Cuando Tarantino escribió Reservoir Dogs se propuso escribir un guión con la temática de heist-gone-wrong, aquellas en las que un robo que sale mal y los personajes quedan a la deriva. Sin embargo, la escena que da nombre al subgénero, el robo en sí, no aparecía en la escena. Bitar propone un acercamiento similar en Tambor de Arranque. Una historia de separación en la que la escena más fuerte es elipsada y se concentra en cómo llegaron ahí y cómo tratan de lidiar con el daño posterior.

La novela -nouvelle- narra diferentes episodios de una pareja en los que deben lidiar con diversas situaciones triviales -y no tanto- y la ilusión que traen aparejadas; la compra de un auto, ponerle fin a una invasión de cucarachas, un radio que solo se sintoniza en buenos manos. Son en esos problemas y en sus soluciones en los que el protagonista pone la ficha en que todo va a cambiar. El famoso “si esto sale bien, quizás…”.

El conflicto de fondo, ese que iría con mayúsculas, queda fuera de poco, pero el narrador -que a la vez se aparta y otorga otros puntos de vista-, nos avisa, antes de que vayan a ver un auto, “podía ser lo último que hiciéramos juntos si las cosas no iban bien”. Dicha tensión se construye sobre la rutina y estas situaciones cotidianas. Uno pensaría “nada tan plano como la rutina”, pero el mayor logro de la novela es trabajar la incomodidad, mostrar la grieta en esos pequeños gestos que se ven ya con otros ojos.

“Isa habría prendido la luz del patio arriba mío; en otra época hubiese significado “Te cuido” pero ahora quería decir “Te estoy viendo”.

La narración fragmental de la disolución de una pareja -de la que si no conociéramos el resultado de los hechos podríamos hablar de la reafirmación en vez de la disolución- vislumbra las diferentes maneras de alejarse, y la tensión de este derrumbe silencioso se juega desde el registro poético, no tanto en los hechos. Al narrador -por no decir al autor- no parecen interesarle tanto las explicaciones, las circunstancias como sí las sensaciones y sentimientos que esos mismos despiertan.

Tambor de Arranque lidia con un montón de ilusiones que se encuentran a la intemperie y la necesidad de los personajes de entrarlas, de darles un hogar y darse cuenta de que no hay lugar para todos en esa casa. Y de que esa casa ya no es para todos. Es, a fin de cuentas, una novela sobre la aceptación de la muerte de la ilusión. Cada lector dirá para sí mismo si eso es una derrota o algo parecido a una victoria.

El subrayado.

“Por la puerta trasera del lado puesto bajó un hombre de unos dos metros. Era como si se acabara de desenrollar: el auto quedaba chico al lado suyo, tanto como una mesa o una cama al lado de un hombre cualquiera. Al final y al cabo, por lo que se podía ver, el auto era su cama. Capaz también fuera su mesa”.

Tambor de Arranque

Francisco Bitar
Editorial Municipal de Rosario
116 páginas

Sobre El Autor

(Buenos Aires, 1986) Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo), su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. En 2017, Editorial Revólver publicó Cruz, finalista del premio Dashiell Hammett a mejor novela negra que otorga la Semana Negra de Gijón. Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, David Goodis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, Kike Ferrari, Leonardo Oyola, James Crumley, Ben Affleck, Daniel Woodrell, Taylor Sheridan, Vern Smith, Newton Thornburg, Jason Aaron, RM Guera, entre otros.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas