“La escena que debemos reconstituir congrega, pues, a dos contemporáneos. Queda un enigma: ¿por qué no nos dicen nada uno del otro? Esa ignorancia mutua, que a uno le cuesta tomar por accidental, es acaso la parte de sombra que más atrae de esta historia, el vacío más vertiginoso donde dan ganas de precipitar algún discurso, pero no de manera demasiado brusca, no, sino más bien arrojando nuestras palabras, una a una, con parsimonia, al igual que los niños al borde de un cráter cuando visitan un volcán antiguo, que permanecen paralizados y a su vez vibrantes de deseo de vaciar sus bolsillos para oír el ruido que hace la moneda al caer al fondo, y es más,  sabiendo perfectamente que no oirán nada porque el foso es demasiado vasto.

Nombrar ese silencio es imposible. ¿Ocultación? Pero eso es decir demasiado, ya que supone un espesor afectivo que nada, estrictamente nada, en nuestras fuentes y en nuestros textos permite describir entre ambos hombres…”

Un contexto enmarcado entre los siglos XV y XVI; las guerras de aquella Italia partida en regiones. Los ducados de Milán; Ferrara. Y Módena. Nápoles, Génova, Venecia.

Florencia con su poder real, enfrentada a Pisa. Y una realidad que se impone como eje del conflicto, la Corte de César Borgia. Y otra, la de Ludovico Sforza.

Milán enfrentada a Venecia. La incidencia de los Médici, la del Gran Consejo de Savonarola, la del rey de Francia…

El gobierno florentino y una gran expectativa. A mediados del año 1502, Nicolás Maquiavelo y Leonardo da Vinci pasan a ser energías de distintas procedencias, entonces reunidas en el palacio ducal de Urbino, ante el hijo de Rodrigo Borgia, aquel tremendo papa que  pasó a la historia como Alejandro VI. Y, he ahí la cuestión; dos voces, la del inventor necesario y la del segundo canciller imprescindible, ambas voces en un mismo espacio físico y temporal, serán las que partiendo de virtudes diferentes proyectarán, al unísono y sin discrepancias, alterar estratégicamente el curso del Arno, en favor del desarrollo de Florencia.

Ahora, bien, ¿qué vínculo, efectivamente, unía a estas dos fuertes personalidades?

Qué tipo de relación podríamos dar por cierta a la luz de indiscutibles hechos de carácter histórico que, una vez ensamblados, irán fortaleciendo la idea de una articulación lógica que atraviesa pasajes conjeturales y que, en razón de nexos causales, otorgan verosimilitud y, también, legitimidad al hilo conductor que opera como guía.

“…Hubo, quizás, amistad, reconocimiento, admiración, emulación, complicidad, afecto entre Leonardo y Maquiavelo. Quizá también incomprensión, celos, fastidio, decepciones y malentendidos, rencores y promesas incumplidas. Pero jamás sabremos nada de eso, y el absoluto rigor con el que nuestra documentación permanece siempre lacónica en torno a este punto brinda al lector una piedra de toque indiscutible sobre el trabajo de los historiadores. Ante el primer adverbio o ante el primer adjetivo que sueltan para caracterizar la relación que se traba entre Leonardo y Maquiavelo, podemos saber, sin herir a nadie, que están fabulando…”

En estos términos, es que Patrick Boucheron nos ofrece mucho más que un punto de encuentro aislado o envuelto en alguna eventual intuición exclusivamente reservada a las ucronías que rompen desde una antojadiza divergencia con la historia real, alterándole su curso, como si fuera un río.

  

Título: Leonardo y Maquiavelo

Autor: Patrick Boucheron

Traducción: Agustina Blanco

Editorial: Fondo de Cultura Económica

189 págs.

     

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integró el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Se desempeña en el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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