Batman/Elmer Fudd nace de una amalgama entre dos ámbitos que parecen irreconciliables: el de un personaje oscuro de DC Comics, el murciélago encapuchado, con el de uno de los dibujitos cómicos de los Looney Tunes, el siempre malogrado cazador Elmer Gruñón. Si se aguza la mirada, sin embargo, se puede advertir que ambos no dejan de compartir una misma actividad: el arte de la cacería. Pero mientras que Batman (creado por Bill Finger y Bob Kane) acecha criminales de psiquis atrofiada y se mueve en los márgenes de la ilegalidad, Elmer (parido de la cabeza del genial Chuck Jones) hace lo mismo en tanto némesis de Bugs Bunny, como bien saben los que han disfrutado de las alocadas fantasías animadas de ayer y hoy que se han emitido desde la década del cuarenta.

Ambos mundos vienen compartiendo personajes desde 1976, cuando el gigante corporativo Warner se hizo con la propiedad de DC Comics, y así ha podido verse en animación a Bugs Bunny calzado con el traje del quiróptero o al Pato Lucas como Green Loontern en las aventuras de Duck Dodgers.

Este crossover (llegado al país hace un par de meses luego de que ECC Ediciones lo publicara en 2017) está integrado por dos especiales, cada uno de las cuales presenta registros y se mueven en géneros bien diferenciados. El guion corre por cuenta de Tom King, el ex espía de la CIA devenido en superestrella de la industria del comic norteamericano, que ganara la edición 2018 de los Premios Eisner en la categoría de “Mejor escritura”, empatando el galardón con Marjorie Liu (autora de la excelente Monstress).

Gueza por mí” está dibujado por los lápices gruesos, dinámicos y expresivos de Lee Weeks, quien también realiza un gran trabajo en el juego de luces y sombras, logrando una más que correcta ejecución de un argumento que presenta todas las convenciones del género noir.

Bajo una lluvia torrencial, en un bar de mala muerte, un Elmer a la caza de un asesino le dispara a Bugs, “el Conejo”: “No esperaba verte aquí”. El desarrollo de esta escena, sencilla y un poco manida, sintetiza el basamento policial de esta primera historia de Batman / Elmer Fudd. Para adentrarse un poco más en el desarrollo de la mejor de las dos historias: la muerte de Silver St. Cloud motiva a su amante Elmer a buscar justicia por mano propia, acompañado de su inseparable escopeta de doble cañón. En el Porky´s Bar, antro de congregación de facinerosos (y donde se muestran algunos ilustres secundarios: Marvin, el marciano; Tweety; o el Demonio de Tasmania), termina encontrando el nombre que recibirá los escopetazos de su venganza: el de Bruno Wayne. Sin embargo, este logra salir airoso para que luego su alter ego Batman pueda convencer al cazador, en pocas palabras (muy pocas realmente), de que no tuvo participación en esa muerte, ya que Wayne no lastimaría a la mujer de quien estaba enamorado. A partir de aquí nace un equipo para desarticular la charada que esconde al culpable de que el cuerpo de la femme fatal haya desaparecido en un espeso charco de sangre.

La segunda propuesta, mucho más corta que la anterior, constituye una adaptación bastante libre del episodio de los Looney Toons titulado “Temporada de conejos”. Aquí se da un giro copernicano en el tono del guion para desarrollar una aventura (que en realidad es una desventura) entretenida, semejante a la que puede disfrutarse en cualquier episodio de los animales antropomórficos, pero reemplazando al Pato Lucas por el Hombre Murciélago.

En busca de su presa, Elmer despierta de la tranquilidad de su sueño al Conejo Bugs, quien después de unos giros, confusiones y tomadas de pelo hace un llamado con la Batiseñal para que el encapotado, en un rol bastante payasesco, imparta un poco de justicia en el bosque, escopetazos en el rostro, robines al rescate y otras situaciones alocadas mediante. En tanto, el dibujo de Byron Vaughns se ajusta a esta estética animada con una solvente narrativa, aunque carece de las condiciones para darles dinamismo a unos personajes que parecen un tanto estáticos en la acción.

Más allá del buen desarrollo de la trama que, en general, llevan a cabo los autores, el resultado final del entrecruzamiento entre el Caballero Oscuro y el calvo irascible termina dejando sabor a poco. Además, la traducción de ECC ha decidido dejar de lado el problema de Elmer al hablar, con lo cual se pierde el registro de esa anormalidad que da cierta gracia al personaje. De este modo, se suma otro motivo que apenas justifica esta suntuosa y costosa edición en tapa dura de 48 páginas con que la editorial decidió publicar estos dos especiales y que en Estados Unidos se reunieron en un solo volumen junto a otros crossovers de estos universos.

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