Del sionismo socialista a Mariátegui, una familia judía muy singular

Claudio Lomnitz es profesor en Columbia, una de las universidades de la élite intelectual del imperio que gobierna más de medio mundo hace casi cien años, en New York, una de sus capitales. Entre sus cuarentas y cincuentas, nos dicen las solapas y contratapas del Fondo de Cultura Económica (FCE), el profesor Lomnitz publicó varias investigaciones sobre distintos aspectos de la historia mexicana contemporánea, girando siempre alrededor del proceso revolucionario de las primeras décadas del siglo 20. Ahora, después de cumplir sus sesenta años y ante el fallecimiento de su propio padre, Lomnitz encaró una investigación particular, la de la historia de su propia familia, y sus resultados son parte del paquete de novedades de la editorial mexicana para las librerías argentinas.

Cuando Lomnitz se refiere a Nuestra América lo hace primero encerrando paradójicamente ese concepto de fraternidad internacional latinoamericana en un nosotros recluido a su familia. Estas trescientas y pico de páginas describen la América de sus abueles maternos y paternos, que vivieron en Lima, Santiago de Chile, Bogotá,  Tuluá y Caracas entre los años 20 y 60 del siglo pasado. Todo alumbrado por la experiencia personal de una familia judía askenatzí que huye de la persecución antisemita del nacionalismo alemán, ruso y rumano. Y, aunque los protagonistas de la historia familiar de Lomnitz nunca llegaron a jugar un rol destacado o protagónico en las sociedades donde vivieron, no al menos el que suele justificar el tiempo y dedicación exclusiva de los biógrafos, sus micro-historias permiten iluminar un momento clave de la historia latinoamericana y mundial: el cataclismo provocado por la última crisis estructural del capitalismo imperialista, entre las dos guerras mundiales, la Revolución rusa y el genocidio contra el pueblo judío.

Se trata de un entretenido libro de historia sobre uno de los momentos más dramáticos y trascendentales de nuestra historia planetaria, que como regalo nos ofrece una joya: un fresco íntimo sobre uno de los principales proyectos políticos socialistas en América Latina, el del colectivo de la revista Amauta, dirigido por el intelectual limeño José Carlos Mariátegui en la década del 20.

 

Un hilo de la diáspora judía: nacionalismo antisemita, sionismo y comunismo

Efectivamente, tirando de la piola del hilo biográfico familiar –porque en ningún momento el autor cae en el engorroso trabajo de describir un árbol genealógico- la mayor parte del libro está dedicada a seguir las aventuras y tragedias de su abuelo, Misha Adler y su abuela Noemí Milstein, desde su nacimiento en la región más golpeada por el antisemitismo europeo, la franja de asentamiento que los zares permitieron a las familias campesinas y comerciantes judías después de su anexión en el siglo 19, entre el Báltico y el Mar Negro, disputada durante siglos por tres imperios –austrohúngaro, turco otomano, ruso- y luego frontera de las guerras civiles desatadas por la revolución rusa del 17 y el avance del nazismo sobre la URSS, permitido precisamente por la Rumania que ocupaba esa región tan particular que es Besarabia.

El autor reconstruye el Macondo de su familia de origen materna, Nova Sulitza, un pueblo que tenía un lado del camino central en territorio ruso y la otra mitad en territorio austríaco, razón suficiente para que la mayoría de familias campesinas y de pequeños comerciantes judías, hablantes de yddish, estuviesen en el foco de los pogromos y genocidios de todos los Estados que se disputaron esos territorios desde el estallido en 1914 de la Gran Guerra europea. La historia familiar de Lomnitz es una crónica apasionante y desgarradora que persigue los destinos micro de la colectividad judía en su desesperante lucha por sobrevivir al antisemitismo milenario heredado por todos los Estados cristianos –católicos, ortodoxos y protestantes- de un lado y de los radicalizados Estados muslimes por el otro.

En ese duro contexto, sus dos abueles se forman y organizan en una de las variantes que adoptaron les judíes para enfrentar su exterminio, en este caso las organizaciones juveniles de ideología socialista y sionista de la primera mitad del siglo veinte. Por su relato, el abuelo Misha fue un verdadero cuadro organizador y propagandista de la necesidad del pueblo judío de sostenerse en su acervo cultural –enseñando el hebreo y el yddishe así como el estudio de la Torá entre las infancias y adolescencias- y de conseguir un territorio propio para su nación, donde desarrollar un Estado autónomo basado en la propiedad común de los medios de producción –tierras, maquinaria, etc.- que fuera guiado por un sistema asambleario e igualitario, sin explotación de clases ni de géneros.

