Por el camino de Puán es la primera revista literaria de la Carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras. De periodicidad anual, está hecha principalmente por sus estudiantes, y también por docentes, graduados y estudiantes de otras carreras de FFyL. La escritura literaria es el eje del primer número, y de él participan autores como Carlos Gamero, Liliana Heker, Elsa Drucaroff, Martín Kohan y Gabriela Cabezón Cámara, entre otros.

¿Qué diálogo mantiene y ha mantenido históricamente la Carrera de Letras con la literatura contemporánea? ¿Y con la escritura creativa? ¿Se puede enseñar a escribir literatura? Sobre estos y otros temas conversamos con Gabriela Franco, coordinadora de esta publicación que busca enriquecer el panorama cultural a través de una intervención activa, vital y plural en la agenda literaria contemporánea.

¿Cómo nace Por el camino de Puán? ¿Quiénes la hacen?

Por el Camino de Puan es un proyecto del Departamento de Letras de la FFyL de la UBA. Fue impulsado por los estudiantes, a través de sus representantes en la Junta Departamental, con el objetivo de crear la primera publicación literaria de la carrera (hasta ese momento sólo existía Ex Libris, la revista académica de Letras) y así visibilizar el perfil de escritor/a de los estudiantes de Letras. Es una publicación que se propone como espacio para dar a conocer la obra de los nuevos escritores que se están formando hoy en la carrera, y al mismo tiempo es un lugar de diálogo con otros escritores de más trayectoria.

La hacen principalmente estudiantes de la carrera de Letras, pero también participan docentes, graduados y estudiantes de otras carreras de FFyL. No se trata de una revista estudiantil, ni una revista para la gente de Letras, sino de una revista literaria, que quiere ser atractiva para cualquier lector interesado en la literatura contemporánea.

 

¿Por qué decidieron que el eje de este primer número sea “Escribir literatura”?

Por el Camino de Puan se propone ocuparse especialmente de la escritura de literatura. Por eso la sección central de la revista es la publicación de obras literarias, y quisimos que el primer número abordara esta problemática. Para ello, convocamos a escritores, estudiantes, docentes y directivos de diversas instituciones a dar su opinión sobre el proceso creativo y las posibilidades de transmitir la experiencia y enseñar a escribir literatura.

El prejuicio de que no es posible enseñar a escribir ha hecho que no haya hasta el momento un estudio sistemático de los modos en que esta práctica se transmite. Desde la revista quisimos contribuir a esta reflexión.

 

¿Cuál es la relación formal de la universidad con la escritura creativa? ¿Por el camino de Puán viene a alterar esta relación de alguna manera?

La carrera de Letras proporciona una formación como lectores críticos. Pero la escritura literaria ha sido históricamente relegada. De hecho, las charlas introductorias a la carrera ―al menos hasta hace pocos años― intentaban disuadir a los ingresantes que se acercaban con la ilusión de ser escritores.

Esta situación poco a poco se va revirtiendo, pero aún sigue siendo un campo de tensiones. Los estudiantes vienen luchando para que la carrera de Letras abra espacios destinados a lo que se ha dado en llamar “escritura creativa”, atendiendo al interés de muchos de los estudiantes que se acercan a la carrera buscando herramientas para su propia escritura.

La revista-libro Por el Camino de Puan es una conquista en este sentido: es un lugar de desarrollo para los nuevos escritores y lejos de disuadir pretende dar aliento y espacio a los nuevos creadores.

Ante el prejuicio de que la carrera no es para escritores, vale destacar que son muchos los escritores contemporáneos que se formaron ahí, por ejemplo: Jorge Consiglio, Sylvia Iparraguirre, Alicia Genovese, Rodolfo Edwards, Martín Kohan, Alan Pauls, Marina Mariash, José Villa, Miguel Vitagliano, Lucas Margarit, Laura Wittner, Carlos Battilana, Carlos Gamerro, Elsa Drucaroff y la lista sigue. Por el Camino de Puan quiere dar a conocer las primeras obras de la nueva camada.

 

¿Qué otros espacios ofrece hoy la carrera en la misma dirección?

