En la década del 50 del siglo XX, Cutolo comenzó a preparar fichas mecanografiadas y papeletas manuscritas para un futuro diccionario biográfico argentino, que abarcaría desde el año 1750 hasta 1930; así lo manifiesta en el primer párrafo de la introducción al estudio de los alfónimos y seudónimos de 1961. El fruto de este trabajo se concretó en 1968 con la publicación del primer tomo, un volumen de 585 páginas; los restantes aparecieron en 1969 el segundo con 729 páginas; el tercero en 1971 con 744; el cuarto en 1975 con 733; el quinto en 1978 con 678; el sexto en 1983 con 753; y el séptimo en 1985 con 831.

La aparición de cada tomo era esperada ávidamente por docentes, estudiantes, bibliotecarios e historiadores. Roberto Elizzalde me lo comentó así en correspondencia del 8 de octubre de 2020:

 

El Diccionario costaba unos buenos pesos, y siempre lo esperaba cerca de la Navidad o de mi cumpleaños, y cuando me decían qué te hace falta o que regalo querés, mi respuesta era el nuevo tomo del Diccionario de Cutolo y mi decepción cuando pasaban años y no salía era mayúscula.

 

Previo al inicio del cuerpo principal del primer tomo, el autor hace una extensa y erudita introducción donde habla de las fuentes preexistentes, de las cuales hizo buen uso para esta obra; menciona a los autores de colecciones de biografías, diccionarios biográficos, bibliografías individuales, bio-bibliografías, sin soslayar las autobiografías y memorias. Encarar obras de esta naturaleza es casi imposible si no se las va ovillando con los aportes colectivos e individuales de predecesores y contemporáneos.

Cutolo contó con la generosidad de muchos colaboradores desinteresados, uno de ellos fue Carlos Gregorio Romero Sosa, a quien le agradece los innumerables datos, referencias y biografías, pero sobre todo por haberle trasmitido su experiencia y por los consejos dados.

En el correo electrónico del 22 de febrero de 2020, su hijo Carlos María Romero Sosa lo recordó de esta manera:

 

… el inolvidable Cutolo al que conocí desde  mi primera infancia. Solía venir a casa los sábados por la tarde a recabar datos de mi padre. Pero en esos tiempos mi hermana y yo le teníamos fastidio porque se nos recluía en un cuarto y no podíamos ocupar  el resto de la casa con nuestros juegos. Después, teniendo yo alrededor de quince años y sabiendo de mis nacientes inquietudes culturales me solicitó que fuera al Museo de Ciencias Naturales para buscar datos sobre naturalistas para su Diccionario. Recuerdo que le redacté la biografía de un geólogo Barros y de otro de apellido  Beder.

 

Gregorio Caro Figueroa en su artículo Carlos Gregorio Romero Sosa: historia y desmemoria de Salta, recuerda que entre de los aportes a la historia de Salta de este autor están las semblanzas biográficas de personajes de Salta, muchas de ellas incluidas en los diccionarios biográficos de Ricardo Piccirilli, Francisco Romay y Leoncio Gianello, y en los de Diego Abad de Santillán y Vicente Cutolo, pero además publicadas en cantidad de revistas especializadas, periódicos y folletos.

 

…inició -recuerda Cutolo- en 1943 la confección del extenso Diccionario de Hombres y Mujeres de Salta, cuyos materiales están incorporados en gran parte al presente Nuevo Diccionario Biográfico Argentino. Se trata de los trabajos redactados por el historiador Carlos G. Romero Sosa, inéditos en su mayoría hasta este momento…

 

Por las informaciones que le suministró Antonio Alberto Guerrino a Cutolo nada se encuentra destacado entre los créditos de la introducción; tampoco Guerrino en su momento fue más allá de incluirlo entre unos pocos a los cuales agradeció. Amor con amor se paga.

Solíamos encontrarnos en algunas tardes con Guerrino en la confitería Macedonio de la Biblioteca Nacional para conversar e intercambiar informaciones, y en una oportunidad me comentó que guardaba cientos de registros sobre médicos en Argentina, pues tenía el propósito de sacar sobre ellos un diccionario biográfico, y que  en su momento le había facilitado muchos de esos registros a Cutolo.

Guerrino falleció en diciembre de 2010 dejando inédito ese trabajo, en cambio pudo concretar la edición de una obra íntimamente relacionada con aquel diccionario como es la Bibliografía Histórica de la Medicina Argentina.     

Aunque a Furlong lo trata con la consideración que merece, al parecer este no habría quedado muy conforme pues dejó entre sus papeles un indicio susceptible de interpretarse como molestia.

