Siendo de una familia ligada al gran teatro y al mundo editorial, Achille Mauri supo cultivar la amistad de buena parte de la intelectualidad italiana del siglo XX. Fue y es un renovador constante del mundo de la distribución editorial y, con Sorpresa. Entretenimiento en el más allá, se inicia en el campo de la narrativa ficcionalizando su vida ultraterrena para matizar memorias y reflexiones personales, reencontrarse con algunos amigos y darse algunos lujos que muchos envidiarían. Promete una continuación que tendrá, en parte, a Argentina como escenario.

¿Usted cree en la vida después de la muerte?

Sobre todo la espero. Al Cardenal Martini, que era un hombre que tenía que ser Papa -un gran melómano, sabía mucho de música y arte, un filósofo-, un día le preguntaron: ¿Cómo ve usted el más allá? Y él dijo: yo quiero ir a ver Bach, quedarme un poco con él, después visitaría a Beethoven, me quedaría otro poco con él, y más tarde, si Dios no pensó algo para mí, va a ser una decepción tremenda con todos los sacrificios que yo he hecho sin ningún signo de su parte a lo largo de toda mi vida… Yo siento algo similar, por otra parte, yo viví en África. África es animista, allí todo el mundo habla en voz alta con un “tío” que es muy importante. En algún momento edité una revista esotérica -que en Brasil llegó a vender 80.000 copias- en la cual había trabajos sobre la existencia del alma, de algo que se levanta, documentos sobre bilocaciones -almas que habían dejado el cuerpo. Yo creo que el alma existe y pienso que es la memoria de cada uno de nosotros. Entonces, por mi futuro, imagino el otro plano como un espacio sin fronteras…sin sexo, sin edad, sin condición económica, sin todas las barreras que hoy hacen la separación y no la unión, sería como vivir en una biblioteca donde todo el pasado está en presente –yo estoy ahí- y, de a poco, hay futuro. Me imagino el otro mundo como una biblioteca.

Las religiones no me convencieron. Dante escribió La Divina Comedia, y está el peligro del infierno que es absurdo. ¿Cómo me hacés nacer en un mundo como este para luego condenarme al infierno por la eternidad? No. Porque las condiciones sociales te imponen, a veces, cosas. No creo en el Infierno…

En esta construcción ficcional, Sorpresa, están vaciadas buena parte de sus memorias.

Sí porque, como te decía recién, el alma es memoria. Así que, en la narración, yo ofrezco mi experiencia a diferentes personas y estoy muy interesado en entrar en otras conciencias, pero al principio soy prudente, porque tengo un problema de identidad. El hecho de crecer está bien, el hecho de conocer más también, pero no quiero cambiar completamente, no quiero perder mi identidad, diluirme en los otros, así que resisto, voy de a poco.

Sin embargo, hay algunas almas que hablan, a lo largo de los encuentros que va teniendo el protagonista, de una disolución, de un fundirse y despersonalizarse.

Ese es el proyecto, tratar de llegar a ser uno. En el otro plano en que el tiempo y la experiencia tienen otra lógica, luego de asumir cuatro mil matrimonios espirituales con sus respectivas vivencias, no vas a quedarte igual. La conciencia se va diluyendo en una conciencia común, podemos llegar a un UNO que contenga a todos.

¿Esa idea de uno que contiene a todos es su idea de Dios?

Es mi idea de Dios.

Es una mezcla entre el animismo y la idea de Plotino.

Exacto. Y también de Giordano Bruno que murió quemado.

¿Cómo se define políticamente?

Siempre fui de izquierda, principalmente porque Italia siempre fue fascista. Mi familia sufrió mucho con Mussolini. Yo siempre tuve y sigo teniendo mucho miedo de las dictaduras, pero no puedo decir que vea una democracia aplicada. Hay una falta de atención en el prójimo a nivel mundial. “Los últimos serán los primeros”, pero de momento siguen siendo los últimos.

Hoy me gustaría poder ubicarme en el centro, pero lo cierto es que a los políticos de ambos lados les falta educación. Nuestros representantes deberían ser fruto de una formación habilitante. Un poco lo consiguieron los franceses, pero en Italia cualquier actor o futbolista puede llegar a diputado o senador.

Ya me adelantó su posición religiosa, que era una de las preguntas, y evidentemente por ser italiano y por la formación intelectual que tiene, me interesa saber cómo están tomando usted y los intelectuales italianos la gestión del nuevo Papa.

Bien, porque es un Papa muy simple que no deja de ver las cosas que no andan.

Hablemos de la actualidad cultural de Italia

Mi punto de vista es este: Todo país que invierte en educación, invierte en Futuro. Vino a Trento un gran economista y habló de la evolución de la región en los próximos veinte años. No mencionó a Italia nunca. Lo grave es que el país no tiene personas calificadas y son las personas las que generan crecimiento, no las empresas ni los gobiernos. Nuestras bases viven en la ignorancia y los ignorantes nunca están contentos con nada, son muy fáciles de manipular políticamente. De ahí que funcionen los discursos superficiales de la política actual. Italia está gastando solo el 1% del PBI en educación y eso es nada. Los gobiernos no están teniendo visión de futuro.

¿Se puede hablar de un fracaso del sistema?

Se puede hablar de un fracaso, pero en este momento antes que hablar de un fracaso de la democracia, hablaría de un fracaso de la política. Trump es un ejemplo de lo que digo, un hombre cultivado, que haya leído cuatro libros a lo largo de su vida, no puede votar a Donald Trump. Tiene que ser un ignorante o un resentido para pensar que una persona así puede resolver sus problemas. En este sentido, en Europa también vamos muy mal. No tenemos una clase política que corresponda al momento que vivimos.

¿Cuál es su visión de Latinoamérica?

Mi visión de Latinoamérica tiene que ver con el desgaste. Por un lado, está la visión cultural que es extraordinaria. Es una gran fortuna que exista este Mediterráneo trasladado a otros climas. Pero políticamente hoy Latinoamérica vive una tragedia.

En sus memorias se vislumbra que usted ha tenido contacto personal con buena parte de los intelectuales italianos de las últimas décadas. ¿Qué incidencia tienen estos intelectuales en el fracaso político?

En este momento, ninguna. Pasolini tenía el coraje para demoler todas las convenciones, Umberto Eco lo hacía metódicamente. En este momento no queda nadie que ponga una atención casi filosófica sobre la historia. En Italia no quedan intelectuales. Tenemos algunos periodistas buenos, pero no quedan intelectuales de fuste. Este es el gran fracaso de la intelectualidad y fue organizado, también, desde los diarios, que fueron restando espacios hasta asfixiarlos. No hay espacios desde donde comunicar pensamiento, solo queda la televisión que te distrae, te acostumbra y te contenta.

¿Hay retorno?

No, porque debería estar fundado en una ideología y hoy ¿dónde está la ideología? Mi generación tuvo a China, a Marx, los grandes ideólogos, incluso a Rusia. Desaparecidos los contrapesos solo queda el mercado, solo queda el “entretenimiento”. El entretenimiento es una de las formas de la ignorancia.

Desgrabación de Nicolás Ferrar0

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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