Patricio Alvarado escribe canciones desde su infancia. Se formó en música, literatura, como actor, director escénico y titiritero; escribe guiones para cine, hace dramaturgia y recientemente lanzó su primer álbum como solista con canciones escritas durante momentos turbulentos. Se define como un contador de historias y en estos años de incesante trabajo se forjó de un entorno de talentos que junto a él hacen de Viaje Oscuro una obra amplia que desborda lo musical para convertirse en una experiencia narrativa audiovisual.

¿Cómo fue el proceso de composición?

Son canciones que responden a un momento de mi vida medio depresivo. Una ruptura amorosa que me pegó bastante, pero también coincidió con que estaban terminando muchas cosas de mi vida. Era un momento de paso, vino todo junto con ese quiebre en esa relación y me deprimí…un poco…bastante, quizás demasiado. Porque sentía que la tenía muy difícil y además estaba auténticamente triste porque no tenía ganas de que se terminara esa relación en la que estaba. Y es algo difícil decírtelo a ti mismo. La primera etapa fue una etapa de negación, justo además me había salido una beca para estudiar actuación al Odín Teatret y ahí empecé a hacer un viaje evasivo por Europa, me fui generando distintas circunstancias. Fue en ese período que escribí esas canciones, durante el viaje y cuando volví a Chile/Argentina. De alguna manera las canciones cuentan ese viaje, lo previo a ese viaje, el viaje y un poco el después del viaje. En una clave un poco autobiográfica pasada por un espejo deformador, con un condimento muy grande de sentido del humor conmigo mismo, un poco como ridiculizándome en mis deseos. Y también hay otras canciones, si se quiere “más serias” donde expreso mi dolor y mi decepción. Desde el punto de vista musical es un paseo por distintos géneros, pero no es una cosa caprichosa, sino más bien están contando una historia que pasa por distintas regiones del mundo.

En todo el tiempo que pasó desde que las escribiste hasta que las produjiste, ¿cambiaron mucho?

Las composiciones no. Pero cuando llegué acá las quise producir por mi cuenta con mi hermano Renato. Terminé dándome cuenta de que me faltaba un productor musical que se hiciera cargo de los arreglos y me acompañara en decisiones de mezcla y mastering. Me faltaba entender eso, porque aunque había estudiado música en los conservatorios, en las escuelas de música no te dan una visión de la música como industria o como campo del arte. El foco está puesto siempre en la interpretación del instrumento, en tocar en vivo. Gracias a la experiencia de producción en teatro hubo alguito que pude entender un poco más, pero sobre todo estar vinculado al mundo del cine me dio ciertas ideas más afiladas para poder entender cómo funcionaba el mundo del arte.

Trabajaste con Acho Estol como productor musical, ¿no?

Sí, el grueso de la producción lo hice con él, pero cuando el disco estaba prácticamente terminado, Pablo Reyes, un producción de Chile, me propuso que postuláramos a un concurso en Chile con el que podíamos financiar la última parte de la producción del disco. Ganamos el concurso y él trabajó una parte del disco, algunos arreglos; algunas canciones fueron repensadas y una en particular la arrancamos de vuelta.

¿Cuál?

Soi terrible jugosa, una cumbia con una lírica muy chilena, escrita en el dialecto chileno y es verdad que no sonaba muy chilena. Había que hacerlo en Chile.

Cuando lanzaste el disco lo acompañaste con la producción de dos videos, uno de animación y otro dirigido por Che Sandoval, ¿en qué momento aparece la posibilidad de producirlos?

Cuando me imaginé el disco, fue siempre con video, como si fuera una película. Pero eso es carísimo e imposible de hacer. En ese momento en Chile apliqué a un concurso de industria de producción de video con los dos temas, mostrando el disco. Ese fondo me permitió hacer ambos videos. A todos los que formaron parte les gustaban las canciones y la propuesta, se coparon, escribimos en conjunto el video de animación con la directora, Jacqui Baffico. El Guión del video que dirige el Che es de él, aunque comenzamos a escribirlo juntos. Después están las diferencias propias de sus lógicas de producción, porque ese video de animación en rotoscopía se estuvo laburando meses; la aportación de un fondista mexicano, Diomedes Heras, un gran dibujante y la paleta de colores con Luis Salas, de Colombia. En cambio, el video clip que escribió el Che, pensamos que iba a tener un rodaje de un fin de semana y al final fue de una semana y media. Y siempre pensé que ese videoclip lo podía hacer con Guadalupe Docampo, porque ella es fanática del tango, podía ser una buena idea y logramos incorporarla al equipo del videoclip. Fue un rodaje loco porque está filmado en un porcentaje bastante alto en un teléfono y después lo otro con la cámara.

