“El holodomor fue deliberadamente organizado por el régimen de Stalin, y debe ser condenado públicamente por la sociedad ucraniana y la comunidad internacional como uno de los más grandes – en el sentido de número de víctimas – genocidios en el mundo”.

Leonid Kuchma, Presidente de Ucrania

(1994 – 2004).

El Holodomor, tiene su raíz en dos palabras ucranianas: “holod” (“hambre, hambre extrema, hambruna”) y “moryty” (“inducir al sufrimiento”, “morir”), fue un acto de genocidio contra el pueblo ucraniano cometido por el régimen stalinista en los años 1932 y 1933. La gran hambruna que invadió Ucrania tomó de siete a diez millones de vidas inocentes (de las cuales la mitad fueron niños) y fue una verdadera tragedia nacional. El terror por hambre fue generado junto a una destrucción de la cultura, la vida religiosa ucraniana y la matanza de la clase intelectual.

El día 1 de mayo, en el contexto de la 34ª Feria Internacional del Libro, tuvo lugar un panel sobre el tema: “Holodomor: a 75 años del genocidio en Ucrania”; en el mismo participaron el Sr. Jorge Iwanyk, miembro de la Colectividad Ucrania en Argentina, el Sr. Jorge Szafowal, vicepresidente de la Representación Central de la Colectividad Ucrania en la Argentina, quien estuvo a cargo de la lectura de un escrito del Dr. Nicolás Szafowal, Profesor dela Ukrainische Freie Universitaet de Munich, y el Sr. Oleksandr V. Khrypunov, Consejero de la Embajada de Ucrania en Argentina, quien expuso también sus palabras. A su vez, tuvo lugar la proyección del film “Holodomor, naturaleza del genocidio”. Reproducimos a continuación dos de las presentaciones antedichas. No lo hacemos meramente en un afán solidario al haber padecido nuestra tierra, Argentina y Latinoamérica toda, la aguda violación de los Derechos Humanos, sino más especialmente con la esperanza de que estos discursos ayuden a comprender la verdadera magnitud de este genocidio y, por reflejo, de todos los genocidios. Porque a pesar de la distancia en el tiempo y en el espacio que nos separan del Holodomor, más allá de las barreras políticas, geográficas e idiomáticas, debemos aprender a ver a la humanidad como un todo, a desarrollar una verdadera conciencia planetaria que nos permita superar con entereza el desbocado proceso de globalización en curso.

Como bien dice el slogan, es importante cultivar la memoria para no repetir los errores del pasado, pero más importante aún intentar estimular el nacimiento de una ética que nos ayude a detener los horrores del presente.

prisioneros de un campo de concentraciónsoviético.

prisioneros de un campo de concentración soviético.

 

Estimadas Autoridades de la Feria del Libro,

Estimados Sres. Miembros de la Representación Central Ucrania en la República Argentina, organizaciones y asociaciones,

Estimados compatriotas, colegas y queridos amigos,

Hoy nos reúne un motivo muy triste y dramático en la historia de Ucrania y de toda la Humanidad – una aguda trasgresión de derechos humanos en su peor forma – el exterminio de millones de personas que lleva el nombre de Holodomor.

¿Porque Ucrania recién hace un par de años comenzó a hablar, a toda voz, del exterminio masivo de su población, algo ocurrido en los lejanos años 1932 – 1933, calificando el hecho como un genocidio?

Por varias razones: primero porque hemos madurado para percibir adecuadamente estos acontecimientos y las dimensiones de la tragedia pero, también, porque la historia misma, como es el caso de Ucrania, apela a nosotros descubriendo cada vez nuevas y nuevas páginas de terroríficos hechos que, recién ahora, se atrevió ha enseñarnos.

Los criminales piensan, en primer lugar, en cómo esconder su crimen, más aún, conociendo el riguroso castigo que les espera. Así fue en Ucrania. El Holodomor de los años 1932-1933 fue una acción planificada, ideológicamente apoyada, los ejecutores entendían perfectamente lo ilegal de sus actos y por ello se cuidaron para que cualquier prueba de los mismos desapareciera para siempre.