Para poder confeccionar la bibliografía de Furlong publicada en 1975, Abel  Rodolfo Geoghegan recurrió al archivo de sus trabajos depositado en el Colegio del Salvador; allí encontró cantidad de recortes con sus colaboraciones en publicaciones periódicas; entre estas varias breves biografías con la indicación de que habían sido incluidas por Cutolo en su Nuevo Diccionario Biográfico Argentino.

Se trata de los textos sobre Joaquín Camaño y Bazán, Martín Dobrizhoffer, Tomas Falkner, Juan Fecha, Juan José Godoy, José Guevara, Pablo Hernández, Francisco Javier Iturri, José Jolis, Gaspar Juárez, Pablo Karrer y José Klein -todos ellos pertenecientes a la Compañía de Jesús- que al parecer los redactó el propio Furlong aunque no figura su nombre al pie.

Tal vez esta sea una nómina incompleta; el propio Geoghegan aclara en uno de sus comentarios que seguramente podría haber más recortes archivados a los cuales no pudo acceder.

Es común notar entre los autores de diccionarios biográficos de parcialidades sus opiniones, sus filias y fobias, se advierten de alguna manera por lo que manifiestan y exponen, o por lo que callan, disimulan u ocultan.

Traigo a cuento tres prototipos: Los malditos: hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos, coordinado por Norberto Galasso y que publicó en varios tomos Ediciones Madres de Plaza de Mayo a partir del año 2005; el Diccionario biográfico del campo argentino  de Jorge Newton, publicado en 1972; y el de Francisco Avellá Cháfer, Diccionario biográfico del clero secular de Buenos Aires, impreso en 1983 por el Instituto Salesiano de Artes Gráficas.

Que Galasso en el siglo XXI hable de la historia oficial es un anacronismo; ahora, que varones y mujeres importantes en los distintos campos de nuestro quehacer se encuentren olvidados es otra cosa. Ya no hay historia oficial, sí tendencias, algunas de las cuales están a los codazos en constante pugna por la supremacía. En Los malditos de Galasso, tanto él como sus colaboradores, rescataron a aquellos excluidos de la historia oficial que en su mayoría provienen de la izquierda nacional o del movimiento peronista; no aparecen comunistas, anarquistas o socialistas, salvo alguno que otro si luego recaló en las filas del peronismo o de la izquierda nacional.

En su Diccionario biográfico del campo argentino Jorge Newton reunió alrededor de 2.500 noticias sobre todos aquellos que, según él, tuvieron importancia en la vida del campo, es decir los ganaderos y hacendados, omitiendo a todos los que se  destacaron en las luchas agrarias. Quienes consultan diccionarios, de cualquier materia o tema, van en busca de la información rápida y precisa, rara vez se detienen a leer el prólogo o en verificar los objetivos del autor, del director, o de quien lo editó. Si lo hicieran, en este caso particular el lector curioso podría enterarse de que el Diccionario biográfico del campo argentino no es otra cosa que un complemento, una yapa, de las historias que por encargo de la Sociedad Rural Argentina y del Jockey Club confeccionó Newton, lo cual explica las ausencias señaladas.

Integrante del clero secular, Francisco Avellá Cháfer fue durante muchos lustros custodio de los archivos eclesiásticos, por lo cual tuvo acceso privilegiado a documentos que muchos otros investigadores no pudieron consultar. Sin embargo su pertenencia a la Iglesia lo limitó; en esta tarea de información biográfica se colige de lo expresado por él en la advertencia de su Diccionario biográfico del clero secular de Buenos Aires cuando la documentación desprestigiaba a algún miembro del clero la soslayó.

 

 Y si en algún momento creyera que la verdad y la justicia desprestigiaran a alguien, nunca hubiera puesto mano a este trabajo…

 

Tomo por caso el de Felipe Elortondo y Palacio del cual Avellá Cháfer enumera una serie de importantes desempeños como sacerdote y en funciones civiles, cuando en realidad todos fueron emporcados con su conducta pública y privada. Supuestamente célibe, convivió con una negra, conocida por la barragana de Elortondo, desde 1820 hasta 1838, y con una blanca, apodada la canonesa, desde 1840 hasta su muerte, ocurrida en 1867; con ambas tuvo descendencia. También se dedicaba a prestar dinero con intereses usurarios y si mal no recuerdo malversó recursos de la Iglesia.

