Richter, un alemán exiliado, le pide a Perón, presidente de los argentinos, colaboración para desarrollar la bomba atómica. Crédulamente, Perón se lo brinda. A partir de esa anécdota histórica, Sorín pone en movimiento una ficción bien documentada que lleva el episodio a niveles de angustia y de delirio. Sin embargo, gracias a una prosa acompasada y atenta, el lector será sorprendido muchas veces más. Sorprendido, no engañado. El hombre que engañó a Perón es un modelo de novela inspirada en hechos de la historia reciente: las circunstancias levantan vuelo y los borradores de la infancia de muchos argentinos encuentran por fin la dimensión mítica esperada.

el hombre que engañó a perón

En la narrativa nacional suele caerse en un patrón en el cual las historias narradas no son sobre personajes “que hacen” sino sobre personajes “que piensan”, en este sentido los tuyos siempre fueron relatos “de acción”. Cuando planteás una nueva novela, ¿cuál es tu aproximación al argumento?

Se puede escribir de infinitas manera, la mía es la mejor… pero sólo para mí; hice un sistema a mi medida que, por lo tanto, puede no servirle para otro. Escribo una novela como arquitecto construiría una casa. Por lo general me tomo un buen tiempo para armar un guión, el guión es la estructura, no hay palabras, sólo acciones e imágenes. Cuando considero que está armonioso, que no tiene inverosimilitudes ni gratuidades, que mantiene la tensión y cierra en un final adecuado, levanto las paredes de palabras. La narrativa es más flexible que la arquitectura y las palabras sugieren nuevas imágenes. Bien hecho, el texto se complejiza ganando profundidad y carnadura. Claro que hay que hacerlo bien, ése es el problema…

En el caso de El hombre que engañó a Perón, tus lectores podemos observar un cambio radical en tu estilo literario. La construcción del argumento sigue siendo sólida, tal vez la más sólida hasta la fecha, pero la prosa es mucho más flexible, más estilizada. ¿Este cambio fue consciente? ¿Tiene que ver con una necesidad estilística de esta obra en particular o con una madurez narrativa adquirida por la experiencia?

Tiene que ver con esta novela y también con una ampliación de mi universo que este trabajo azuzó. La historia tenía exigencias y peligros que favorecieron una indagación estilística que ya existía como necesidad previa.

Tenía que explicar cuestiones científicas para que se entendiese la historia de Richter y la aventura de la Física del siglo XX. Materia ardua que había que trabajar poéticamente. No me fue nada fácil, trabajé mucho, sudé la gota gorda para que el texto fuera literariamente agraciado, y además, transparente en cuestiones científicas. Sabía antes, pero escribiendo se me hizo evidente cómo la Física en el siglo pasado se internó, se hundió, en la Filosofía. Y entendí por qué buena parte de los más notables físicos de ese tiempo fueron graduados en Filosofía.

Es decir, la dificultad ayudó a profundizar una búsqueda de estilo que ya estaba en Palacios. Además, el narrador es un personaje contradictorio y rico, complejo y a su manera hermoso. Eso también me ayudó mucho.

 

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Daniel Sorin

Sin duda alguna el título de esta última novela es uno de los más “gancheros” de tu carrera y de la narrativa nacional de los últimos años. ¿Cuál fue tu aproximación a la figura de Richter? ¿Qué vino primero, el título o la construcción del argumento?

Yo tenía la idea hace muchos años. Estaba en la Feria del Libro, en la presentación de la colección donde salieron Palabras escandalosas y Palacios, y le comenté a un amigo que quería narrar el caso Huemul. Fue él quien me sugirió el título. A Luís Chitarroni le gustó y quedó. O sea que el título es posterior a la idea de narrar lo sucedido en la isla Huemul pero muy anterior a la construcción del argumento porque, al fin de cuentas, sólo con una idea no hacemos nada… ¿no?

Uno de los puntos más interesantes para resaltar de la novela, es que lográs mantener el estilo a la vez que interiorizar al lector en ciertas especificidades científicas concernientes a la fisión y fusión atómicas. ¿Cómo fue estetizar teorías de la física nuclear? ¿Cuánto tiempo dedicaste a instruirte sobre estos temas?

Una aventura. Te digo que por un momento temí lo peor… Hasta que un día el narrador (un científico) me dictó lo que yo estaba buscando: “No soy hombre de fe. Lamentablemente”.

¡Había dicho lamentablemente! Fue cuando me pregunté cómo vería el universo mi personaje si su mente dejase un lugar para Dios. Una duda razonable.

Fue cuando salió: “Todo lo que es posible de ver de cuanto Él ha creado es materia o energía. Dos estados de su obra”. Ahí supe que tenía el camino y lo seguí, desde ese lugar expliqué, o mejor dicho el narrador explicó, la diferencia entre fusión y fisión de una manera plástica.

En tus novelas suele estar presente el tema de la conspiración, así como suele vislumbrarse también un interés por el quehacer político y social de nuestro país. Si tuvieses que ficcionalizarla, ¿cómo encararías la realidad nacional de los últimos meses?

En este país los hechos nunca son como parecen ser. Una alternativa bien puede ser sacarles a los hechos la política engañosa, la que se conjuga en singular. Estar atentos, y por sobre todo, ser incrédulos. Descarnalizar la realidad. Cristina Fernández y De Angeli y Cobos podrían ser otros… Sospecho que ese ardid va revelarnos un interesante y horroroso déjà vu.

 

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Sobre El Autor

Imagen de perfil de Damian Blas Vives

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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