En su oportunidad, Evaristo Cultural ofreció a sus lectores un comentario sobre otro de los libros de Daniel Calmels: FUGAS. El fin del cuerpo en los comienzos del milenio.

Ya entonces este autor, especialista en la materia, haciendo gala de una amable claridad conceptual que invitaba a seguir la lectura con absoluto interés, nos propone reflexionar acerca del proceso de comunicación y aprendizaje de los niños. Ahora, en El juego corporal, nos habla del niño en su relación con el juego, y lo explica desde una primera etapa, desde el pequeño puesto en situación lúdica aun antes de que el mismo pueda, propiamente, jugar. Esto se daría mediante una serie de actividades, tales como el acto de la alimentación, el descanso, el sueño, el aseo, el cambio de ropa, la relación con los objetos, un traslado, un viaje…, el diálogo gestual. El aprendizaje de la lengua.

Daniel Calmes pone el acento en la actitud lúdica y en el interés de establecer contacto con un otro mediante el juego. Se trata, así, de un diálogo posible a temprana edad.

Al niño se lo integra como “observador participante”, dice el autor destacando que, de esta manera, se arma una lazo “afectivo-emocional”. Para el bebé el rostro del adulto, su presencia, representa el modelo de semejante que “en su diferencia le permite sentirse bebé”.

En los juegos de crianza – primeros juegos corporales – Calmels entiende que los objetos no son indispensables y, en todo caso, bien pueden ser sustituidos por otros objetos o por el cuerpo sin que por ello se altere “la esencia del jugar”. Y aporta un ejemplo claro: la sabanita usada por el pequeño en las primeras acciones de ocultamiento, que puede ser fácilmente reemplazada por cualquier otro elemento -objeto- que impida por momentos la visualización. Estos juegos de crianza representan la base sobre la que se desarrollará la capacidad lúdica.

“Se transmiten de generación en generación, pero como cada generación se forma en condiciones diferentes, lo que se transmite no es lo mismo, sino una referencia renovada que, a veces, deja afuera toda forma cristalizada.

A su vez, la reflexión y la vivencia de la persona que es transmisora del jugar puede, de esta manera, mejorar, modificar toda forma en la cual no se respete un acuerdo y un cuidado. En algunos casos se interviene reparando historias pasadas, lo que confirma que el pasado no siempre es mejor.

En los juegos de crianza que dan inicio a una secuencia de más complejidad se crea un distanciamiento corpóreo sin dejar de estar unidos, ligados, por un contacto protector.

Muchos de estos juegos crean un distanciamiento de los cuerpos a partir de diversas acciones, como las modificaciones en los apoyos, la reducción de contactos, la pérdida de la visibilidad, la amenaza de una persecución, el cuidado de un refugio. Se crea un lazo simultáneo de distanciamiento y de unión, al afirmar un agarre, buscar un encuentro de miradas o confirmar la fortaleza de un refugio”.

El distanciamiento entre jugadores, entre lugares. Una separación momentánea o prolongada aporta al desarrollo del juego una suerte de eje argumental. Y las acciones mediante las cuales se da el distanciamiento, generan una tensión que se orienta a resolverse por la vía de acción opuesta. Ejemplo: Captura/liberación.

Jugar, dinamizar. La exteriorización. Lo abstracto y lo concreto.

Al jugar, el niño se relaciona con el miedo desde otro lugar; no entra en él; en “el espacio del jugar” el miedo lejos de paralizar, es una “temática que se dispone”. Que es aceptada con la tranquilidad que le dispensa la ficción al niño por la presencia del adulto.

Jugar reviste la importancia que representa llegar a aprender, a conocer y a saber.

Jugar implica fomentar la imaginación, la creatividad. el placer, la construcción del cuerpo, la interacción con el otro, la incorporación de objetos. Permite la comparación, el distanciamiento.

Jugando, experiencias que no son placenteras por fuera del espacio del juego, se pueden transformar en experiencias placenteras. No es lo mismo el niño en un lugar de pasividad que desempeñándose en un papel activo., repitiendo la misma experiencia como juego.

En el proceso creativo aparecen conflictos. Ello permite pasar de un rol pasivo a un rol activo; del caos al orden; de una confusión a un esclarecimiento.

El lugar de los procesos creativos. La búsqueda de un espacio intermediario; de juegos simbólicos.

“Dominio y corporación de los objetos”. Una posición activa de lo vivido pasivamente.

Un legado cultural. Y una diferencia entre el jugar corporalmente y jugar con el cuerpo. Esto último supone acciones de utoexploración, las que se diferencian de las que trascienden el propio cuerpo, incorporando objetos, personajes, reglas, ritmos…

Jugar “como si…” La ficción en los intercambios “lúdico corporales”. Supone la capacidad y la idea de actuar, de inventar, de representar. Lo ficcional en la expresión corporal. El “espíritu lúdico”.

Jugar e imaginar. “Jugar le permite al cuerpo mentir sin engañar”. Imaginar y fantasear.

El “dale que…” – hagamos de cuenta que…-, opera dejando de lado cualquier diferencia que pueda advertirse, a simple vista, entre los pretendidos objetos involucrados en el juego. Se trata de una comparación en la que sólo importa la mirada del niño; su percepción. Al respecto, vale rescatar de aquella otra obra de Calmels, Fugas, esa reflexión de Walter Benjamin: Los niños “tienden, de una manera muy especial, a acudir a todo lugar de trabajo donde visiblemente se manejen cosas, se sienten irresistiblemente atraídos por los desechos de la edificación, del trabajo en la huerta o en la casa , de la confección de vestidos o de muebles. En los residuos ven el rostro que el mundo de las cosas les muestra precisamente a ellos, y sólo a ellos…”

Título: El Juego Corporal
Autor: Daniel Calmels
Editorial: Paidós
184 páginas

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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