William Blake nace en Londres en 1757y muere en 1827 en esa misma ciudad, sin haber salido nunca de Inglaterra. En una definición nietzscheana: Su espíritu era el de un hombre póstumo. Y como tal debió esperar el cambio de los tiempos y modelos; lo que antes no se apre­ciaba hoy se ve magnificado.

Su influencia artística llega a nuestros días. Inspi­rando las experiencias de espiritualidad alucinógena de Aldous Huxley, registradas en «The Doors of Perception «, que al mismo tiempo influiría en Jim Morrison al momento de dar nombre a su banda.

Se lo consideraba un conservador en su época. En sus pinturas y grabados se encuentra el rastro de Miguel Ángel. En sus escritos, la anarquía literaria. Sus mento­res: Milton, Spenser, Dante, así como Chaucer. Habiendo carecido de formación académica, su pureza quizá halle origen en su incorrección ante la gramática y la métrica; evitando ese filtro que se interpone entre las musas y la obra, entre sus visiones y el papel.

Tanto su obra poética como plástica se alimentan y complementan, una a la otra; ayudando ambas a retratar fielmente sus alucinaciones, como verdaderas revelaciones.

Original, visionario, oscuro, individualista, extra­ño. Se podría intentar describirlo, pero nada alcanzaría a la totalidad que se percibe en el choque con su arte.

Leonardo herzen

Buenos Aires, enero 2012

Editorial Cygnus Regalis recupera parta el lector argentino la obra poética completa de este titán de las letras universales en la versión de Andrés Maldondo. Agradecemos a sus editores el permitirnos difundir en siguiente fragmento.

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Argumento

Amé a Theotormón

sin sentir vergüenza.

¡Me estremecí con virginal temor

y me oculté en el valle de Leutha!

 

Tomé la flor de Leutha

y me elevé sobre el valle;

pero horrendo truenos rasgaron

en dos partes mi vestido virginal.

 

Visiones

Esclavizadas lloraban las hijas de Albión dejando escapar gemidos temblorosos

a causa de sus montañas. En los valles, suspiros que se dirigen a América.

Buscando la tierna alma de América Oorthoon vagó, doliente, por los valles de Leutha

juntando flores para alegrarse.

Y de esta manera habló al brillante girasol:

«¡Eres Flor! ¡Ninfa! ¡A veces te veo como Flor y a veces como Ninfa! ¡No me atrevo a arrancarte de tu rociado lecho!»

 

Contestó la ninfa de oro: «Toma mi flor, dulce Oothoon.

Otra crecerá, porque el alma del tierno goce

Jamás se ha de agotar.» Caló, cerrando su áureo santuario.

 

Entonces Oothoon arrancó la flor diciendo: «De tu lecho te separo,

tierna flor, y te coloco aquí entre mis pechos, para que luzcas todo tu brillo.

De esta forma volveré mi rostro hacia donde toda mi alma busca.»

 

Luego se paseó por sobre las olas, lleno de goce exultante y vital

y encaminó su paso vehemente hacia el reino de Theotormón.

Bromión la fulminó con su rayo. En su lecho de tempestades yace la exánime

doncella; y enseguida su dolor conmueve al bronco rayo.

 

Bromión dijo así: «Vean aquí, en el lecho de Bromión, a esa ramera.

Que los celosos delfines jueguen alrededor de la encantadora niña.

Tan suaves llanuras americanas son mías, igual que tu norte y tu sur.

Tienen marcada mi impronta los cetrinos hijos del sol.

Son obedientes; ninguna resistencia muestran; se someten a los azotes.

Sus hijas veneran los terrores; obedecen al viento.

Ahora puedes casarte con la hija de Bromión y cuidar al hijo de la ira de Bromión, que

Oothoon dará al mundo dentro de nueve meses.

 

Después, las tempestades desgarran los miembros de Theotormón, quien se rodea de olas

y cierra sus bellas alas alrededor de los adúlteros.

Atados entre sí por la espalda, el terror y la mansedumbre se hospedan en la cueva de Bromión.

Ante la entrada, Theotormón se sienta, esperando conmover al rígido umbral

con discretas lágrimas. Debajo de él, un sonido como el de las olas en una playa despoblada y

voces de esclavos que se afanan al sol. Niños que se compran con dinero

tiemblan en devotas cavernas bajo los ardientes fuegos de la lujuria eructada por las cumbres de la tierra.

 

Oothoon no llora ¡porque no puede llorar! Sus lágrimas enclaustradas se hallan.

Mas puede gemir sin pausa, retorciendo sus tiernos miembros de nieve,

y convocar a las águilas de Theotormón para que hagan presa de su carne.

¡Clamo con sagrada voz! ¡Reyes de los sonidos del aire, desgarren este pecho

maculado para que pueda reflejar la imagen de Theotormón en mi pecho duro y transparente!

A su clamor, las águilas descienden y destrozan su presa teñida en sangre.

Theotormón sonríe con severidad y el alma de ella refleja su sonrisa

igual que la blanca primavera enlodada por las patas de las bestias gana en pureza y sonríe.

 

Las Hijas de Albión escuchan sus gemidos y devuelven en eco sus suspiros.

¿Por qué mi Theotormón se queda llorando ante el umbral?

Oothoon da vueltas cerca de él, intentando vanamente convencerlo.

«Te pido, Theotormón, que te levantes, pues el perro del pueblo ladra al alba. El ruiseñor ya no se lamenta,

la alondra susurra sobre el cereal en flor y el águila retorna

de su cacería nocturna alzando su áureo pico en dirección al este puro

y sacudiendo el polvo de su alón inmortal para despertar

al sol, que ya duerme en demasía. Levántate, Theotormón mío; pura soy.

