El apocalipsis es una reina pampeana yankee, es también un gaucho con look top model, flaco, alto, rubio, que se jacta de ser autóctono, pero se entrega a la primer gringa que se le cruza y traiciona antes que a su mujer, a su tierra. El apocalipsis es en el futuro, en el campo, que la tierra yerma siga dando machos que logran enfrentar a las hembras sumisas, hermanas entre sí. El apocalipsis es tener una hermana de sangre con otra lengua materna, que a pesar del disimulo suena a extranjera; a la que se nos hace difícil entenderle, mentirosa y traicionera, no responde a nada más que a sus propios intereses económicos. El apocalipsis es inundar la pampa para tapar el desastre que producen las economías nórdicas  hegemónicas. Contaminar ahora el agua, ahogar la tierra. Ya fuimos granero del mundo, pero los capitales extranjeros nos chuparán la sangre por siempre y paga el campo, la tierra. El apocalipsis es quedar suspendido en el tiempo triste de la tragedia construida en la necedad de siempre. O por lo menos este es el apocalipsis que nos presenta Jimena Repetto en su segunda obra, Siembra. El cielo entre nosotras, una tragedia postapocalíptica pampeana escrita y dirigida por esta poeta, guionista y dramaturga que también ejerce la docencia.

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La atmósfera de la obra es confusa y cuenta con distintos planos de realidad que confluencian en la puesta. El campo y su cielo son escenario de un encuentro con amores, culpas y las raíces, de sus tristezas, de sus ruinas o de sus muertes. Tres personajes conviven en el escenario. Una pronfunda Elvira, silenciosa; estética y emocionalmente es la más próxima a una pampa en la que podamos reconocernos, en ella quedó el olor del campo, la traición sabida, la permanente siembra del rencor y el cuidado de sus muertos. Janu es una extranjera que se finge autóctona pero no logra engañar al público como lo hace con sus parientes, en un futuro donde los machos siguen detentando el poder, esclavizando hembras en celo que anteponen la competencia entre pares antes que la solidaridad. El macho aquí, traiciona y es castigado, pero en su nombre es que no sobreviven las tierras.

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La directora construye una escena de un futuro más que posible, lejos de ser temporalmente próximo. No estaremos aquí para verlo, pero será interesante ver cuánto hay de cierto en el vaticinio de la escritora, premiada por su labor en cine; que arriesga junto a los personajes, con una pampa que pondría a llorar a cualquier nacionalista; para sugerirnos una reflexión que nos acompaña al regreso a casa.

Un futuro triste le espera a nuestras tierras, pero siempre hay algo que nos regocija de saber lo que vendrá. Además siempre nos resultará agradable encontrarnos con aquello que nos resulta conocido.

La obra se presenta en el Vera Vera Teatro (Vera 108), los sábados a las 20.00 hs.

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Podés conocer más sobre la obra en http://www.alternativateatral.com/obra41444-siembra-el-cielo-entre-nosotras o en https://www.facebook.com/Siembra-el-cielo-entre-nosotras-694119334024370/

Sobre El Autor

Nació en 1986, rata porteña del sur de la ciudad. Trabaja desde hace doce años en Museo Nacional de Bellas Artes, en la actualidad como educadora. Es profesora de teatro y se forma como Docente en Lengua y Literatura.

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