UNA GIMNASIA PARA EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA | Entrevista a Augusto Ricciardelli

Aquí y allá, de tanto en tanto, surgen personas magníficas, verdaderos embajadores de otra dimensión inmersos en la nuestra. Seres que experimentan lo que el resto siquiera intuye.

Algunos de ellos fundan religiones o nuevos sistemas de pensamiento. Y desaparecidos ya de este mundo, llegan a nosotros por la intermediación de una larga cadena de repetidores –sombras de sombras de las luces originarias-.

Otros –posiblemente la gran mayoría- viven sus vidas en total anonimato. Pueden ser contemporáneos y residir en nuestra misma ciudad, pero solo logran ser percibidos por un puñado de privilegiados cercanos.

Yo tuve la increíble suerte de conocer a uno de ellos, y más aún, de ser bendecido por su amistad. Augusto fue un hombre extraordinario por dónde se lo mire, completamente íntegro, lúcido, creativo, inesperado, a la vez espiritual y pragmático, consecuente y sorpresivo, inteligente y amoroso.

Su metodología de trabajo, que había bautizado con el nombre de Combate Mental, se sustentaba y nutría de diferentes fuentes filosóficas, místicas y religiosas. A través del diálogo contemplativo, el estudio comparativo y la realización de ejercicios lúdicos de investigación de las propias creencias y percepciones, buscaba instalar una conciencia abierta a lo trascendente.

En el año 1996 la revista “Vuelos de búsqueda interior” le realizaba una entrevista en donde daba explicación de su enseñanza. Es para nosotros un honor poder reproducirla de manera íntegra a nuestros lectores, gracias a los cordiales permisos de la familia de Augusto Ricciardelli: su señora María Cristina Antúnez y su hija Constanza Ricciardellide la Sra. Adela Basch, entonces directora del medio y de la Fundación Cafh, editora de la publicación.»

Martín Lo Coco

Vuelos: Creo que podríamos empezar preguntándonos qué es el Combate Mental. En un primer acercamiento hace pensar en un arte marcial protagonizado por la mente…

Ricciardelli: Sí, de algún modo el Combate Mental es la ejercitación de un arte marcial interno, de un encuentro cuerpo a cuerpo con fuerzas interiores desconocidas para la conciencia con la que habitualmente estamos identificados. Pero la palabra combate no significa necesariamente una lucha negativa o dolorosa. Yo lo asocio mas bien con el intento de entablar un diálogo, un encuentro.

Vuelos: ¿Un encuentro con qué?

Ricciardelli: Fundamentalmente, un encuentro con la vida, un encuentro que significa cuestionarse, significa preguntarse y responderse por la realidad. Es un encuentro con todo, con las personas pero también con las cosas, con todo lo otro. Es una ejercitación para aprender a escuchar, a conectarse inmediatamente con lo que ocurre, para aprender a sentir en presente.

Vuelos: ¿Y por qué mental?

Ricciardelli: Porque el encuentro se produce dentro de la mente, es decir, dentro de la conciencia humana. Y la mente funciona como una actividad de discusión natural, de selección y rechazo de la información que recibe.

Vuelos: Es decir, lo que la mente ve o percibe no es la totalidad de lo que es.

Ricciardelli: Claro, no podría percibir la totalidad. Justamente porque la mente humana, para poder percibir, limita. Si percibe todo… no percibe nada. Desde el punto de vista humano, desde la identificación humana, la mente percibe una parte. Porque si no, uno no tendría una historia personal. Es decir, estaría fundido en la totalidad.

Vuelos: ¿Podríamos decir que el Combate Mental es un modo de trabajar sobre la manera en que la mente percibe la realidad?