Pero a pesar de todos sus esfuerzos, la información sobre las reales dimensiones del Holodomor, que traspasó las fronteras de la entonces Unión Soviética, hoy se está convirtiendo en un legado común de la sociedad internacional, con un único objeto – rendir un sentido homenaje a los muertos y para siempre dejar, en la memoria de las generaciones futuras, la justa verdad sobre nuestra trágica historia cuya causa fundamental fue la aspiración del pueblo a vivir de acuerdo a sus tradiciones, dar a luz y criar a sus hijos en un estado libre y próspero.

De acuerdo a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio adoptada en diciembre de 1948, se entiende por genocidio cualquiera de los actos, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

  1. a) Matanza de miembros del grupo;
  2. b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
  3. c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
  4. d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
  5. e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

El criterio c), según la opinión de expertos, corresponde plenamente a lo acontecido en Ucrania. Pues, el termino “hambre intencional” sería la definición correcta de la causa que provocó la muerte de millones en Ucrania en aquel periodo.

Entre aquellos expertos, se destaca un abogado argentino, ex Presidente de la Corte Suprema de la República Argentina, Ricardo Levene (h), que hizo un dictamen para la Comisión Internacional Investigadora sobre el Holodomor en Ucrania de los años 1932-1933, auspiciada por el Congreso mundial de ucranios a finales de los ‘80 del siglo pasado.

Basándose, en gran parte, en los documentos de la Cancillería de Gran Bretaña, el Dr. R. Levene llega a la indudable conclusión de que sólo la nación ucraniana, en Ucrania, y sus numerosos representantes que en aquél tiempo componían más del 60% de la población del Norte de Cáucaso y de la Kubañrusa, fue el objetivo principal de la política del régimen totalitario estalinista para la aniquilación del sector económicamente más estable, la población rural. La dimensión de su masivo exterminio, logrado por medio de la hambruna organizada dentro de las fronteras de un territorio, dado que solamente las fronteras administrativas de Ucrania desde el otoño del 1932 hasta la primavera del 1933 son custodiadas por tropas regulares con el sólo objeto de aislar su moribunda población de otras repúblicas soviéticas y del mundo en su totalidad, inequívocamente cae bajo la calificación de genocidio. El mismo Dr. Levene declara en su testimonio que, durante el periodo de Holodomor, en Ucrania murieron 7,5 millones de personas, de las cuales 6 millones lo hicieron por hambre (el resto murió por enfermedades o fue fusilado). Es un dato espeluznante y totalmente comprobado que en Ucrania, en la primavera del año 1933, diariamente perecían 25 mil personas.

En recordatorio de una página tan dramática en la historia de nuestro país, el Parlamento de Ucrania en noviembre del año 2006 aprobó la Ley que reconoció al Holodomor como acto de genocidio. El Presidente de Ucrania proclamó el año 2008 como el Año de conmemoración de las víctimas del Holodomor.

Por ende, llevar al conocimiento de la opinión pública mundial y condenar el masivo aniquilamiento de la nación ucraniana, el hecho que no tiene otro calificativo sino el de “genocidio”, es un sagrado deber de todo consciente ciudadano, independientemente si es ucraniano o de otra nacionalidad.

Y por eso estoy satisfecho de que, precisamente hoy, nos hayamos reunido por este motivo, aunque éste sea triste y trágico. Pero me siento animado por el hecho de que Ucrania no queda a solas con esta trágica herencia.

Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer nuevamente a los señores senadores y diputados del Congreso Nacional argentino que dieron su voto para la aprobación de correspondientes declaraciones, así como al cuerpo de los diputados de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por la solidaridad con mi nación en su campaña internacional en pro del reconocimiento del Holodomor como genocidio del pueblo ucraniano. A esta campaña se adhirieron también los Parlamentos de las provincias de Chaco y Misiones, Consejos Deliberantes de las ciudades de Berisso y Apóstoles.

