Aurora intenta rastrear a esa madre que la dejó tiempo atrás, sin posibilidad de diálogo, intenta comunicarse, entenderla a través de la lectura del libro de cuentos que su madre escribió tiempo atrás.

Una madre que va tachando el pasado. Primero familia. Después, hija, y se instala en Piacenza, Italia. Allá es adonde huye. O donde Aurora diría que se mudó. Una palabra anestesiada para “abandonó”.

“Leo para conocerte”.

Así Piacenza se vuelve una novela donde la búsqueda de la protagonista por su madre se entrelaza con ficciones cortas de otra voz, en las cuales no sabe qué tanto aparece madre y qué tanto ficción. Un viaje para hacer del pasado una cicatriz.

Me gustaría arrancar preguntándote por el origen de Piacenza.

La escritura, para mí, tiene esa magia que muchas veces se revela sin que el narrador lo pueda torcer. Ese hallazgo apareció en un sueño: Era la imagen de una hermana que yo desconocía y que vivía en Italia. Fue tan vívido que no podía dejar de pensar en esa situación. Creo que inmediatamente comencé a escribir y a intentar ponerme en la piel de la protagonista, entonces aparecieron  las preguntas: ¿Cómo fue que nunca supo que tenía una hermana? ¿Y su madre? Ese fue el disparador que se me impuso y no pude parar de escribir y luego reescribir, una y otra vez, hasta acercarme a lo que quería develar de éste personaje que estuvo conmigo, durante mucho tiempo.

¿Cómo fue manejar los diferentes registros, tanto el de la narradora de la novela como los diferentes narradores de los cuentos?

Fue intenso y un gran desafío. Si bien algunos de los cuentos ya lo tenía escrito, apareció la mirada  de la protagonista Aurora, y a partir de ahí todo cambió. Trabajé mucho, espero haberlo logrado, porque mi miedo era que los cuentos le quitaran fuerza a la voz de la protagonista de la novela. Tuve una guía increíble y maravillosa, que es Adriana Romano, que me acompañó en este viaje con sugerencias y aportes que fueron muy importantes para que la obra pudiera tomar ese rumbo.

La ficción no tiene nada que ver con la biografía. Pero yo no estoy tan segura. […] en la ficción siempre hay algo de verdad”. Ahí encontramos cierta clave desde la cual intentar entender o leer la novela, y desde la cual la protagonista intenta entender a su madre. ¿Cuál es tu percepción en este apartado?

Sí, es un guiño al lector, en este caso no muy revelador ya que la protagonista no sabe nada de su madre a partir de los 12 años. Desconoce demasiadas cosas y por lo mismo comienza ese rastreo en las palabras, en los cuentos. Ese ir y venir por los textos de esa mamá ausente, que ella lo transita como un  duelo, donde intenta cerrar una etapa de la que fue impedida de vivenciar. Y en consecuencia, también, le encauza un nuevo enfoque a su vida.

Me llamó la atención el uso del lenguaje, la elección de palabras que en determinado momento utiliza la narradora: “Mama se mudó.” Cierto maquillaje ahí, o cierta anestesia, a la hora de cimentar el recuerdo y la propia visión personal de nuestras memorias, que a la vez termina siendo una construcción de nosotros mismos. Me interesa tu visión sobre este aspecto.

Me gusta la palabra “anestesiada” porque así fue como estuvo la protagonista a partir de que su madre la abandona. ¿Cómo se tapa el desamparo? ¿Qué  provoca? Más aún cuando fue una madre presente hasta el momento de desaparecer. Una dimensión no tan desgarradora podría ser: si se muda, algún día  puede volver. Por eso mismo bucea entre las páginas de su madre, busca la construcción de esas memorias que ella desconoce. Al menos esa es la idea que quise trasmitir.

Algunas parejas se lanzan a lugares del que no pueden salir enteros”. Es otra de las frases que me quedó. La pensaba en relación al vínculo que la protagonista tiene con Matías. ¿Qué nos podés decir de esto?

Me gusta mucho el personaje de Matías, el antagonista que logra que Aurora se anime a confiar en alguien que también, por otro lado, es su sostén durante esa dura búsqueda. Con respecto a la frase, la protagonista es una persona insegura, fóbica. Se rehúsa a abrirse, su historia la condiciona. Los miedos le impiden iniciar una relación. Siente temor de “lanzarse a un lugar” desde el afecto, apegarse a alguien, para luego sufrir un quiebre del que ella no está preparada emocionalmente.

Trabajaste tu novela en diversos talleres de escritura, espacio muchas veces puesto en tela de juicio. ¿Cuál es tu opinión acerca de los mismos?

En mi caso los talleres literarios me enriquecieron, me dieron las herramientas necesarias para pulir y darle brillo a un texto. No es que de un día para otro una persona se transforme en escritor por hacer un taller literario. Creo que el oficio de escribir está en uno desde siempre. Conozco personas muy talentosas que nunca hicieron talleres, pero no dudo que si los hicieran ampliarían su potencial.  Claro que, también, hay que trabajar afanosamente, leer mucho, ser muy visual, tener un oído muy fino. Un cuento, una novela, no se nutre solo de una idea creativa, fundamentalmente es cómo se cuenta, qué recursos utilizar para que el tono, el ritmo, la voz narrativa, tenga ese tenor literario.

Ya sea para una experiencia personal o para tomar el oficio en serio, creo que los talleres literarios son el lugar adecuado para aprender a convertir las palabras en algo bello.

¿Quiénes fueron tus principales influencias a la hora de escribir Piacenza?

No sabría decirte exactamente un autor en especial. Creo que todo autor que te invita a volver a él, influye sobre mis textos. Clarice Lispector, Henri Miller, Raymond Carver, Abelardo Castillo, Chuck Palahniuk, Claire Keegan, son autores que no sé si fueron influyentes con respecto a Piacenza, pero sí estoy convencida que todos dejaron una huella.

Sobre El Autor

(Buenos Aires, 1986) Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo), su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. En 2017, Editorial Revólver publicó Cruz, finalista del premio Dashiell Hammett a mejor novela negra que otorga la Semana Negra de Gijón. Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, David Goodis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, Kike Ferrari, Leonardo Oyola, James Crumley, Ben Affleck, Daniel Woodrell, Taylor Sheridan, Vern Smith, Newton Thornburg, Jason Aaron, RM Guera, entre otros.

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