Segunda y anteúltima entrega de este trabajo en el que intentamos una aproximación biográfica a la vida de Rodolfo Jorge Walsh, nacido en Choele Choel en 1927 y asesinado por un Grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada el 25 de Marzo de 1977. En esta entrega nos detendremos en los años que van desde el desarrollo de las primeras organizaciones armadas en la Argentina hasta el regreso de Perón y el inicio de su tercera presidencia.

Dos décadas de guerra en la figura de un hombre

 

Segunda Parte: Primer tiempo (1965-1973)

  1. El catolicismo

El Concilio Vaticano de 1965 parece traer nuevos vientos en la Iglesia. Un religioso afirma que: “La iglesia, desde hace un siglo, ha tolerado al capitalismo con el préstamo a interés legal y demás costumbres poco conformes con la moral de los profetas y del Evangelio. Pero ella no puede más que regocijarse al ver aparecer en la humanidad otro sistema social menos alejado de esta moral (…) Los cristianos tienen el deber de mostrar que el verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes y la igualdad fundamental de todos. Lejos de contrariarse con él, sepamos adherirlo con alegría”. Y no es reprobado.
También en 1965 y en el mismo sentido, pero ahondando la crítica en función de la realidad regional, el Episcopado Latinoamericano se esfuerza por diferenciar la “injusta violencia de los opresores” de la “justa violencia de los oprimidos”.
Dos años después, el Papa Paulo IV da a conocer la encíclica denominada Populorum Progressio y asevera: “La tierra se ha dado a todo el mundo y no sólo a los ricos”.
En Agosto de 1967, poco antes de que en la Argentina comenzara a organizarse Montoneros, se funda el Movimiento de los Sacerdotes para el Tercer Mundo [93]. En su declaración inicial señalan: “La iglesia no es de ninguna manera la protectora de las grandes propiedades. Ella pide, con Juan XXIII, que la propiedad sea repartida a todos, porque la propiedad tiene, ante todo, un sistema social”. Y aclaran: “No se puede servir a Dios y al dinero”.
El movimiento de los curas tercermundistas se radicaliza: en 1970 ya señalan que “Nuestro movimiento ha hecho una opción por el socialismo y una comprobación de que el pueblo ha dado ya pasos hacia él en el movimiento peronista”.
Este espíritu cristiano no fue la palabra de la Iglesia, sino sólo un movimiento de base. Entre 1976 y 1983 “la Jerarquía Eclesiástica Argentina dio su apoyo y colaboración a los militares para llevar adelante lo que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, y en consecuencia, fue cómplice del Proyecto de destrucción nacional ya señalado, que ejecutó Martínez de Hoz, y del genocidio, perpetrado para que ello fuera posible” [94].

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  1. El fin de los años soñados

El 13 de mayo de 1966 se simula un tiroteo en el bar La Real, en Avellaneda, entre un grupo de allegados a Vandor y militantes del Peronismo Revolucionario (PR). Mueren tres personas: Zalazar, Blajaquis (militantes del PR) y Rosendo García, un dirigente vandorista. Los militantes del PR no estaban armados. Walsh vuelve a investigar un crimen político y a publicarlo “en entregas”. Tres años después, Tiempo Contemporáneo publica ¿Quién mató a Rosendo?, la tercera pata de su trilogía básica.

Walsh descubre que Zalazar, Blajaquis y su grupo estaban desarmados, por lo cual tanto ellos como García habían sido fríamente asesinados por el círculo íntimo del vandorismo. El libro rearma la historia del Movimiento Obrero Argentino, tomando como eje la crónica de este asesinato.

En Junio de 1966, Onganía derroca el gobierno de Illia y comienza un nuevo período dictatorial. El interés de los sectores liberales en este nuevo Golpe de Estado es novedoso. Aquellos sectores cuyo apoyo fluctuaba entre el populismo reformista y el desarrollismo tomaron conciencia de la “futilidad de sus pendulaciones, en cuanto al logro de sus objetivos a largo plazo, es decir, la erradicación del peronismo (y de su espectro) y la rectificación de la orientación económica estatista y pro industrialista” [95]. Esto los lleva a abrazar una estrategia abiertamente antidemocrática. La embestida represiva desatada tras la Noche de los Bastones Largos revitaliza el ansia militante y polariza las expectativas.
Salvo el Partido Radical, algunos pequeños partidos y buena parte de los medios universitarios, el golpe contaba con la aceptación de casi todas las organizaciones de la sociedad [96]. La polarización se agudiza puertas adentro del peronismo. El golpe y el posterior gobierno de Onganía contó incluso con el visto bueno del sindicalismo peronista, que mantendrá una relación de afinidad con los golpistas, afinidad “con las invocaciones al orden, la unidad, el verticalismo, el anticomunismo y la tutela estatal” propuestas por Onganía [97].

Para entonces se preconfigura un nuevo modelo de intelectual en la Argentina, el intelectual revolucionario. Revisando la idea de intelectual orgánico de Gramsci [98], Sartre escribe en el número 1 de la revista Hombre Nuevo: “Ante todo, considero que no existe intelectual que no sea de izquierda”. Abelardo Ramos, Arturo Jauretche, Hernández Arregui y Rodolfo Puigróss, los ensayistas más leídos, afirman la necesidad de que las masas tomen el poder en forma inmediata, pidiendo la subordinación de los intelectuales a las mismas. Estos autores no sólo interpretan la desilusión de las nuevas generaciones con el sistema político burgués, sino también con los partidos de izquierda tradicionales. Si las condiciones revolucionarias están dadas, la única tarea no engañosa es la conquista del poder por la vía violenta [99].

Esta generación de intelectuales se encargará de analizar, a veces desde el ridículo, a la clase media pequeño burguesa, sostén y consenso del antiperonismo de las Fuerzas Armadas y el gran empresariado. Jauretche verá una sociedad del Medio Pelo [100], una burguesía que “no quiso ser guaranga, como corresponde a una burguesía en ascenso, y fue tilinga, como corresponde a una imitación de la aristocracia”. Oscar Masotta [101] afirmará que “en el hombre de la clase media hay un delator en potencia”, y abordará también el tema de la humillación en el autor de Los Siete Locos [102], entendiendo que dicho sentimiento es connatural a esa clase condenada “al cinismo pueril, al ocultamiento, a la imitación, a la mediocridad, al fingimiento, a la histeria, al miedo”.

1967 es un año que marca dos acontecimientos especialmente sentidos para Walsh. Ya separado de María Elina Tejerina, y de Poupée Blanchard, Walsh se une con Lilia Ferreira, quien sería su compañera hasta la muerte. Por otro lado, el Che Guevara es asesinado en Bolivia.

La lucha intestina por los cargos de dirección hacia dentro de la Revolución y la posición subordinada del Che como extranjero, con lo que coincide el alejamiento de Masetti de Prensa Latina, parece indicar el carácter apresurado y rudimentario de los emprendimientos que apadrinaba en su necesidad de continentalizar la revolución [103].