Ricciardelli: Sí. Los ejercicios apuntan al despertar de la percepción intuitiva que permita discernir lo irreal de lo real; se proponen colocar la mente en un estado de no saber anticipado con respecto a las circunstancias que se le presentan. Son una ayuda para observar si lo que expresamos es nuestra verdad o si es un conocimiento memorizado, copiado y no vivenciado. En otras palabras, podríamos decir que el Combate Mental es una práctica para liberarse de los supuestos que impiden tomar contacto con la realidad. Es lo que podemos llamar una gimnasia del pensamiento, una serie de ejercicios de dinámica grupal que se proponen observar, en la experiencia de la vida, el mecanismo por el cual aprehendemos la información y, también, la identificación con la visión de la realidad que nos da este mecanismo. Por ejemplo, cuando yo miro la realidad, miro desde mí, desde quien yo sea, desde mi propia forma de ser. Entonces, de alguna manera inmediatamente estoy negando al otro, porque lo proceso a través de mi información particular, que surge de mis experiencias pasadas, de mi formación, incluso de mis datos genéticos. Pero si aprendo a salir de estado de identificación, sin dejarlo pero integrándolo con el otro, cualquiera que sea ese otro, se produce algo mucho más amplio, más abarcador, que es el encuentro. Cuando una persona nace, arranca con todo lo que le viene dado, y se identifica con eso, empieza a actuar desde esa información, y todo lo que esté fuera está de algún modo interferido por esa información, está cuestionado, discutido, filtrado, traducido a través de eso. Entonces cuesta mucho escuchar al otro, porque además el otro está haciendo lo mismo. Y se establece como una discusión de razones. Es decir, de raciones, o de pedazos de verdad, porque de ahí viene la palabra razón. Y entonces uno dice: no, no pongas eso ahí, eso tiene que ir allá, o, no creas en eso, mejor cree en esto. Y uno tiene sus motivos, seguramente, pero esos motivos son como una fuente de información limitada. Y de algún modo estas razones, o raciones de verdad, a través de las que uno ve el mundo se constituyen en creencias que nos separan de los demás. Son como una barrera que nos impide entrar en contacto con nuestra verdadera naturaleza, que es amar, crear… Además, para que una persona exista es necesario que esté instalada dentro de una historia, dentro de un hilo argumental, es decir, que se haya constituido a partir de ciertos datos desde los que interpreta la realidad. Si no, no figura, no está registrada. Estar registrado significa tener una identidad que pertenezca al contexto. Si no, el sistema no la aprecia.

Vuelos: La cuestión sería como estar registrado por el contexto, cómo estar instalado en una historia, tener una identidad, pero al mismo tiempo poder escuchar al otro sin filtrarlo.

Ricciardelli: Exactamente, porque en realidad el otro, sin que se dé cuenta, nos está prestando realidad. Si yo existiera solo, sin ninguna otra cosa, sin otras personas pero también sin todo lo otro, el piso, el aire, todo, no tendría realidad. Si me doy cuenta de eso, veo que estoy enteramente hecho de lo otro. No puedo decir que soy de ninguna manera separado de lo otro, si no que nazco por lo otro. Nazco por mis padres, sin ir más lejos. Entonces veo que la discusión que voy haciendo con la vida, porque siempre estamos discutiendo, poniendo nuestras razones, nuestra manera de ver, es una discusión desde mis propios datos genéticos y culturales, desde los cuales yo pregunto y yo respondo. Estoy como cerrado en esa recurrencia. Si no me doy cuenta de eso, no puedo salir de ese encierro. Para salir tengo que instalar en el medio de esa discusión una percepción que sea conciliadora, que no sea parcial, que no pertenezca ni a un lugar ni a otro, que no sea ni éste ni el otro.

Vuelos: ¿Sería como un mediador?

Ricciardelli: Sí. En las tradiciones se habla de que Cristo es un mediador entre la humanidad y Dios, por eso tiene que tener una forma humana, para que la humanidad lo registre, y al mismo tiempo, tiene que tener una conexión con lo divino. Bueno, al Combate Mental le interesa desarrollar una conciencia mediadora. En todos los casos. Esto no sólo se aplica a un ejercicio de dinámica grupal, sino a la totalidad de la existencia. Y ahí es donde sería interesante ver que hay juegos de inteligencia que es posible descubrir en la marcha. Es decir, todos los días. Una persona está involucrada en esos juegos desde su nacimiento. El Combate Mental es una posibilidad de advertir que se está en esos juegos y que se los puede jugar alegremente.

