
Sí, pero en cada uno de los discos metíamos alguna versión de una canción de rock argentino. En el primero está “Las Vías Del Ferrocarril”, y en el segundo hicimos “Mr. Jones” y “Rock del Ascensor”. En el tercero no hubo ninguna, pero en el cuarto está “Necesito Un Amor” de Manal.

Si bien Ariel siempre fue muy de referirse a Tequila cuando lo entrevistaban y lo indagaban sobre su pasado, en general nunca vi que te refirieras mucho al grupo.
Es que tampoco hice muchas entrevistas cuando me dedicaba a la producción. No estaba front line.


Bueno, si te parece,  creo que éste sería un buen momento para hacerlo.

Sí, por supuesto. Yo tenía especial debilidad por Manolo, porque era un tipo muy peculiar y muy noble. Un poco simple, quizás, pero con una personalidad muy graciosa. Alguien muy curioso. La verdad, me llevaba muy bien con él. Con Julián también, pero tal vez un poco menos, si bien era un tipo muy divertido, con mucho sentido del humor. Pero con Felipe era una relación más débil.

Algo que no te tocó vivir exclusivamente a vos.
No, claro. Pero Manolo tenía un corazón de oro, lo pasábamos muy bien. Manolo era muy demente. Era el  único que a veces faltaba a los lugares que íbamos porque se quedaba durmiendo no sé dónde, y no se levantaba. Era el más tarambana. Siempre con sus historias “de la mili”. Aquí en España hay un cómic que se llama “Historias De La Puta Mili”, por el servicio militar. Y Manolo, como a todos los que han hecho el servicio militar, sus vidas habían estado muy marcadas y cambiadas mientras les tocaba, un poco como si hubieran tenido que ir a la guerra. Y él tenía mil historias del servicio militar muy divertidas.

Siempre me pregunté el motivo por el cual Tequila, si bien tuvo una carrera corta, nunca fue a tocar a Argentina. Y terminé respondiéndome que habrá sido ni más ni menos por la situación de la dictadura que reinaba en el país por entonces. No hace falta que te diga lo importante que hubiera sido que una auténtica banda de rock and roll literal de la vieja escuela de Chuck Berry y los Stones como Uds. lo hubiera hecho, y de paso salvándonos de muchas cosas que vinieron después.
Desde ya, no fuimos por el quilombo militar, muy claramente. Tequila tenía mucha influencia de los Stones, además de inspirarnos en ellos, pero no éramos “rolingas”, éramos otro tipo de banda.

En todo caso “rollingstonianos”, que los hubo muy pero muy pocos en Argentina… Y en cuanto a Uds., pienso que hay apenas una elite que los conoce, siempre refiriéndome a allí.
Claro, sí. Tengo un amigo dueño de una productora muy importante en Argentina que siempre me dice que soy “el eslabón perdido del rock nacional” Porque Ariel sí es conocido en Argentina, ya sea por Los Rodríguez, o por su carrera solista. Pero a mí no me conoce nadie. Mi disco anterior pasó por allí sin pena ni gloria, y todavía no sé si el nuevo se va a editar allí.

Bueno, pero vos hiciste toda tu carrera aquí en España, y un productor siempre resulta más difícil de hacerse conocer que un músico.
Sí, pero él lo dice también como artista. Porque estuve en un grupo que fue muy importante, y porque en el fondo lo que hacíamos era rock argentino.

Ya que estamos, ¿quedó material de Tequila sin editar, fuera de aquellas cuatro canciones que aparecieron en la recopilación póstuma “Tequila Forever”?
Esas eran canciones que fueron “maquetas” del que iba a ser nuestro disco siguiente, y que es algo que finalmente no ocurrió. Y después debe haber alguna cosa suelta que yo debo tener grabada en cassette en alguna parte. Habíamos hecho una versión de “Tema De Pototo (Para Saber Cómo Es La Soledad)”, que yo quise que esté en “Confidencial”, pero no entró. Y creo que no hay nada más. Incluso en un momento yo quise remezclar los discos, para actualizarlos un poco, pero borraron las cintas, porque  la compañía grababa encima de otras para ahorrar dinero.

¡Qué pecado! Algo que también sucedió mucho en Argentina con el material de TV antiguo.
Claro, como “Cosa Juzgada”, el programa de mi viejo, que fue borrado adrede.