Miles de razones estratégicas no son suficientes para Walsh:

“Nos cuesta a muchos eludir la vergüenza (…) de que Guevara haya muerto con tan pocos alrededor” [104]

A principios de 1968 participa como jurado en tres concursos literarios: El de Primera Plana, el de La Casa de las Américas en La Habana, y el de Seix Barrial en Barcelona. Luego viaja a Madrid, donde se entrevista con Juan Domingo Perón en Puerta de Hierro. De esta entrevista nace “Ese hombre” [105].

“- ¿Cuándo entonces? – digo.

 – Yo he esperado mucho.

Tal vez lo estoy fastidiando, acaso va a mirar su reloj, usar un pretexto que no necesita, la mujer que atravesó el Atlántico para conseguir su dedicatoria en una foto, el dirigente que aguarda en la sala su epifanía de palabras lejos, vestales con pinta de herederos, tahúres de doble entraña, empresarios dispuestos a compartir las pérdidas, terratenientes a socializar los caminos, clérigos a compartir el reino de los cielos, gorilas convertidos”.

 

  1. Preliminares de la Guerrilla Peronista

“Con los huesos de Aramburu

vamos a hacer una escalera

para que llegue hasta el cielo

nuestra Evita montonera” [106]

En 1962 Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus participan en el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara, escisión por izquierda de la Organización Tacuara. En sus orígenes Tacuara era un grupo católico, violento y heterogéneo donde el deseo de acción de sus integrantes era más fuerte que su motivación ideológica.
En Tacuara militan, entre otros, los futuros fundadores del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) José Luis Nell y Joe Baxter; Jorge Caffati, luego integrante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP); Raúl Othacehé [107] y su amigo el peronista Rodolfo Galimberti.

El mismo Galimberti coincide, en 1964, con los fundadores de las FAP, Carlos Caride y Envar El Kadri, en el marco del Comando de la Juventud Peronista para el Retorno de Perón. También trabajan en este organismo Alberto Brito Lima, futuro fundador de otro Comando, el de Organización [108], y los peronistas revolucionarios Gustavo Rearte y Jorge Rulli.

En 1964 Abal Medina y Ramus, junto con su compañero en el Colegio Nacional de Buenos Aires Mario Firmenich, integran la Juventud Estudiantil Católica (JEC) y acompañan al padre Carlos Mugica en sus visitas a los barrios de emergencia de la zona de Retiro.

En estas “experiencias de trabajo social y evangélico” [109] que llevan a sus participantes a enfrentarse cara a cara con la miseria en asentamientos paupérrimos del interior del país, participan a veces otros miembros de la JEC que pocos años después constituirían el grupo fundador de Montoneros: el cordobés Emilio Mazza, Ignacio Vélez y Carlos Capuano Martínez.

Diez años después prácticamente todos participarían de la guerra de guerrillas.
En 1965, Juan García Elorrio aúna en su Revista Cristianismo y Revolución el lema del cura guerrillero colombiano Camilo Torres y el de Ernesto Che Guevara: “El deber de todo católico es el de ser un revolucionario” y “El deber de todo revolucionario es el de hacer la revolución”.

Aquellos jóvenes que habían radicalizado sus concepciones y se habían peronizado junto al trabajo evangélico de Carlos Mugica encuentran en éste una negativa al uso de la fuerza. Mugica le diría a Miguel Bonasso:

“No puedo estar ahí y por eso me separé de ellos hace tiempo, porque yo estoy dispuesto a que me maten, pero no estoy dispuesto a matar” [110].

García Elorrio y su revista son quienes reconcilian a los radicales católicos con la política violenta [111].

En 1967 Rodolfo Galimberti crea JAEN, Juventudes Argentinas por la Emancipación Nacional. Durante los cinco años de desarrollo de la agrupación [112] militan en ella los futuros montoneros Ernesto Jauretche, Roberto Ahumada y Dardo Cabo; los peronistas moderados Raúl Othahecé, Carlos Grosso y Carlos Chacho Alvarez; y los músicos Emilio Del Guercio y Luis Alberto Spinetta.

Dardo Cabo había disuelto el Movimiento de la Nueva Argentina para integrarse a JAEN. También en 1967 Norma Arrostito renuncia a la Federación Juvenil Comunista.
La Juventud Obrera Católica de José Sabino Navarro, Jorge Rossi y Carlos Hobber asumía la tradición peronista y clasista del sindicalismo cordobés.
¿Qué lleva a los diversos grupos de católicos a fundar o acercarse a las organizaciones revolucionarias? ¿Cómo conciliar la religión y la guerrilla?
Quien estuviera dispuesto a sacrificar su vida en la lucha armada, podía considerarse legitimado por eso mismo. No hay, para un cristiano, mayor prueba de amor que que el dar la vida por los demás. Esta es, también, la más elevada forma de expiación. Como lo explica Richard Gillespie:

“Cada vez más gente se mostraba de acuerdo con la máxima de Perón: Contra la fuerza bruta, sólo puede ser eficaz la fuerza aplicada con inteligencia. Sin embargo, la aceptación de la lucha armada y el florecimiento de las expresiones de nacionalismo, izquierdistas y populares no habrían ocurrido nunca en la medida en que lo hicieron sin el fuerte viento de cambio que sopló a través de la Iglesia Católica durante la misma década. En un país donde el 90% de la población estaba bautizada y el 70% había recibido la primera comunión, las ideas católico radicales socavaron decisivamente la influencia conservadora que la jerarquía eclesiástica ejercía sobre millares de jóvenes argentinos. Despertaron la preocupación por los problemas y cambios sociales, legitimaron la acción revolucionaria y encauzaron a muchos hacia el Movimiento Peronista”. [113]

Abal Medina, Ramus y Firmenich pasan a la clandestinidad a fines de 1967.

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  1. El peronismo militante en la resistencia

El proceso de radicalización de la resistencia peronista tiene tres patas: Una deriva de la intelectualidad del Partido Comunista y refiere a la obra de Antonio Gramsci; Otra refiere a Revolución Cubana y a la lectura que de ella realiza John William Cooke; La tercera será la lucha del sindicalismo combativo contra la burocracia del participacionismo.
La labor que por distintos medios llevan adelante José Arico y Juan Carlos Portantiero tras ser expulsados del PC introduce la noción de hegemonía en el debate político argentino y permite al peronismo verse a si mismo como vanguardia revolucionaria. La revista Pasado y Presente, dirigida por Aricó, se asume como una expresión de la nueva izquierda y afirma explícitamente su compromiso con todas las fuerzas que se proponen la transformación revolucionaria del país. Más allá de su valor declamativo, reivindica algo que luego se iría perdiendo: Un trabajo creativo de parte de los intelectuales [114]

En el caso de Cooke se puede observar una evolución de su propio pensamiento en función de su experiencia cubana y de los años de resistencia. El primer Cooke “veía la tercera posición, no como una forma civilizada y reformada de capitalismo, sino más bien como un sistema totalmente diferente, equidistante del capitalismo y del socialismo” [115] Pero la adopción de un antiimperialismo militante lo lleva a modificar su postura. En sus propias palabras:

“Los comunistas en Argentina somos nosotros, porque el imperialismo yanqui no se guía por definiciones filosóficas sino por hechos prácticos; y el movimiento de masas que pone en peligro las inversiones, el orden social y la seguridad hemisférica, eso es el comunismo” [116].

