Imagen de portada: Elizabeth Peyton

Esta pieza fue ganadora del Concurso Teatro x la identidad 2007; se estrenó ese mismo año en el Teatro Tadrón, y fue publicada en: Teatro x la identidad. Obras de Teatro de los Ciclos 2005 y 2007; Ministerio de educación, Ciencia y Tecnología; Presidencia de la Nación; Buenos Aires; 2007. La compartimos hoy, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, a 45 años del golpe cívico militar que tanto dolor derramó sobre estas tierras.

 

Cuando uno sueña que sueña,

está cerca el despertar.

Novalis

 

(Un sótano semi-oscuro, harapos. Posibles ventanas rotas. Tres cuerpos yacen en escena. Ella -cuarto cuerpo- juega, llora un llanto azul e inaugura el diálogo[1]).

Estoy dormida. Estoy dormida y sueño que el pensamiento viene y me come. Sueño que las palabras del pensamiento me comen. Porque son palabras las que pienso. No pienso ideas. Pienso palabras. No sé si es mejor pensar en palabras o en ideas. Pero me sale pensar en palabras. Y las palabras me comen. Y adentro de las palabras sigo pensando. No sé si yo las pienso o ellas me piensan a mí.

Y el sueño que sueño no me deja soñar. Porque pienso. O las palabras me piensan; y me comen. Yo también las como. Porque tengo hambre.

¿Se piensa en palabras o se piensa en ideas? ¿O en imágenes? Porque también tengo imágenes. Y ahora viene mamá, que no sé cómo es porque no la veo. Pero es una imagen. ¿Puede no verse una imagen?

¿Por qué no me contestan?

¿Cómo se llamaba mamá? Por ahí si sé cómo se llama la puedo ver. Por ahí pensar en ella me salga mejor si sé su nombre. Yo quiero pensar en ella. ¿Si pienso en ella puedo ser como ella? No sé cómo era, pero quiero ser como ella. A veces estar muerta, y a veces no. Elegir yo.

Ya no sé si estoy dormida. Me parece que me desperté. Me despertaron mis palabras. O mis pensamientos. Cuando pienso yo me escucho, pero en voz baja. Cuando hablo me escucho en voz alta. Es una cuestión de estatura. ¿Era alta mamá?

Papá sí. Yo creo que era alto. Porque una vez ustedes me dijeron que había llegado al cielo. Y el cielo queda muy alto. Tal vez no vuelve para no agacharse. Es incómodo estar agachado todo el tiempo. A mí me cansa. Igual si hay que agacharse me agacho. Como cuando entramos en esta casa la primera vez. Hubo que agacharse para pasar.

Ahora me parece que ya no pienso más. Porque no me escucho. ¿Ustedes me escuchan?

Si me escucharan me contestarían.

Tal vez papá se quedó en el cielo buscando los ojos de mami, que son celestes, como el cielo. ¿Por qué yo no tengo ojos celestes? A mí me gustaría. Cuando me miro en algún espejo, de esos que a veces encontramos por ahí, pienso que sería más linda con ojos celestes. ¿Eso es un pensamiento? ¿O es ganas? ¿Las ganas se piensan? ¿O se tienen? Digo, tal vez lo que se tiene no se puede pensar, o al revés… Pero si no me explican yo nunca voy a saber.

Y si no me enseñan a leer, yo nunca te voy a poder ayudar a escribir, ni a tachar. Y yo quiero. Si no me dan las letras no las puedo usar. Igual yo algunas ya las sé. Las tengo porque nacieron conmigo. Adentro de mi cabeza.

Si me muero, ¿lo que está adentro de mi cabeza también se muere? Sería una pena, porque podría servirle a otros que no se hayan muerto.

Yo ya sé que me voy a morir. ¿Ustedes? ¿Cuándo nos morimos?

Sería mejor morirnos todos juntos. Así no llora ninguno. O si no yo primero, así no me escuchan llorar, que tanto les molesta.

Yo lloro porque si no me ahogo. Nací con mucha agua adentro de la cabeza. Ustedes no lloran nunca porque están más secos, pero eso no es culpa mía. Será culpa de papá. O de mamá. ¡Qué me importa!

Igual las lágrimas al final se secan. Una vez me quedé mirando una a ver si se secaba. Pero me quedé dormida. Siempre me quedo dormida en las mejores partes. Cuando me desperté ya no estaba. Nunca supe si se había secado o se había ido. ¿Adónde van las lágrimas?

Ahora no me quiero ir a dormir. Porque mientras me duermo me olvido de lo que pasa acá. En verdad no sé si eso es olvidarse. Porque tampoco me puedo acordar. Siempre que me olvido algo después me acuerdo. Si no me acuerdo es porque no me olvidé. Y si no me olvido pasa, y si no pasa no me olvido. De ustedes no me olvido porque están acá. Y si no están vuelven. Pero ellos no están, y de ellos tampoco me olvido. Pero tampoco me acuerdo.

¿Qué es acordarse? ¿Es pensar? Si no me enseñan bien a pensar no me voy a poder acordar de mamá y papá. ¿Primero me tengo que olvidar para después acordarme?

Y si no me acuerdo es porque no tengo memoria. Mamá se olvidó de ponérmela en la cabeza, o no habrá querido que tenga. O me la puso y se me ahogó. O la perdí.