Claro, pero ahí se trató de otras circunstancias.
Sí, políticas.

¿Cómo fue ese salto de músico a productor?
Antes de producir discos, producía jingles. Al poco tiempo de que Tequila se separase, un amigo abrió una productora de jingles con estudio propio, y me propuso trabajar ahí. Y yo me dije, “bueno, voy a hacer esto un rato”


¿Eso fue cuando hiciste lo de Nacho Cano?
Sí. Pasa que tampoco es que él sea muy conocido en Argentina.

Sí que lo es, pero no masivamente.
Bueno, pero en el único país de América Latina en que Mecano no triunfó fue en Argentina. Sí les fue muy bien en México, Perú, Chile, Venezuela, Colombia, Puerto Rico…pero iban a Argentina y no pasaba nada. Y creo que se quedaron con la espina, porque les hubiese gustado que fuera así. Entonces hicimos muchos jingles con la productora, y nos fue muy bien, pero en un momento dado, toda esa experiencia de hacerlos, que es como una escuela brutal de grabación, me llevó a producir varios discos de artistas, con los que no pasó mucho. Yo ya estaba cerca de los 30, ya no era ningún pendejo, y en un momento empezó a funcionar, hasta que terminó yéndome muy bien.

Como en el caso de “19 Días Y 300 Noches” de Sabina, y el disco de La Oreja de Van Gogh. ¿Y también con Jarabe de Palo, ¿no?
No, con Jarabe de Palo lo que hice fue meterlos en una publicidad de una tabacalera de España, en la que hice la producción ejecutiva para la empresa, y gracias a eso terminaron pegando mucho. Pero sí hice la producción del disco de Sabina, del de La Oreja De Van Gogh , el de El Canto Del Loco, que es un grupo muy fuerte aquí…

Que fueron discos que vendieron mucho.
Sí, pero después hubo muchos otros que vendieron una cifra media que ahora sería una brutalidad, como los de M-Clan. Y el de La Cabra Mecánica, “Vestidos De Domingo”, que es un disco maravilloso. Es como Sabina, pero de otra generación. Tiene ese nivel.  No sé, produje más de 200 discos.

Y también produjiste a Claudio Gabis.
Sí, tenía un trío en la escuela donde daba clases, en la Escuela de Música Creativa, junto a los hermanos uruguayos José San Martín, y Juan San Martín. Me dijo que quería hacer un disco de blues, pero yo tenía muchas dudas de hacer un disco de blues instrumental. Yo siempre tuve un concepto como productor…Digo, la palabra “comercial” está muy gastada y tiene muy mala prensa, pero en cada proyecto en el que me metía me gustaba aplicarle el potencial más fuerte posible de comunicación. Digámoslo así, porque si no suena como que uno está abaratando la música para que se venda, y esa no era mi intención. Yo tenía un amigo que era director de Sony y que decía todo lo contrario, “si vende, es bueno”. Y entonces se me ocurrió lo de hacer un disco de canciones históricas del rock argentino cantas por otros nombres grandes de la misma escena, y acompañados por la banda, que es como lo que hizo Santana cuando grabó ese disco con todos esos cantantes. Llamamos a Mollo, a Fontova, a Fito, a Charly, a Calamaro, a Gieco, a Claudia Puyó, a Alejandro Medina, y algunos de aquí.

¿Me equivoco o fue el único disco de un músico argentino que te encargaste de producir?
No, también hice uno con La Mosca, que me lo había encargado el presidente de EMI. OK, tal vez sean algo muy especial, pero son muy trabajadores y no tienen para nada el halo ese del rockero argentino peliculero. También le hice el primer disco a Daniela Herrero, del que su canción de difusión terminó siendo el tema más “radiado” del año. Y también el de Airbag, que tocan y cantan muy bien. Tuvimos nuestros dimes y diretes, porque yo quería que hicieran algo más moderno y ellos eran muy fans de Bon Jovi y querían hacer un rock muy clásico, pero son grandes músicos. Y seguramente me estaré olvidando de otros discos.

De todas formas pasaste la mayoría de tu vida aquí en España, por lo que es entendible que hayas trabajado casi exclusivamente con artistas locales. ¿Volviste a vivir a Argentina en alguna oportunidad?
Sí, volví a vivir allí en el 2013, cuando quise sacar mi primer disco, que había salido aquí en el 2011, y me quedé un par de años. Pero intenté hacer una carrera allí, fracasé, y entonces me volví.