Ucrania valora mucho la solidaridad de la República Argentina, así como la de otros países – los Estados Unidos, Canadá, Australia, Georgia, Estonia, Lituania, Polonia, Hungría y países latinoamericanos entre los cuales se encuentran Perú, Paraguay, Colombia y Ecuador -en total catorce países-, cuyos órganos legislativos emitieron su palabra en pos del Holodomor como acto de genocidio.

Con motivo de recuperar la justicia histórica, recordar a las víctimas y advertir una vez más sobre las horrorosas consecuencias de las atrocidades de regímenes totalitarios de cualquier signo y color, el año pasado, la UNESCO, por iniciativa de Ucrania y con la preciada co-patrocinación del Estado Argentino, aprobó una resolución, instando a los países miembros de este organismo internacional a participar en las actividades conmemorativas e introducir el conocimiento sobre el Holodomor en los programas educativos nacionales, para que las futuras generaciones aprendiesen de las lecciones de este trágico periodo de la historia.

En este sentido, quisiera adelantarles que entre los días 17 y 22 del mes de junio, Argentina gozará de la presencia en su territorio de la simbólica “Llama Perenne”, que en el marco de la respectiva campaña internacional organizada por el Congreso Mundial de los Ucranianos, atraviesa los treinta y tres países con mayor colectividad ucraniana, que se pronunciaron a nivel nacional en reconocimiento del Holodomor, honrando la memoria de sus víctimas.

Por otro lado, el proyecto de ley que establezca las jornadas de reflexión en los centros educativos municipales, tal como se establece por la citada resolución de la UNESCO, está pasando por el proceso de su aprobación en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Además, en una de las próximas sesiones del Consejo de derechos humanos de las Naciones Unidas, Ucrania va a presentar un proyecto de correspondiente resolución y espera contar con el valioso apoyo de sus estados miembros.

Otra iniciativa más que el Gobierno de Ucrania planteará en el marco internacional sería la resolución de la Asamblea General de la ONU, en conmemoración del 60 aniversario de la aprobación de la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, estableciendo “El Día internacional de la memoria de las víctimas de genocidios y violaciones masivas de los derechos humanos”.

Recordemos nuestra historia y luchemos por esta justa causa por el bien de nuestros hijos y futuras generaciones.

Les agradezco su amable atención.

Sr. Oleksandr V. Khrypunov

 Slava Ukraini (Viva Ucrania)

niños ucranianos famélicos

niños ucranianos famélicos

El Holodomor de los años 1932/33 

Antes de presentar el tema es imperativo hacer una breve introducción de carácter etimológico sobre el término “Holodomor“.

Esta palabra, que se ha convertido en un término técnico en todos los idiomas, está compuesta de dos palabras ucranias, a saber “hólod” o sea hambre y “mor”, una forma arcaica del vocablo moderno “mord”, que significa asesinato. O sea que “Holodomor” significa literalmente “asesinato por medio del hambre”.

Junto a esta definición etimológica cabe hacer una primera precisión del significado. Con el término Holodomor se denomina el hambre provocada artificialmente en Ucrania en los años 1932-33. Esta hambre, que causó entre 7 y 9 millones de víctimas, fue un arma política utilizada para vencer la resistencia nacional de los ucranios ante el avance del imperialismo comunista ruso en su Patria, hacia la implantación del sistema colectivista de producción. Como tal, el Holodomor reviste claramente el carácter de genocidio planificado.

Esta precisión, que contiene una valoración de los hechos, es todavía anticipada y puede generar la impresión, apresurada o incorrecta, de falta de objetividad o rigidez intelectual. Para evitarla, sigamos el esquema que nos hemos planteado.

