Desde hace unos meses se puede conseguir en las librerías argentinas la hermosa edición que ha realizado Lumen de la poesía completa de Idea Vilariño (1920-2009), poeta, ensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45.

Profesora de literatura en colegios secundarios hasta el golpe de Estado del ´73, restaurado el sistema democrático, desde 1985 fue docente de Literatura uruguaya​ en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.

Muchas de las obras de Idea Vilariño reflejan la tormentosa relación de amor que mantuvo con el genial escritor Juan Carlos Onetti.

 

Hoy tengo el corazón frío y azul,

los ojos de neblina

y las manos heladas.

Ah, madre,

qué cansada estoy,

qué cansada.

Si ya no puedo más con este fardo

este fardo sombrío

que me he echado a la espalda.

Y estos que van conmigo

y que me escuchan

se miran y preguntan

¿De qué fardo nos habla?

Ah, madre,

no sabes cómo estoy

de cansada.

(1941)

 

Hoja caída, hoja

marchita, llama helada

y gris y lisa y gris.

Hoja caída, hoja

caída, llama helada.

El viento, sólo el viento

en las tardes heladas.

No el cierzo, el viento gris.

El viento, sólo el viento

de las tardes heladas.

Es la antigua, de siempre,

inútil, necesaria,

fatal, eterna vuelta

de todo, como siempre,

inútil, necesaria.

Y ella cumple, la hoja

caída, hoja caída,

marchita, llama helada.

Permanece, una hoja

sin vida, hoja caída.

Y nada más.

No.

Nada.

(1941)

 

Después de haber amado tanto todo

y de haberlo tenido y de saberlo,

después de haber andado lentamente

con los ojos cerrados, o corriendo,

y de haber dicho cosas inefables

o deshechas y turbias, o amarillas,

de haber sido de todos y de nadie,

qué en la luz con las manos heridas.

Después del ala tensa y el descenso,

del sueño en re y el despertar dolido,

de la rosa de plata y la hoja seca,

de las voces azules y del grito,

con los ojos espléndidos quebrados

y las horas repletas ya vacías

y los pobres pies mudos desgarrados,

qué en la luz con las manos heridas.

(1941)

 

Todo el cuerpo hacia qué

como un ramo de lilas,

como una rosa roja,

como un jazmín sediento.

Todo el cuerpo hacia qué.

Lluvia sobre ceniza

los días, aunque, a veces,

cenizas en el viento.

Y hacia quién se sostiene

la noche, como un arco

sin flechas, como un arco

sin flechas pero tenso.

Hacia qué o hacia quién

estas noches de barco

sin destino, de barco

sin destino y sin puerto.

Los ojos sólo ven

lluvia sobre ceniza,

los días, y las noches,

vacíos arcos tensos.

Pero el cuerpo hacia quién

como un ramo de lilas,

como una rosa roja,

como un jazmín sediento.

(1942)

 

Haberse muerto tanto y que la boca

quiera vivir un poco todavía

y que el cuerpo, los brazos y la boca

y que las noches cálidas, los días

ciegos, y el frío sin sexo de la aurora…

Haberse muerto tanto y de tal modo

y sostener un nombre todavía

y una voz que se afirma y se alza en números.

Haberse muerto tanto y que las lilas,

y las tintas azules y las rojas

y las hojas, las rosas y las lilas…

(1942)

 

Nadie podría decirte, árbol seco,

alta rama desnuda y azulada.

La melodía es triste y a lo lejos

en una vana luz desesperada,

yo, esta casa vacía, estos espejos,

este rodar por cuencas señaladas,

este caer de fruta, estar de fruta

y deshacerse al fin en tierra amarga.

(1941)

 

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