Por una cuestión generacional es muy posible que, los que pasamos los cuarenta tengamos una relación afectiva que obnubila nuestro juicio crítico con respecto a la franquicia hollywoodense de La guerra de las galaxias.

¡Somos los que estuvimos desde el principio o (al menos en mi caso) desde —Luke, I am your father! – Los que vimos los estrenos en el cine, juntamos las cartas, las figuritas, los muñequitos y nos decepcionamos con el aborto de la naturaleza que fue la película de los Ewoks en solitario.

Toda nuestra generación sufrió cuando con La amenaza fantasma la orden Jedi se convertía en una AFIP interestelar y no obstante seguimos fieles a “la fuerza”. Soportamos las pantallas verdes que sólo el corajudo de McGregor supo afrontar con entereza y la presentación de Anakin transformado en Darth Vader que daba por tierra con la maravillosa presentación histórica del personaje.

Con el traspaso de la franquicia a la factoría Disney no supimos si reír o llorar. Nos emocionamos con la reunión del elenco original y la desaparición de tanto CGI para dar lugar nuevamente a las maquetas y los extras, a pesar de la falta de carisma de los nuevos héroes y de tratarse de una remake simplona de la peli original (¿En serio? ¿Otra estrella de la muerte?).

Tuvimos el remanso de Rogue One (uno de los mejores films de la saga) para luego caer en la aberración de The last Jedi en la que no solo perfeccionaron la intrascendencia de todos los postulados de la nueva trilogía, sino que arruinaron el legado de las anteriores.

No es fácil asistir a la demolición de los mitos de infancia, por lo que aún ciframos nuestras esperanzas en el último aliento de The rise of Skywalker, aunque intuimos que será otro amor no correspondido.

Mientras tanto, de una galaxia muy lejana, la de la Televisión Web, surgiría una nueva esperanza. Jon Favreau, geek de la primera hora y superamigo vengador, se hizo cargo de la primera serie “live action” inspirada en el universo Star Wars.

El rodaje de la serie comenzó durante la primera semana de octubre del año 2018 en el sur de California.

Todos estábamos expectantes de lo que sucedería con The Mandalorian, y de repente el mensaje de un amigo: —Estás viendo The Mandalorian? Es excelente! Es todo lo que está bien con Star Wars y que no se vienen enterando en las pelis! – Seguido del cachetazo mediático.

Y streaming mediante: la magia.

The Mandalorian recupera el espíritu primitivo de la trilogía original, se trata de un space western ubicado temporalmente después de la caída del Imperio y antes de la aparición de la Primera Orden.

Jon Favreau se erigió como guionista, creador y showrunner para la serie, y es productor ejecutivo junto con Dave Filoni, Kathleen Kennedy y Colin Wilson.

La primera temporada cuenta con un ejército de talentos que van desde Pedro Pascal en el papel de «el Mandaloriano», hasta Nick Nolte como Kuiiil, un granjero de la raza Ugnaught. Carl Weathers (Apolo en Rocky) interpreta a Greef Karga, jefe del Gremio de Cazarrecompensas y Werner Herzog será el aliado del remanente Imperial que contrata al Mandaloriano para un trabajo muy especial.

ALERTA DE SPOILERS

Han pasado un par de años de los eventos narrados en Return of the Jedi, el imperio se ha batido en retirada y tan solo quedan algunos remanentes actuando en la clandestinidad. Lejos de la autoridad de la Nueva República el mercado negro es un negocio floreciente y los cazarecompensas imponen sus reglas. De entre todos, «el Mandaloriano» es quien mejor reputación se ha granjeado y es uno de los preferidos de Greef Karga, jefe del Gremio, quien en el capítulo piloto le proporciona una misión única en su paga. Se trata de localizar un objetivo de 50 años y eliminarlo o, en lo posible, entregarlo con vida al cliente, un imperial y atribulado Werner Herzog que, con algunos soldados bajo su mando pareciera dedicarse a la experimentación genético biológica.

De manera casi imposible El Mandaloriano viaja a los confines de la galaxia y se hace con es sujeto en cuestión, pero esta vez no se trata de un delincuente:

Arte de Leo Batic

Tras las peripecias necesarias para poder hacerse con su objetivo y entregarlo al cliente, el Mandaloriano sufre una crisis de conciencia. Se sabe en deuda con el infante, que ha salvado su vida en el segundo capítulo de la serie.

Se da entonces la primera gran escena de acción, cuando el Mandaloriano toma el cuartel de Herzog recuperando al bebé y termina enfrentado a todo el gremio de cazarecompensas.

Cuando todo parece perdido, la casta secreta de mandalorianos, tribu cuasi aniquilada por el Imperio, se hace presente en la revuelta ayudando a escapar al protagonista con su pequeño acompañante. Hasta aquí la acción del tercer capítulo, con una vuelta de tuercas que pareciera acercar la serie al famoso Western Samurai El lobo solitario y su cachorro.

Veremos cómo continúa esta saga, pero de momento, con su galaxia desgastada, su escenario de anomia y la ética personal de cada uno de sus protagonistas, El mandaloriano parecería erigirse como uno de los pocos sucedáneos dignos de esa historia que supo avivar el espíritu de nuestra generación y las subsiguientes.

Mientras tanto, en una galaxia muy lejana, Jon Favreau coronaba como un verdadero maestro Jedi.

 

 

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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