Breve reseña histórica de Ucrania

La proclamación de la independencia de Ucrania el 24 de agosto de 1991 constituyó una verdadera sorpresa dentro del contexto político internacional. ¿Por qué fue así? Puesto que el mundo político había olvidado el pasado de este nuevo Estado, con una larga historia.

Cabe señalar, que los ucranios estuvieron durante años confrontados con la necesidad de defender y manifestar su identidad nacional y cultural. Esta identidad es radicalmente diferente a la de los distintos pueblos que fueron en el devenir histórico ocupantes del territorio ucranio, de modo especial rusos y polacos.

Los ucranios fueron considerados a menudo “hidalgos de lo absurdo”, combatientes por una causa nacional que parecía definitivamente perdida y privada de sentido. Ya Voltaire escribió: “Ucrania ha luchado siempre por su independencia”.

Muchos de los problemas histórico-políticos de los ucranios están relacionados no sólo con la posición geopolítica de su territorio en la frontera virtual de dos mundos culturales, el europeo y el asiático, sino también con la denominación de su Estado en el Medioevo.

La “Rus”, nombre que en latín se traduce como Rutenia, fue un extenso imperio con capital en Kyiv, que es la capital histórica de Ucrania y centro de espiritualidad en Europa oriental. Tanto ucranios, como rusos y bielorrusos se consideran herederos legítimos del legado histórico y cultural de este Estado, que adoptó en el año 988 el cristianismo como religión oficial.

El esplendor de este período medieval sucumbió ante los ataques de hordas asiáticas, de modo especial los mongoles en el s. XIII. Destruidas las estructuras existentes, debilitada la sociedad, diezmada la población, la actual Ucrania fue incorporada al estado multinacional – si nos expresamos en términos actuales – lituano.

Ya en el barroco, en los siglos XVII y XVIII, la organización militar cosaca creó estructuras paraestatales con una amplia autonomía y libertades, tanto individuales como de clase, que encontraron su manifestación en la Constitución de 1710, dictada en el exilio político. Esta constitución denominada “Pactos de Bendere” es uno de los hitos fundamentales del proceso de modernización del pensamiento, así como del desarrollo de la conciencia jurídica europeos.

Pese a estos logros, la sofocación de las libertades y de la autonomía ucrania en los territorios incorporados al Imperio ruso conllevaron el declive cultural y económico de esta nación.

En el s. XIX encontramos al pueblo ucranio incorporado en la estructuras de dos grandes imperios – el zarista, donde se negaba por ley la existencia de cualquier manifestación de identidad ucrania, y el austro-húngaro, donde los ucranios gozaban de libertad cultural y participación política en una monarquía parlamentaria.

No es de extrañar que sobre las cenizas de ambos imperios se creara en 1918 la República Democrática Ucrania, reconocida entre otros países por la República Argentina durante la primer presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen. Esta creación estatal fue sojuzgada luego de sangrientas guerras e incorporada a cuatro Estados distintos. La mayor parte del territorio conformó la República Socialista Soviética de Ucrania, formación títere dentro de la Unión Soviética.

Acontecimientos que precedieron al Holodomor

Es una constante en la historia de Ucrania, que el sojuzgamiento de su independencia política es seguido por un florecimiento cultural y un movimiento social de gran importancia. Esta fue la situación que se dio a partir de 1922 en la Ucrania Soviética.

El desarrollo en la primera mitad de los años 1920 fue espléndido, tanto las ramas del quehacer cultural, como también el político.

En el plano cultural las expresiones del modernismo, incluso en su manifestación, no conformista dieron frutos inigualables. En el plano económico, Ucrania volvió a hacer honor a su nombre de “granero de Europa” luego de las calamidades de la Primera Guerra Mundial y de la Guerra ruso-ucrania.

Políticamente, el Partido Comunista generó en Ucrania el así llamado nacional-comunismo, que creó marcos de autonomía y posibilidades de desarrollo opositor impensables en un sistema de partido único.