¿Y qué respuesta tuvieron estos videos?

Fueron seleccionados en festivales de cine u otros con categoría de videoclip y fueron valorados como una obra independiente incluso al disco. Porque ambos son súper narrativos, no solamente presentan la canción, sino que presentan una historia, algo que a mí me interesa hacer. Si tuviera que definirme como artista soy como una persona que se dedica a la narración de historias, y entonces, independiente de que esa narración de historias esté hecha en la música, en el teatro o en el cine, me dedico a eso, me gusta contar historias y veo a la música, al teatro y al cine como espacios que me permiten contar determinada historia de determinada forma. Incluso el arte de tapa del disco, que fue algo que hice con Josefa Claude en el arte y con Luis Sens como fotógrafo, es distinto de la estética de los videoclips y saca otro rulo más vinculado al aspecto barroco, una referencia a esa cantidad de vueltas, un retrato barroco con un chiste moderno: estoy con el perro, con un repollo, durmiendo: cosas raras para el siglo XVII. Creo que hoy un artista musical es un performer: con sus redes, con sus videos, además de con su música, sus letras.

Trabajaste toda tu vida en el arte, de algún modo en este álbum convergen esos otros campos de desarrollo ¿cómo es que recién ahora lanzás tu primer disco? Por qué las canciones las tenías escritas hace rato, ¿no?

Todas, no hay ni una reciente. Lo que pasa en general, algo que a la gente que está alrededor mío le llama la atención y a los que no están alrededor mío les llama más la atención, es que yo tenga obra en distintos campos del arte y que de pronto, también, en esos distintos campos del arte en los que trabajo, mi producción en términos de género, sea muy distinta. Esto de que mi primer disco tiene diez canciones donde se presentan como siete géneros diferentes…llama mucho la atención. Pero eso responde a una lógica de cómo ha sido mi vida. Tuve la suerte de nacer en una familia que no tuvo muchas necesidades económicas, y que eso me permitió ponerme a estudiar e investigar todo lo que he querido, lo que me llamara la atención. Todo mi tiempo ha sido reinvertido en investigar y generar obra hasta el día de hoy. Como mis intereses son diversos nunca tuve reticencia a meterme a investigar algo nuevo de lleno, aunque fuera distinto. Si pienso en mi trabajo de actor es algo que yo estudié tres años en la escuela de titiriteros del teatro San Martín y estuve un montón de tiempo estudiando con Diego Starosta, además de que fui parte de la compañía de Starosta. Si me pongo a sumar, por lo menos hubo seis años seguidos que laburé como actor. Y que si bien ahora no lo estoy haciendo tanto, pronto voy a hacer una obra nueva en la que voy a estar actuando y estoy trabajando en otra como dramaturgo donde también voy a actuar. En este tipo de obras que produzco, al ser unipersonales, donde estoy yo está la obra y a donde llego yo, llega la obra. Después se necesita un técnico, siempre. Cada arte a su vez tiene sus propias lógicas de producción y sus propias dificultades, el teatro tiene esto. Si bien yo al principio me metí a estudiar actuación porque me interesaba, sentía que era algo importante para mí, desde el punto de vista del desarrollo personal y que era algo que quería fuertemente hacer, no me puse a pensar cómo eso después iba a influir en mi obra o en mi estrategia de producción.

¿Cómo fueron tus inicios en la música?

Lo primero que empecé a hacer fue aprender a tocar el clarinete.

¿A qué edad?

A los catorce años.

¿Aprendiste solo?

Sí, aprendí por mi cuenta, aunque un poco los profesores de música del colegio me ayudaron. Vieron que quería hacer algo que fuera distinto. Pero igual de más chico tenía una sensibilidad exacerbada en relación al arte, con la música y las canciones. Tenía un cuadernito en el que escribía. Una vez me lo encontró mi abuelo y me dio mucha vergüenza. Mi abuelo pensó que eran poemas, pero eran canciones, así que eso estaba como antecedente. Y siempre canté, de muy chico. A los doce años, por la vergüenza de no haber ganado un certamen de música en el colegio, dejé de hacerlo públicamente, aunque siempre seguí.

