Un niño que, a muy temprana edad, se encuentra huérfano de padre.

Lo mejor de aquella infancia se relaciona con una casona rodeada de un imponente parque, una mansión en las afueras de Saint-Maurice. Un palacio encantador; para él, un refugio considerado su paraíso personal.

A los 12 años experimenta el placer de volar.

En la adolescencia muere su único hermano varón, dos años menor que él. ¿Un principito?

A los 17 se recibe de bachiller. A los 18 se ofrece como voluntario en el  ejército francés y, ya para entonces, finaliza la primera gran guerra.

Cumple con el servicio de rigor en la aeronáutica .Se convierte en piloto militar, habiendo obtenido previamente el registro de aviador civil. Da un paso al costado en la carrera a pedido insistente de su madre, después del accidente aéreo en el que sufrió una fractura de cráneo. Es así que intenta suerte como corredor de una fábrica de camiones, pero no es lo suyo.

A los 26 años publica por primera vez, un cuento; lo hace en una revista literaria y, a renglón seguido, ingresa a la compañía aérea Latécoère – transporte de correo – la que luego cambiará  de nombre.  La aviación civil como negocio. Así, comienza a pilotear aviones entre Toulouse y Alicante. Al año siguiente es nombrado jefe en Cabo Juby -Marruecos-.

En 1929 publica su primera novela, Correo Sur y, en octubre de ese mismo año hace pié en Buenos Aires; al principio renegaba, no le agradaba nada estar aquí. Había venido tan solo a trabajar.

Pero, paulatinamente, le va tomando el gusto a esta vivencia argentina.

Sigue en el país, como piloto y, en el marco del proyecto empresarial de conquista del espacio aéreo, colabora en ir uniendo a Buenos Aires, tanto con Paraguay como con Chile; y organiza otra línea, la que llegaría a Río Gallegos, haciendo escalas.

Aquí escribió Vuelo nocturno. Y, lo más importante, conoció en Buenos Aires a la periodista salvadoreña que le cambiaría la vida. Consuelo Suncín, una bella mujer que “se las trae”, por lo que representa  un valor agregado al interés que, de por sí, despierta esta notable biografía de Antoine de Saint-Exupéry, expuesta su figura como un incruste que destella en un contexto internacional que podríamos reconocer como la superficie dura en la que encaja esta piedra preciosa. Ello nos permite comprender los sucesos, las fases, las condiciones de la época, las alternativas, los obstáculos; en fin, los avatares de una vida que merece ser contada. Y elijo “avatares”, apelando a todos y a cada uno de los significados que ofrece esta palabra, dado que en esta historia calza una transformación en virtud de los avances, de la industria aeronáutica, que permiten desplegar esta nueva actividad  comercial. Por otro lado, nuestro protagonista es especialista en “cruzar hacia abajo”. Es quien “desciende del cielo a la tierra”, ya sea por vocación irrenunciable o por designio divino.

Como en las novelas, van apareciendo “personajes” y, cada uno de ellos forma parte de alguna representación, mientras opera como un claro“avatar” dentro de aquel  contexto. Sin embargo, nada de ello es ficción; ese mundo posible, en este caso. es el mundo real, y nos lo cuenta Álvaro Abós.

Por último, vale decir que, así como las religiones designan con honores a sus representantes más encumbrados; en el mundo de las letras pasa algo parecido, al elegir y ungir a sus propios avatares.

En esta historia, en principio, serían tres los involucrados, y una mujer se inclina a refugiarse en ellos. Esa dama es quien llegará a ser la rosa que imaginó el mismo hombre que, en otro espacio temporal, alguien describió como “ese muchacho alto y grueso, parco, tímido, de evidente estirpe noble, pero al mismo tiempo despojado de cualquier ínfula aristocrática… tenía la voz suave, el aire modesto, y una fisonomía muy seria… un joven dotado de un genuino temperamento de aviador y al mismo tiempo un inventor de imaginación fértil”.

¿Cómo y cuándo nace la idea de escribir Mira la catedral que habitas?

