Las fotografías realizadas por civiles, soldados y mercenarios en la prisión de Abu Ghraib horrorizaron a gran parte del mundo cuando fueron difundidas y publicadas por vez primera en la primavera de 2004. Yo también me sentí consternado pero, como historiador del arte, mi indignación vino acompañada de un shock producido por cierto reconocimiento: a pesar de que estas brutales imágenes de una prisión en el Irak ocupado no son obras de arte (de hecho, estaban destinadas a ser vistas solamente por un puñado de personas), sin embargo, evocaban de forma insistente valiosas esculturas y pinturas de un pasado lejano. Los prisioneros en Abu Ghraib estaban expuestos en la misma postura subordinada con la que se representó a los guerreros derrotados en las esculturas griegas helenísticas; los desnudos presos de la “guerra global contra el terror” estaban posicionados (como en un tableau vivant) del mismo modo que los esclavos amarrados de Miguel Ángel; los cuerpos angustiados evocaban a los santos martirizados de las iglesias barrocas. En resumen, los musulmanes de nuestra época parecían haber sido transportados –encapuchados y encadenados– al marmóreo altar de Pérgamo en Berlín, a las colecciones del Louvre en París o al crucero de la Basílica de San Pedro en Roma. La semejanza era involuntaria o ¿podría existir un vínculo entre estas formas tan distantes temporal y culturalmente? ¿Existía quizás un imaginario visual común subyacente a estos diversos objetos e imágenes?

“La provocativa propuesta de Stephen F. Eisenman en torno a la omnipresencia de las imágenes de agresión, dominación y sometimiento en el arte occidental es tan inquietante como oportuna (…) nos recuerda que lo que llamamos ‘cultura’ está tan marcado por la evidencia de la crueldad y la brutalidad como la historia de la guerra en sí misma. Su libro es una demostración ejemplar de la inseparabilidad de lo estético y lo político.”

Abigail Solomon-Godeau
University of California Santa Barbara

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Stephen F. Eisenman es profesor en el departamento de Historia del Arte de la Universidad Northwestern. Además de su labor investigadora, centrada principalmente en el arte europeo de los siglo XIX y XX (con un énfasis particular en artistas como Paul Gauguin o Odilon Redon), ha ejercido como comisario en varias exposiciones programadas en Estados Unidos y Europa; Paul Gauguin – Artist of Myth and Dream (2007), Design in the Age of Darwin (2008) y The Ecology of Impressionism (2010). Entre sus numerosas publicaciones cabe destacar las siguientes; The Temptation of Saint Redon (1992), Gauguin’s Skirt (1999), la edición de la obra Nineteenth Century Art: A Critical Edition (2007) y The Cry of Nature – Art and the Making of Animal Rights (2013). Es además una voz destacada en el panorama académico estadounidense por su activismo y su compromiso social y político con diversas causas, como la reforma del sistema penitenciario, la abolición de la tortura, o la lucha por los derechos de los animales.

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