Cooke ve a Cuba como la sintesís perfecta y prefiguradora de un proceso inevitable: la fusión entre nacionalismo revolucionario y socialismo. Para entonces la reinterpretación de Cooke del peronismo a la luz de la experiencia cubana ya han sido recogidas por un sector importante de la Juventud Peronista [117].
En ese entonces, Cooke define a Perón como:

“… un líder nacionalista y progresista, un pre marxista que nunca será obstáculo para que se lleve a cabo de liberación nacional y social de nuestro país”. [118]

En el caso específico de Montoneros, su objetivo es unificar las acciones de la Vanguardia y de las Masas: La comunión del Foquismo y el Peronismo.
La tercera pata estará compuesta por los gremios clasistas.

 

  1. El sindicalismo combativo

“Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor” [119]

“Rucci, traidor, saludos a Vandor” [120]

 

Si bien el principal y autoproclamado objetivo de los gobiernos militares en el período 1955-1973 es la imposición de mecanismos proscriptivos del peronismo, e incluso justifican las acciones tendientes a la proscripción en nombre de la democracia, el gobierno de Onganía permite la normalización de la CGT en el marco de sus negociaciones con los sectores gremiales que responden a Augusto Vandor.
Uno de los triunfos políticos más importantes de la gestión de Onganía se relaciona con la abolición, en la práctica, del derecho de huelga, a partir de la sanción de la Ley de Arbitraje Obligatorio en Agosto de 1966.

Entre 1968 y 1969 el vandorismo cede terreno, flanqueado por la derecha y desbordado por la izquierda. La táctica de “golpear y después negociar” [121] pierde vigencia. La desvalorización llega tal punto que en marzo de 1968 la reunión del congreso normalizador Amado Olmos de la Confederación General del Trabajo nombra secretario general al gráfico Raimundo Ongaro. La soberbia del perdedor produce la ruptura su sector y lo que de allí en adelante se conocería como la CGT de los Argentinos.

En aquella entrevista en Madrid con Perón que dio origen a Ese Hombre, el anciano General presenta a Walsh y Ongaro. Perón dice entonces:

“Todos los peronistas estamos en deuda con el autor de Operación Masacre”.

Acompañado, entre otros por Rogelio García Lupo, Lucas Guagnini y Horacio Verbitsky, Walsh asume la dirección del Semanario CGT, que alcanzaría a editar 55 números entre mayo de 1968 y febrero de 1970.

La esperanza y el optimismo aparecen ahora explicitados en este combativo semanario, y se corporizan en la militancia. “Venceremos, venceremos, algún día venceremos” dice Ongaro en el primer número.

Walsh está cruzando la barrera, a punto de abrazar la militancia. En agosto, ya a cargo del semanario, Walsh anota en su diario:

 

“Todavía no participo a fondo, porque no encuentro la manera de conciliar mi trabajo político con mi trabajo de artista, y no quiero renunciar a ninguno de los dos” [122]

Walsh había denunciado la matanza de 1956 en Operación Masacre y en ese momento estaba publicando la investigación ¿Quién mató a Rosendo? en la que denuncia el gangsterismo y la entrega del gremialismo participacionista.
Discursivamente, el aporte de Walsh consiste en poner en claro el proceso: Luego de la organización de la CGT de los Argentinos, el discurso de la nueva central obrera se torna mucho más combativo y define claramente a los enemigos: la dictadura militar, el imperialismo y la burocracia sindical [123].
Para su primer acto del día del trabajador como Secretario General, Ongaro prepara junto a Walsh el “Mensaje a los Trabajadores y al Pueblo Argentino” [124].
La CGTA plantea la necesidad de abrir las miras del sindicalismo, de asumir la responsabilidad como columna vertebral y vanguardia del movimiento obrero.

“El obrero no quiere la solución por arriba, porque hace doce años que la sufre y no sirve. El trabajador quiere el sindicalismo integral, que se proyecta hacia el control del poder, que asegura en función de tal el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista, que quiere que nos ocupemos solamente de los convenios y las colonias de vacaciones”.

Y define la posición de la Central Sindical en términos clasistas:

“La participación que se nos pide es, además de la ruina de la clase obrera, el consentimiento de la entrega. Y eso no estamos dispuestos a darlo los trabajadores argentinos”.

“La CGT de los Argentinos no ofrece a los trabajadores un camino fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a cada uno un puesto de lucha”.

También crítica la propiedad privada:

“El pan tiene dueño, pero un dueño sin hambre. He aquí al descubierto la barrera que separa las necesidades humanas de los bienes destinados a satisfacerlas: el derecho a la propiedad tal como hoy es ejercido”.

El catolicismo del líder de la CGTA, Raimundo Ongaro, se refleja en esta crítica de la propiedad, continuadora de la realizada en la Populorum Progressio: “La tierra se ha dado a todo el mundo y no sólo a los ricos”.
En el “Mensaje…”, Ongaro agradece al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y lo cita:

 

“La Iglesia saluda con orgullo y alegría una humanidad nueva donde el honor no pertenece al dinero acumulado entre las manos de unos pocos, sino a los trabajadores obreros y campesinos”.

El trabajo del CGTA en las bases, su absoluta antiburocracia, se complementa con la acción superestructural desarrollada desde el semanario CGT.

CGT denuncia puntualmente al vandorismo, y no se limita a eso, hace también historia del participacionismo y lo denigra (“ya participamos, como víctimas”). Walsh escribe decenas de notas sobre el movimiento obrero, y García Lupo analiza la desnacionalización de la economía (lo cual será editado como Mercenarios y Monopolios). Walsh también escribe “La logia del gatillo” y “La secta de la mano en la lata” [125].

CGT lleva adelante una campaña llamando a la resistencia popular. Celebra el Mayo francés, se organiza para no ser golpeado por la represión, se diferencia de la dirigencia burocrática publicando la declaración de bienes de toda la Comisión Directiva.
CGT propone una ruptura radical en la tradición del sindicalismo y en la prensa política:

“La popularidad de Hipólito Yrigoyen irritaba a los banqueros de Londres y Nueva York, y la del General Perón hizo que los millonarios yanquis perdieran la cabeza más de una vez. ¿Por qué? ¿Es acaso imposible gozar del apoyo interno y caerle simpático a los influyentes financistas internacionales? La respuesta es, sin duda, sí”.