Vuelos: ¿Cómo podemos entender estos juegos? ¿Cuáles son?

Ricciardelli: Es el juego como movimiento. Estamos en el movimiento de la realidad, la realidad está en juego. Los juegos pueden ser juegos de inteligencia, juegos de amor, juegos de la vida. Todos son juegos, es decir, son movimientos. Aquí es importante la idea de juego como bisagra, como elemento que permite la flexibilidad, la plasticidad, la apertura. Y para que haya un juego, lo primero que tiene que haber es un obstáculo, tiene que haber algo que se interponga, porque la primera regla del juego es el obstáculo. Y el obstáculo tiene justamente la función de estimularnos. Es como un desafío, como un reto, algo que me permite enfrentar la situación y abastecerme.

Vuelos: ¿Podríamos decir que el obstáculo nos permite desarrollar una respuesta creativa?

Ricciardelli: Claro. Y el primer obstáculo soy yo mismo. Y también el último. Es decir, tengo que llegar a un punto en el que yo de alguna manera termine, porque si no termino, no entro en relación. El obstáculo crea un límite que me permite definirme, y al definirme puedo entrar en relación con lo otro. En esa relación hay un movimiento, un movimiento de inteligencia creativa que produce un estado de perplejidad ante el presente, un estado que permite la captación del instante. Podríamos decir que el universo es un extraordinario campo de ejercicios en los diversos planos del cuerpo y de la mente. La maestría en el juego del existir, es decir, el aprender a moverse con flexibilidad, con soltura, con libertad, produce alegría. La palabra alegría significa justamente un estado de agilidad, de disposición, de prontitud, júbilo, animación, entusiasmo, es decir, de gracia, de divertimento. Por eso el Combate Mental habla de creación y recreación. Pero no se trata de esperar momentos especiales para la recreación y el juego, sino que todos los momentos sean de creación y juego. El juego no es algo poco importante.

Vuelos: No es algo carente de seriedad.

Ricciardelli: El juego es justamente lo que nos hace aprehender la diversidad, entrar en relación con lo diverso. Ésa es la importancia del juego. Si uno no ve lo diverso, no se divierte. Entonces, todas las luchas a partir de creencias fijas, cerradas, en identificación con una serie de datos particulares hacen que yo entre en conflicto y en combate mental negativo con la realidad, porque a partir de ahí llegamos a creer en la discriminación racial, nos peleamos con el otro si no piensa como nosotros, nos enfrentamos con alguien porque es mujer y no hombre, por ejemplo, nos separamos de los que son de tal manera o de los que ven las cosas de una forma distinta y no nos damos cuenta de que nos alimentamos justamente de las diferencias. Por eso es muy importante aprender a jugar. Y una de las primeras cosas que se aprende en el Combate Mental es que ser feliz es más importante que tener razón. ¿Por qué? Porque las peleas, ciegas, son para imponer razones y éstas son sólo pedacitos de visiones o puntos de vista que uno no alcanzó a tener, y si nos vamos a quedar toda la vida con eso, ¡pobre de nosotros! Porque vamos a estar bloqueados, encerrados, aislados. Eso no significa en absoluto desestimar la razón. Creo que estamos hablando de una manera bastante razonada. Porque la verdadera razón de la humanidad es ser felices.

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Vuelos: Hace un momento hablabas de la creación de un estado de perplejidad para percibir el instante del presente. ¿Podríamos profundizar un poco esta idea?

