Los comienzos de los años 90 no fueron piadosos para La liga de la justicia, una de las franquicias más emblemáticas de la DC comics. Terminado el periodo de gloria de la liga de Giffen y De Matteis con la saga Rupturas la cabecera fue lanzada como un mero anexo a las aventuras de Superman, que en ese momento se encontraba planificando el golpe de efecto de la década, es decir, muriendo. Con la salida del Kryptoniano de escena la amazona tomó el rol de cabecilla y la cabecera siguió en caída libre hacia el ostracismo más imbécil mientras las consecuencias de ventas de la muerte de Superman le quebraban la espalda al murciélago, convertían en villano a Hal Jordan, mataban a Green Arrow, dejaban manco a Aquaman… En fin, una mala época para ser un ícono. De entre toda esta parafernalia sádica y la debacle argumental de las colecciones relacionadas con la Liga de la justicia, surgió un título que no tuvo mayor trascendencia pero que yo supe disfrutar en grande en mi adolescencia: Justice League Task Force. El planteo era más ligado a lo político, tal vez algo cercano a algunas situaciones más cercanas a Los Vengadores, pero los equipos de héroes eran muchas veces de segunda línea.

El argumento era bastante llano, desde las Naciones Unidas se comisiona a un embajador “especialista en estrategia” para crear un grupo clandestino de tareas con miembros de la comunidad superheroica. La constante era que todos los equipos estaban liderados por el detective Marciano. Y la selección de miembros se repartía entre este burócrata amoral y advenedizo y el propio J´onn J´onzz. Las misiones, como sucede con los comics de todas las épocas reflejan las ansiedades y temores del imperio, siendo la primera una incursión en una visión colonialista de la guerra de guerrillas en América Latina en la que los miembros involucrados fueron El Detective Marciano, Nightwing, Flash, Aquaman y Gypsy. A continuación, siguiendo por una leyenda urbana ligada a desapariciones de desposeídos, Gypsy y J´onn J´onzz descubren una secta y se enfrentan con lady Shiva.

Ahí se enlazaba la trama con Knightquest, la trama de Knightfall que narra las peripecias de un Bruce Wayne tullido tratando de rescatar al padre de su pupilo Timothy Drake y su terapeuta física la doctora Shondra Kinsolving. Para la tarea el propio Wayne y su mayordomo viajaran hasta Santa Prisca (territorio de origen de su némesis) acompañados por el Tigre de Bronce y Gypsy, con un Green Arrow infiltrado cubriéndoles las espaldas.

Esta suerte de pasajes que oscilaban entre el espionaje y las tareas encubiertas tenía también momentos que supieron adelantarse a su época como en la saga en la que el detective marciano debe guiar a un grupo de heroínas para infiltrarse en una comunidad perdida de féminas, para lo cual lidera a Wonder Woman, Máxima Vixen, Dolphim y Gypsy pero cambiando él mismo de género, cuando el tema de los géneros no binarios ni rozaba la superficie de los comics. Tanto es así que la líder de esta tribu perdida se establece un romance que J´onn J´Onzz consciente hasta darse cuenta que la reina en cuestión es hermafrodita y pretende fecundarla.

El volumen, que compila los primeros doce ejemplares de la colección salió hace relativamente poco en los Estados Unidos bajo el título de Justice League Task Force Volumen 1: The purification plague  y, aparte de las aventuras mencionadas incluye un número en el que varios de los afectados por la Bloodlines (en aquellos años los anuales delas colecciones buscaban encontrar una temática común, narrar un gran evento que hiciera que el fandom desembolsara sus ahorros en colecciones bastante endebles de guión y de realización y, por supuesto, lo conseguían. Bloodlines planteaba una raza asquerosa de aliens que se alimentaban de la medula ósea de los humanos, si mal no recuerdo, pero en un porcentaje menor, a victima se salvaba y desarrollaba poderes especiales. Cada uno de los anuales presentaba uno de estos nuevos héroes que pronto sucumbieron en el olvido, creo, o por lo menos en su gran mayoría) lo cierto es que en uno de los episodios varios de estos personajes confluyen en los cuarteles dela liga buscando un mentor en J´onn J´onzz.

La saga que cierra el telón enfrenta al equipo liderado por el Martian Manhunter y conformado por Black Canary, Elongated Man, Thunderbolt, Gypsy y Rex Tyler, el Hourman original para enfrentarlos a una liga de supremacistas que pretenden liberar un virus modificado para exterminar a todo humano que no fuera ario puro.

Nada del otro mundo, pero un viaje a la infancia divertido e ilustrado por Sal Velluto, un artista poco reconocido a pesar de su gran talento en el que fuera, tal vez su mejor momento. La serie original alcanzó los 37 números más el número 0 de Zero Hour, aunque no creo que sigan recuperándola en TO, pero para muestra vale un botón y fue una lectura amena y nostálgica, sin esas decepciones que muchas veces conllevan los viajes al pasado. Un trabajo digno de los guionistas David Michelinie, Chuck Dixon, Dennis O´Neill, Jeph Loeb y Michael Jan Friedman, algunos de los cuales ya eran popes en ese momento y otros marcaron las décadas siguientes con sus mejores trabajos.

 

Sobre El Autor

Damián Blas Vives es actualmente es Director de Gestión y Políticas Culturales de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y en 2007 Evaristo Cultural. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y Rastros, el Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, co-coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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