Hay gente que se lastima y se enferma y pierde la memoria. Yo no sé si primero me enfermé o después. Pero seguro que es por eso que me desmayo de a ratos. ¿Adónde se busca la memoria?

Cuando se me pierden las muñecas yo las busco en el piso, porque las muñecas se caen para abajo, y siempre las encuentro. Salvo una. Para mí que me la robaron. Pero la memoria no se debe poder robar, porque cada uno tiene la suya. ¿Quién va a querer dos? Bah, no sé… ¿Se puede? Quizás me la sacó uno que no tenía; y yo, dormida, no me di cuenta. Igual así, vacía como está, por ahí alguien me la compra y me puedo conseguir una más llena. ¿Pero mientras no me prestan alguna? Cualquiera de los tres, denle. Les prometo que la cuido; y hasta si quieren puedo ponerle cosas lindas, no sé cómo pero aprendo. O le saco lo que no les guste y me lo paso a la mía, yo prefiero una memoria triste que una vacía. Prefiero la tristeza antes que nada; no hay nada peor que no tener nada, ni siquiera lo que no tengo. Bueno, y si no ni la abro, me la pongo y la uso un rato. Les juro que no la rompo, la agarro con las dos manos, ¿si?

Basta de estar callados. Me aburro. Al final, no estoy sola pero sí. Los tengo ahí pero no están, no me sirven para nada. Si me parece que ni los quiero; y ni sé cómo es querer. Quizá los odio; eso sí sé cómo es, como el dolor de garganta. Tengo hermanos medio muertos. Juguemos a los fantasmas aunque sea.

(Se pone a jugar: juega un juego azul. Ensaya sonidos varios. Corre. Se tropieza, cae al suelo, simula espasmos. Se detiene de repente. Se sienta. Ya sabe del sinsentido).

Acabo de morirme un rato. Pero no la vi a mamá. ¿Están despiertos?

Yo hago preguntas porque no sé. Porque trato de pensar y me salen preguntas. Será que pienso mal. Pero si no me dicen…

(Pausa).

Ahora me puse triste. Cuando estoy triste nunca sé por qué. Y eso es porque no puedo pensar. ¿Se puede pensar la tristeza? Para mí que no. Para mí que se piensa con la cabeza, y la tristeza yo no la tengo en la cabeza. La tengo acá. (Se toca la panza, se mira las manos). Y en las uñas.

Ayer soñé que mamá y papá nos llevaban con ellos a los cuatro. A un lugar muy lindo. No me acuerdo de qué color. Me acuerdo que era lindo. Y mamá me abrazaba mucho, y me decía que me quería. Yo no sé si la quiero. ¿Está mal eso? ¿Cómo es querer? No sé si la quiero pero la extraño; ¿la puedo extrañar aunque no la conozca?

En el sueño ella me hablaba de mí. Me decía que era muy linda y que de chica cuidaba mucho a mis muñecas, las cambiaba y las dormía, que eso estaba muy bien. Yo de eso no me acuerdo; y tampoco del sueño. Porque siempre que me despierto se me va lo que soñé enseguida. Pero yo les cuento igual, y si no me acuerdo invento. Porque igual es lindo.

Había un jardín con flores, de esas de todos colores. Y en el fondo un árbol azul. Hacía calor. Estábamos todos vestidos igual. Habíamos ido de pic-nic y yo comía manzanas; tanto me las comía que me comía hasta el tronco. Ustedes decían que me iba a salir una planta de manzanas en la panza; y yo quería eso, mi planta de manzanas. Jugábamos a la mancha venenosa, y como siempre, el juego nunca terminaba solo, lo cortaban ustedes antes, porque se habían cansado. Entonces yo me ponía a llorar, porque siempre me hacían lo mismo, y le decía a mamá que necesitaba un hermanito para hacerle yo eso. Ella me decía que ya no más hermanos, que éramos muchos y no iban a alcanzar las manzanas; y yo, que si esperábamos a que creciera mi planta… De la nada me ligué una cachetada, no sé por qué; nunca sé. Fue papá. Y tanto lloré que me quedé dormida. Soñé que mamá y papá jugaban con nosotros a las escondidas. Y nosotros nunca los encontrábamos hasta el final del juego. Porque ellos siempre se escondían bien. Yo no sabía esconderme y ustedes siempre me dejaban sola, por eso siempre me agarraban primera.

A veces me parece que no los vemos porque están escondidos esperando que se termine el juego. Hay que avisarles que ya se terminó. Que perdimos. Yo no quiero jugar más.

[1] Contradicción y dificultad del diálogo por antonomasia: hablamos con nosotros mismos.

Sobre El Autor

Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Escribe poesía, literatura infanto juvenil, y se dedica también a la dramaturgia. Se formó como actriz con Carlos Gandolfo, Augusto Fernándes y Pompeyo Audivert, entre otros maestros. Da clases de literatura, talleres de escritura y de teatro. Co-fundadora y Jefa de Redacción del portal Evaristo cultural, es editora del sello Evaristo Editorial. Como periodista cultural, colaboró a su vez en diversas publicaciones (Revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla -México-; Agulha Revista de Cultura -Brasil-; Hablar de Poesía -Argentina-, entre otras). Se dedica también al trabajo social. En 2019 recibió la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes para su proyecto Poéticas de la percepción / Entrevistas sobre poesía, actualmente en desarrollo. Es parte del equipo de Gestión y políticas culturales de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

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