Un amigo escritor, con marcada tendencia a los paroxismos, define el género negro como “tetas, tiros y droga”, una evidente exageración de ciertos clichés, pero va y resulta que llega el malagueño Alejandro Miguel de Hoyos, más conocido por los lectores como Massacre, para darle toda la razón en Nasty Pills su quinto trabajo publicado por ediciones Dibbuks, coloredo por Dani Seijas.

El relato abre con una heroína de estilo Electra, tomando un chiringuito de meta, de ahí saltamos a una tórrida escena de sexo entre una hembra escultural y un viejo carcamal. Eros se hace Tánatos tras el orgasmo, porque la rubia le dispara en los dientes al viejo y luego se vuela la cabeza, y ahí nos enteramos de que el anciano era un capo mafia y la rubia su esposa. Y volvemos a la heroína vengadora del principio, tuneada de narcóticos y dispuesta a todo para vengar su amor. Desatada cual cataclismo contra las familias de la mafia.

Un mapa comienza a aparecer, un internado femenino, una farmacéutica involucrada en investigaciones de reacondicionamiento humano…

Tan solo 80 páginas le sirven a Massacre para desplegar el mapa de una conspiración que involucra un nuevo sistema de trata de blancas, el relato cuasi distópico de una droga diseñada para reescribir personalidades e incluso, inmersa en toda esta mierda, una pequeña historia de amor, que se transformará en una cinematográfica venganza, porque cuando los desamparados pierden esos pequeños faros que los guían, no les queda otra que iniciar grandes incendios con los que iluminar el camino.

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