1926 marcó el principio de un cambio de rumbo. Josyf Stalin condena las así llamadas “desviaciones” dentro del comunismo ucranio. El sistema de instrucción pública comienza a ser purgado, si utilizamos la terminología ideologizada, de “elementos nacionalistas”.

A fines de 1927, se decide el inicio de la colectivización, esto es el paso de la propiedad y producción privadas a la propiedad y producción colectivas en el sector agropecuario, así como la industrialización del mismo. A principios de 1928 se había colectivizado el 2,5 % de la producción agropecuaria.

La falta de capitales para llevar a cabo la industrialización de la Unión Soviética determinó, que a fines de 1929 se comenzara con la colectivización compulsiva del sector agropecuario ucranio. Los documentos hablan del “exterminio del propietario agrícola como clase social”. Este exterminio se llevó a cabo a través de la implementación de distintas medidas, entre ellas las económicas por medio de una exorbitante presión fiscal sobre la producción privada, confiscaciones, expulsión de la propiedad privada, deportaciones y fusilamientos en masivos. En el término de siete años que van desde 1928 a1935, se colectivizó del 3,8 al 98% de las tierras. El 2% restante estaba representado por las pequeñas huertas y jardines, que constituirían hasta el final de la Unión Soviética en 1991 la principal fuente de producción agrícola para el consumo interno.

Las medidas de colectivización fueron rechazadas en los años ‘20 con rebeliones. En las aldeas y ciudades ucranias, la población levantó el lema “Contra las granjas colectivas por un Estado ucranio libre y soberano”.

La colectivización y las deportaciones a Siberia costaron según cálculos basados en estadísticas soviéticas accesibles recién en los años 1990 alrededor de 5 millones de víctimas.

Sin embargo, las medidas conducentes a la colectivización del sector agrícola no pudieron doblegar la resistencia de los campesinos y pequeños propietarios. Algunos datos son ilustrativos de esta oposición, así, por ejemplo, en el período 1928 – 1931, los campesinos optaron por sacrificar más de 4 millones de cabezas de ganado antes que permitir su colectivización. Ucrania, que produjo en el año 1931 el 27 % de la producción agrícola de la Unión Soviética, aportó con un 38 % de la recolección total hecha por el Estado soviético. Estos datos demuestran el nivel de explotación colonial a la que estaba sometida Ucrania.

El avance contra toda manifestación de identidad ucrania adquirió diversas formas. Por un lado se desató la persecución masiva y sangrienta de la Iglesia Autocéfala Ortodoxa Ucrania. Esta persecución se manifestó en la aniquilación física de toda la jerarquía y prácticamente todo el clero, la destrucción de un 80 % de las iglesias, en su mayoría joyas del arte medieval y barroco. Por otro lado, encontramos la persecución masiva de los intelectuales y de la clase media, así como de la clase obrera especializada y del campesinado. Hoy día, los archivos rebelan los “cupos de enemigos del pueblo”, que era necesario arrestar y deportar o fusilar, con o sin juicio. ¿Qué significa el término “cupos de enemigos del pueblo”? He tenido en mis manos documentos originales, en los que se comunica a las autoridades de una localidad, que en el período, por ejemplo, de enero y febrero de 1931 es necesario arrestar a 50.000 enemigos del pueblo. A principios de marzo se comunica, que el “cupo” ha sido cumplido en un 100%. Existen innumerables documentos, en los que se comunica que el “cupo” ha sido cumplido en un 140% o más . No es necesario recalcar, que tras cada número se ocultan tragedias personales y familiares.

Sin embargo, la resistencia a la sovietización de la sociedad era evidente. Para quebrarla, se comenzó a preparar un crimen masivo sin parangón en la historia de la humanidad. Esta ha conocido a lo largo de su historia grandes hambrunas, provocadas por motivos naturales o guerras, pero no encontramos ninguna preparada para quebrar a toda una nación.

