Se dice que el medio condiciona la cultura. Y que ésta, se ve reflejada en la idiosincrasia de los pueblos. En el siguiente artículo, la autora nos introduce a las distintas teorías que se postularon a lo largo del siglo XX con respecto a las primeras actividades humanas de obtención de alimento. Ante la discutida dicotomía de recolectores y cazadores, Marina Barrionuevo toma postura por la tercera hipótesis: la del carroñeo. Si nuestra frase de apertura fuese cierta, aquel carroñeo pretérito podría, tal vez, tomarse como metáfora de ciertas actitudes del hombre moderno.

La hipótesis del hombre cazador

En los comienzos de la arqueología, los primeros investigadores asumieron que la simple asociación de instrumentos líticos con huesos de animales era una prueba de que los primeros homínidos habían sido cazadores.

Blumenshine en su artículo nos desarrolla la historia de esta teoría.

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Esta primera hipótesis es formulada por Charles Darwin en el libro “La descendencia humana” (1871). Allí nos dice que la caza fue el catalizador etológico que encauzó la selección hacia el agrandamiento del cerebro, el empleo de artefactos, la reducción de los caninos y el bipedismo, separando así los linajes humanos de los antropoides.

El auge de esta teoría se alcanzó con los artículos de Richard B. Lee e Irven DeVore en “The Man Hunter” (1968). Allí planteaban un proceso evolutivo donde era fundamental el alimentarse de la caza y de la recolección. Esto provocaba una mayor destreza, previsión, un cerebro mayor, capacidad técnica, inteligencia, etc.

A fines de los años setenta, Glynn Isaac provocó un cambio de paradigma al proponer la “hipótesis del alimento compartido”. La cooperación para compartir los recursos alimentarios es lo que nos hizo humanos. Ellos eran llevados frecuentemente a un campamento base. Se producía cierta división social del trabajo, donde las mujeres cumplían el rol de recolectoras y los hombres el de cazadores. La diferencia con la hipótesis del hombre cazador, residía en que Glynn consideraba que podía decirse con certeza que importancia tenía la caza en comparación con el carroñeo.

Lewis Binford sostuvo que en los primeros hombres la evolución no había llegado a la caza, ellos se habrían alimentado de los restos abandonados por los carnívoros mas hábiles. Los primeros homínidos habrían sido vegetarianos esencialmente. Binford también sostuvo que incluso el primer Homo Sapiens y los neandertales contemporáneos, dependían del carroñeo para alimentarse de animales grandes y cazaban sólo aquellos de menor tamaño. Mantenía entonces la hipótesis de la caza, pero la acercaba más hacia el presente, en los últimos 100.000 años. El investigador reconoce que el carroñeo era una actividad inferior a la caza y que esta última era signo de evolución.

Investigadores como Blumenshine y Shipman propusieron la hipótesis del hombre carroñero a contrapartida de la del Hombre cazador. Ambos arqueólogos trabajaron con material recogido del yacimiento de la Garganta de Olduvai, en Tanzania y Koobi Fora (Kenia).

PRINCIPALES YACIMIENTOS FÓSILES HUMANOS

Especie

Restos fósiles encontrados

Antigüedad

Lugar yacimiento

Director/a excavación

Fecha hallazgo

Homo

Maxilar muy completo

2,3 millones de años (m.a.)

Región de Hadar (Etiopía)

Donald Johanson

1994

Homo habilis

Mandíbula, hueso del cráneo y de la mano de un individuo joven. Restos craneales con su mandíbula de una joven (Conocida como Cindy: Cenicienta)

1,8-1,6 m.a.

Garganta de Olduvai (Tanzania)

Matrimonio Leakey (Mary y Louis)

1960

Homo habilis

Restos craneales y de mandíbulas y piezas dentales.

1,9-1,8 m.a.

Koobi Fora (Lago Turkana, Kenia)

Richard Leakey, hijo del matrimonio Leakey

Desde 1970

Shipman realizo un trabajo taxonómico sobre los huesos de animales encontrados allí. Investigó con un microscópico de barrido electrónico (MBE) las marcas dejadas por distintos agentes en los huesos. Realizó réplicas de cortes en huesos modernos utilizando instrumentos líticos, para compararlos luego con los encontrados en Olduvai. Observó que se encontraban marcas de desarticulación, descarne y extracción de cueros o tendones. Pero el 75% de las marcas estaban en huesos de poca carne y además, el 8/13 de las marcas realizadas por los homínidos eran posteriores a las dejadas por los animales carnívoros. Por lo tanto la investigadora concluyó que los hombres carroñaban a posteriori de la actividad cazadora de los animales.