Por último, se permite hacer un llamamiento. Así como la Iglesia parece plantearse no ser “la protectora de las grandes propiedades” [126], la CGTA propone a las Fuerzas Armadas adoptar una posición similar:

“… a los militares, que tienen por oficio y vocación la defensa de la patria: nadie les ha dicho que tienen que ser los guardianes de una clase, los verdugos de otra, el sostén de un gobierno que nadie quiere, los consentidores de la penetración extranjera … preferiríamos tenerlos a nuestro lado y del lado de la justicia”.

Pero no es una organización ingenua. Sabe de antemano que su trabajo se producirá “a la luz o en la clandestinidad”.

“La CGT convoca, en suma, a todos los sectores, con la única excepción de minorías entregadoras y dirigentes corrompidos, a movilizarse en los cuatro rincones del país para combatir de frente al imperialismo, los monopolios y el hambre”.

CGT plantea que: “La verdadera revolución, hambrienta y despojada, espera en las calles”. El Cordobazo fue, en parte, fruto del llamado de CGT, y fue el motivo de su cierre. Pero lo que es ilegítimo para el Estado entra por la puerta de atrás como comportamiento voluntario del grupo que defiende una identidad social [127]. Las rebeliones constituyen “un nuevo centro de verdad (…) Los hechos de estos días son los que importan. Pero más que escribirlos hay que producirlos” [128].
Pero por otro lado CGT no dejó de señalar que “no hay lugar en el país para acciones aisladas” ante la excitación violenta alcanzada en algunas manifestaciones.
El discurso de la CGT de los Argentinos se constituyó como un material ideológico y práctico, disponible para ser apropiado por otros protagonistas en acciones colectivas más masivas [129].

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  1. Los albores de la militancia de Rodolfo J. Walsh

“Cuando cuarenta mil personas salen a la calle,

como en Córdoba, un héroe es cualquiera” [130]

En 1968 Walsh habla de la literatura como producto cultural en sentido amplio, originado en la sociedad sobre la que a la vez incide. Como diría García Canclini [131] muchos años después, medios y ciudad funcionan “en eco”. Por eso afirma que “cuando 40.000 hombres y mujeres salen a la calle, como en Córdoba, un héroe es cualquiera”. Para Walsh las rebeliones constituyen “un nuevo centro de verdad (…) Los hechos de estos días son los que importan. Pero más que escribirlos hay que producirlos” [132].

Walsh sigue investigando la vida y la muerte de los jóvenes asesinados en La Real. En una entrevista que le realizan en 1968 [133] afirma que “si en mi futura creación literaria llega a haber héroes, serán esos”. Acaso parte del compromiso o por lo menos de la tarea consista justamente en eso: En contar unas historias de los hombres y no la historia a secas [134].

Walsh ha dejado de lado todo atisbo de ingenuidad [135], lejos está del joven nacionalista de 1945. Asume la lucha hegemónica, sabe que “epistemológicamente, lo que ha sido presentado como un hecho objetivo, demuestra ser finalmente un juicio de valor que implica la superioridad intrínseca de un modo de vida sobre otro” [136]. Así como “los letrados” pusieron en marcha, tras una “sangrienta faena de quita y pon” destinada a abortar “palabras que aplicadas a la realidad afirmaran de ellas cosas opuestas”, como “lindofeo, malabueno, odioamor” [137].
Todavía en 1968 Jorge Alvarez edita Memorias de la infancia, otra compilación de cuentos, entre los cuales se destaca “El 37”, un cuento en el que Uriburu (“La primera mala palabra que escuché en mi casa fue Uriburu”) se cruza en la vida cotidiana y toma forma de plato de sémola. Y de odio.

A principios de 1969 Walsh debe entregar al editor Javier Alvarez su esperada novela [138] . El tema desvela a Walsh, tanto por su situación económica como por su situación como escritor: No está del todo seguro si no es capaz de escribir una novela, si no le interesa hacerlo en la forma en que se concibe la novela burguesa, o si dejará de lado su vida de escritor para entregarla a la militancia. A cambio de la novela que no llega, Walsh entrega al editor Crónica de Cuba, en el cual se responsabiliza de la selección de textos y de la nota preliminar.
Por otro lado, Walsh se incorpora al Peronismo de Base. Su diario [139] da cuenta de su conflicto personal:

“Estoy cansado y derrotado, debo recuperar una cierta alegría. Siento (…) la perplejidad entre la acción y el pensamiento»

“Es posible que, al fin, me convierta en un revolucionario”

“Me refiero principalmente a métodos de trabajo. Hace años que vengo luchando por eliminar cosas que formaban una infraestructura errónea, la bebida, el cigarrillo, los malos horarios, la pereza y las postergaciones consiguientes, la autolástima, el desorden, la falta de disciplina; la consiguiente falta de alegría y de confianza; todo eso ensamblado en una estructura mental que seguía siendo burguesa”.

“Lo que sucede es que me paso al campo del pueblo, pero no creo que vamos a ganar: en vida mía, por lo menos”.

“Se me han acumulado catastróficamente el proyecto burgués (la novela) y el proyecto revolucionario (la política, el periódico)”.

“Fantaseo que la novela es el último avatar de mi personalidad burguesa”.

La respuesta de Walsh a sus planteos vivenciales sería la de siempre: la respuesta del cuerpo, de la puesta en acción:

“Estoy comprendiendo por que me resulta tan fácil abandonar la literatura. En el fondo no es ningún sacrificio (…) Estoy fantaseando con cuentos, y aun novelas clandestinas”.

“Los Siete Locos, pero esta vez heroicos”.

”Si no es sobre eso, no vale la pena escribir sobre nada”.

Los huecos de la historia dan lugar a una sucesión de hechos relevantes. Las issues o problemáticas son una cara de un problema más persistente, que difícilmente se podría decir que es nuevo [140].

 

  1. Córdoba, 29 de Mayo

La labor de la CGT de los Argentinos revitaliza la tradición del sindicalismo cordobés [141]. La CGTA y el rol de Ongaro son vistas como las primeras expresiones de resistencia obrera y su carácter, en particular en el interior, es movilizador y antiburocrático.
Ya en junio de 1968 Perón envía una carta al Secretario General Raimundo Ongaro apoyando “el cambio radical en la conducta de las filas de las organizaciones sindicales” a partir de que se hiciera cargo de la conducción de la CGTA [142].
Comienza a gestarse una experiencia clasista en los gremios cordobeses, que se radicalizará dentro de una estructura nacional. En Smata un volante explica:

“Ya nuestra lucha no es por el mameluco, ni por aumentar conquistas, sino por conservar nuestra condición de clase”.

La prédica de la CGTA apunta a un continuismo con las luchas sindicales de la resistencia:

“Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar, donde otros las dejaron, las viejas banderas de lucha”.

El 26 de Mayo de 1969 el Barrio Clínicas es ocupado por los estudiantes. El Paro General Provincial comienza el 29 de Mayo, Día del Ejército: El ausentismo en las fábricas alcanza el 98%. A partir de las 11 de la mañana y durante casi 72 Hs. se desarrolla una guerra urbana entre el pueblo y la policía, en primer lugar, y el ejército después.