Preparación y el desarrollo del Holodomor

1932 ya fue un año signado por la escasez. El principal dirigente comunista ucranio de aquél entonces, Mykola Skrypnyk, quien se suicidaría en 1933 ante la dimensión de la tragedia nacional, escribió en su diario: “No queda nada para llevar, han barrido todo con una escoba”.

En agosto de 1932 quedaban en la Ucrania Soviética de la cosecha realizada 83 kgs. de trigo per cápita. La cosecha había superado en más de 5 millones de toneladas las cosechas anteriores. Previendo, que las medidas confiscatorias iban a producir intentos de hurto de alimentos, sobre todo cereales, el 7 de agosto de 1932 se dictó la “Ley en defensa de la propiedad socialista”, que autorizaba el fusilamiento en el acto de quien robara alimentos.

No voy a entrar en detalles de los medios legales, si se los puede denominar de esta forma, que legitimaban lo ilegitimable y justificaban lo injustificable. Las cosechas de 1932 fueron confiscadas en Ucrania en su totalidad sin que se tomaran medidas destinadas a asegurar el abastecimiento de la población. Brigadas de así llamados “activistas revolucionarios” comenzaron a revisar casa por casa confiscando todos los alimentos, buscando posibles escondites, etc. El defensor de los derechos humanos y disidente ruso Lev Kopelev, que falleciera hace unos años en Colonia (Alemania), dejó en sus memorias, el testimonio de estas actividades, ya que el perteneció a las brigadas, que iban requisando casa por casa todos alimentos. El mismo, relataba como fue testigo de fusilamientos de niños y ancianos, que eran fusilados por levantar las espigas de trigo, que quedaron diseminadas sobre los campos luego de la cosecha.

Las consecuencias no se hicieron esperar. A comienzos del otoño europeo, esto es octubre, comenzó el hambre como Holodomor o sea instrumento de asesinato político.

La calamidad fue general en toda la Ucrania Soviética, pero de modo especial en las regiones del sur y del este. Sólo un porcentaje ínfimo de activistas comunistas y empleados de la administración pública en las aldeas y pequeñas ciudades recibían alimentos racionados, desconociendo el horror del hambre.

En las ciudades y centros industriales hubo menos víctimas, ya que se entregaron tarjetas de racionamiento para aquellos que trabajaban. Además funcionaban negocios especiales en los que se podía adquirir alimentos por precios exorbitantes a cambio de metales y piedras preciosas.

El peso del hambre cayó con toda su fuerza sobre la población rural, que en aquél entonces constituía el grueso de la población ucrania.

La gente, en su desesperación, comenzó a comer animales domésticos como perros y gatos, pájaros y animales silvestres, las avellanas de los robles, la corteza de los árboles. Muchas enfermedades adquirieron características pandémicas, sobre todo las enfermedades de la piel. Se registraron caso de canibalismo, ya que la gente enloquecía. Los primeros en morir fueron los niños, los ancianos y los hombres, las últimas víctimas fueron las mujeres.

Quien aún tenía fuerzas, trataba de huir a las ciudades o subirse a trenes para ir en busca de alimentos, pero un estricto sistema de pasaportes internos imposibilitaba la movilidad de la población rural. La frontera de la Ucrania Soviética con la Federación Rusa, donde había escasez pero no hambre, fue cerrada herméticamente.

Los que lograban subir a los trenes, eran bajados por unidades del ejército en las estaciones, donde se registraban innumerables suicidios.

Los que a pesar de todo llegaban a las ciudades no podían conseguir alimentos, ya que el sistema de tarjetas de racionamiento no dejaba ningún margen de ayuda. En las calles yacían cadáveres o estaban sentadas personas de mirada apática, con el vientre y las piernas hinchadas por el hambre. Camiones recogían 2 veces por día los cadáveres. En las casas abiertas entraban brigadas especiales a recoger los cadáveres y a confiscar lo que aún quedaba. Numerosas fotografías testifican la existencia de pilas de cadáveres sin sepultar en los cementerios, cadáveres yaciendo en las calles, gente con los cuerpos y las expresiones del rostro deformadas por el hambre.

