Pablo Bohoslavsky estudió Matemática en la Universidad Nacional del Sur. Militante del Peronismo de Base en Bahía Blanca, fue secuestrado en octubre de 1976 y permaneció en el penal de Rawson hasta junio de 1981. Con el retorno de la democracia se incorporó como profesor a la Universidad Nacional del Comahue, de la que ha sido su rector. También fue docente de varias universidades argentinas, y desde junio de 2010 se desempeña como Secretario de Docencia, Extensión y Vida Estudiantil de la Universidad Nacional de Río Negro. Autor de publicaciones académicas, Cierta fortuna está dedicada a la vida carcelaria y a circunstancias que, como guiños de la historia, aparecen a causa de aquella. “Pablo B. se ha tomado tiempo. Lo que dura una larga y dolorosa digestión. Porque recién ahora, décadas después, regresa –se permite regresar- a la memoria de los años que se comió (porque la cárcel se come) en Rawson durante la dictadura.” Narra Sasturain en su prólogo.

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Muchachos, estamos de suerte. Vamos a la cárcel”- con ésta frase da comienzo el relato episódico de tus memorias carcelarias. ¿Cuánto hay de memoria y cuánto de ficción en Cierta Fortuna?

Todos los cuentos tienen una componente de historia real, documentada o registrada por varios actores, como así también de trama ficcionada. Considero que ha sido la mejor forma de acercarme al lector, interesarlo, llevarlo hasta el final del cuento (siguiendo las normas tradicionales al respecto), cuidando que las situaciones de violencia, humillación o severas determinaciones no hayan sido expresadas literal o explícitamente.

¿Te consideraste afortunado en aquél momento?

Sí, me consideré muy afortunado. La dictadura, dentro de la política de terror, asesinaba a personas sin vinculación alguna con las luchas políticas, sociales o sindicales de la época. Miles de personas fueron desaparecidas, asesinadas y sus cuerpos aparecieron acribillados a balazos en enfrentamientos fraguados. Por ello, ir a parar a la cárcel, luego de haber permanecido secuestrado y torturado, era de afortunado. Al menos poseedor de una fortuna relativa, comparativamente hablando. Como el título de la obra, con cierta fortuna.

¿Cuáles eran tus actividades como militante peronista?

Tenía participación política en el peronismo de base y en cada lugar de trabajo, proponíamos la organización de los trabajadores para resistir el avance de la dictadura sobre los derechos laborales. Fue justamente una convocatoria a paro y trabajo a reglamento para el 17 de octubre de 1976 lo que provocó mi secuestro y posteriores tortura y encarcelamiento.

 

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Pablo Bohoslavsky

¿Había distinción en el presidio para con los presos políticos? ¿Cómo era su situación frente a los otros reclusos?

Los primero días de enero de 1977, luego de ser condenado por un tribunal irregular (Consejo de Guerra del 5° Cuerpo de Ejército), fui internado en la cárcel de presos comunes, administrada por el Servicio Penitenciario Provincial, en Villa Floresta, Bahía Blanca. Allí me desempeñé como auxiliar del bibliotecario, hasta que el 22 de agosto de 1977 fui trasladado a la cárcel federal de Rawson.

En el penal de Villa Floresta los presos políticos estábamos alojados en un pabellón ad – hoc, aunque en general teníamos las “ventajas” de los presos comunes: visita de los familiares y contacto físico con ellos, disponibilidad de ejemplares de diarios y revistas, salidas al patio de recreo y desarrollo de actividades físicas. Sin embargo también debieron padecerse traslados para interrogatorios por la noche, que se realizaban fuera de la cárcel, incluidas nuevas sesiones de tortura.

En la cárcel de Rawson, en cambio, el régimen se endureció a fines de 1975 y particularmente luego del golpe de estado del 24 de marzo de 1976: ninguna lectura fue permitida, las visitas de los familiares se dilataron a períodos mínimos de 45 días entre una y otra, donde el contacto se producía a través de un vidrio sin posibilidad de contacto físico alguno, la comida se redujo sensiblemente en calidad y cantidad y se prohibió la actividad física. El agua caliente desapareció y hasta la llegada de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanas (CIDH) en 1979, la severidad del régimen se mantuvo.

¿Cómo surge el proyecto del libro? ¿Cuánto tiempo de trabajo y cuánto de memoria te insumió? ¿Por qué encararlo luego de tantos años?

Una visita a la península de Valdés, con posterior paso por la ciudad de Rawson y la vista de un edificio bajo y deteriorado como era la cárcel federal, que recordaba haberla dejado en 1981 como una construcción impecable y de una altura que se perdía en las nubes, me llevó a escribir Cierta Fortuna. La tarea me llevó un año, con muchos ajustes, consultas a otros ex presos políticos y discusiones con críticos literarios.

Creo que la demora en escribirlo, como señala Sasturain en el prólogo, es haber atravesado el tiempo de “digestión” del período de permanencia en la cárcel. Por otra parte ofrecer al lector una obra que no tienen carácter estrictamente testimonial, sin dejar de serlo y tampoco un estudio psico-sociológico, que los hay y calificados en ambos géneros, me dio ánimos para ofrecer un formato original. Espero haber satisfecho esta pretensión.

Desde la primera presidencia kirchnerista, se ha retomado el debate social circundante al origen de la dictadura, sus causas y sus consecuencias, ¿Finalmente se están encarando estos sucesos responsablemente o, como sociedad, aún estamos lejos de poder zanjar la historia?

