Para el 2003 el nombre de Rucka venía cotizando en alta desde hacía algunos años. Se había hecho cargo desde el 2000 de una muy buena etapa de Detective Comics, con algunos planteos que agregaban verosimilitud y trascendencia a la mitología del encapotado. Luego de Tierra de nadie, tal vez una de las sagas, por no decir proyectos editoriales mejor estructurados en la historia del encapotado en particular y de los cómics de superhéroes en general, era necesario sostener el listón en alto. Rucka tiene -siempre tuvo- una facilidad extraordinaria para la creación de personajes femeninos fuertes, aún en aquellos años en los que el tema de género no se había exacerbado aún. Agregó personajes nuevos como Sasha Burdeaux, que entra como guardaespaldas y posible interés romántico de Bruce Wayne (ningún empresario multimillonario carece de un buen guardaespaldas) y dio profundidad a una serie de secundarios que hasta entonces parecían mera decoración en los argumentos. Gordon y el departamento de policía de Gotham tomaron carnadura por las buenas artes de Rucka, que supo dotarlos de historia, de vocación, entrega, debilidades.

Las narraciones de Rucka eran profundamente urbanas, la cabecera comenzó a hacer honor a su título volviéndose más detectivesca. Rucka se adentro también en los vericuetos del procedimiento policial.

En el 2003, esos personajes que Rucka había estado alimentando fueron retomados por el guionista en una de las colecciones más memorables del cambio de siglo: Gotham Central, que venía a hacerse cargo de una pregunta con la que varios guionistas venían jugando, pero pocos lograron responder con solvencia, ¿Cómo se sostiene una trama policial verosímil en un escenario superheroico? La colección nos dio a muchos lectores el tratamiento de personajes que habíamos estado esperando durante mucho tiempo.

Tres años después la colección seguía siendo maravillosa pero ya nos encontrábamos en el momento álgido de los cambios editoriales a cargo de Dan Didio. Una época en la que la editorial DC permutaba lógica y continuidad por el vértigo del cliffhanger ramplón. Todas las series debían someter a cambios drásticos a sus protagonistas y Didio parecía ensañado con una generación de lectores. Los que disfrutamos en la infancia con la JLA de Giffen y DeMatteis y que como lectores adultos disfrutábamos de Gotham Central. Los personajes de una colección eran diezmados mientras que los otros eran sometidos a profundos cambios de identidad. Al final de Gotham Central el detective Crispus Allen es asesinado y poco después termina convertido en El espectro.

Por su parte Renee Montoya, la gran protagonista de la serie y uno de los primeros personajes abiertamente lésbicos del mainstream, comienza a investigar a Intergang junto a The Question. En la serie 52 Montoya asiste a la muerte de The Question, víctima de un cáncer de pulmón, y asume su legado tomando la identidad del héroe sin rostro.

Rucka sabe cómo sacar jugo de sus creaciones, no las abandona. En 2006, Luego de Crisis infinita y The Omac Project, en donde la exguardaespaldas Sasha Burdeaux fuera convertida por Brother Eye, Rucka la utiliza para jugar en el mundo del espionaje con la serie Chekmate, un género narrativo que ya había explorado con excelentes resultados en la maravillosa Queen & Country y que encaraba aquí una vez más pero relacionándolo ahora con la lógica superheroica del DCU. En el 2007 encara la miniserie Crime Bible: Five Lessons of Blood en la que Montoya/The Question investiga una oscura profecía que relacionaba un culto religioso clandestino con la proyectada muerte de Batwoman, una de sus ex amantes…

Cuando en 2011 Didio decide borrar la continuidad del universo DC, contando desde cero luego de Flashpoint, quienes seguíamos la vieja continuidad y la andadura de los personajes trabajados por el amigo Greg quedamos, como quien dice, en Pampa y la vía, pero, como decíamos recién, Greg Rucka no abandona a sus creaciones (Y así llegamos al proyecto que nos ocupa).

El nuevo universo DC, llamativamente carente de mística, avanzó a bastonazos de ciego y uno de sus mayores fracasos fue la renovación de Superman. Personaje que, con la modestísima excepción de las páginas escritas por Morrison, se convirtió en tan olvidable que tuvieron que matarlo sin pena ni gloria para forzar un enroque con el Superman del universo anterior, quien volvió al ruedo acompañado de su hijo y de su inseparable e incombustible pareja: Lois Lane. Pero el intercambio fue poco limpio en cuanto a coherencia narrativa y alguien tenía que arreglar el entuerto, limar asperezas y abrir una puerta que sirviese para trabajar a futuro en todos los aspectos de un universo poco cohesionado.

En la maxiserie de 12 números Lois Lane: Enemy of the people Rucka se da el gusto de encarar el abordaje del género negro relacionado al periodismo y retoma a su vez el personaje de Montoya y su trabajo con la religión del crimen en un relato de conspiración política, intriga y asesinatos. La verdadera Lois Lane está de vuelta dispuesta a traer, desde dentro de su universo ficcional, la solución a tanto error de coherencia argumental. Viene a soltar una bomba que permita cimentar un nuevo statu quo en el universo DC y retomar lo mejor del pasado próximo. Porque la mejor forma de construir es desde la verdad que, como ella misma sostiene, duele y molesta pero es una medicina necesaria, un antiséptico… y el universo DC hace tiempo que viene padeciendo…

¡Greg Rucka abre la puerta para salir a jugar!

 

 

Sobre El Autor

Damián Blas Vives es actualmente es Director de Gestión y Políticas Culturales de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y en 2007 Evaristo Cultural. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y Rastros, el Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, co-coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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