EL DESVÁN DEL VOYEUR

Un explorador entre tabúes y secretos. ¿Un científico social, o un curioso que puso trampas para espiar los comportamientos sexuales de sus presas?

Un hombre que, con la complicidad de su mujer, ha transformado el motel que adquirió, en un “laboratorio de observación” que le permite violar la intimidad de los huéspedes, sintiéndose impune y cada vez más fuerte en virtud de ese poder que ejerce al presenciar, desde falsos conductos de ventilación, las relaciones amorosas de terceras personas desprevenidas que terminan ventilando, ante él, su sexualidad, y algo más.

Pasadizos secretos; una pasarela enmoquetada que cruza el edificio por sobre los techos de las habitaciones de quienes, sin saberlo, rifan su privacidad en un escenario montado por quien tiene en sus manos todos los números.

Es la historia de un voyeur que, habiendo birlado con malas artes experiencias ajenas, juntó durante años una vasta información, y lo hizo con el mismo empeño que acumulan basura los enfermos que padecen el síndrome de Diógenes.  El resultado obtenido, a lo largo del tiempo, se traduce en centenares de páginas que conforman el diario de Gerald Foos, un manuscrito que este Voyeur le confía al talentoso periodista Gay Talese, previo contacto personal que se establece entre ambos y previa firma de un contrato de confidencialidad en el que Foos omite prevenirle a Talese sobre la gravedad que reviste un caso que podríamos considerar como el peor trofeo.

Es un amplio registro sobre sexualidad expuesta sin el consentimiento de los observados, todos sorprendidos en el lugar equivocado.

Una conducta invasiva, por una parte y, por otro lado, los pruritos que giran alrededor de la función del periodista, su eventual intervención; los límites en el ejercicio de la profesión.

Los alcances de  las convicciones, la elasticidad de la ética; el largo de una corbata de seda.

Los relatos de aquel diario que se inicia en 1966 y se extiende hasta los años ’80.

La credibilidad de una historia muy bien contada, que se enmarca en una suerte de perversión, algo enfermizo, algo mal sano desde el punto de vista moral. Un hombre que busca excitarse mirando, desde las sombras, parejas desnudas en plena actividad sexual, gente que ignoran estar acompañada.

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Es “el que ve” desde la clandestinidad, el que goza de la exclusividad en la observación; es el que esconde en el desván libretas, lápices y linternas, para tomar nota de ciertos detalles que no quiere olvidar por estar, de antemano,  destinados a nutrir el cuerpo principal, el manuscrito que el periodista convirtió finalmente  en este libro, El motel del voyeur, posiblemente para involucrar a los lectores, aunque de otra manera, en esa tentación de espiar a los demás.

La observación inicial, una sensación de poder y euforia.

El riesgo de ser descubierto, una mayor excitación.

Dos hombres y una mujer. Una cama de tres.

Dos chicas jóvenes haciendo el amor, el tacto y la sensualidad. La diferencia entre hacer el amor con… y el hacer el amor a…Maestras amantes. Sexo en grupo; tríos y cuartetos. La vacaciones y la condición humana. El sabueso. El soldado en silla de ruedas; Vietnam. Y otro veterano de guerra herido. Espasmos eróticos de un cuerpo femenino. Un matrimonio, un marido bruto y aburrido en su comportamiento sexual. Insatisfacción. La mujer de origen escandinavo, “su figura era suave y flexible, tierna y llena de deseo…”; en este caso en particular, el Voyeur pone especial interés en tomarla como objeto de estudio, concentrándose en los ojos de la huésped, insistiendo en transferirle un pensamiento, el de levantar la mirada y dirigirla hacia la rejilla desde la cual es espiada; finalmente el hombre logra su objetivo. Otro caso, una mujer hermosa y, su pareja, un idiota, vulgar y primitivo. Otro, la viuda y el gigoló que, también atiende a hombres mayores.

El médico de 35 años y la hermosa joven con uniforme de enfermera.

Heterosexuales negros, sexualmente activos. Lesbianas blancas. Varones homosexuales blancos. Sexo interracial. Prácticas y preferencias; posiciones, Comportamiento sexual, asexual, aberrante, indescriptible; son las categoría que utiliza Foos en su diario después de haber observado a 296 huéspedes, algo que le sirvió de base para escribir el informe anual de 1973.

El voyeur, mediante sus descripciones, apunta a destacar señales de cambio, que él interpreta como signos de una evolución temporal que se fue dando en las prácticas sexuales.

Reconoce los cambios demográficos.

Evalúa el nivel de honestidad de sus huéspedes y, en ciertos casos, los pone a prueba.

Comenta casos de impotencia por falta de preámbulo sexual. Y por falta de educación sexual.

Casos de inactiva vida sexual en la pareja. Casos de parejas sexualmente distantes. Y otros, de fuerte intensidad sexual. El caso de Miss California, la modelo y su esposo -que es también su representante-, una pareja muy atractiva, pero extraña en su relación.

Apetito sexual, la “experta felatriz”.Foos habla de lo que él denomina “parejas sexualmente mal combinadas” y, por otro lado celebra la existencia de aquellas en las que, por ejemplo, la mujer es sexualmente  voraz y el hombre cómplice en la búsqueda del placer. Del otro lado, casos de depresión y soledad. Y otra vez Vietnam, y los pilotos -dos habitaciones que se comunican-.

Algún intercambio de parejas; una noche de vergüenza, de placer y de decepción. La mujer de origen hispano. También una familia pobre, un matrimonio sin intimidad. Relaciones incestuosas. Todo es parte de un mismo combo, en el que cobra otra fuerza y otro sentido el caso de la pareja joven con una vigorosa vida sexual; él era un “camello de poca monta” que, después de haber abandonado la facultad, queda pegado al mundo de la droga y, por esas cosas del destino o por un tercero ajeno a la pareja, esa visita al motel termina en tragedia. Es una muerte por causas concurrentes, un crimen de responsabilidades compartidas; una emoción violenta que resulta de una acción del escondido y, finalmente, un abandono que da lugar al certificado de defunción.

Lo cierto es que este libro va más allá de los relatos que componen el diario del voyeur desde 1966; pasa revista por la infancia, adolescencia y juventud de Gerald Foos y es así que, de alguna manera, permite al lector acercarse a la historia completa de este hombre.

Atracción, obsesión y fetichismo en el punto de partida.

9788420426631

Titulo: El motel del voyeur

Autor: Gay Talese

Traductor: Damià Alou

Editorial: Alfaguara

227 páginas

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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