Shipman planteó los beneficios y los costos del carroñeo comparados con los de la caza:

1.      En primer lugar el carroñero evita la tarea de tener que asegurarse la muerte de su alimento. Aunque el carroñeo también es peligroso porque los predadores raramente dejan su presa sin defenderla. Es por ello que, tanto el predador como el carroñero sufren los gastos inherentes a la lucha por la posesión de los restos.

2.      El carroñero debe buscar y explorar una mayor cantidad de territorio que el predador, para poder hallar su alimento. La resistencia es la característica necesaria en el carroñero.

3.      La última característica es que los carroñeros deben ser eficaces en la localización de las presas muertas, ya que estas no se mueven ni hacen ruido.

Shipman concluye además que la bipedación era compatible con la estrategia carroñera por varias razones, como permitir el acarreo de objetos, liberar la cabeza para poder aumentar el campo visual, etc. Ella, además, sugiere que la bipedación podría haberse desarrollado porque proporcionaba una ventaja sustancial a los hombres carroñeros.

Por lo tanto para la investigadora hace dos millones de años los homínidos fueron carroñeros más que cazadores. Además, los cadáveres de los animales contribuyeron poco a su dieta, ya que por el análisis de los dientes homínidos concluyeron que habrían sido prácticamente vegetarianos. En este aspecto Blumenshine considera que el haber encontrado útiles de piedra junto a huesos de animales no necesariamente demuestra que el consumo de carne haya sido predominante.

El paleontólogo plantea que el hábito carroñero pudo haber convertido la estación seca en un tiempo de abundancia. Ya que en esta época se produce una gran mortandad de animales y se consiguen alimentos con mayor rapidez que recolectando plantas.

Algunos investigadores plantean que es más sana la caza que la carroña. Pero científicos han logrado comprobar que los restos conservan algo comestible al cumplirse las 48 hs.

Blumenshine desmiente la idea de que el carroñeo no ofrecía estímulo alguno capaz de favorecer la selección de cualidades humanas. Ya que los primeros homínidos fueron incentivados por la carroña a desarrollar artefactos para trozar los despojos de grandes animales. Así pudieron aprovechar aquellas porciones, a diferencia de otros animales.

En una nueva excavación dirigida por Manuel Domínguez (paleontólogo y profesor del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid) en la Garganta de Olduvai se han hallado más de 1.500 fósiles en muy buen estado de conservación», además de «gran cantidad de herramientas de piedra».

Según la interpretación del investigador, estos fósiles señalarían que los primeros homínidos eran cazadores y no carroñeros. Domínguez rechaza la hipótesis de Blumenshine y agrega que los fósiles animales se hallaron completos y esto sería evidencia de que los primeros humanos nunca fueron carroñeros y empleaban estrategias cinegéticas para extraer carne.

 El campamento base

Richard Potts nos dice que deben reverse las interpretaciones que consideran a los yacimientos arqueológicos más antiguos como campamentos-base. Los que se han encontrado se constituyen tan solo por una concentración de artefactos de piedra, a veces con huesos fósiles también.

El concepto del campamento base implica dos aspectos: en primer lugar el compartir alimentos y en segundo, la seguridad. Es el lugar donde los recolectores llevan el alimento, éste se consume, se duerme, se fabrican herramientas y se reúnen con otros miembros del grupo. Allí se cuida a los ancianos y a los enfermos, así se iría produciendo una división del trabajo y unas facultades lingüísticas.

Un campamento base no necesariamente es un lugar permanente, puede ser también temporario, pero siempre es una base.

Potts plantea que la asociación de huesos y artefactos puede darse por varias razones: una corriente de agua puede provocar la acumulación, puede haberse producido una gran mortandad en ese lugar y luego los homínidos utilizaron sus herramientas allí, también pudo haber llevado los huesos allí algún animal recolector de huesos, etc.

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El investigador analizó el material más antiguo de Olduvai y Koobi Fora, fechado aproximadamente hace 2 millones de años, y concluyó que la asociación de huesos de animales y de artefactos líticos no era fortuita. Probablemente los huesos encontrados fueron acumulados allí por los homínidos. Potts considera que no es posible que las actividades asociadas a los campamentos base de los cazadores recolectores se hayan dado en Olduvai. La evidencia sugiere que los primeros homínidos habrían permanecido muy poco tiempo allí. Esto lo plantea el autor porque considera que los restos reflejan que el yacimiento no estaba resguardado de otros carnívoros.

En la garganta de Olduvai se transportaron piedras desde canteras a considerable distancia, esto implica que se consumió energía y tiempo, por lo tanto, los yacimientos fueron campamentos base relativamente permanentes.