En 2015 los estudiantes y algunos docentes lograron que la “escritura creativa” sea declarada área de vacancia, por lo que desde entonces todos los cuatrimestres hay oferta de seminarios que se inscriben en esta línea: Elsa Drucaroff dio seminarios de narrativa; Cristian Palacios, de dramaturgia; Julián Gorodischer, de crónica, Paulina Bettendorff y Cecilia Eraso, de poesía; entre otros.

 

¿Cómo percibís que se ha dado históricamente el diálogo entre la universidad y la literatura contemporánea? ¿Y en la actualidad?

Creo que es una gran deuda de la carrera de Letras. Cursé en los años noventa y durante ese tiempo casi no hubo contacto con escritores contemporáneos, ni mucho menos materias en las que se propiciara la escritura de ningún tipo (ni siquiera había entonces una reflexión sobre la escritura académica y más bien la regla era ocultar cualquier atisbo de poema o cuento que uno estuviera escribiendo). Había algunas materias, como la cátedra de Beatriz Sarlo de Literatura Argentina II, en la que sí se llegaban a leer y analizar textos contemporáneos; pero era una excepción.

Veinte años después observo que los estudiantes denuncian una situación similar.

También lo observaba Carlos Gamerro (que estudió y dio clases en Puan) en 2004: “No hay materias que enseñen a escribir ni ficción, ni ensayo, ni periodismo (…). Un escritor que solo sea escritor tiene más chances de pasar por el proverbial ojo de la aguja que de enseñar en la carrera”.

De alguna manera, la nueva carrera de la UNA, Artes de la Escritura, vino a cubrir esta falencia. Allí todos los profesores son escritores. Pero eso no quiere decir que la carrera de Letras no deba plantearse este tema.

Por su parte, Elsa Drucaroff (profesora de la carrera y escritora) denuncia que detrás de esta negación a la posiblidad de escribir literatura se esconde una idea antidemocrática del arte: “Si la escritura de ficción es un oficio que puede enseñarse, se hace trizas la idea elitista de la creación”.

Algo de eso hay. Considero que en la carrera de Letras de la UBA sigue habiendo una gran resistencia por parte de muchos profesores y directivos a acercarse a la literatura contemporánea. En buena medida, creo que es por el temor que produce la incertidumbre de trabajar con un material creativo actual. Es sencillo alabar a un escritor que ya ha sido consagrado por la historia, pero no es tan fácil valorar las obras que acaban de ser creadas.

 

Las revistas fueron históricamente en nuestro país uno de los motores más importantes de las vanguardias estilísticas y de pensamiento, sin embargo, la decisión de publicar en papel resulta, dado el contexto actual, una apuesta importante. ¿Qué importancia tiene hoy la edición en papel y cuál es el valor de que la universidad pública respalde el proyecto?

Las revistas literarias han sido históricamente una vía privilegiada para dar a conocer nuevas voces literarias y un espacio formativo y de intercambio fundamental para muchos escritores. Basta nombrar experiencias como Sur o El Escarbajo de Oro. Hoy son pocas las publicaciones que pueden mantener su existencia en papel y son valiosísimas, como por ejemplo El Ansia, Orsai o Carapachay (La Balandra, lamentablemente, acaba de dejar de salir). También hay experiencias digitales excelentes, como Otra Parte u OpCit. Pero todas se sostienen fundamentalmente por el entusiasmo y la pasión personales.

Por eso es fundamental que la universidad pública haga este esfuerzo y respalde un proyecto de este tipo, sumando una nueva publicación que viene a enriquecer el panorama cultural, atendiendo a que se trata de un proyecto de formación para todos los que participan en él, de una plataforma de desarrollo para los nuevos creadores, y un modo de favorecer la creación de un público lector actual. Es sin duda una intervención activa, vital y plural en la agenda cultural contemporánea.

Además, con esta publicación, la UBA viene a sumarse a experiencias similares de otras universidades: como la revista Punto de Partida, de la UNAM, o Ágora, del Colegio de México, o Río Grande Review, de la Universidad de Texas, entre otras.

Apuntamos a una revista en papel, porque el impreso sigue teniendo una trascendencia inigualable. Hoy todo puede ser publicado en la web, pero no es lo mismo ser seleccionado para ser publicado en una revista/libro impresa con un alto nivel de exigencia. La limitación de la cantidad de páginas así como la perdurabilidad de lo que queda fijado en el papel presupone un trabajo de edición intenso, que no suele abundar en las publicaciones digitales.