    En mi libro Al pie de la letra.Guía literaria de Buenos Aires (2000) incluí a Saint-Exupéry, entre otros escritores extranjeros, como Gombrowicz, Gómez de la Serna o García Lorca, que habían vivido un tiempo, más corto o más largo, en B.A. En aquel  libro, me centré en  la pintoresca anécdota del pingüino que vivía con S.E. en su departamento de la Galería Guemes. Con el paso del tiempo, sentí  la necesidad de indagar, más allá del episodio, en los dieciséis meses que él permaneció en la Argentina.

 Imagino que el proceso de investigación te ha llevado un buen tiempo, ¿cómo sintetizarías esa experiencia?

Fue como la aventura de un detective literario.  A medida que me sumergía en Saint-Exupéry, me convencía de que en su estancia en la Argentina había mucho más que el mero periplo de un hombre que fue muy viajero. Al terminar el libro, creo que Mira la catedral que habitas retrata algo muy extraño. Hay fragmentos de tiempo en los que se concentra todo el sentido de una vida humana. Puede ser un lapso largo o breve. A veces es una semana, o incluso un solo día. Bueno, en la Argentina, en los dieciséis meses que aquí pasó, Saint-Exupéry se reconoció a si mismo, y se aceptó. Como piloto, como escritor, como amante. Titulé mi libro con una frase tomada de Piloto de guerra, en la cual expresa su idea de que la vida es un don, siempre, cualquiera sea el momento que una persona atraviesa. Me pareció que ilustraba la mirada que S.E. tuvo hacia su experiencia en la Argentina, que tardó en valorizar pero que estaba muy palpitante en sus últimos momentos, cuando sentía cercana a la muerte.

¿Qué podrías adelantarle a los lectores de esta entrevista, acerca de cómo se fue construyendo desde la infancia la personalidad de Antoine de Saint-Exupéry?Hablanos, por favor, de la relación materno filial, del fuerte vínculo con su madre.¿En qué medida la muerte de su padre, y la de su único hermano varón, condicionaron al joven Antoine? Me pregunto por su postura en relación con la idea de la muerte propia.¿Qué podés decirnos de su afinidad con Didi, la menor de sus hermanas, y del esposo de ella?

Puesto que la patria del hombre es su infancia, tuve que volver a ella para relatar quién era ese Saint-Exupéry que desembarca en B.A. en 1929. La conclusión que saco es que vivió un episodio tristísimo que lo marcó. Fue la muerte de su hermano menor, Francois, cuando éste tenía quince años y S. E. diecisiete. Ese hermano muerto, revive en el niño de El principito, y sobre todo en los extraños dibujos que S.E. realizó para ilustrar ese libro, y que quizás explican parte de la repercusión que tuvo, este aparentemente sencillo cuento infantil.  La relación con la madre es también central en S.E. Curiosamente, el amor que tenía por su madre convivió con la desobediencia pues la señora trató de impedir por todos los medios que se dedicara a la aviación. Con toda lógica materna pues en aquella época, la aviación era un pasaporte a la muerte temprana, cosa que le sucedió a S.E. a los 44 años. La madre fue la interlocutora permanente (sólo postal: le envió miles de cartas). De esas miles de cartas sólo se han conocido algunas, la que los herederos han dado a conocer. ¿Existen otras, algún día saldrán a luz? ¿Dónde están documentos extraordinarios como la película que S. E. filmó en B.A.? Aparentemente todo se perdió cuando la marina nazi bombardeó la casa de la hermana de S.E. en la Costa Azul.

Imagino que, en el proceso de escritura la articulación se fue dando casi naturalmente. No obstante ello, las dos cartas – Primer vuelo y Último vuelo – merecen una consideración especial y, obviamente, una pregunta al respecto, ¿cómo surgió esta idea?

