AUSENCIA Y OLVIDO

“Dicen por ahí que el hombre temeroso de Dios percibió en la crueldad de la naturaleza de un cierto aviso de aflicción … y en aquellos dimes y diretes que circulaban sobre las desapariciones de niños y las violaciones de mujeres, incluso en las historias reales que contaron sobre la guerra civil que invitaban al pesimismo. El alfaquí Ben Yarmak veía en todo aquello una cuestión nacional y pensaba que era preciso movilizarse para vencer. Probablemente fue entonces cuando, acariciándose la barba, dijo: “Dios quiere probar a sus siervos con esta sequía, pero el ser Todopoderoso velará por sus siervos creyentes y no exigirá de ellos más que unas rogativas que los devuelvan al buen camino; si son fieles ante él con esas súplicas, Él les otorgará la recompensa en este mundo, antes de alcanzar el paraíso”.

…Fue un día memorable, cuyos acontecimientos recordaban con gran placer, ya que asumieron el castigo divino y marcharon todos juntos a pedir auxilio y a esperar una recompensa. Cuando el sabio Ben Yarmak se puso a la cabeza de aquella dolorosa salida, todos se convencieron de que las súplicas de los hombres sabios y píos obtendrían respuesta. No les quedó ninguna duda de que el cielo iba a vaciarse sobre sus cabezas derramando la esperada misericordia en forma de lluvia. La lluvia que tanto habían esperado iba a brotar del interior de la profunda poza. O tal vez iba a llegar con gran estrépito tras el fragor de unos truenos inesperados. O, quién sabe, tal vez el cielo iba a partirse provocando el embate de enormes olas que caerían como chubascos imparables. La lluvia que iba a llegar como consecuencia de la petición de auxilio devolvería a la gente sedienta de este pueblo la sensatez, incluso quizá podría devolverles la serenidad perdida”.

Barranda: Años de sequía. Zonas de ásperos montes; espacios yermos, estériles, desolados.

En la zona baja reside el clan de los Beni Abid.

Los árboles castigados y el ganado en riesgo.

El riachuelo al fondo de UADI VAZIM, Los beneficios del manantial. El Sheik Abdala Ben Abid, yacía enterrado en la cabecera del río. El maestro en su tumba. Y el legado del don.

El clan de los Merah, del otro lado de esta historia. Y, más allá los neutrales.

Decían que los antepasados del clan de Beni Abid ya regulaban el uso de las aguas que llegaban de las montañas.

Un pastizal en el Monte Pelado.

Un arbitraje resuelve el conflicto entre los habitantes de Barranda: el uso comunitario del agua; turnos de riego regulados.

El agua desciende por las acequias hacia las tinajas del clan Beni Abid cuyas casas están ubicadas en zona baja. Complicado resultaba, pues, bombearla para hacerla llegar a las otras casas, las de los Merah, en el cerro. Los viejos, de ambos bandos rivales, recuerda el origen del diferendo. La sequía que afectaba con crueldad a quienes vivían en tierras más cercanas al cielo. Aquel ataque nocturno al almacén del barrio bajo y la destrucción del sistema de riego. Y el niño moreno secuestrado y vendido, según decían, a una familia judía en Terdán; también se rumoreaba que lo entregaron a un hombre rico. Otros niegan ambas versiones orientadas a generar cizaña y agrandar la grieta entre ambos clanes. Están los que aseguran que el niño fue reconocido junto a su tía en la Zaituna. Toda una confusión; historias contradictorias pensadas con intención de sostener un clima de mayor odio, espanto y revancha; enemistad y acechanzas. Y, todo empeora cuando Halima, una joven del clan de los Beni Abid, fue raptada en el bosque cercano; la obligaron a danzar desnuda para luego violarla entre varios; después la ataron a un árbol, para finalmente volver a violarla una y otra vez, hasta que la muchacha perdió el conocimiento. Fue vista por última vez muy lejos de allí, en la aldea de Ajmim, pero todo ello resultó incierto.

Parte del clan de los Beni Abid pensaba que, entre los Merah, había quienes podían hacer milagros, asimismo, sospechaban que un tal Ahmed Chakib, convertido en lo que se convirtió, y haciendo lo que hacía aquel miembro del clan de los Merah, bien podía ser el promotor de todas las peleas; por otra parte llamaba la atención de muchos el vínculo que, él, mantenía con Jana.

¿Cómo se entiende que dos locos puedan ser amigos? ¿ No estará detrás de su amistad la maldición que ha pasado a ser el objeto de todas las conversaciones de Barranda?

La ola de venganza y el riesgo de llegar a desatarse una guerra civil. Historias imaginables e inventadas por la gente.

Es entonces que el Caíd Ben Salam, mediante el consejo de ancianos, convoca al pueblo para implorar ayuda divina. Un llamamiento, un acercamiento a Dios Todopoderoso. Una entrega, una esperanza de recuperar aquellos días verdes, dìas de gozo.

Los alfaquíes. Y un signo de piedad.

Por su parte, el sabio Side ben Yarmak, enterado acerca de la convocatoria, se expresa en los siguientes términos:

No es lícito seguirles el juego a los impíos.

Sin embargo, al conocer el origen de la orden, que excedía la mera voluntad del caid, se inclina por obedecer, aunque exigiendo, como condición, que Ben Salam, obrase con criterio justo y recto, prestando obediencia a Dios, y con apego a las leyes de su profeta. El sabio Ben Yarmak interpretaba la sequía como una suerte de prueba, así como también sería una prueba las rogativas.

La ayuda sólo puede venir de Dios.

Los designios divinos son inescrutables.

La idea de la purificación mediante la inspiración divina.

Según Ben Yarmak, la sequía de la tierra. Tenía su origen en la depravación del caíd, sus vicios, su perversión y la de la gente como él, desenfrenada en las costumbres.

Aclaraba, el sabio, que a los devotos, no les estaba permitido seguir a quienes se habían apartado de la religión, por muchos que sus llamamientos estuvieran guiados por el bien común, como en este caso.

En esta trama que tiene un eje compartido entre el poder y la gloria, el dominio y el control; cobran fuerza las enseñanzas del Chei, su carisma y prestigio, sus consejos. Es una historia que atraviesa un trazado entre probos y maliciosos. En ella pesan la traición y el exilio; los rencores, los deseos y los derrotados.

Barranda sería algo así como una ecuación, como cierta igualdad que contiene una o más incógnitas. Pero también es la supuesta diferencia entre lugar y movimiento entre lo verdadero y lo aparente. Entre la ausencia y el olvido.

Esta breve reseña es apenas una punta de la historia, en la otra está la escencia. Es algo que se inscribe en parte de una realidad que encaja en esa experiencia inmediata, aunque delatando signos – ocultos y exteriores- de la existencia humana. Su condición y destino.

 

 

Título: Baranda

Autor: Abdelkader Chaui

Traducción: Ignacio Ferrando

Editorial: Alción

114 páginas

 

 

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integró el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Se desempeña en el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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