 

Contanos cómo trabajan en la selección de textos.

Las obras se reciben a partir de una convocatoria abierta a estudiantes de Letras, con sistema de plica (para garantizar que los lectores no conozcan la autoría). Cada obra pasa al menos por tres lecturas (el equipo de lectores está conformado por estudiantes, docentes y graduados), de las que derivan los respectivos informes. De esa valoración surge la preselección de obra. Para definir la curaduría final, el material preseleccionado pasa por la lectura del comité editor y el consejo asesor (para el número uno participaron escritores que son o han sido docentes universitarios: Sylvia Iparraguirre, Carlos Battilana, Lucas Margarit, Márgara Averbach y Guadalupe Maradei).

 

¿Qué planes tiene la revista para sus próximos números? ¿Qué periodicidad se proponen? ¿Dónde se consigue?

El número dos aborda la problemática de la relación entre literatura y experiencia, especialmente en dos géneros ―la dramaturgia y la crónica―, en los que esta tensión parece manifestarse con mayor evidencia, al menos en las producciones más recientes.

Tenemos previsto para el número tres trabajar sobre el tema de las revistas literarias, en consonancia con el proyecto Charlas de Formación (auspiciado por una beca del Fondo Nacional de las Artes), en el que estamos invitando a la FFyL a distintas personalidades vinculadas al quehacer de las revistas culturales para que compartan su experiencia. Ya vinieron Alejandra Laurencich, Vera Giaconi y Silvina Friera.

Nuestra intención es que Por el Camino de Puán tenga una periodicidad anual.

Actualmente la revista se consigue en OPFYL, la oficina de publicaciones de la FFyL, que está en la planta baja de Puan 480. Pero nuestra idea es poder hacer una distribución mayor, alcanzando algunas librerías específicas y ferias.

 

¿Se puede enseñar a escribir literatura?

Nadie nace sabiendo escribir, de modo que es algo que se aprende. Y no me refiero solo a la alfabetización primaria, sino a la adquisición de herramientas para producir distintas escrituras. Además, nadie aprende solo: incluso los autodidactas aprenden con esos otros que los acompañan desde los libros. Por lo que considero que se puede enseñar a escribir, directa o indirectamente, y sobre todo que se pueden generar ámbitos especialmente propicios para que ese aprendizaje tenga lugar.

En mi experiencia como docente, tanto en talleres de escritura académica como en talleres de poesía, he tenido el privilegio de asistir a esa transformación que se produce cuando un grupo se reúne a compartir textos y a reflexionar sobre ellos, no como materiales fosilizados a los que hay que venerar, sino como material vivo que entra en diálogo con nuestra propia escritura.

No se aprende a escribir de una vez y para siempre. La escritura es una práctica, y como tal se aprende haciendo, y se sigue aprendiendo durante toda la vida. La creación literaria es una experiencia de conocimiento.

Se suele creer que la escritura es un trabajo solitario. Y si bien es cierto que hay etapas de la creación que se realizan en soledad, también es verdad que en la mayoría de los casos ese trabajo se completa y se nutre en el diálogo con los otros. A veces se trata de la mirada de un colega, un amigo, un maestro, un compañero o un editor. Mi experiencia como editora también me permitió observar ese trabajo artesanal que implica toda obra y que se aleja de la mítica figura del genio para acercarnos al escritor de carne y hueso.

Sobre El Autor

Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Escribe poesía, literatura infanto juvenil, y se dedica también a la dramaturgia. Se formó como actriz con Carlos Gandolfo, Augusto Fernándes y Pompeyo Audivert, entre otros maestros. Da clases de literatura, talleres de escritura y de teatro, y dirige una Compañía de teatro adolescente. Jefa de Redacción durante años del portal Evaristo cultural, es actualmente editora del sello Evaristo Editorial. Como periodista cultural, colaboró a su vez en diversas publicaciones (Revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla -México-; Agulha Revista de Cultura -Brasil-; El ojo de la tormenta, y Metaliteratura -Argentina-, entre otras). Desde su rol docente, se dedica también al trabajo social.

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