Son dos preguntas. Por la primera, vale aquello de que justicia tardía no es justicia, pero por otro lado advertimos el encauzamiento del juez Garzón en España, entre otros cargos por intentar el esclarecimiento de los crímenes del franquismo ocurridos a partir de 1936 y sólo interrumpidos con su muerte, 40 años después. Por otra parte, el caso de Argentina es considerado único en la historia contemporánea: un gobierno impuesto y sostenido por el terror es juzgado con un estado donde hay separación de poderes, derecho a defensa… Por un lado satisfacción  y por otro lado sabor amargo de la demora en los juicios, aunque debe valorarse lo realizado durante el gobierno de Alfonsín, con el enjuiciamiento a las juntas de comandantes y sobre todo lo actuado en los últimos 9 años con la decisión política de echar luz y promover los juicios detenidos o ni siquiera iniciados.

La historia no se zanja, apenas la interpretamos y, en tal sentido, la sociedad lo está haciendo con base a principios colectivos irrenunciables: memoria y justicia.

¿Hay sectores sociales que quede al margen de una justa repartición de responsabilidades a la hora de analizar el genocidio?

Sin dudas que ningún grupo faccioso puede hacerse del gobierno sin apoyo o al menos simpatía de sectores sociales que esperan algún provecho de la interrupción del orden constitucional. Tal apoyo se mantuvo mientras la dictadura no mostró grietas o señales de agotamiento. En estos días se están ventilando en los medios y sedes judiciales el aprovechamiento en aquellos años de empresarios que se “deshicieron” de dirigentes sindicales cuyo único delito era defender a los trabajadores: comisiones internas, delegados y autoridades de gremios engrosan la lista de desaparecidos, muertos o cesanteados. Otros casos, por ejemplo, son los de aquellos que aprovecharon para hacerse del patrimonio de otros empresarios que hubieron caído en desgracia: se impuso la venta de capital accionario a precio vil, la cesión de bienes de manera compulsiva.

La lista de apoyaturas se prolonga con dirigentes religiosos, sindicales y políticos.

Por otra parte, como señala Primo Levi en el apéndice de 1976 de su obra Los unos y los otros, refiriéndose a la sociedad alemana contemporánea al nazismo: “…pese a las varias posibilidades de informarse, la mayor parte de los alemanes no sabía porque no quería saber o más: porque quería no saber. Es cierto que el terrorismo de Estado es un arma muy fuerte a la que es muy difícil resistir, pero también es cierto que el pueblo alemán, globalmente, ni siquiera intentó resistir. En la Alemania de Hitler se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta. De esta manera el ciudadano alemán típico conquistaba y defendía su ignorancia, que le parecía suficiente justificación de su adhesión al nazismo: cerrando el pico, los ojos y las orejas, se construía la ilusión de no estar al corriente de nada, y por consiguiente de no ser cómplice, de todo lo que ocurría ante su puerta”.

En las últimas semanas buena parte de la opinión pública atacó al periodista Ceferino Reato por darle voz a Videla en su libro Disposición final. Durante la entrevista, el genocida pregonó que, en aquél momento estábamos en guerra y que sus órdenes eran las de reprimir. ¿Por qué silenciar al dictador en lugar de analizar si esas órdenes existieron, si en definitiva seguir órdenes ilegales no justifica a los milicos sino que abre aún más el abanico de responsabilidades?

Contra algunas opiniones advertidas en los últimos tiempos (digamos en lo que va del año 2012) respecto de las posibilidades que se le otorgaron a Videla, como a otros responsables y ejecutores del terrorismo de estado, para que se exprese en los medios de comunicación, creo es muy saludable y habla de la fortaleza de esta democracia. Ha dicho algo terrible e inevitable al mismo tiempo: “los desaparecidos están muertos”.

No especulo sobre las razones de su reconocimiento, pero algo que nunca había reconocido ahora lo está haciendo.

No ya para los actores y testigos de la época, que por razones de edad nos vamos reduciendo en número, sino para las presentes y futuras generaciones de jóvenes, tales declaraciones agregan luz a los procedimientos del régimen dictatorial.

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Como puede verse en el libro La pabra armada: La guerra de los diputados y según surge de los diarios de sesiones de la Honorable Cámara de diputados, durante los meses previos al golpe de 1976, la cúpula del ejército fue removida en reiteradas oportunidades, manteniéndose inamovible sólo el almirante Massera; mientras que en el parlamento se hablaba de una guerra sorda y subterránea librada por la sinarquía internacional para instaurar un sucio trapo rojo como bandera y se esboza como solución ir a cazarlos como a ratas en su madriguera. ¿Cómo analizarías estos discursos y este accionar parlamentario?

Existe un principio básico de economía procesal en la administración de la justicia, cuando se trata de crímenes que afectaron a centenares de miles de personas, ejecutados o alentados por cientos: ¿Hasta qué nivel deben ser juzgados los partícipes? Como señaló Levi, en la obra citada: “No querría empero que el abstenerme de juzgar explícitamente se confundiese con un perdón indiscriminado. No, no he perdonado a ninguno de los culpables, ni estoy dispuesto ahora ni nunca a perdonar a ninguno, a menos que haya demostrado (en los hechos: no de palabra, y no demasiado tarde) haber cobrado conciencia de las culpas y los errores del fascismo nuestro y extranjero, y que esté decidido a condenarlos, a erradicarlos de su conciencia y de la conciencia de los demás. En tal caso sí, un no cristiano como yo, está dispuesto a seguir el precepto judío y cristiano de perdonar a mi enemigo; pero un enemigo que se rectifica ha dejado de ser un enemigo”.

Sobre El Autor

Damián Blas Vives es actualmente es Director de Gestión y Políticas Culturales de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y en 2007 Evaristo Cultural. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y Rastros, el Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, co-coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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