-Buenas tardes, vecino. ¡Por fin te veo otra vez un sábado!

-Hola, señora, como dice que le va.

-Tuteémonos como antes, ¿querés? Al fin y al cabo nos separan nada más que tres metros y tres meses. ¡Cómo te pusiste anoche en la Asamblea!  No me imaginé que me  ibas a atacar de esa manera. Te interrumpí porque no tenés derecho y, además, pensé que te agarraba un patapúfete.

-No te hagas la inocente, haceme el favor. Seguro que al Consejo le hiciste algún gualicho de los tuyos.

-Hice de bruja alguna vez, pero con vos mis hechizos siempre fallaron. No salió lo que yo quería.

-Sabías que tu moción iba a ser inaceptable para mí. Pensé que mi reacción podría dar vuelta el voto de la Asamblea. La mayoría manda, así que ahora venderé el departamento y te tendrá que aguantar un nuevo vecino. Rogá que se banque tus caprichos. Anoche mismo tomé la decisión. Tanto es así que llamé a mi asesor inmobiliario antes de acostarme. Viene a tasarlo dentro de un rato.

-¿En serio? ¿Te vas a ir?

 -Si. Por el momento me iré a vivir al country. Quiero paz. Y cuando venda, no te veré más.

-No le eches toda la culpa al consorcio ni a mí. Cuando se fue Mariú a Inglaterra, tu mundo cambió. Tu hija siempre fue una gran compañía para vos.

-Es verdad, hasta que vos le metiste esa idea en la cabeza. ¡No se porque carajo estamos tuteándonos! Llegamos a Planta Baja. ¡Adios!, ¡no quiero verla nunca más!

-No te pongás así, que no te queda. Yo quiero seguir viéndote. Te invito a deponer las armas.  Te espero en mi departamento hoy a las ocho. ¿Te parece?

-¿Usted no me entiende? Le acabo de decir que no deseo verla más. ¡Parece que hablo en arameo!

-Con meo o sin meo, te espero. Antes de que te vayas debemos charlar. Te espero en casa a las ocho. ¡No me falles! Hasta luego.

-No. No me espere, salvo que su brujería funcione esta vez. ¡Buenos días!  Queda pensativo. Para él, ella ya fue. Decide que irá y aprovechará para poner los puntos sobre las íes de una buena vez y para siempre…

Unos minutos pasadas las ocho de la tarde le toca el timbre. Lo cortés no quita lo valiente, pensó, por eso lleva una botella de vino blanco, previamente enfriado.

-¡Ay! Por favor. No era mi intención ponerte en gastos.

-El aroma a frutos de mar en el pasillo invitaba a contar con un vino blanco para acompañar.

Es más que  necesario. Es obligatorio. ¿A que usted no pensó en el vino, verdad? Desde que la conozco, jamás pensó en el otro.

-¡Terminá con el “usted”, por favor! No nos peleemos de entrada. Si vamos a despedirnos,  quiero que sea en paz. Tu olfato no te engañó, preparé camarones y ya los tengo listos, así que si te parece, podemos pasar a la mesa.

-¿Mesa? Lo formal te puede. ¿Por qué no aprovechamos este hermoso sofá y la mesa ratona? Siempre me viste  tomar los camarones con la mano. Seguramente, preparaste algunas salsas ¿no es cierto?

-No. No me daba el tiempo, así que fui hasta el chino y traje salsa golf.

– ¡¿Salsa golf?! Me cae muy mal al hígado y lo sabés. ¡Lo hiciste a propósito!

-La verdad, sí. Quise ver hasta que punto sos esclavo de tus manías. Pero no soy tan mala. También hice una salsita con aceite de oliva, limón y especias. Vení, sentate a mi lado. ¿Cómo te llamo?, ¿vecino? A nuestra edad el tiempo se encoge y hay que usarlo de inmediato.

-¿Cómo? ¿Ya me tirás los galgos? ¡Otra vez! Que rápida te volvió el estar sola.

-Nada. No digas nada. Por eso te pedí que vinieras. Te voy a ser franca, te necesito. Me hacés falta, y no quiero que te vayas de aquí. Verte todos los días fue la razón por la que compré este piso al otro lado del pasillo. Quiero que lo reintentemos.

-Te equivocás muy mal. Vos fuiste la que decidió irse y estar sola, ¿o no?

-Deberías haberme preguntado más. No sentí tu interés. Por eso me fui. Pero ayer en la Asamblea, cuando me peleaste delante de todos, creí ver a través de tu enojo que yo todavía represento algo para vos. Todos allí se dieron cuenta, no solo yo.

-¡Delirás! Necesitás urgente un doctor, psiquiatra si es posible. ¡Me voy ya!

-¡No! Así no. Comamos los camarones y brindemos. ¡Dame ese gusto, al menos!

-¡¿Darte un gusto?! ¡¿Brindar?! Mirá, fracasé en mi matrimonio con Claudia, pero ahora no estoy dispuesto a que esta ruptura fracase. A ver si lo entendés, se acabó y no hay marcha atrás. A esta altura, sé que buscás  algo de mi y no te atrevés a pedirlo directamente. ¡Hablá claro!

-Ese carácter…aflójate, dale. Voy a poner música. Sinatra ¿Te parece?

-Bien, vecina. ¿Remarcabas mis manías? Cuando es tu turno de hablar, de explicar, siempre te escabullís. Nunca supe que razones tuviste para dejarme plantado, ¿y ahora me necesitás? ¡Por favor! Como dicen los chicos, fuiste.

-Olvidemos nuestra historia anterior. Me equivoqué al irme, y sé que te lastimé. Pero aquí estoy, dispuesta a reescribirla otra vez. Siento que ambos nos merecemos una segunda oportunidad. Juntos.

-Le aconsejé ver un psiquiatra. Hágalo urgente. ¿Quiere música? Si tanto le gusta escuchar a Sinatra, como tema de despedida le sugiero “Strangers in the night”. Eso es en lo que usted nos ha convertido. ¡Eso!

Sobre El Autor

Roberto Tito Tchechenistky nació en la ciudad de Buenos Aires y cursó su formación universitaria en la Facultad de Ciencias Económicas de la Univ. de Buenos Aires, graduándose como Licenciado en Administración. Se desempeñó en la misma Institución como Profesor Ayudante de la Cátedra de Lógica y Metodología de las Ciencias. Después de integrar distintos Estudios Profesionales de relevancia, se independizó para dedicarse a la consultoría y asesoramiento en organización y equipamiento industrial en la industria de la confección de indumentaria y textiles para el hogar. Comenzó a desarrollar su actividad literaria en el año 1999, dedicándose al relato corto y a la poesía, y también al estudio del lunfardo rioplatense, léxico que ha utilizado para redactar algunas de sus producciones.

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