En el arte, ¿empezaste produciendo teatro?

Seriamente, sí, mi primera obra es del 2009, Hecho a mano, es la primera cosa publicada. Una obra de teatro basada en el universo de Violeta Parra. Pero antes de eso, escribía cuentos, por eso también decidí estudiar literatura, viviendo yo todavía en Chile; creía ingenuamente que en la facultad de literatura iba a aprender a escribir…Nada que ver, te enseñan a leer y a ser crítico y puede ser interesante como formación intelectual pero no tiene nada que ver con lo artístico. Igual con unos amigos de la universidad teníamos una revista, llegamos a publicar algunos números…ahí escribía ficciones cortas, cuentos, pero es un material que no reivindico como mío.

Volviendo a tu desarrollo en el teatro, ¿vos te hacías cargo del diseño sonoro? Más allá de si las composiciones eran siempre tuyas…

Sí, en Hecho a mano lo hicimos junto con mi hermano Renato. En Pianola para Todos (2017), un proyecto posterior, me ocupé de lo sonoro, aunque no eran mías las composiciones, usé composiciones del repertorio clásico de piano. En Nocturno más o menos, porque uso cosas del repertorio clásico que fui reformulando.

Pero en las funciones vos tocabas en vivo, ¿no?

Sí, tocaba en vivo: el saxo, el clarinete, la flauta traversa. Nocturno es una obra que trabaja con materiales previos: Textos de Neruda, de Gabriela Mistral, de Gonzalo Rojas, todos retransformados a mi gusto, hay piezas clásicas que están deformadas y sí, las interpretaba en vivo como actor e intérprete musical.

Y en algún momento empezaste a hacer música para películas…

Sí, en el 2013. Empecé a hacer música para la productora Stigliani-Mouriño, arrancamos con la música para la película Bolishoping. Era una experiencia nueva, yo recién venía volviendo de Europa donde había compuesto unas canciones que ellos escucharon y les gustó la mano compositiva que tenía. Me lo ofrecieron y dije que sí de una, porque me interesaba un montón; siempre me han gustado las cosas que son nuevas y son desafíos que pienso que puedo hacer. Era bastante, tenía que componer un montón y lo hice. Al final, algunas canciones pudimos producirlas mejor; la película tenía muy bajo presupuesto, y había otros temas que los produjimos así nomás porque los necesitaba la ficción. Pero los dos principales temas quedaron bien producidos y hasta el día de hoy me parece que están buenos. Pude trabajar con gente muy grosa, como Acho Estol, por primera vez. Fue un desafío que contribuyó en mi manera de encarar y entender la música para cine y la música en general también.

En paralelo estuviste escribiendo películas, ¿no? Porque teatro hace muchos años que escribís…pero arrancaste con guiones de cine.

Claro, ahí se dio una relación muy productiva desde lo creativo con Mariano Mouriño, a partir de nuestra convivencia en el edificio de la Confitería del Molino. En aquel entonces, empezamos a tener una relación muy cercana respecto al trabajo de cada uno y Mariano tenía esta película, que se llamaba Golondrinas; en ese momento era una idea muy amplia, tenía un guión al que le faltaba trabajo. Yo le hice algunas sugerencias y él consideró que era buena idea incluirme a mí a trabajar efectivamente a escribir el guión con él y después lo incluimos a Fernando Galucci. Al final esa película la terminamos de escribir los tres y fue nuestra escuela de escribir películas. Fue un guión que trabajamos durante muchos años, fuimos presentándolo a concursos, se lo dimos a leer a gente, hasta que llegó un momento en que ganó y se impuso la contundencia de los años que le dedicamos a esa escritura, a entender cómo hacer que funcionara y que se convirtiera en la película que hicimos. Al día de hoy tengo ese guión escrito, otro más terminado y dos que estoy escribiendo con Mouriño, también uno con Luis Salas. Porque la co-escritura se me da muy bien, me da perspectiva. Tiene que ser alguien con quien uno se entienda creativamente. Con quien uno sepa qué piensa el otro del arte, de la vida, del cine, haberse puesto de acuerdo en la escritura. En mi caso: nos tiene que gustar a los dos, si hay algo que a uno no lo convence, no va.

Sobre El Autor

Nació en 1986, rata porteña del sur de la ciudad. Trabaja desde hace doce años en Museo Nacional de Bellas Artes, en la actualidad como educadora. Es profesora de teatro y se forma como Docente en Lengua y Literatura.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas