Así, de un saque, Marcos se queda sin nada. Sus padres mueren en un accidente, su novia se va con su mejor amigo, su hermana lo deshereda. Lo echan del trabajo.

En criollo, lo cagan todos.

Pero también se caga él a sí mismo. Aunque no lo vea. No registra. Ni el daño que causa, ni tampoco se atreve a ver el que le causa a los que lo acompañan. Tan pendiente de sí mismo, que no ve lo evidente para todos lo demás.

El problema son los otros.

Y punto final.

No hay redención ni búsqueda de la misma. Para eso debería haber errores y la aceptación de los mismos. Pero Marcos siente que son ellos, los demás, los que tienen una deuda con él.

Irá golpeando las puertas o las caras que necesite para salir a flote, para tener lo que merece o cree suyo. Descubrirá que no se conocía tanta como pensaba, que esos que él pensaba eran todos sus vicios, eran sólo una parte.

¿Cómo surge Esos no son todos los vicios?

La novela surge a partir de una frase que pienso: A los hijos de puta les va bárbaro y a la buena gente no. Después fui desarrollando la historia y luego de varias correcciones esa frase no quedó en el libro.

Cuando se habla de creación de personajes, se suele decir que el lector debe sentir empatía por el personaje principal, lo cual es difícil de hacer en tu novela por las acciones del personaje. ¿Cómo fue la creación de Marcos? ¿Cómo trabajaste la voz del protagonista?

Recuerdo que cuando estudié dramaturgia con Mariana Mazover ella nos dijo que nunca juzguemos a un personaje. Mucho tiempo después y ya en el taller de narrativa con Luis Mey volví a hablar de eso y de escribir a fondo. Dejando la moral de lado. El personaje lo fui trabajando a medida que escribía y que luego fui realizando las primeras correcciones. Uno de mis escritores favoritos es Bukowski y creo que en algún punto leerlo a él ayudó a poder trabajar la voz del narrador con ese estilo tan crudo.

Te quería preguntar por el registro de la realidad del protagonista, que se encuentra totalmente difuminado –salvo pantallazos, aislados, casi siempre referidos al padre-. Una suerte de incapacidad crónica de aceptar la culpa de sus acciones ¿El aceptar la culpa derrumbaría su mitología personal? ¿Es un hombre –criado por un militar– que no se permite la debilidad?

El protagonista es un perdedor y también se maneja en un mundo repleto de perdedores, pero jamás va a reconocer una derrota. También es de esas personas que hasta cuando piden perdón se justifican. Por ejemplo cuando dice “Perdón, Tano, pienso. Perdón, de verdad, pero tu hijo era un pelotudo. Y vos lo sabés.”. Respecto a la debilidad, él no se puede mostrar vulnerable. Hasta de cualquier situación en la que muchas personas se volverían locas, para Marcos es algo normal.

Presentación de la novela con Guinot, Mey, Aronson y Burkett

Un tema que bordea o que toca –a veces más, a veces menos-  es el de la infancia. Da la impresión de que no puede o no se anima a tocar ese punto, por miedo a que toda la construcción de su identidad se desmorone de un día a otro. ¿Cómo percibís esto?

Coincido con lo que decís. Trata de hablar lo menos posible de su infancia. Salvo alguna charla con su hermana Frida o cuando recuerda situaciones con su padre. En algún punto Marcos buscaba el reconocimiento de su padre y nunca sucedió.

“La felicidad no es para todo el mundo. Alguien tiene que pagar por eso”. Me gustaría profundizar en esta idea, si te parece.

Claro. En el caso de la novela Marcos dice esa frase porque dos personas cercanas a él se enganchan y de esa manera él sale perjudicado. Respecto a la vida cotidiana eso pasa en muchos aspectos. A veces, la felicidad de una persona es la tristeza de otra, a eso se refiere la frase.

Hiciste un taller literario –en tu caso con Luis Mey- un espacio que suele disparar varios debates y que parece proliferar más que nunca. ¿Cuál es tu opinión acerca de ellos?

A mí me sirvió el taller con Luis Mey y considero que es fundamental trabajar los textos con alguien. Lo importante es dar con el profesor correcto, uno que también escriba un estilo que a uno le guste. Hay muchos talleres, varios escritores y escritoras dan talleres muy recomendables seguramente. Actualmente no estoy tomando taller, pero seguramente en un futuro cercano trabaje algún texto que estoy escribiendo con otro tallerista como para tener otra mirada y seguir aprendiendo.

 

¿Qué buscás en la escritura y en la literatura?

En la escritura busco seguir escribiendo historias que ojalá encuentren nuevos lectores y aprender cada día más. Respecto a la literatura busco seguir descubriendo nuevas lecturas que me sorprendan, me emocionen y sirvan para disparar nuevas escrituras.

¿Quiénes fueron tus referentes narrativos a la hora de escribir la novela?

Mis referentes son Carver, Cheever, Fante, Stephen King, Bukowski, entre otros.

¿Tu rol como entrevistador te sirvió a la hora de arrancar a escribir narrativa?

No, el rol como entrevistador no me sirvió. Lo que me sirvió es que ya venía escribiendo obras de teatro y si bien son géneros distintos, me ayudó a encarar la escritura de una historia en el género de narrativa.

Sobre El Autor

(Buenos Aires, 1986) Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo), su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. En 2017, Editorial Revólver publicó Cruz, finalista del premio Dashiell Hammett a mejor novela negra que otorga la Semana Negra de Gijón. Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, David Goodis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, Kike Ferrari, Leonardo Oyola, James Crumley, Ben Affleck, Daniel Woodrell, Taylor Sheridan, Vern Smith, Newton Thornburg, Jason Aaron, RM Guera, entre otros.

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