Nos encontramos inmersos en un momento histórico que eleva la corrección política como un trapecio de virtud, sin darnos cuenta que estamos volando sin red. El paroxismo de esta falsa corrección obtura la posibilidad del pensamiento crítico, de la revuelta social y hasta del fastidio, encerrándonos a todos en una olla a presión manejada por un chef de caricatura grotesca.

En este escenario, tan afecto a las fórmulas mágicas del optimismo new age -una de las ramas menos lúcidas del posmodernismo que degeneró en cáncer cultural- es balsámico encontrar un llamado a la incorrección, al mal pensar en defensa propia. Y si ese llamado viene en formato de cuento infantil, más excitante es aún.

Recordemos que la finalidad última del cuento infantil, comparte con la mitología la función formativa y decodificadora de la realidad. El cuento infantil folklórico advierte a los más pequeños y los entrena en las injusticias del mundo adulto. Esta función comenzó a perderse en la modernidad y, cuando la fantasía de la democracia capitalista –el crimen perfecto según Churchill- quedó sin contrapeso, terminó despareciendo en favor de una ficción de derecho a la seguridad que nunca nadie tuvo.

Entonces, decíamos, es de celebrar la aparición en los anaqueles de propuestas como “El lobo feroz sólo quiere ser amado”, un libro álbum escrito por Christine Naumann-Villemin e ilustrado por Annick Masson, editado recientemente por ediciones Pípala. Un relato que, con mucho humor, recuerda aquél aforismo que reza que, aunque la mona se vista de seda, mona queda.

En el relato, una serie de monstruos se movilizan hasta la casa de la narradora, de todos ellos destaca el Lobo Feroz, quien consigue elevar su proclama: Esta harto de ser discriminado… él también quiere ser amado y para eso debe transformar su imagen pública.

La autora, conmovida, comienza a idear un programa de rehabilitación con el que el viejo Lobo ameniza su impronta y se acerca al candor que buscan los lectores y los animalitos del mundo de fantasía. Yoga, musicoterapia, manicura, y roce social con las que antiguamente hubieran sido sus víctimas… ¡Y listo!

¡El viejo Lobo Feroz está deconstruído y listo para una nueva andadura!

La escritora, satisfecha de sí misma, no ve las fauces terribles que se preparan para engullirla.

El remate se da en las últimas páginas, cuando al salir de la casa de la escritora devorada sus compañeros de pesadilla le preguntan al Lobo:

—¿Qué tal ha ido?

Y éste responde, con sus nuevos manierismos:

—Bien, era una escritora exquisita, ha sido un placer conocerla. ¡Y esta fue una historia deliciosa!

Masson hace uso de una síntesis visual que la instala a mitad de camino entre Sempé y los grandes cortos de animación de los EEUU, con su espíritu cómico y grotesco. En tanto que, como aquellos cuentos de antaño, Naumann-Villemin nos recuerda que, más allá del empobrecimiento cultural imperante y a pesar de los coaching y sus slogans bien intencionados, los Lobos siempre serán Lobos, algo que a los conejos, corderos y gallinas del mundo les sería útil empezar a tener presente a cada momento.

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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