“Fue una decisión colectiva, yo no sé cómo sucede esto pero si sucede que hay cosas que nos tocan a todos y nos hacen tomar una decisión común, pero nadie dio una orden ni nada, pero todos avanzamos contra la policía, yo tenia dos mandarinas reventadas en las manos, no tenia con que defenderme pero todos avanzamos”. [143]

La prédica de la CGTA, representada en Córdoba por el Secretario General de regional, Miguel Ángel Correa, y continuada por lo sindicatos de Sitrac-Siram, Fiat y Smata, principalmente, estalla. Trabaja junto a ellos el sindicato de Luz y Fuerza dirigido por Agustín Tosco, un hombre ajeno al peronismo. Delich platearía después que “nada simboliza mejor la parábola de esta historia que el encuentro del peronismo combativo y del socialismo consecuente” [144].

Durante el primer día llegan a estar tomadas por los rebeldes quince manzanas, y se retiene en calidad de detenidos a seis policías. A media tarde algunos francotiradores, intentan impedir el avance de las tropas del oficialismo.
El Dr. Díaz Colodrero, Secretario del Gobierno Provincial, afirma a media tarde que “los francotiradores serían elementos castristas, cubanos y centroamericanos”. Pero la protesta fue espontánea, anticipada, previsible, pero espontánea [145]. Y la represión oficial fue la mecha. Un testimonio recogido por Mónica Gordillo lo demuestra:

“¿Vos no tenías miedo? No, porque era por todos lados, era todo el mundo”. [146]

En medio de la refriega los huelguistas incendian algunos negocios: Xerox, Tecnicor, Confitería Oriental. Ante la pregunta de un cronista respecto al significado de esas acciones, un obrero responde con otra pregunta:

“¿Y a vos que te parece? ¿Sabés quiénes son los dueños?”. [147]

La protesta es tan fuerte y tan genuina que “incluso los líderes vandoristas se vieron obligados a respaldar la culminante huelga general del 30 de Mayo de 1969”. [148]
Sólo en 1969 se realizan en la provincia 7 paros totales de actividades en sólo cinco meses: a los paros nacionales del 30 de Mayo, 27 de agosto y 29 y 30 de octubre deben sumarse los paros locales del 29 de Mayo, 30 de julio y del 18 de septiembre [149].
El 27 de Mayo, dos días del inicio de la huelga, es detenido Raimundo Ongaro al llegar a la estación de trenes cordobesa. El 1 de junio, cuando la pueblada no había sido aun del todo sofocada, Agustín Tosco ya había sido condenado a 8 años y 3 meses de prisión. Juntos en las calles y en las cárceles de Córdoba.
Raimundo Ongaro es detenido seis veces durante 1969. En la última es acusado del asesinato de Vandor y está preso desde Julio a Diciembre. Pero no deja de repetir aquella frase que escribió en el Número 1 del Semanario CGT:

“Venceremos, venceremos, algún día venceremos”.

Juan Carlos Portantiero había definido los tiempos políticos transcurridos entre 1955 y 1973 como el “empate hegemónico” [150] . El comportamiento de los actores era motivado por la lógica de un empate entre dos fuerzas alternativas capaces de vetar los proyectos de otros, pero sin recursos suficientes para imponer de manera perdurable los propios.

En 1969 se abre un período inédito de la historia argentina, en el cual queda cuestionada y corroída la base de autoridad de todos aquellos dirigentes de las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo en los casos de quienes aparecían más directamente garantizados por el Estado.

Quizá fuera tiempo ya para romper el empate, quizá fuera la hora del Gol de Oro.

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  1. La puesta en marcha de Montoneros

“Con sangre o sin sangre, la raza de los oligarcas

explotadores del hombre morirá sin duda este siglo” [151]

Todo era posible a partir del 29 de Mayo de 1969. A condición de que se entendiera dialécticamente que se agotaba una etapa y nacía otra. Llegaba a su culminación la etapa correspondiente a la estrategia del sindicalismo revolucionario que había encarnado la CGT de los Argentinos, y germinaba la propuesta voluntarista y romántica del “Ecce Homo barbado que la CIA y los militares bolivianos habían asesinado en la escuelita de La Higuera” [152].

Luego del Cordobazo y a pesar de la caída de Taco Ralo [153] la guerra de guerrillas fue asumida por las organizaciones de la izquierda peronista y no peronista. La discusión sobre la guerrilla no busca su aceptación o rechazo, sino sus formas. Al interior de las FAP se abrió, en cambio, un debate sobre la validez del foquismo, que tuvo como efecto inmediato la priorización de las ciudades como espacio estratégico de la guerra revolucionaria del pueblo, de probable inspiración maoista” [154].

Aquellos Montoneros que habían pasado a la clandestinidad en 1967 en Mayo de 1970 secuestran al General Pedro Eugenio Aramburu, quizá el personaje más odiado por el peronismo. Luego de un juicio revolucionario Aramburu es fusilado.
Esta actuación les otorga inmediato prestigio a Montoneros. La muerte de Aramburu en nombre del pueblo peronista es festejado en los barrios pobres del Gran Buenos Aires y en el interior del país. Pocos meses después la ocupación de La Calera despierta admiración.

El nivel de conflicto social sigue en aumento. En Marzo de 1971 otra vez Córdoba se subleva. Es el Viborazo. En Abril de 1972, el Mendozazo. En Julio de 1972, el Rocazo. Las organizaciones guerrilleras intensifican sus acciones. En Agosto de 1972 escapan de la cárcel de Rawson varios de los principales dirigentes guerrilleros, y otros tantos son masacrados en Trelew.

Al crear un clima de inseguridad y de desorden social, la actividad guerrillera de los Montoneros llega a ser sin duda un factor determinante en la decisión de los militares de volver a los cuarteles y buscar una solución política a la crisis argentina.
Lanusse, que ha reemplazado a Levingston tras el Viborazo, comienza a pensar la salida electoral como “válvula de escape”. La idea es que hay que restaurar la democracia para quitar todo argumento a la subversión.

  1. El intelectual revolucionario

La figura del intelectual revolucionario ya está madura para principios de los 70’. La imposibilidad de una distancia entre teoría y acción se traduce también en la imposibilidad de una distancia entre enunciador y receptor del discurso.
La revista Nuevos Aires publica en 1972 un debate sobre el tema “Intelectuales y Revolución”, en el cual participan Juan Carlos Portantiero, Noe Jitrik, Kaplan, José Vazeilles, Ricardo Piglia, Meinares y Germán Rozitchner. Lo notable del debate es “las dificultades que encuentran sus participantes para encontrar el rol específico del intelectual, un rol que no se aleja ni mucho ni poco de las masas y sus partidos orgánicos”. Con matices, todos los participantes coinciden con la máxima de Fidel Castro:

“Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada” [155]

Esta frase resume la posición del intelectual revolucionario en torno a la búsqueda de su organicidad, que es lo contrario de su autonomía. Estos intelectuales padecen su autonomía, ya que en realidad desean perderla como corresponde a su calidad de revolucionarios.