Esta combinación de nacionalismo esencialista judío con la utopía de organización comunista no es desconocida para quien haya leído aunque sea superficialmente la historia del judaísmo en el siglo 20. De hecho, constituye las raíces sobre las que se plantó en la Palestina invadida por Gran Bretaña el futuro Estado de Israel, con sus unidades fundamentales de producción y reproducción social en los kibutzs, verdaderas comunas rurales igualitarias, al menos hasta los años 60 y 70, cuando Israel decide transformarse en correa de transmisión del imperialismo yanqui para sobrevivir a la reacción árabe en su contra y el comunismo del kibutz se reserva a la memoria mítica fundacional y los chistes de Moldavsky.

Uno de los aportes más interesantes de este libro es que permite hacer foco sobre la colaboración particular de la burguesía nacionalista rumana, católica y reaccionaria, en el genocidio contra la población judía, uno de las particulares formas no tan conocidas que asumió la barbarie combinada de la descomposición del feudalismo europeo y su mutación capitalista en el siglo 20.

 

Les camaradas judíes de José Carlos Mariátegui

Huyendo de su condena a muerte, los abuelos maternos del autor llegan en los años 20 a Lima justo para empalmar con el auge del proyecto de José Carlos Mariátegui, uno de los más lúcidos e interesantes propagandistas del leninismo en América Latina, que tuvo una influencia insoslayable en la historia de la cosntitución de la izquierda latinoamericana, tanto de la izquierda nacionalista como de la comunista. Su partido político, la revista Amauta, nutrió ideológicamente el desarrollo tanto del aprismo de Haya de la Torre como del peronismo de izquierda y al trotskismo nacionalista al estilo de Hernández Arregui o las corrientes inspiradas por Silvio Frondizi, coaguladas en los distintos MIR del subcontinente.

Les abueles del autor fueron colaboradores en la mítica revista haciendo un aporte propio al pensamiento internacionalista del notable intelectual peruano, quien veía en el judaísmo, debido a su naturaleza obligada a la diáspora permanente por la persecución antisemita milenaria, una especie de destino esencial de pueblo internacionalista, una especie de vanguardia étnica del destino superador de la especie humana sin distinción de nacionalidades y espejo para un futuro fraterno sin distinciones, tampoco, de clase.

Al mismo tiempo, la experiencia limeña habría fraguado en la conciencia política del abuelo del autor la comprensión del campesinado originario de sud américa como un espejo de esta visión marateguiana del judaísmo. Una identificación del sufrimiento de los pueblos originarios, incaicos y aymara sobre todo, cuatro siglos víctimas del genocidio europeo en América, como una potencia inigualable para el desarrollo de una conciencia también internacionalista y comunista. El mito de la aldea comunal eslava sobre el que discutieron Marx, Engels, Plekhanov y Vera Zasúlich como posibilidad para el desarrollo –desigual y combinado- de las bases para una organización comunista del futuro Estado Socialista en Europa, afincado en la herencia ancestral del ayllu andino. Tesis que todavía fascina a quienes nos hemos embarcado a fondo en la lucha por derribar al Estado burgués en nuestra faz planetaria, tanto a izquierdistas de café universitario como a revolucionaries más pragmátiques.

Dejando de lado las innumerables lagunas emocionales que sólo pueden conmover los océanos íntimos del autor, este núcleo histórico es el que justifica la lectura de toda la obra, y que el mismo autor reconoce y legitima, colocando en la tapa del libro la foto de su abuelo y un cacique aborigen de la región colombiana de Tulua donde vivió en los años 30 y 40. La foto es parte de uno de los números de la revista político cultural Grancolombia, lo más cerca que estuvo su abuelo de consumar el sueño de toda su vida, un proyecto que fusionara los principales aportes de la cultura judía internacional en la recuperación de las raíces identitarias de los pueblos aborígenes en la lucha contra el nazismo por una patria socialista universal.

 

Sionismo socialista o socialismo judío

Otro aspecto fascinante de la lectura de este libro pasa por ahondar en una experiencia política que tuvo y tiene una influencia clave en los procesos históricos de los últimos setenta años, el del sionismo, el nacionalismo judío. Intentado comprender la ideología que sus abueles maternes defendieron durante toda su juventud como organizadores teóricos y prácticos de la lucha contra el fascismo y nazismo, el autor nos ofrece una detallada visita guiada por una de las ramas más interesantes de la ideología nacionalista de un pueblo oprimido como el judío, el del sionismo socialista. Aquí también encontramos el punto más polémico del libro, si observamos aquello que nuestro guía ha preferido no ver, que en un profesor de Columbia podría equivaler más a intenciones ideológicas que a un descuido casual.