Les propongo que miremos este auditorio y hagamos un ejercicio intelectual terrible. Pensemos, que en el período de aproximadamente cinco meses, cada quinta persona aquí presente perecerá de hambre. Esto es lo que pasó en la Ucrania Soviética: el 20% de la población murió de hambre artificial, fue víctima del Holodomor.

Aldeas y localidades enteras se despoblaron. No había ni quien sepultara a los muertos. Un silencio tremendo cubría el paisaje, ya que no quedó nada vivo, ni personas, ni animales. Un sobreviviente del Holodomor, el ing. Jurij Saiuk, que falleciera en febrero de este año, me escribió en una carta personal: “Yo fui testigo de la agonía y de la muerte de mi nación”.

Los números de las víctimas varían según los cálculos. Algunos hablan de 5 millones, otros de 7, otros de 9. Se considera, que el número de las víctimas ronda los 7 millones en 6 meses. El número exacto sólo es conocido por Dios.

Las autoridades soviéticas ocultaban esta tragedia provocada por ellos y no brindaron a la población ningún tipo de ayuda. Las noticias pudieron, sin embargo, cruzar las fronteras cerradas herméticamente y llegar a Occidente. Los primeros en reaccionar fueron los ucranios en Ucrania Occidental, en aquel entonces bajo ocupación polaca, y la emigración en Europa Central y Occidental, los Estados Unidos de América, el Canadá, Brasil y la Argentina. Se crearon comités de ayuda, se presentaron memorandos a la Liga de las Naciones, la Cruz Roja Internacional, el parlamento británico y otros organismos.

La acción de ayuda fue encabezada por el arzobispo de Viena, cardenal Theodor Innizer, pero las autoridades soviéticas rechazaron las propuestas de ayuda argumentando, que la existencia del Holodomor era una difamación de parte de los enemigos del comunismo. A las voces soviéticas se unieron algunos representantes de la autodenominada izquierda intelectual francesa.

Mientras este trágico juego político se desarrollaba, en el “Granero de Europa” la gente moría de hambre.

Consecuencias

Los años 1930 fueron denominados por el poeta ucranio Yuri Klen “los años malditos”. Después del Holodomor y antes de la Segunda Guerra Mundial la elite de la nación ucrania fue exterminada, así como la Academia de Ciencias, la Unión de poetas, etc. Se deportaron alrededor de 3 millones de personas a Siberia. Luego seguiría la Segunda Guerra Mundial con sus no menos trágicos resultados.

Las consecuencias del Holodomor se hacen sentir hasta hoy día.

El tipo humano del cosaco, antes predominante en la Ucrania Central y Oriental, casi no existe. Para repoblar las aldeas y ciudades vacías se trajeron grupos compactos de los territorios rusos. Cuando hoy día se habla, de que el Este y el Sudeste de Ucrania es de cultura rusa, se dice sólo una parte de la verdad, ya que se olvida o se omite el hecho, de que son colonizadores involuntarios, que ocupan el lugar de las víctimas del Holodomor y sirven inconcientemente a intereses foráneos.

Durante la tragedia, mucha gente entregaba a sus hijos en orfelinatos u otros institutos parecidos con la esperanza de salvar sus vidas. Ahí se les cambiaba el nombre y apellido, se les extendía partidas de nacimiento falsas, con lugares totalmente diferentes a los originarios, con padres inexistentes o denominándolos niños expósitos, se los indoctrinaba en el comunismo ateo y se los educaba en el espíritu cultural y el idioma ruso. Por eso, hay grandes estratos de la población ucrania en el este y en el sur del país, que desconocen su origen y el pasado de sus verdaderas familias, habiendo sido degradados por el sistema en todo sentido a un lumpen cultural y social.

Existen documentos, que testimonian como los funcionarios soviéticos manifestaban frente a opositores “a Ustedes hay que organizarles otro año 1933” y esto bien entrados los años 80, en tiempos de glasnost y perestroika.