El país entra en guerra tras el Cordobazo del 29 de Mayo de 1969: el 30 de Junio es asesinado por Descamisados Augusto Timoteo Vandor; el 29 de Mayo de 1970 Montoneros secuestra a Pedro Eugenio Aramburu; el 7 de Agosto de 1970 es asesinado por Descamisados José Alonso, sucesor de Vandor; el 15 de Agosto de 1972 se produce la fuga de la cárcel de Rawson de Marcos Osatinsky, Enrique Gorriarán Merlo, Roberto Santucho y Fernando Vaca Narvaja, entre otros, y la matanza de Trelew.

En 1972 el trabajo militante de Walsh da lugar a la formación del Semanario Villero. En 1973 De La Flor publica, al fin, El Caso Satanowsky, mientras que Siglo XXI saca a la luz Un oscuro día de justicia. Jorge Cedrón dirige la versión cinematográfica de Operación Masacre. Entre el ‘72 y el ‘74 De La Flor publica siete nuevas ediciones de este título. Nuestro Facundo.

  1. La militancia

“Es que, carajo, yo no quiero hacerme amigo de ustedes

porque después los andan matando y uno sufre”. [156]

En 1970 un joven Ricardo Piglia entrevista a Rodolfo Walsh y éste le plantea:

“No concibo hoy el arte si no está relacionado directamente con la política, con la situación del momento en que se vive en un país dado, si no está eso para mí le falta algo para poder ser arte”.

Walsh propone dejar de lado la ficción dado que “… la novela es la última forma del arte burgués y ya no me satisface”. [157]

De todos modos aún no resuelve su ambivalencia:

“Debo pensar, sin retroceder, y volver a pensar, y usar sobre mí algo de mi inteligencia y cariño”. [158]

Y se replantea su propia biografía política, y la de millones de argentinos:

“‘No era tan malo ser peronistas’, o bien ‘Ahora podemos ser peronistas’ (…) Ningún argentino de más de treinta años puede vivir el peronismo sino como un drama (…) Nosotros les decíamos traidores a ellos, a los Matera, los Vandor, los Remorino. Pero los traidores éramos nosotros. Porque Perón siempre los apoyó a ellos”.

Jorge Cedrón lleva al cine Operación Masacre en 1971.
En 1972, en una carta al cubano Roberto Fernández Retamar, Walsh describe las vivencias propias de los ‘70:

“Uno se acostumbra a tener la casa limpia, a no llevar un diario íntimo ni una libreta de direcciones, a quemar las cartas de La Habana” [159].

El papel de los comandantes militares ronda siempre los pensamientos de Walsh. En esta carta recuerda al General Sánchez de ser “el primer general, desde la guerra de independencia, que muere en combate” [160]. Antes había hablado del Che Guevara como el único general que se había descripto a sí mismo huyendo en dos oportunidades [161].

Y continúa con la vida del clandestino:

“… las únicas cosas sobre las que uno podría o desearía escribir son aquellas que precisamente no puede escribir ni mencionar; los únicos héroes posibles, los revolucionarios, necesitan del silencio; las únicas cosas ingeniosas son las que el enemigo todavía desconoce (…) toda verdad transcurre por abajo, igual que toda esperanza”. [162]

Walsh se acerca aquí a la conclusión del análisis de Gabriel Rot sobre la guerrilla argentina. Rot señala que “la necesidad de mantener el secreto y la conspiración de sus actividades atenta contra toda relación abierta y de masas, asilando al foco guerrillero en su propia dinámica. Para el grupo foquista lo fundamental será la cohesión interna, monolítica, donde todos los sujetos comparten una misma identidad, lo que lo aleja cada vez más de las tradiciones obreras y populares de debate y divergencias ya que la crítica en su seno constituye una amenaza” [163] .
Entre 1972 y 1973, la organización Montoneros y sus satélites legales logran constituir una formación nacional por medio de las JP Regionales y la conformación de agrupaciones como la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), el Movimiento Villero Peronista (MVP), la Agrupación Evita (AE) y el Movimiento de Inquilinos Peronistas (MIP). Este conjunto de agrupaciones, que excedía a Montoneros, es conocida como la Tendencia Revolucionaria del Movimiento Peronista.
Esta organización le permite a Montoneros alcanzar una capacidad de movilización incomparable, que aporta, por sí sola, la mitad de los concurrentes a la fallida recepción de Perón en Ezeiza el 20 de Junio de 1973 [164].
Ese día El Canca Juan Carlos Dante Gullo sobrevuela en helicóptero la concentración más grande de la historia argentina, y tal vez de la historia occidental. Un acto al que acude más del 10% de la población en masa para recibir a un solo hombre [165].
Esta misma capacidad pone a Montoneros a la cabeza de los movimientos guerrilleros de América Latina, y propicia su crecimiento dentro de las estructuras del peronismo.
Walsh visita a Aníbal Ford y Eduardo Romano en su cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras en el año 1973. Una alumna le pregunta: “Dígame Walsh, ¿qué ideales lo llevaron a escribir Operación Masacre?” Y él responde: “¿Ideales? Yo quería ser famoso, ganar el Pulitzer, tener dinero…” [166]
El prejuicio puede ver al humor como un componente evasivo, pero “no es evasión, es precalentamiento” [167].
Y anota:

“Tardé mucho tiempo en darme cuenta que las cosas que hay para contar son tantas y tan urgentes que no hay que pararse tanto a ver como uno las cuenta”. [168]

Aun en 1973 Walsh se incorpora a Montoneros, luego de un breve paso por las Fuerzas Armadas Peronistas. García Lupo cuenta haberle dicho que “le dije que la militancia combativa era un error” [169]. Poco tiempo después se integra a la fundación del diario montonero Noticias, junto a Paco Urondo, Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso, entre otros. Noticias llega a tirar 130.000 ejemplares pero cierra a mediados del año siguiente.
En esos tiempos escribe:

“A veces los dioses cometen errores brillantes, que sólo ellos pueden subsanar. Esas equivocaciones pueden tener consecuencias catastróficas para un mísero peón, pero no influyen en la economía general del juego, condenado a perdurabilidad (…) Los dioses no tienen idea del bien y del mal. De lo contrario no podrían existir”. [170]

17. La primavera: Campora al gobierno

“Que lindo, que lindo,
que lindo que va a ser
el Hospital de Niños
en el Sheraton Hotel” [171]

El 11 de Marzo de 1973 se celebran elecciones presidenciales en la Argentina. La Juventud acompaña la candidatura de Héctor Cámpora, un viejo peronista capaz de hacerles un guiño. En plena campaña El Tío dice: “Los Montoneros son tan respetables como los que estamos en el camino de las ideas y de la persuasión” [172].
Integrado al Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) como “Alianza de clases para hacer frente al imperialismo” [173] Montoneros busca alcanzar una clara preeminencia. Parece lograrlo durante todo el proceso electoral y al comienzo de la gestión de Cámpora: Tres ministros del Poder Ejecutivo son cercanos a la izquierda del movimiento: el de Interior, Esteban Righi [174]; el de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Puig; y el de Cultura y Educación, Jorge Taiana [175].
Como resultado de la elección la izquierda cuenta también con cinco gobernadores, un senador nacional [176], varios legisladores provinciales y municipales, algunos intendentes y el apoyo de varios gobernadores, así como una pobre representación parlamentaria: ocho diputados en un bloque conformado por ciento cuarenta y cinco legisladores del Frejuli [177].