Potts propondrá entonces la hipótesis del escondrijo. Es decir, los materiales de piedra en bruto y las herramientas creadas fueron transportados y dejados en distintos lugares de la zona de depredación. Como resultado se crearon diferentes escondrijos, sitios para el procesamiento de la carroña u alimentos obtenidos mediante la caza. Como otros animales eran atraídos por estos restos, el escondrijo les proporcionaba una seguridad temporaria. Debido a que estos sitios eran utilizados frecuentemente, se producía una acumulación de artefactos y huesos.

El uso de esas zonas como escondrijos implica que la actividad social no se concentró allí, como lo es hoy en los campamentos base de los cazadores recolectores actuales. No obstante, Potts plantea que ellos fueron los antecesores. Con el tiempo se fueron desarrollando los campamentos base, se dio el uso del fuego, el procesamiento completo de la carne y huesos, y así se habría producido también una mayor actividad social.

 

La complejidad de los cazadores-recolectores

Price & J.A. Brown plantean que una excesiva confianza depositada sobre los grupos etnográficos conocidos de cazadores recolectores ha impedido apreciar la diversidad de adaptaciones experimentadas por estos grupos. Se han utilizado modelos simplistas para describir estas adaptaciones pre-agrícolas.

Si analizamos distintas variables podemos ver qué características asociadas con anterioridad exclusivamente a agricultores, también han de encontrarse entre los cazadores-recolectores.

Para ambos autores la complejidad cultural se centra en el aumento de la dimensión, de la escala y organización social y se distinguen 3 aspectos: las condiciones, consecuencias y causas.

1. Condiciones: las adaptaciones complejas no se dieron en todas partes, generalmente son necesarios tres factores: circunscripción social, abundancia de recursos y población más numerosa. Con respecto al primero se refiere a las limitaciones impuestas al movimiento de la población (sea por razones naturales o sociales). Como los problemas no pueden resolverse migrando, deben desarrollar medios internos.

La abundancia de recursos produce riqueza, abundancia, estabilidad, predictibilidad, seguridad, etc.  El aumento de la población también genera una presión en la sociedad. El desequilibrio entre ambos prepara el escenario para que (junto con otras condiciones) se de la intensificación.

2. Consecuencias: Se producen cambios en la productividad, asentamiento y toma de decisiones. Se desarrollan nuevas tecnologías como el equipamiento para la pesca y el procesamiento de vegetales, se crean recipientes de cerámica, se dan actividades de molienda, etc. Se registran en ocasiones una selvicultura y horticultura incipientes.

También se dan cambios en el asentamiento, el sedentarismo es una consecuencia del proceso de recolección de los cazadores-recolectores. Los autores plantean que deben revisarse las opiniones tradicionales de residencia sedentaria como una finalidad de la adaptación humana.

Los asentamientos suelen ser de mayor tamaño, más duraderos y más diferenciados. Se suelen encontrar enterratorios junto con las comunidades, ya que la asociación con los muertos forma parte de la vida de la comunidad y confiere continuidad con el pasado. Además Price & Brown consideran que el terreno mortuorio sirve para denotar el derecho territorial. Los asentamientos solían darse en las localidades costeras, lacustres o fluviales.

El espacio es definido con una señalización de la identidad y su defensa limítrofe. En ocasiones se erige un líder para la toma de decisiones. Según los autores, las relaciones igualitarias no son una característica uniforme en la sociedad cazadora-recolectora. La diferencia de status en sus comienzos siempre está presente.

3. Causas: Los investigadores adjudican distintas causas al aumento de la complejidad en este tipo de sociedades. Algunos postulan razones ambientales (cambio pleistoceno- holoceno), otros demográficas, tecnológicas, relaciones sociales, etc. Los autores plantean que no se ha llegado a un consenso aún, pero que es necesario considerar tanto factores externos como internos, además del tiempo. Postulan que estos factores no pueden en sí mismos originar los cambios planteados anteriormente.

BIBLIOGRAFÍA

Madrid Press, Paleontólogos españoles descubren fósiles de un cazador de hace un millón y medio de años, 24 de Septiembre de 2006: http://www.madridpress.com/content/view/15665/122/

Blummenschine, R. J. y J. A. Cavallo. Carroñeo y evolución humana. Investigación y ciencia 195: 70-77. 1992.

Potts, R.. Home base and early hominids. American Scientist 92:338-349. 1984. Versión traducida.

Shipman, P.. Scavenger Hunt. NATURAL History 93:20-27. 1984. Versión traducida,

Price, D. & J. A. Brown. The emergence of cultural complexity. En Prehistoric Hunter-Gatherer. Cap. 1. D. Price $ J. A. Brown eds., pp.3-20. Academic Press. New York. 1985. Version traducida.

Lewin, Roger. Evolución humana: ¨Cazador o Carroñero¨. Cap XXIII, biblioteca científica salvat. Barcelona. 1994.

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