Mi libro es una crónica detallada de los dieciséis meses que S.E. pasó en la Argentina. Comienza cuando desembarca en octubre de 1929 y termina cuando parte en febrero de 1931. Sin embargo, para que este fragmento de vida tuviera un sentido, tenía que narrar también otras etapas. Así pues, incluí un racconto sobre su infancia y primera juventud, hasta el momento en que nace su vocación por volar. Y luego, ya casi al final del libro, otro largo fragmento en el que cuento su exilio en Nueva York, la redacción de El principito, y la decisión de volver a Europa, para participar como aviador en la lucha contra el nazismo. Y su desaparición en julio de 1944, cuando su avión se pierde para siempre sobre el Mediterráneo. Estos dos fragmentos los escribí en segunda persona, como una carta que yo mismo  le dirijo. Fue una decisión autoral, de las tantas que cualquier escritor debe tomar al redactar un libro. La segunda persona la usaba S.E. en sus crónicas, sobre todo en la que, incluida en el libro Tierra de los hombres,  dedica a su colega Guillaumet, que había caído en los Andes, y cuyo avión buscó empecinadamente S.E.  Cuando uno escribe sobre otro ser humano, ya sea un personaje inventado o un ser histórico, hay que introducirse en él. Si uno escribe sobre  un escritor, una manera de hacerlo es tratar de escribir como él lo hubiera hecho.

En la Primera de ambas cartas se lee: “Familia literaria por excelencia la tuya. Allí varios escribían…” Te pido una pincelada más.

Francia es un país literario y la familia Saint-Exupéry era fiel a ese clisé. Una o dos de sus hermanas escribían. La madre era una gran lectora y terminó escribiendo su propia memoria sobre Antoine, el  célebre  hijo mayor, al que sobrevivió casi treinta años. Saint-Exupéry escribió poco, sólo cinco libros, algunos de ellos breves. Pero fue “escrito” por muchos. Sobre él escribieron libros su  madre, hermanas, la esposa, varias  amantes, casi todos sus amigos, sus colegas aviadores…

En esta biografía, tangencialmente, aparecen entre tantos otros escritores reconocidos, Julio Cortázar, Octavio Paz y Jorge Luis Borges. ¿Desde el punto de vista ideológico, con cuál de ellos pensás que podría haber llegado a empatizar más Antoine de Saint-Exupéry?

Ninguno de los nombrados gustó de S.E. Estaban muy lejos de él. Los miembros del grupo Sur nunca le dieron bolilla. La prueba es que Victoria Ocampo, que recibió y celebró a tantos escritores mediocres, jamás se interesó por S.E. mientras que se cansó de escribir sobre Pierre Drieu LaRochelle. Justamente un nazi… En cambio, encuentro en S. E.  un regusto a Roberto Arlt.  Es cierto que sus orígenes, formación y mundos personales son muy distintos. Pero nacieron el mismo año, con pocos días de diferencia. S.E. vivió 44 años, Arlt 42.  Siendo ambos escritores viscerales, que literalmente se vaciaron en sus libros, sin embargo, tenían algún otro interés tan o más fuerte que la literatura. En el caso del francés, era el hecho de volar. En el caso de Arlt, la invención. Tanto Arlt como S.E. fueron excéntricos al mundo cultural del cual provenían. Fueron como dos cometas que pasaron fugazmente por el escenario de la literatura.

En lo que hace a la política Nacional de aquel entonces, el gobierno de la Unión Cívica Radical se divide en períodos presidenciales que conducen Hipólito Yrigoyen y Marcelo Torcuato de Alvear. ¿Qué similitudes y qué diferencias reconocés entre ambos dirigentes?

Esta pregunta excede mis posibilidades. En Mira la catedral que habitas no pretendo ni podría trazar semejante cuadro histórico. Por otra parte, en lo que hace a mi materia específica, tanto Alvear como Yrigoyen apoyaron los intentos de establecer el correo aéreo en la Argentina, cuando la aviación aun era precaria. Por la vía de una empresa privada francesa, la Aeropostal, fue posible el periplo argentino de Saint-Exupéry.

Charles de Gaulle en los años cuarenta. Te pregunto por la polémica que lo vincula con nuestro escritor francés, no mucho antes de haber, este último, desaparecido en acción.