Ricciardelli: El Combate Mental se propone acceder a lo que podríamos llamar la sabiduría del no saber. Porque para aprender es necesario no tener supuestos. También para aprehender al otro, para entrar en relación, es necesario dejar de filtrarlo con los propios supuestos. Y para eso el Combate mental intenta una práctica que investiga la tendencia de la persona a reaccionar, a cuestionar y a responder en forma inconsciente, incontrolada e impulsiva ante cualquier eventualidad. Pero no se trata de interrumpir el mecanismo de estímulo-respuesta en ninguna de sus funciones. El ser humano está siempre respondiendo. Si está durmiendo y hace frío, el cuerpo lo registra, y una mano estira la frazada para taparse. No hace falta interrumpir el sueño para taparse, ¿no es así? Porque muchas veces se dice que para entender ciertas cosas hay que irse al Tíbet o aislarse o encerrarse o algo así. Pero, ¿para qué encerrarse? ¿Para entrar en relación, encerrarse? No, más bien hay que desplegar la relación en el encuentro. Eso es el Combate mental. Animarse a discutir y exponerse, y exponer las visones que uno tenga en el encuentro con el otro. Y también atreverse a dudar. A dudar, por ejemplo, de que la información que tenemos sea suficiente para juzgar la realidad. La duda es justamente la suspensión entre dos juicios. Si no instalamos la duda, vamos a creer que lo que procesamos de la realidad es la realidad. Dudar no significa tener bloqueada la información sobre la realidad, sino que la duda permite lograr una equidistancia entre dos opciones. La duda nos otorga un espacio de libertad y ecuanimidad para aprender, para darnos cuenta de que tenemos la opción de no dar una definición de la realidad si es que no queremos hacerlo. O darla y decir que es una definición abierta, que se puede modificar sin que nos avergoncemos, que se puede rectificar constantemente. Ah, no, vos dijiste tal cosa. Sí, lo dije en su momento y entonces tenía validez, pero ahora hay que revisarlo. Creo que todo esto es importante para que se pueda establecer un diálogo fluido, abierto. Hay que aprender a entrar en ese aprendizaje abierto sin tanto querer guardar una imagen, que al fin y al cabo es sólo una pose que le queremos mostrar a alguien.

Vuelos: Además de la tendencia a guardar una imagen pareciera haber muchas actitudes que nos impiden entrar en un verdadero diálogo.

Ricciardelli: Una de ellas es que cuando conversamos con otro solemos querer constatar lo que ya sabíamos. Pero si lo que el otro dice no coincide con nuestra imagen de la realidad, pensamos que no sabe nada. Estamos más cómodos repitiendo. Pero cuando se responde desde lo conocido no hay descubrimiento, no hay encuentro. La vida es un no saber permanente, porque nunca sabemos exactamente qué va a pasar. Pero la necesidad de asegurar lo que va a suceder, o de predecir, el miedo a todo lo nuevo y espontáneo, hace que entremos en un mecanismo de respuestas preestablecidas, predeterminadas, que frenan toda creatividad, y nos lleva a bloquear todo lo que percibimos y a reducirlo a preconceptos conocidos. Nos convierte en seres mecánicos, en objetos.

Para que realmente haya un diálogo tendríamos que superar todas las respuestas que provienen de la información que traemos, sea genética, cultural o lo que fuera. Es cierto que todo lo que traemos como tradición nos contiene, pero una cosa es contenernos y otra es ahogarnos.

Vuelos: ¿Qué sería ahogarnos?