En la asunción de Cámpora, el 25 de Mayo de 1973, se encuentran presentes Salvador Allende y Osvaldo Dorticós. El acto es una fiesta popular y los Montoneros sus principales animadores. Esa misma noche son amnistiados todos los presos políticos.
La UBA comienza a transformarse en la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires. Su rector es Rodolfo Puiggrós, ex militante del Partido Comunista, quien se plantea la necesidad de abrir las puertas de la Universidad a los hijos de los trabajadores. La matrícula aumenta se multiplica en dos años, de la mano del levantamiento de las restricciones al ingreso.
En este clima nacional y popular el Consejo Superior de la Juventud Peronista da a conocer “Compromiso con el Pueblo” poco antes de la asunción de Cámpora.

En dicho documento la promontonera JP básicamente se compromete a:
– Acatar la autoridad de Perón y la verticalidad del Movimiento
– Retomar el programa de la CGT de los Argentinos
– Liberar a todos los presos políticos
– Anular toda legislación represiva
– Investigar los delitos políticos y económicos de los gobiernos anteriores
– Desburocratizar el Estado
– Profundizar la Revolución en busca de la Patria Socialista

Los integrantes del Consejo que suscriben este documento son, entre otros: El delegado de la Juventud y reciente militante montonero, Rodolfo Galimberti; Los representantes de las distintas regionales, entre los cuales se encuentran militantes montoneros y promontoneros; Los candidatos montoneros electos y otros candidatos electos del Frejuli.
“Compromiso con el pueblo” es un documento breve, conciso y poco alegórico. Los candidatos electos y los representantes de la Juventud se comprometen a profundizar el camino de la resistencia, esta vez como oficialismo.
En principio, el policlasismo del frente no supone una amenaza para el cumplimiento del programa revolucionario en cuanto Perón mantenga su apoyo a la Tendencia y el gobierno de Cámpora marche. Pero ya en 1967 Cooke remarcaba que “eludir el dilema entre revolución o compromiso con la burguesía es simple escapismo” [178]. Montoneros, apoyado en su capacidad de movilización y desestabilización, desestimó el juego político: La distancia entre sus objetivos y los de la burguesía del Frejuli era insalvable, y con el lopezreguismo y la CGT participacionista, inviable.

En Abril de 1973 Perón depone a Galimberti como delegado de la Juventud, luego de que éste propusiera la formación de milicias populares.
Poco a poco Perón permite el crecimiento del poder sindical en detrimento de las posiciones de la Tendencia. Los legisladores de la izquierda se ven apremiados y terminan por renunciar. Los gobernadores afines a Montoneros sufren una suerte similar: el de Buenos Aires, Oscar Bidegain, y el de Salta, Miguel Ragone, son forzados a dimitir; el de Mendoza, Alberto Martínez Baca, es depuesto por una Intervención Federal; lo mismo le sucede a Jorge Cepernic de Santa Cruz; el Gobernador de Córdoba, Ricardo Obregón Cano, es depuesto por medio de un golpe policíaco.
En poco tiempo la fiebre revolucionaria ha desaparecido.

Continuará…

Lourido

Biografía

Christian Lourido es porteño y tiene 34 años. Escribe desde que tiene memoria. Ha sido editor de la revista B.O.L.A. del Colegio Carlos Pellegrini y del periódico Zoociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Estuvo a cargo del Departamento de Prensa del Club Atlético Platense entre 2004 y 2006. Casi es Licenciado en Ciencias de la Comunicación. En 2007 se fue a vivir a las sierras cordobesas para escribir su primera novela Lo que no hemos querido ser, que se encuentra en proceso de edición. Actualmente se encuentra escribiendo su nueva novela, Buscar en la otra cuadra.

[93] Movimiento de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, 1994.