¿Por qué fue así? Aquí debemos recurrir a la ayuda del politólogo Gabriel Almond, el creador del concepto de la cultura política, quien destaca la importancia de los aspectos cognitivos, afectivos, racionales e irracionales, así como de la memoria para la acción política del individuo y de la sociedad o partes de ella. Quién vive atemorizado o bajo el peso de un trauma colectivo no es capaz de rebelarse. Las sociedades hambrientas o atemorizadas no generan ideas. Ya lo sostenían los romanos en su sabiduría práctica: “Primero vivir y recién entonces filosofar”.

Durante decenas de años, los únicos que nos referíamos al Holodomor éramos los ucranios y sus descendientes en el exilio en Occidente: por qué hablo de exilio y no de emigración? Ya que emigrante es quien puede retornar a su Patria de origen y este no era el caso. Entre nosotros había testigos de la tragedia, que durante años fueron agredidos por fuerzas supuestamente democráticas, que les espectaban revanchismo y parcialidad políticas. Recién la obra de Robert Conquest Cosecha de desesperación dio comienzo a la discusión científica de este tema, que era un tabú en Ucrania bajo la dominación ruso-comunista.

La proclamación de la independencia en 1991 permitió hablar libremente del Holodomor. Muchos testigos, que aún viven, depositan sus testimonios en el Instituto de la Memoria Histórica de la Academia de Ciencias, se levantan monumentos, se publican memorias, listas de víctimas. En pocos términos : los muertos han comenzado a hablar de su tragedia.

Cuerpos abandonados en un cementerio ucraniano

Cuerpos abandonados en un cementerio ucraniano

 

Consideración final

Hace unos diez años fui invitado a pronunciar una conferencia en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica. Preparando el texto hice un cálculo de las pérdidas humanas de la Nación Ucrania en el s. XX. Me guié exclusivamente por cálculos realizados por no ucranios y eligiendo en cada caso las cifras inferiores. Sin las consecuencias de la tragedia nuclear de Chornobyl llegué a la cantidad de 20 millones de vidas humanas.

¿Qué fue lo qué pasó? Ucrania fue la tierra de realización de un experimento terrible, de la realización de una utopía milenarista – el comunismo – unida a la tradición imperial rusa, de la cual Ucrania fue durante casi 300 años la colonia más preciada. El Holodomor fue el arma política para implantar un sistema socio-económico y cultural ajeno a lo ucranio y quebrar la resistencia e identidad nacionales de los ucranios.

¿Por qué recordamos esta tragedia? Si lo hacemos, no es con el objeto de buscar venganza. Esta no condice con la cultura cristiana de los ucranios y sería una afrenta a la memoria de las víctimas. En última instancia, el sufrimiento y la pérdida de vida no se pueden recompensar.

Si recordamos el Holodomor es con una doble intención. Por un lado, el reconocimiento y conocimiento de este genocidio perpetrado contra el pueblo ucranio es el mejor homenaje a las víctimas inocentes de este crimen lesa humanidad. Por otro, el tener presente aquello, que puede cometer el ser humano contra otros seres humanos en nombre de una idea es una garantía, de que esto no vuelva a suceder.

Precisamente con este espíritu recordamos hoy el Holodomor.

Tuve la oportunidad de ver una entrevista realizada a la Madre Teresa de Calcuta. Al preguntársele, qué es lo más tremendo que ha visto en su vida, ella contestó sin vacilar, mirando una realidad ajena a los ojos del interlocutor: “El hambre. El hambre es lo más terrible…el hambre…” No pude menos, que pensar en aquellos millones de personas, que en el plazo de 5 a 6 meses murieron de hambre artificial en Ucrania, el granero de Europa.

Gracias por la atención prestada.

Prof. Dr. Nicolás Szafowal

Ukrainische Freie Universitaet, Munich

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