S.E. desconfiaba profundamente del mariscal de Gaulle y sus controversias con los seguidores de éste en el exilio francés establecido en Estados Unidos, fueron centrales en aquellos años.   Es difícil situar ideológicamente a S.E. No era marxista, no era católico. Desconfiaba de la política y sobre todo de los políticos.  Sus ideas eran una suerte de humanismo cotidiano, quizás cercano a Nietzsche. Volviendo a la época de la guerra, ya hacia 1942 se veía que Hitler iba a perder y por lo tanto las luchas entre fracciones eran fuertes. Se jugaba la orientación de Francia en la posguerra.  S. E. era sensible a las críticas y cuestionamientos, aunque no rehuía la polémica.  Quizás harto de todo esto, tomó la decisión terrible de dejar su confortable (materialmente) exilio norteamericano e irse a Europa a combatir en primera fila. En 1943/44 era un piloto célebre, pero también muy menguado físicamente por lo que su final era previsible. Por algo, ciertos biógrafos hablan de suicidio.

¿Qué podés decirnos de Saint-Exupéry, el escritor, independientemente de su linaje, de su familia y al margen de cualquier otro aspecto o motivación en su vida que no sea la del hecho de escribir y publicar sus libros: El aviador, Correo del Sur, Vuelo nocturno, Tierra de hombres, Piloto de guerra? Y te pido, por favor, poner el foco sobre el  best seller El principito.

Como escritor, además del valor autobiográfico que tienen sus libros y que examino en Mira la catedral que habitas, creo que tienen vigencia sus crónicas, sobre todo las que integran Tierra de los hombres y Piloto de guerra, sus dos mejores libros. Admiro la concisión dramática de esa prosa, en la que cada párrafo es imprescindible, donde no hay un gramo de grasa, ni de retórica. Hoy, cuando la crónica es un neogénero que tiene muchos seguidores, rescatar esas páginas es muy productivo. Dejo al margen a El principito, que es un fenómeno en sí, más que literario, sociológico, por ser uno de los libros más difundidos de la literatura mundial.

¿Qué decir de la importancia que reviste el encuentro y la presencia de Consuelo en la vida de Antoine?

Consuelo Suncín era una periodista salvadoreña que por casualidad se encuentra en Buenos Aires en 1930, donde se enamora de S.E. y él de ella. Permanecieron juntos hasta el fin, aunque la pareja pasó por sobresaltos, separaciones, traiciones mutuas, reencuentros, peripecias que he tratado de resumir en mi libro. Consuelo si bien tenía solo 30 años cuando viene a B.A., ya era viuda dos veces. Además de esas parejas, con  José Vasconcelos vivió una tormentosa, pero profunda relación que por muy poco no terminó en boda. Consuelo, quien inspira la rosa de El principito, fue una presencia central en la vida de S.E. tanto en sentido vital como literario.

¿Qué papel jugaba en México aquel grupo intelectual, El Ateneo, y qué representaba en ese tiempo el escritor y político José Vasconcelos? Su discurso de entonces, después de tanto tiempo transcurrido, parece reeditarse en boca de López Obrador, ¿no te parece?

José Vasconcelos, cuando fue ministro de Educación de la revolución mexicana, en 1923,  propició  la emergencia del muralismo, ese movimiento artístico que con Siqueiros, Ribera y Orozco se erigió en uno de los grandes momentos del arte mundial en el siglo XX.  Además de ello, Vasconcelos  publicó millones de libros. Pero sobre todo, fue un escritor extraordinario, tanto por su enjundia literaria como por la potencia de sus ideas. En México su obra está viva, aunque  discutida, como corresponde a la diversidad de los tiempos. Ojalá que López Obrador retome aquella experiencia.

Y me quedaba en el tintero, entre tantos otros, el nombre del guatemalteco Gómez Carrillo, a quien no puedo dejar afuera por lo que, junto con Vasconcelos, ha tenido en común con A. de Saint-Exupéry,  -la musa inspiradora-.

Una de las varias paradojas de la historia que cuento  en Mira la catedral que habitas es la diversidad de mundos y de personas que se mezclan en todo esto. Por ejemplo: ¿cómo es posible que una misma mujer, Consuelo Suncín, estuviera al mismo tiempo ligada a un escritor tan mediocre –casi al límite de lo grotesco- como Enrique Gómez Carrillo y a dos personalidades como las de Vasconcelos y Saint-Exupéry?

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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