Un levantamiento fallido contra el gobierno de facto que derrocó a Hipólito Yrigoyen. Tres hermanos empujando el carro de la revolución y la idea de liberar al caudillo radical. Tres locos que arriesgaron todo por recuperar aquella democracia arrebatada y perdida entre cuarteles de una “década infame” que marcó tendencia. Una investigación que da cuenta de tantos hechos y circunstancias que podrían haberse inscripto en nuestra Historia Nacional, completando algunas de las tantas páginas en blanco que integran el olvido. Es la reconstrucción de un tiempo fracturado; fragmentado entre pasajes, tramposos, que ocultan la verdad. Una gesta patriótica -la insurrección debida y planificada- que comienza a ejecutarse con la toma de la Jefatura de Policía de La Paz, provincia de Entre Ríos.

Un Congreso Nacional, como traje a medida de aquel poder usurpador, y una Justicia complaciente y al servicio del golpe extendido en ese tiempo. Varias figuras pasan por este libro, en el que se retrocede para reconocer el hilo conductor, la trama y su revés. Un pueblo, una ciudad, una provincia y un país movilizado. Son los Kennedy y su tradición combativa;  ideales y convicciones. Es la sangre irlandesa pateando el tablero, sin medir las consecuencias, en medio de una interna militar. Son esos tres locos rebeldes; su formación política y su solvencia intelectual. Es La Paz, convulsionada. Muertos y más muertos en la revolución fallida. El combate, el escape, la persecución y el destino de los fugitivos. El exilio. Y  el final de la historia desconocida.

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¿Por qué los Kennedy?

Tal como cuento al final del libro, la historia me llegó por dos lados y con diez años de diferencia. Me llamó la atención el hecho de que haya habido revoluciones olvidadas, pero más paré las orejas cuando escuché el apellido de los protagonistas. En un primer momento, los tres hermanos me parecieron locos o pistoleros pero con el correr del tiempo descarté esas palabras por juzgarlas injustas. No eran ni una cosa ni otra. En todo caso, quienes violaron la Constitución fueron pistoleros baratos y locos irracionales por llevar a cabo una acción por la que debieron obedecer ciegamente a los verdaderos poderosos.

¿Qué te llevó a incursionar en la genealogía? Brown, O´Gorman, French, Guevara Lynch, serían apellidos que tomás a título de ejemplo. Al mismo tiempo aparece en esta historia el gobernador provincial de entonces, Etchevehere, quien también pertenecería a una familia que reconoce en su árbol genealógico una rama irlandesa, por el lado de los Craig y Donovan. Por ello, me interesa hablar sobre la importancia que, en cierto modo, le atribuís a la sangre irlandesa.

Nombré unos pocos descendientes célebres de aquella tierra y me centré en la manera de tomarse la vida en vez de enumerar apellidos. Me parece que en la Argentina poco se conoce de los irlandeses, salvo por las superficiales fiestas de San Patricio que se conmemoran todos los años como una nueva costumbre. La sangre irlandesa porta determinación, convicción y modos concretos de actuar sin resignar inteligencia.

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Jorge Repiso

Estamos en Entre Ríos; uno de los Craig y Donovan, Guillermo Francisco, habría combatido, en esta provincia, contra López Jordán, ¿tenías ese dato?, ¿se te ocurre alguna reflexión al respecto?

No tenía ese dato. Acoté el texto cuando tuve que relatar algunos de los episodios de la historia entrerriana, que como pocas es rica en revoluciones y batallas.

¿Qué podrías adelantarle al lector sobre el papel que juegan en esta historia Natalio Botana y Damonte Taborda?

Botana, como todo hombre poderoso, ejercía la dirección de un periódico influyente inmiscuyéndose en la política nacional. Y como todo político, deseaba mantenerse arriba, bien visible. Mantenerse y mostrar poder implica muchas veces cambiar de bando o de opinión sobre la marcha, y Botana no estuvo exento. Fue amigo de los Kennedy, a los que visitaba en la estancia de La Paz, apoyó a Hipólito Yrigoyen en dos ocasiones y después fue uno de los personajes más activos en la promoción del golpe de estado, pero cuando Uriburu se hizo presidente por la fuerza tuvo problemas. Tanto Botana como su esposa fueron encarcelados y el diario Crítica, cerrado. Esto de ir y venir, estar abajo y pugnar por estar arriba a cualquier costo es una disciplina que los políticos conocen muy bien.

Damonte Taborda era un empleado de Botana que terminó casándose  con la hija del editor. De Taborda se dicen muchas cosas; fue también un personaje ondulante, que llegó bien alto  en el diario una vez muerto su suegro en 1941.

Decinos algo de Leopoldo Lugones.

Un escritor admirado por Borges, nada menos. Recordado por la pluma de su obra pero también por su llamado a empuñar las espadas cuatro años antes del primer golpe de estado en la Argentina.

Te pido un par de imágenes del bombardeo.

Las del bombardeo son imágenes insólitas. Cuesta creer que un puñado de argentinos haya lanzado bombas y disparado ametralladoras contra compatriotas y en suelo argentino. Tengo presentes dos escenas entre varias;  la de tres hermanos parapetados en un monte de quebrachos y la de una familia haciendo de escudo humano para parar a los aviones.

¿Cómo describirías en pocos segundos la intimidad de la familia Kennedy?

Una familia donde trabajaban todos y mucho, en el campo, pero que también sabía divertirse en largas y agotadoras fiestas camperas. Una madre influyente y fuerte, de sangre criolla, y un casco de estancia donde vivían diez hermanos, rodados de caballos, empleados, con un río Paraná a la vista y una biblioteca colmada.

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Los hermanos Kennedy

Hablanos de tu investigación. Contanos tu experiencia personal alrededor de esta historia. Viajes, entrevistas, documentación consultada, etc. Fundamentalmente, sensaciones.

Es una experiencia que volvería a hacer ya mismo. Si bien soy porteño, pasé mis vacaciones de infancia en el litoral y lo conozco mucho, como así las particularidades de su gente en cada provincia. Viajé varias veces a La Paz en mi auto, algunas con citas pactadas y otras para  ver con qué me encontraba. Entrevistas y diálogos con allegados y parientes hay montones. En cuanto a la documentación, conseguí diarios originales de época, escritos originales de los hermanos, una parva de información que guardo con celo.

¿Cómo resolviste la estructura del libro?; ¿qué sentiste al terminarlo?

No pensé demasiado en la estructura. Me sentaba y resolvía acerca de qué escribir en cada capítulo, siempre rodeado de papeles, recortes y desgrabaciones. Puse, eso sí, especial énfasis y espacio en los pasajes donde se relata el levantamiento, la batalla en el campo y el escape al Uruguay. Como en la redacción de la revista en la que trabajo, una palabra que lleva a la otra y después cuesta parar. Cuando puse el punto final sentí que algunas cosas habían quedado afuera, pasa siempre, pero la satisfacción que sentí fue irrepetible porque hay pocas cosas mejores que escribir sobre lo que a uno le apasiona.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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