Ricciardelli: Que yo no pueda hablar con una persona que sea de otra religión o de otra filosofía, de otra raza o de otro sexo y me ponga a la defensiva porque ¿qué va a pasar si no somos iguales? Lo que va a pasar es lo más maravilloso del mundo, lo impensable: que yo aprenda más y más sobre el ser. Porque el ser no es una forma limitada. Y eso es lo que me va a permitir aprender el diálogo abierto. Lo que no nos deja entrar en un diálogo abierto es la identificación muy cerrada con la forma de ser personal. Hace un momento decía que el Combate Mental no busca interrumpir el mecanismo de estímulo-respuesta en ninguna de sus funciones, sino introducir una percepción inteligente en ese espacio imperceptible e intermedio que existe entre una pregunta y una respuesta, una acción y una reacción, un pensamiento y otro. Ese espacio es el espacio que ahora está entre nosotros. Es el medio, no es ninguno de nosotros, es el medio que nos permite encontrarnos. Porque si no tuviéramos ese medio estaríamos tan pegoteados que no nos percibiríamos. No existiríamos. Es decir, ese espacio nos separa y nos une, nos permite el encuentro. No es un espacio inhabitado. Ese espacio incluye de alguna manera todas las instancias de los modos de ser particulares. Podríamos decir que en el centro reúne nuestras formas. Sería bueno que captáramos ese centro, porque en él pasan muchas cosas que no vemos. ¿Qué significa ese centro? Un estado de neutralidad, de independencia con respecto de mi propia forma de ser. Sin perderla, yo me ofrezco al fuego de ese espacio. Al fuego viviente de ese espacio. Entonces, en la medida en que uno sea capaz de mantener bajo control y sin ejercer violencia alguna el condicionamiento personal que me lleva a reaccionar mecánicamente, que es esa forma de ser de la que hablábamos, que uno hereda y que defiende como su identidad, se puede comenzar a experimentar un estado que está más allá de las experiencias habituales, es posible abrirse al encuentro y al diálogo. Mantener bajo control el condicionamiento significa comprobar el control, y com-probar es sentir, tomar el gusto a lo que está ocurriendo. Porque se suele entender la noción de mantener bajo control como un ejercicio de represión donde se dice: tengo que dejar de ser para entregarme a Dios. Pero no, porque evidentemente Dios, la Vida, sigue creando formas y formas y no hace falta que yo pierda mi ser para entender el Ser. No hace falta dejar de ser lo que se es para ser lo que se Es.

Vuelos: ¿Qué hace falta para poder ser lo que se es?

Ricciardelli: Dejar de estar tan identificado exclusiva y excluyentemente con la forma personal. Aprender a comprender que eso que llamamos nuestra identidad personal es un modo posible de ser, y ver cómo manejar ese modo de una manera más hábil, más inteligente: cómo ir a la esencia de ser. Es como ir a la esencia de la ola. La esencia de la ola es el mar. Por eso la ola no muere, porque es un movimiento del mar. El mar está reviviendo en el movimiento de su oleaje, por eso la ola nunca va a morir. Es como la esencia del movimiento expresado. Y creo que lo que hay que captar es justamente la presencia que sobrevive permanentemente a estas instancias.

Vuelos: ¿Podríamos rastrear algún antecedente del Combate Mental o alguna fuente bibliográfica vinculada con su práctica?

Ricciardelli: Yo diría que podemos encontrar fundamentos y fuentes del Combate Mental en los diálogos socráticos, en el budismo zen, con sus maravillosas paradojas, en la sabiduría del taoísmo y del I Ching, en los ingeniosos cuentos sufíes y jasídicos, en los diálogos parabólicos de los Evangelios, en el pensamiento de Krishnamurti y también en algunas culturas aborígenes.

Vuelos: Al principio decías que el Combate Mental se presenta como una serie de ejercicios de dinámica grupal. ¿Podrías describir algunos de estos ejercicios?

Ricciardelli: Los ejercicios intentan desarrollar la capacidad de introducirse en forma inteligente en medio de los conflictos de conciencia cotidianos creados por la falta de habilidad ante las contradicciones. Podemos tratar de describir un ejercicio denominado El preguntón, que se relaciona mucho con algo que dijimos hace un momento: en general, casi no preguntamos, sino que más bien buscamos constatar lo que ya sabemos. Y eso limita mucho la comunicación, le quita su potencial transformador y su significación.

