Llegamos a una edad en la que, de una manera u otra, no queremos seguir leyendo las memorias de Ana Frank y tan sólo muy de vez en cuando, una de entre todas las tragedias express con que nos bombardean constantemente por la pantalla, toca alguna fibra que continúa sensible.

Cuando este libro cayó en mis manos pensé en derivarlo, en perderlo, en esconderlo. No quería ser el lector morboso a quien detallaran párrafo a párrafo el desolado camino de un cuerpo que se fuera degradando de a poco para perder finalmente contacto con el alma que lo ocupa… y no lo fui. A las tres páginas me di cuenta que no estaba frente a ese tipo de libro. A las diez páginas ya sabía que se trataba de un libro necesario, de una vindicación de la dignidad. Ahora que escribo estas líneas luego de haber finalizado la lectura, puedo afirmar que estamos frente a un libro imprescindible, el argumento definitivo frente a la ignorancia que impide la aprobación de la educación sexual en los colegios secundarios y un texto fundamental para el desarrollo de dicha materia.

Henning Mankell es un brillante narrador, pero ante todo, es un autor honesto, nos habla de su ignorancia, de los primeros recuerdos que tiene de la epidemia del sida (Rock Hudson), del miedo irracional a ser contagiado. Nos habla de sus viajes por África y de la labor que, a pesar de sus temores, desarrolla dentro de la organización de desarrollo internacional Plan Sverige (www.plansverige..org). En su crónica nos cuenta la historia de una niña, Aida, que enfrentará la necesidad de desarrollar precozmente una madurez impuesta por la enfermedad de su madre. No habla del valioso tesoro de esta niña, su planta de mango, a la que protege de su entorno de degradación. Nos relata la historia de Christine, la madre de Aida, portadora del virus; de su lucha por no dejar desamparados a sus hijos, de su esfuerzo por transmitirle a estos, aunque mas no sea, algún recuerdo, su experiencia con la terrible enfermedad que diezma el continente negro y, por sobre todas las cosas, el valor de la dignidad. Mankell nos trae también el relato de su encuentro con Moses, con Gladys y a través de ellos la historia de todo un continente víctima de la codicia de las empresas farmacéuticas.

Como bien dice Mankell en estas páginas, “Los relatos son puentes. Nadie se arrepiente de haber creado un puente…”, habría que agregar que una vez levantados, los puentes están para ser cruzados. Sin apelar a golpes bajos ni a sentimentalismos baratos, el autor sueco aviva esas brasitas que aún queman tras el fuego anestesiado y nos convierte en testigos de una realidad espantosa, la nuestra. Porque si hay algo mas terrible que el desarrollo innecesario de esta epidemia en los países tercermundistas, es nuestra indolencia a la hora de intentar evitarlo.

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Titulo: Moriré, pero mi memoria sobrevivirá. Una reflexión personal sobre el sida.

Autor: Henning Mankell

Prólogo: Desmond Tutu

Apéndices: Anders Wijkman; Hägg-Sjöquist y Bosse Schön

Traducción: Carmen Montes Cano

Editorial: Tusquets

130 páginas

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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