La parcialidad en el tratamiento de las informaciones biográficas no se encuentra en el Nuevo Diccionario Biográfico Argentino de Cutolo, si entre las tantas  alguna que otra presenta por lo menos no es lo frecuente. En este aspecto coincidimos con Federico Pérgola quien, en el prólogo al Novísimo Diccionario Biográfico Argentino, dice del autor que sus opiniones se mantienen en reserva sin demostrar sus afinidades y sus rechazos. Pérgola emite este juicio no por las características que presente el novísimo diccionario sino porque mostró igual proceder en los siete tomos del anterior.

Igual reserva en mantener para sí sus afinidades y sus rechazos encontré en el Diccionario biográfico de Buenos Aires, 1580-1720 de Raúl A. Molina, maestro de Cutolo, que dejó inédito al fallecer y que fue publicado en el año 2000 por la Academia Nacional de la Historia.

El director del Diccionario Biográfico de la Izquierda Argentina, Horacio Tarcus, opinó que es uno de los más completos y actualizados, aunque le recriminó al autor haber registrado en sus páginas solamente 33 biografías de parlamentarios o escritores anarquistas y socialistas a lo largo de siete gruesos volúmenes.

Seguramente Tarcus  no hubiera opinado de igual manera si hubiese consultado la continuación de esta obra, el Novísimo diccionario biográfico argentino (1930-1980), publicado en el año 2004, donde abundan biografías de hombres pertenecientes a distintas corrientes de la izquierda. Es que el diccionario anterior abarcaba hasta el año 1930 y los más representativos de las izquierdas fallecieron después.

Como obra de referencia el Nuevo Diccionario Biográfico Argentino es, sin lugar a dudas, su mayor aporte. En toda biblioteca pública se encuentra siempre en el área o sector de referencias y al alcance de los lectores. En muchos casos suele servir para el inicio de investigaciones biográficas, no solo por la información que suministra sino porque además provee al pie mención de todos aquellos trabajos que se ocuparon de esa persona.

La confección de índices de contenidos de las publicaciones periódicas es una rareza en nuestro medio, aun en esta época que se cuenta con la informatización. Las grandes bibliotecas y las bibliotecas especializadas a lo sumo procesan los trabajos de algunas de las más conocidas, pero caen en el olvido todas las otras. La catalogación analítica de periódicas es una deuda pendiente con la cultura nacional que las bibliotecas podrían saldar.

Muchos historiadores o autores que excepcionalmente se ocuparon de algún personaje y publicaron sus trabajos como y donde pudieron, a veces en revistas para cenáculos o en periódicos de circulación limitada, con la aparición del Nuevo Diccionario Biográfico Argentino fueron revividos por Cutolo, permitiendo que el lector interesado se enterara de sus existencias.

En el Índice Histórico Argentino 2004, órgano de difusión del Comité Argentino de Ciencias Históricas, publicado en Buenos Aires en 2007, Ernesto Maeder, con su inicialónimo E.J.A.M., dice de esta nueva entrega de Cutolo:

 

Comprende desde la A hasta la C inclusive y está impreso a dos columnas. Este primer tomo, precedido de un prólogo del doctor Federico Pérgola, continúa en el mismo estilo de la otra anterior del doctor Cutolo, “Diccionario biográfico argentino (1730 -1930)” Buenos Aires, Elche, 1968-1985, en 7 volúmenes. Posee un ordenamiento alfabético de biografías de todo tipo de personalidades de la vida argentina. En la mayoría de los casos, con útiles referencias bibliográficas.

 

Por su conocido método de trabajo, todo hacía pensar que los tomos restantes si no estaban concluidos por lo menos se encontraban muy avanzados. Pero esta obra quedó trunca, Cutolo falleció el 28 de junio del año 2005. Lo sobrevivió su esposa, que se encontraba discapacitada desde años atrás. Se dice que la biblioteca, su archivo con informaciones y documentos originales, y la fortuna familiar los heredó el encargado del consorcio donde vivía.

 

* Este es artículo, cuya autoría comparte Mario Tesler con Daniel Bersón, va incluido en el libro sobre Vicente Osvaldo Cutolo a editarse próximamente.

 

 

 

Sobre El Autor

Mario Tesler Porteño, nació en 1941. Historiador, licenciado en Bibliotecología y Documentación, fue docente en tres universidades. Trabaja sobre diversos temas y protagonistas del pasado argentino, habiendo editado sobre éstos libros y folletos, algunos de los cuales fueron publicados por la Academia Nacional de la Historia, Biblioteca Nacional y la Academia Nacional de Periodismo. Daniel Bersón nació en Buenos Aires a principio de la década del 40. Cursó estudios universitarios. Interesado en temas históricos orientó sus investigaciones a temas vinculados con el desarrollo de la tecnología y el pasado de los barrios de Buenos Aires.

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