Ese disco, “Decíamos Ayer”, era un álbum de versiones (Moris, Sabina, Serrat, Radio Futura, Silvio Rodríguez, Burning, etc.) pero que también incluyó “Necesito Un Trago” y “Rock And Roll En La Plaza Del Pueblo” de Tequila, y además “Bienvenidos Al Tren” y “Para Saber Cómo Es La Soledad”. ¿Por qué habías decidido que sea así, y no un trabajo de canciones propias?
Porque yo ya llevaba muchos años sin componer, y quería hacer un disco “ya”, no iba a tener tiempo de ponerme a escribir, y entonces hice un disco de versiones de algunas de mis canciones favoritas.

En el disco también aparece Pete Thomas (baterista de los Attractions de Elvis Costello), que casualmente también había trabajado con Ariel, y que de paso volvió a demostrar que es un excelente baterista.

Sí, y fue grabado aquí, en mi estudio. Decir que Thomas es un excelente baterista es quedarse corto. Es un tipo que excede su instrumento, que tiene una visión de la canción mucho más amplia.

Volviendo a lo estrictamente personal, y reiterando la pregunta que también le hice a Ariel, ¿lo judaico tuvo algún rol en tu carrera? ¿Te considerás una persona religiosa?
No, cero. Es más, soy anti-religioso. Ateo fundamentalista. Eso sí, me siento muy judío, pero no como algo místico o religioso, sino como el hecho de pertenecer a un pueblo. Nos autoproclamamos “el pueblo elegido”, pero supongo que es algo que supongo sienten todos los pueblos. Pero bueno, es el que me tocó, y a mucha honra, por supuesto.

“Yo Era Un Animal”, que acaba de ser editado, es tu primer trabajo solista de canciones propias…
Bueno, a pesar de haber editado el anterior, yo lo siento como si fuera mi primer disco, y estoy muy emocionado e ilusionado, con muchos nervios e inquietud.


El primer corte del disco se titula “Ni Una Menos”, que grabaste con la cantante argentina Miss Bolivia. ¿La violencia de género femenino es algo preponderante aquí también?
Sí, no tanto como en Argentina, pero aquí también ocurre. Nunca había pensado en hacer una canción sobre ese tema porque me da como “cosa”, ¿no? Digo, hacer una canción pop sobre algo tan trágico, me da miedo a que se trivialice. Pero un día, después de ver en Facebook las imágenes de la primera gran manifestación que hubo en Buenos Aires, y de leer un artículo que había publicado Cristina Kirchner con motivo de esa manifestación, que había escrito su hija Florencia, me quedé pensando. Un artículo muy impactante que empezaba con la frase “el día que te vayan a violar no te pongas minifalda”. Esa frase me impactó muchísimo y me quedé como si me hubieran dado con un bate de béisbol en la cabeza. Y entonces me dije “tengo que hacer una canción sobre eso, después veo si me sale bien o me sale mal” A mi entornó le gustó, y entonces decidí grabarla. Miss Bolivia me parecía interesante, entonces la contacté y le mandé el tema. Y metió un rap que hace que se te caigan los pantalones. Y también aparecen como invitados Carlos Tarque de M-Clan en coros, y una cantante argentina amiga mía que se llama Guada, y que vive aquí en Madrid, cantando a dúo en una de las canciones. Fuera de eso, no llamé a grandes luminarias porque no quise escudarme detrás de mis amigos famosos. Quería hacer un disco más personal.


Y también está Al Perkins. ¿Cómo se dio eso?
Bueno, lo llamé.

En definitiva, como ateo fundamentalista no creo hayas sido muy devoto…
No, pero sí un fiel adorador de la Santísima Trinidad: Beatles, Rolling Stones y Bob Dylan.

Sobre El Autor

Periodista especializado en música y artes desde 1986. Escribió en medios gráficos como La Nación, Página 12, La Maga, Pelo, Metal, Expreso Imaginario, Chicas, Madhouse, 13/20, Pan y Circo, Diario Sur, Revista Rock & Pop, Gente, Rock en Blanco y Negro, Rock N’Shows Magazine, entre otros, y también colaboró en medios radiales y de TV locales, como así también en publicaciones y libros de Brasil, Estados Unidos y Europa.

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