Su abuelo Misha y su abuela Noemí, se conocieron en Lima por vías paralelas, aunque tuvieran una trayectoria política muy similar en sus años formativos en las juventudes nacionalistas de los pueblos de Besarabia. Fueron expulsados de Lima en 1930, -meses después del fallecimiento de su mentor, amigo y protector, Mariátegui-  por un golpe conservador anticomunista y antisemita. Migraron a Colombia hasta principios de los años 40, donde trabajaron y militaron sin éxito por la consolidación de una comunidad judía integrada pero autónoma culturalmente. Expulsados por la violencia que siguió a la guerra civil entre liberales y conservadores –donde jugó rol central el clivaje de alianzas con los aliados o los nazis- volvieron a Rumania para vivir una experiencia directa en lucha contra el nazismo y enfrentar la pérdida de buena parte de su familia en la Sloha. Finalizada la guerra participaron junto a su familia nuclear en la fundación del Estado de Israel desde 1949 hasta los años cincuenta, donde conocieron a la familia paterna del autor, hasta que los principios del proyecto comunista chocaron contra la realpolitik del sionismo, que finalmente triunfó como todos sabemos para mutar en un nacionalismo imperialista y genocida, que Lomnitz elude evaluar, amparado en el seguimiento estricto de la epopeya familiar.

Este defecto, el de evadir al sionismo finalmente triunfante y sus propios crímenes de lesa humanidad sobre el pueblo palestino de origen árabe, se emparenta con una ambigüa caracterización del impacto de la tradición comunista en el socialismo de sus abueles y su generación, limitando demasiado su aprobación del sentido internacionalista de partido bolchevique en su conformación y exacerbando el antisemitismo denunciado por Trotsky sobre el estalinismo.

El autor parece asignarle al nacionalismo judío un factor causal sobre el internacionalismo fraternal del bolchevismo, igualando por sus orígenes étnicos a Marx, Einstein, Freud y Trotsky, antes que reconocer la importancia superior del materialismo dialéctico, histórico, en la conformación de la ideología programática que guío al Estado Soviético en la protección de todas las nacionalidades oprimidas por el imperialismo zarista. A tal punto que nos llama la atención la falta de profesionalismo del profesor de Columbia cuando no confronta la formación ideológica de sus abueles con una veta socialista mucho más clara dentro de las distintas corrientes ideológicas del judaísmo: la experiencia histórica del Bund, el Partido Socialdemócrata Judío de Rusia, que llevó a fondo un programa de liberación nacional para los judíos de Europa Oriental en la lucha por un Estado Obrero y Campesino socialista y comunista. Aunque su abuelo y su abuela no proviniesen de esa matriz, su obsesión por los valores de igualdad para hombres y mujeres y de fraternidad internacionalista, así como las raíces de un proyecto de organización social y económica comunistas, dentro de las organizaciones juveniles del sionismo, no podrían haber sido desarrolladas, intuimos, sin la influencia de la importante lucha desarrollada por el Bund en todo el proceso que lleva al triunfo bolchevique y las bases de la URSS.

El libro prefiere poner el énfasis en Hitler y Stalin antes que en Lenin y Trotsky, lo que no deja de ser una contradicción paradójica para una experiencia biográfica que centra tanto su concentración en la experiencia de José Carlos Mariátegui, para quien la vida y obra de estos dos dirigentes fuera tan central en la construcción de su propia vida militante.

Detalle que seguro nos podríamos explicar mejor leyendo la obra previa del profesor de Columbia, nacido en Chile, criado en los claustros del olimpo de la intelectualidad liberal yanqui de Berkeley, que se considera a sí mismo mexicano gracias a los años de juventud y adultez allí vividos y que sustenta su vida como ciudadano neoyorquino. Detalle que sin embargo no interrumpe la lectura de una prosa fluida y tierna, que nos promete una experiencia emotiva profunda y enriquecedora, incluso íntima, en el candor de alguien que pudo concretar un sueño de muches de nosotres, investigar a fondo la historia mínima de nuestras raíces familiares para comprender mejor nuestras raíces, nuestra identidad, las razones de por qué somos quiénes somos, la justificación de nuestro existir en este vasto universo.

 

 

 

 

Título: Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía

Autor: Claudio Lomnitz

Editorial: Fondo de Cultura Económica

336 páginas

Sobre El Autor

Leo Grande Cobián (1977) publicó dos libros, "El retrato de Santos Capobianco", 2015 de relatos y "La Asunción, informe de actividades" en 2016, novela de ciencia ficción. Trabaja como docente en escuelas medias del Estado, fue militante trotskista en frentes sindicales, barriales y universitarios y Editor Jefe del Mensuario Cultural "El Aromo" entre 2003 y 2006.Sostiene un blog con ensayos, reseñas y producción literaria propia desde 2014, Los viajes de Mburucuyá Capobianco Cigalí Paraná, tal su nombre artístico en esta etapa de su transición.

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