Pocas cosas le han hecho más daño a la humanidad en las últimas décadas que la corrección política. Tras (demasiados) siglos de conservadurismo opresor y retrógrado, los últimos tiempos, en casi todo el mundo, fueron de recambio. Ganó espacio la idea de que las diferencias deben coexistir, que no es bueno que se abuse de los débiles, etc. Esas modificaciones en las reglas sociales de la convivencia (generadas en verdad por los avances tecnológicos y comunicacionales que dejaron bien a la vista las diferencias), pasaron a la esfera político-estatal-represiva, y al transformarse en un mandato impuesto por la fuerza y no fruto del diálogo y el consenso, terminaron por reproducir la misma lógica de la era conservadora. Si antes se prohibía o intentaba tapar la voz minoritaria (sexual, política, lo que se prefiera), ahora ocurre exactamente lo mismo en sentido contrario. La imposición por la fuerza de la corrección política lo único que dejó en claro no fue la convivencia pacífica entre comunidades diferentes sino, en verdad, que la humanidad y sus estructuras sociales carecen de esperanzas. Se trata, tan solo, de animales que desean imponerse a los demás por la fuerza, adoptando el lema que les resulte más conveniente.

Eso, claro, lo identificó rápidamente el mercado, y comenzaron a aparecer productos de empresas multinacionales, otrora vanguardia del conservadurismo, apuntando a mostrar una faceta progre. Así, ahora en Star Wars puede haber un protagonista negro (escondido dentro de un uniforme blanco), porque en definitiva lo único que importa es hacer dinero.

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Cuando Marvel anunció que modificaría su personaje Ms. Marvel para transformarlo en una adolescente de familia paquistaní radicada en New Jersey, se encendieron todas las luces de alarma de “nos están vendiendo un producto prefabricado para cubrir nuevas cuotas de mercado”. Era protagonista mujer, de edad adolescente y de minoría étnica. Parecía demasiado.

Y, sin embargo, en una humanidad que ha dejado de poseer sentido, a veces se producen milagros. El Ms. Marvel de Gewndolyn Willow Wilson (ella misma una islámica que vive en los Estados Unidos) posee los elementos advertidos de corrección política, pero los transforma en algo fresco, divertido, a punto tal de ser una de las mejores historietas que se publican en la actualidad.

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Kamala es una chica común (con las diferencias que se marcaron), hasta que un día descubre que posee genes inhumanos (la operación de Marvel para que los inhumanos ganen terreno en su editorial y así lo pierdan los mutantes, al menos hasta que la Fox le devuelva los derechos para el cine que vendieron cuando estaban casi quebrados y antes de ser propiedad de la Disney) y se transforma en superhéroe. Ese argumento básico, en manos de Willow Wilson se transforma en oro puro. No solo por cómo entiende y muestra las lógicas de una adolescente, sino por cómo deja en primer plano que las disquisiciones que suelen presentarse entre las personas son por problemas de comunicación y no por diferencias ideológicas de base. Leerla genera alegría. Esa alegría que nos reconforta cuando apreciamos la aparición de esos milagros que nos permiten sospechar que, quizás, no todo está perdido.

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