Imágenes: bordados de Leonora Carrington

Este 8M llega una vez más con injusticia, dolor, desigualdad. Violencias explícitas, brutales, sutiles, silenciadas. Por nuestras ancestras, por nuestras abuelas, por nosotras, por las infancias y por el porvenir, que esta lucha colectiva nos devuelva representaciones, mitos, sabidurías y solidaridades; que nos devuelva el poder divino que se ha manifestado desde tiempos primitivos bajo nombres y formas múltiples y que nunca ha dejado de andar. Que la conquista sea de derechos.

En estos poemas de Pamela Terlizzi Prina hay madres, abuelas, viejas, viejitas que buscan, dicen, mienten, fabulan, abortan. Mujeres malas, sanas, mansas, atravesadas todas por un mismo dolor. Son todas parte de una misma historia.

  

1

Hay abuelas con nietos y bisnietos

y sin hijos.

Yo las conozco a todas

cuando escribo

poesía es saber:

la abuelidad nunca es en presente.

 

2

La memoria agita

los hechos que están quietos,

el estero

su drenaje imperfecto

lo inmóvil ocurrido

poroso al recuerdo.

 

Miento:

es el relato lo que mueve las cosas.

 

3

Mamá, mamita,

abuela querida,

viejita

¿cuántos umbrales bajísimos tuviste que cruzar?

¿cuántos delitos pintaron frente a vos una línea roja?

¿cuántas veces la pisaste?

Iaia, nona, bobe

¿fue en la aduana?

O en el monte, o en el barco, o en el campo.

¿Con el patrón, decís?

O con tu marido.

¿En el sindicato?

¿En la iglesia, en el templo?

Qué violencia perfecta la del mundo viejo, abuelita.

Todos callaban el ruido de los pogroms.

¿Cómo se escribía tu nombre antes de la guerra?

¿Extrañás las letras perdidas?

Si, entiendo. Era un problema tu linaje romaní.

Y la lengua que usabas para rezar de chiquita:

¿no queda nada de eso?

 

4

Las madres de mi madre,

y todas las de los padres que se fueron,

las que buscan nietos,

las criollas que desmontaban a pie los límites

de Tucumán, de La Rioja, de Catamarca,

las que turbaron la frontera con Brasil

y decían todos los parentescos con diminutivos,

las hijas de patrones violadores,

las que saben

el olor que deja el disparo de un arma de fuego

y no saben decir

pólvora,

las que probaron LSD

en un barco que atracó en Puerto Madryn,

las que se ataron las trompas con permiso del marido,

las que tienen un número tatuado en el brazo,

las que hablan un idioma que no existe

impreciso y corvo, que es el de la extranjería,

incluso las mentirosas, fabuladoras

contadoras de un pecado bienhechor

que dicen putas a sus nietas

o mi hija la divorciada

y fue pianista o tejedora,

las que conocen un embalse,

las recolectoras,

las de fronda y sequía,

las que abortaron con percha o perejil,

las que conocen el cementerio de la Recoleta,

las que no pueden nombrar la medicina recetada,

las malas

las sanas

las mansas.

 

Son todas mías.

 

A todas les duelen los huesos

por haber estado de rodillas.

Sobre El Autor

Nació en 1980 en Ramos Mejía. Es poeta, escritora, abogada y grafóloga forense. Dictó clases de derecho y es tallerista. En 2012 publicó el poemario “Estado de Espesura”; en 2013 "Doce dientes" y en 2018 "No cuentes pesadillas en ayunas". Participó en distintas antologías y obtuvo reconocimientos tanto nacionales como internacionales. Coordina el ciclo de arte "Siga al conejo blanco".

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