Con gran frecuencia, mucho más de la esperada, los bibliotecarios y documentalistas de distintas edades y en muy diferentes épocas hemos escuchado esta pregunta, no necesariamente con intenciones peyorativas. Al haber dedicado no solo horas de estudio sino también muchos y muy variados años de experiencia laboral en el tema nos hace sentir al menos molestos.

Desde luego, que nos armamos de paciencia y explicamos a grandes rasgos que no se trata de un curso y menos de un cursito sino de una carrera terciaria y también universitaria, que lleva como mínimo tres años de estudio y que los interesados en continuar con licenciaturas y aún doctorados deben prolongar esos tres primeros años durante dos a cinco años más según el nivel del grado que se pretenda alcanzar.

Ante esta breve explicación suele suceder que el interlocutor de turno continúe aventurando supuestos tales como “Ah claro se trata de un poco de cultura general y aprender a ordenar libros en estanterías”.

Seguiremos, si consideramos que vale la pena, que eso no está descartado, lo   fundamental consiste en aprender a normalizar registros bibliográficos de acuerdo a reglas internacionales, a clasificar temáticamente variados documentos que pueden ser libros, revistas, congresos, tesis y otros materiales no impresos (por ejemplo en los últimos años mayormente en formato digital), manejar y hasta elaborar tesauros o vocabularios controlados, capacitarnos en la orientación a los usuarios en su búsqueda de información teniendo en consideración de que biblioteca y de que tipo de lectores se trate, aprender diferentes técnicas y manejo de bases de datos tanto como a diseñarlos, y por supuesto estar abiertos a las nuevas tendencias que van apareciendo en el mundo para mejorar nuestros servicios siempre con el objetivo de que el que se acerque a nosotros en busca de ayuda o guía no se vaya tal como vino sino con alguna información útil para satisfacer su inquietud, tema de investigación, material de recreación, asunto a estudiar y demás cuestiones de múltiple y variada índole.

Lo expresado hasta aquí es simplemente una descripción muy general y sucinta de lo que caracteriza la profesión del bibliotecario, sea terciario, universitario o de posgrado.

En función de hilar un poco más fino sobre la materia debemos tener claro que esta disciplina  que por cierto es muy antigua y ha tenido que actualizarse cada vez con mayor celeridad debido no solamente al avance de la tecnología informática sino también a la mayor difusión de la información de distintas especialidades y ya se trate de las grandes bibliotecas que poseen todo tipo de material bibliográfico como lo es la Biblioteca Nacional y la Biblioteca del Congreso en nuestro país, o de bibliotecas especializadas ya sean universitarias, de institutos de investigación o de otro tipo de instituciones incluyendo empresas de carácter público o privado.

Para dar solamente algunos ejemplos prácticos podemos especificar el gran salto que hemos dado los bibliotecarios desde la ficha catalográfica y el fichero manual, a los sistemas automatizados aplicados a esta especialidad para la conformación, mantenimiento y actualización de bases de datos.

Actualmente conviven las bibliotecas tradicionales y las digitales. Nuestra función y desempeño laboral debe adaptarse a los recursos disponibles ya sean de orden material como humano.

Los que ejercemos la profesión hace muchos años debemos transmitirles nuestros conocimientos y experiencias a los jóvenes que recién se inician, y ellos a su vez muchas veces nos dan una mano en el manejo de cierto software que nosotros no dominamos por completo por cuestiones generacionales.

Pero éstos serían simplemente detalles y podrían aplicarse a cualquier otra profesión o especialidad. Lo más importante es saber qué experiencia no se contrapone a nuevas tecnologías. Todo lo contrario son complementarias, y así como nosotros tuvimos que aprender de nuestros mayores, los jóvenes bibliotecarios necesitan saber y recurrir a métodos y estrategias que les podemos transmitir nosotros, los que ya llevamos años ejerciendo esta profesión.

Si establecemos falsas dicotomías en ese sentido volveremos a la pregunta sobre donde se dicta ese cursito, que por suerte por estos días parece ya haberse dejado de lado  al menos hasta un punto, gracias a la constante explicación dada durante muchas generaciones.