[94] Dri, 1984.
[95] Cavarozzi, 1984.
[96] O’ Donell, 1982.
[97] Cavarozzi, 1984.
[98] Gramsci, 1961.
[99] Leis, 1991.
[100] Jauretche, Arturo (1974). “El marco económico de lo social y los tres fracasos de la burguesía”. En El medio pelo en la sociedad argentina (Apuntes para una sociología nacional). Buenos Aires: Peña Lillo.
[101] Citado por Terán, 1991.
[102] Arlt, Roberto (1998). Los siete locos. Madrid: Cátedra.
[103] Sin Firma, 2000b.
[104] Walsh, 1967.
[105] Walsh, 1996.
[106] Cántico montonero.
[107] Luego semipeterno intendente de la localidad bonaerense de Merlo, donde ambos vivían.
[108] Fundador del derechista Comando de Organización (CdeO).
[109] Gillespie, 1987.
[110] En Bonasso, 2000.
[111] Gillespie, 1987.
[112] Hasta el ingreso de Galimberti y Jauretche a la organización Montoneros.
[113] Gillespie, 1987.
[114] Leis, 1991.
[115] Gillespie, 1987.
[116] Citado por Gillespie, 1987.
[117] Luvecce, 1993.
[118] Citado por Bonasso, 2000.
[119] Cántico de la Tendencia en 1972.
[120] Cántico de la Tendencia en 1974.
[121] Godio, 1993.
[122] Walsh, 1996.
[123] Gordillo, 1996.
[124] Walsh, Ongaro y otros, 1968.
[125] Verbitsky, 1985.
[126] Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, 1994.
[127] Wallerstein, 1991.
[128] Walsh, 1996.
[129] Cavarozzi, 1984.
[130] Walsh, 1996.
[131] García Canclini, 1991.
[132] Walsh, 1996.
[133] “Oficios terrestres de Rodolfo Walsh”, en Análisis, 8 de Junio de 1968. Citado por Ford, 1987.
[134] Héctor Oesterheld señala en un prólogo a la reedición de 1976 de El Eternauta I que “el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”. Citado por Pesce, 2000.
[135] Arturo Jauretche (1992), quien también pasó de un nacionalismo conservador de juventud a un peronismo crítico en la madurez, observa que una “patada en el traste” de un militante anarquista y una charla con él mismo le permitieron abrir los ojos.
[136] Perrot, 1979.
[137] “Intervinieron los letrados. Observaron que esa manera de hablar y de pensar, aunque acorde con la íntima esencia de las cosas, conducía al estancamiento y quizá la aniquilación de la vida, que para conseguir sus fines necesita de afirmaciones y negaciones cerradas, o sea la mitad de cualquier verdad”. Cita de “Claroscuro del Subibaja”. Reproducido en Lafforgue, 2000. También en Sin Firma, 2000a.
[138] Walsh, 2001.
[139] Walsh, 1996.
[140] Whit, Little y Smith. Citado por Ford, 1999.
[141] Gordillo, 1996.
[142] Luvecce, 1993.
[143] Testimonio de Fernando Solís, empleado administrativo de Forja. Recogido por Gordillo, 1996.
[144] Delich, 1970.
[145] Francisco Delich (1970) estima que “el movimiento social … ni es estrictamente espontáneo ni estrictamente reactivo”.
[146] Gordillo, 1996.
[147] Citado por Delich, 1970
[148] Gillespie, 1987.
[149] Delich, 1970.
[150] Portantiero, Juan Carlos (1977). “Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973”. En Revista Mexicana de Sociología, Volumen 39, Nro 2. México DF. Citado por García Delgado, 1989.
[151] Eva Perón, citada por Gillespie (1987)
[152] Bonasso, 2000.
[153] En Setiembre de 1968 las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) hacen su primera aparición pública, instalando un foco guerrillero rural en Taco Ralo, Tucumán. Dicho foco estuvo integrado, entre otros, por Envar El Kadri y Carlos Caride. Duró 13 días.
[154] Luvecce, 1993.
[155] Citado por Leis, 1991.
[156] Gabriel García Marquez, en charla con Miguel Bonasso reproducida en Bonasso (2000).
[157] “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política” Entrevista de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. Reproducida en Walsh, 1994 y citada por Colunga, 2001.
[158] Walsh, 1996
[159] Walsh, 1972
[160] Walsh, 1972.
[161] Walsh, 1967.
[162] Walsh, 1972.
[163] Citado por Sin Firma, 2000b.
[164] Según Gillespie (1987), entre dos y cuatro millones de personas.
[165] Ese día, mientras el animador Leonardo Favio decía “se ruega a los peronistas no hacer uso de sus armas”, el CdeO, CNU y los pistoleros del Ministerio de Bienestar Social abrían fuego a granel. Las fuerzas de Osinde comenzaron a disparar contra el palco, creyendo que eran montoneros. La masa de gente corrió en estampida. Nunca se supo la cantidad de muertos. En Bonasso, 2000.
[166] Ford, 1994
[167] Ford, 1994
[168] Walsh, 1996
[169] Guevara, 1999.
[170] “El ajedrez y los Dioses”. En Lafforgue, 2000. También citado en Sin Firma, 2000.
[171] Cántico de la Tendencia en el acto de asunción de Héctor Cámpora (Godio, 1993).
[172] Héctor Cámpora, citado por Gillespie, 1987).
[173] Gillespie, 1987.
[174] Righi tenía entonces 31 años, y era el funcionario más cercano a Montoneros. Se dice de él que tan pronto como recibió su nombramiento, se dirigió al Cuartel General de la Policía Federal, acompañado de varios activistas montoneros con su chaqueta de cuero, y ordenó a los policías presentes: “¡Canas de pie para los combatientes montoneros!” a los que habían estado persiguiendo durante los tres últimos años (Gillespie, 1987)
[175] Godio, 1993.
[176] Carlos Franco, Senador Nacional por San Luis.
[177] Los ocho diputados montoneros eran: Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muñiz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar.
[178] Gillespie, 1987.
[179] En Walsh (1996).
[180] La organización True Peace (2000) asigna a Rodolfo Walsh el cargo de Jefe de Inteligencia en el operativo destinado a matar a Rucci, en el ametrallamiento de la sede de la Dirección de Electrónica de la Marina el 22 de Noviembre de 1974 y en el atentado con explosivos en el comedor de Seguridad Federal el 2 de Julio de 1976. En el ametrallamiento también habrían participado, según la misma organización, Paco Urondo y Horacio Verbitsky.
[181] Gillespie, 1987.
[182] Cavarozzi, 1984.
[183] Fueron asesinados mayor número de militantes por la Triple A en el período 1974-1975 que en los combates de 1970-1973.
[184] En Bonasso, 2000.
[185] “¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa General? Que está lleno de gorilas el gobierno popular”
[186] Citado por Di Tella, 1983.
[187] Godio, 1993.
[188] Dirigido por Dardo Cabo, Miguel Lizaso y Julio Troxler.
[189] Dirigido por Miguel Bonasso.
[190] True Pace, 2000.
[191] Walsh, 1996.
[192] Cavarozzi, 1984.
[193] Conadep, 1996.
[194] Walsh, 1996.
[195] Caviglia, 1999.
[196] www.desaparecidos.org/ar.
[197] Comisión Nacional para la Desaparición de Personas. Conadep, 1996.
[198] La Nación, 27/06/1976. Citado por Dri, 1987.
[199] Kolesnikov, 1997.
[200] Gandolfo, 1997.
[201] Gillespie, 1987.
[202] Ford, 1987.
[203] Varsavsky. Citado por Ford, 1994b.
[204] Verbitsky, 1985.
[205] Ford, 1999.
[206] Ford, 1995.
[207] Verbitsky, 1985.
[208] Williams, 1980.
[209] Walsh, 1977.
[210] Cadena Informativa: Mensaje Nro. 4, Febrero de 1977. Citado por el autor.
[211] Walsh acusa aquí solapadamente a las FFAA de seguir la ley del Talión: 63 a 63
[212] En La Razón del 12 de Junio de 1976. Citado por el autor.
[213] En 2002 la desocupación alcanza al 30 % de la población activa. Otra clara muestra de la vigencia del discurso de Rodolfo Walsh.
[214] N de la R: La población del país en ese momento era de 25 millones de personas. La deuda externa alcanzaba los 11700 millones de dólares, a razón de U$S 468 por habitante. En el año 2000 la población del país es de 36 millones de personas. La deuda externa alcanza los 147667 millones de dólares, a razón de U$S 4102 por habitante. Ver Econolink, 2002.
[215] Prensa Libre, 16 de diciembre de 1976. Citado por el autor.
[216] Conadep, 1996.
[217] Ford, 1994
[218] García Olivieri, 2000
[219] Walsh, 1976.
[220] González reconocería el 04/03/1998 haber participado del operativo que terminó con la vida de Walsh (Young, 1998).
[221] Young, 1998
[222] Citado por Romano, 1993.
[223] Walsh, 1994
[224] Alabarces, 2000.
[225] Bayer, 1995.
[226] Mediante las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y el indulto presidencial de 1990.
[227] Sin Firma, 1999.
[228] Verbitsky, 1996.
[229] Kolesnikov, 1997.
[230] Sin Firma, 1996.
[231] Conadep, 1996.
[232] Pesce, 1987.
[233] Díaz y Gazzera, 1995.
[234] Bonasso, 2000.
[235] Bayer, 1995.
[236] Verbitsky, 1995.
[237] Ford, 1994.
[238] Walsh, 1996.
[239] Walsh, 1997.

 

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