El preguntón se realiza entre dos personas o en grupo, y es un ejercicio en el que sólo se debe preguntar. Por lo general, en seguida se observa que tenemos tendencia a contestar sin haber escuchado y entendido cabalmente el trasfondo de la pregunta. Como el ejercicio consiste en preguntar, la contestación se considera una falta de atención. Es necesario cuidar que la pregunta no sea una respuesta o una forma de respuesta encubierta. También es importante preguntar con coherencia sostenida y evitar que en la pregunta aparezca adherida alguna afirmación que haga de la pregunta una conclusión.

A quien inadvertida o involuntariamente da una respuesta se le pide una explicación de la afirmación que formuló, es decir, se le pide demostrar que si da una respuesta es porque saber. En otras palabras, es un ejercicio de dinámica grupal en el cual no se debe afirmar ni negar nada. El diálogo no implica un dar respuesta, sino mantener la contestación en estado de pregunta. El que se anima a dar respuesta indica que es responsable de lo que afirma o niega, y por lo tanto puede quedar envuelto en una definición concluyente de lo que asevera.

El sentido del ejercicio tiende a mostrar el atrapamiento de la mente en una imagen convencional de la realidad. Si se mantiene la mente en estado de pregunta, sin conformarla en ningún momento con respuestas o conclusiones, la conciencia quedará abierta a un intenso y profundo silencio. Este nuevo silencio ya no es sólo la posibilidad de ausencia de expresión verbal, sino que está dirigido a observar la identificación con un cuestionamiento interno. Darse cuenta de ese combate interior del alma hace posible su dominio inteligente.

El ejercicio de El contestón es una variante inversa del preguntón, y surge de la observación de que es habitual responder sin haber escuchado debidamente, como movidos por una compulsión a interrumpir y a explicar.

Otro ejercicio es el de La Contradicción de las Creencias. Cualquier persona que lo desee puede discutir una creencia que considere oportuna investigar. Primero la debe exponer con la mayor claridad posible y a continuación el grupo pregunta. Pregunta para saber y no para criticar, y pregunta en un clima de respeto. Una vez que la creencia ha sido presentada y que el grupo ha preguntado sobre ella, la misma persona que la expone se enfrentará con ella cuestionándola, y se elegirá a otra persona para que defienda la creencia expuesta por el que ahora se encuentra enfrentándola. Ambos deben tratar de convencer con sus argumentos.

Es importante señalar que en cualquiera de los ejercicios del Combate Mental, para que el otro surja y se anime a jugar hay que aprender a preguntar amorosamente, que es justamente lo que en general no sabemos hacer. El saber preguntar bien es una actitud animada por el amor. El que no está dispuesto a escuchar, en realidad no está preguntando.

Los ejercicios son un entrenamiento para la atención, la sensibilidad y la inteligencia perceptiva. Y nos muestran cuánto nos cuesta considerar e interesarnos por lo que el otro siente, quiere y piensa. La resistencia a entrar en un mundo distinto del nuestro revela la inclinación a considerar todo lo externo como adverso, y de este modo la existencia se vive como adversidad.

Los ejercicios también ponen en evidencia la actitud discriminatoria de la mente convencional, que selecciona y prefiere relacionarse con lo que coincide con su imagen de las cosas. El Combate Mental investiga en la circunstancia viva, en la experiencia cotidiana, el modo de ser heredado que se asume incondicionalmente como identidad básica y desde el cual se reproyecta la existencia personal. La propuesta es aprender a desprenderse del piloto automático con el que la conciencia personal está asociada desde su nacimiento en el mundo. Es un aprender a volver a iniciarse a  uno mismo en el control manual, en contraposición al piloto automático, de manera realmente autoconsciente y libre. Y esto sólo es posible cuando la persona extiende el reconocimiento de su identidad a toda la creación. Por lo tanto, es un camino de responsabilidad y compromiso con la totalidad del universo.

Fuente: Revista Vuelos de Búsqueda Interior; Año 9, Nº 3; Buenos Aires; Primavera 1996; págs.3-9

Copyright Fundación Cafh ISSN 0328-3097

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