Ahora bien, hay otra pregunta que se ha impuesto últimamente:

¿Para qué sirve una biblioteca si existe Internet?

Internet ha sido muy bienvenida por los bibliotecarios y especialistas en información, pero sabemos perfectamente que lo mismo dicho sobre la tecnología en general, se aplicaría a esa especial forma de transmisión de datos.

Hace años ya que se habla de las TIC (Tecnologías de la información y comunicación). Si alguien inocentemente se preguntara a que se refiere esa sigla solo podría responderse que alude a los conocimientos e información en general transmitidos por vías tecnológicas, que también podrían llamarse virtuales, digitales, informáticas y muchos otros etcétera.

Una biblioteca, sea de la índole que sea, general o especializada usa y tiene necesidad cada vez más creciente de manejar las TIC, pero eso no es todo. En principio hay que saber cómo hacerlo, y luego hay que saber adónde dirigirse a través de las TIC para ofrecerle a nuestros usuarios información confiable.

Debemos mencionar también que nuestra formación debe ser suficientemente flexible como para poder desempeñarnos en una biblioteca de carácter general, donde las consultas pueden ser tales como:

“¿Qué lectura me recomienda para un análisis exhaustivo de la Guerra del Peloponeso?”,

“El profesor de Física nos mandó a averiguar cómo se puede neutralizar la energía nuclear ¿dónde puedo encontrar la respuesta?”

“¿Puedo acceder al primer libro impreso por Gutenberg?”

“¿Cómo se cura la hipertrofia facetaria?”

“ Debo leer la Divina Comedia, ¿tiene la biblioteca un resumen con análisis crítico y metodológico?”

Son solo ejemplos que podrían multiplicarse al infinito.

Se podría pensar que muchas respuestas a estas preguntas se podrían encontrar por Internet sin movernos de nuestras casas. Pero el bibliotecario que las recibe tiene que tener en cuenta cuál es la formación de cada uno de los que realizan las consultas, qué nivel de profundidad en la respuesta requieren, cuales son las bases de datos especializadas en cada uno de estos temas y cuales las más confiables, qué otras bibliotecas podrían tener información más especializadas sobre dichos asuntos, qué idiomas maneja el usuario, entre tantos otros interrogantes que nos servirán para orientar a la persona con propiedad. No es lo mismo que la consulta la realice un estudiante secundario, una persona solo movida por su afán de conocimiento, un profesor universitario, un especialista investigador, y otras múltiples posibilidades.

Si queremos tener un panorama muy básico de los llamados “Procesos técnicos” tenemos que referirnos que básicamente y en diferentes épocas, se trata de ubicar catalográficamente, es decir con los datos fundamentales de cada documento y siguiendo las normas internacionales, y clasificar temáticamente los mismos, en general con las tablas más comúnmente utilizadas como la Clasificación Decimal Universal (CDU) o con el sistema Dewey. Y además en este aspecto temático se utilizan ya hace muchos años los Tesauros o Vocabularios controlados, que son listas de palabras seleccionadas para especialidades o generales, que tienen relaciones cruzadas entre sí, por ejemplo:

El término ALIMENTOS INFANTILES tendrá como Término más Amplio ALIMENTOS,  como Término más Específico LECHE INFANTIL y como Término Relacionado NUTRICIÓN INFANTIL.

Finalmente haremos una brevísima mención a una tendencia mundial actual que se refiere a los REPOSITORIOS DIGITALES, que se compilan en instituciones de investigación para difundir los trabajos escritos por su personal técnico o profesional, y que se publican en forma de texto completo, desde luego en los casos en que los derechos de autor lo permitan, para uso de cualquier persona que le interese el tema en cuestión.

Hemos intentado dar un panorama muy genérico e introductorio acerca de la profesión del bibliotecario y de la importancia de la misma con el objeto de que tenga el merecido respeto en cuanto al desarrollo cultural de una nación. Esperemos haberlo logrado.

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Alicia Carosio

 

Alicia Carosio es bibliotecóloga y profesora de filosofía. Estudió en la escuela de la Biblioteca Nacional. Se desempeña en el sector “Procesos técnicos” y tiene a su cargo la supervisión de becarios y contratados en la biblioteca central del INTI.

 

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