La noche que me tuviera encerrada en su horrendas tinieblas ya se ha ido.

Me dijeron que sólo podría ver el día y la noche;

me dijeron que poseía cinco sentidos y que ellos me tendrían aprisionada;

confinaron a un círculo estrechísimo mi cerebro infinito

y sumieron a mi corazón en un abismo, en un abrasador globo carmesí,

hasta que borré todo de la vida.

En vez de la mañana, amanece una brillante sombra, que se parece a un ojo

de la nube del este. En vez de la noche, un hediondo matadero.

¡Mas Theotormón no me escucha! Para él, noche y día son la misma cosa. Noche de

suspiros, mañana de lágrimas nuevas.

Y sólo Bromión puede escuchar cómo me lamento.»

 

¿Qué sentido ayuda al pollito para eludir al hambriento halcón?

¿Con qué sentido mide la anchura la mansa paloma?

¿En cuál se basa la abeja para construir las celdillas? ¿Acaso la rana y el ratón

no tienen ojos ni oídos ni tacto? Pero sus habitáculos y propósitos tan distintos son como sus formas y sus felicidades.

Pregunten al tosco asno por qué rehusa la carga y al sumiso camello

por qué ama al hombre. ¿Por sus ojos, oídos, boca, carne u olfato? No puede ser, también los tienen el lobo y el tigre.

Pregunten al ciego gusano por los secretos de la tumba o por qué sus espiras

se deleitan formando rizos alrededor de los huesos de la muerte y pregunten a la insaciable serpiente

de dónde saca su ponzoña; y al águila alada por qué ama al sol y luego me revelarán

los pensamientos del hombre que se ha escondido hace mucho.

 

Silente doy vueltas la noche entera; todo el día podría callar

si Theotormón me dirigiera aunque más no sea una vez sus amados ojos.

¿Cómo una mujer maculada podría reflejar la pureza de su imagen?

Más dulce es el fruto con que se alimenta el gusano y el alma

en que ha hecho presa su dolor;

y el cordero recién bañado que apenas puede ser manchado por el humo del pueblo;

y el ostentoso cisne

junto a la tierra roja de nuestro inmortal río donde remojo mis alas.

Y soy blanca y pura al desplegar mi vuelo sobre el pecho de Theotormón.

 

Entonces Theotormón ya no guardó silencio. Y dijo:

«Dime ¿qué diferencia hay entre el día y la noche para quien siempre está angustiado?

Dime ¿qué es una felicidad? ¿En qué jardines crece la fortuna?

¿En qué río nadan las penurias? ¿Sobre qué montes aletean las sombras de la desdicha?

¿En qué moradas vive el miserable

borracho de dolor olvidado y ajeno a la gélida desesperanza?

Dime dónde habitan los olvidados pensamientos hasta que tú los convocas.

Dime dónde habitan las felicidades de otros tiempos; dónde los viejos amores.

 

¿Cómo volverán a vivir? ¿Cuándo terminará la noche del olvido?

¡Oh, si yo pudiese atravesar tiempos y espacios muy remotos para aportar

consolación a un pesar actual y a una noche de dolor!

¿Adonde te fuiste, pesar? ¿A qué tierra lejana diriges tu vuelo?

Si tornases a las actuales épocas de angustia,

¿traerías consolaciones en tus alas y rocío y miel y bálsamo,

o con ponzoña extraída de los ojos del envidioso vendrías de la tierra desierta?»

 

Dijo entonces Bromión, cuyos lamentos hicieron temblar la caverna:

«Bien sabes que los viejos árboles por sus ojos vistos dan fruto; pero,

¿sabías que árboles y frutos crecen en la tierra para el placer de

sentidos desconocidos? Animales de los árboles, aves ignotas;

no son conocidas, mas no por eso dejan de ser perceptibles si se extienden ante el

infinito microscopio; existen en sitios aún no visitados por el viajero o en mundos con

otra especie de mares o en desconocidas atmósferas.

¡Ah! ¿Existen guerras, aparte de las guerras de espada y fuego?

¿Existen angustias además de las angustias de la miseria?

¿Existen dichas fuera de las dichas de la riqueza y la abundancia?

¿Acaso hay más de una ley para el buey y el león?

¿No existe el fuego eterno y las eternas prisiones

para apartar a los espectros de la existencia de la vida eterna?»

 

Oothoon esperó en silencio todo aquel día y toda la noche.

Al llegar el día reemprendió sus lamentaciones

y las Hijas de Albión escucharon la relación de sus miserias e hicieron eco de sus suspiros.

 

¡Oh Urizen, hacedor de los hombres, confundido demonio del cielo!

¡Lágrimas son tus felicidades! Vano es el esfuerzo de crear hombres a tu imagen.

¿Cómo podría una dicha absorber a otra?

¿No existen acaso alegrías diferentes, santas, eternas, infinitas?

Y cada una es un Amor.

 

¿No se recibe con la boca llena de risa el obsequio? ¿Los finos párpados se burlan

del trabajo que es más que toda paga y vas a elegir al mono como consejero? ¿Al

perro como instructor de tus hijos?

Aquél que desdeña la pobreza y aquél que se aparta espantado de la usura ¿tienen

acaso la misma pasión? ¿De la misma manera se conmueven?

¿Cómo podría el obsequiante conocer las delicias del prestamista?

¿Cómo el ciudadano diligente, las angustias del labrador?

¡Qué diferentes son los dos del cebado mercenario de vacuo tambor

que reduce campos y mieses a la esterilidad y canta en el zarzal!

¡Qué distintos sus ojos y oídos! ¡Qué distinto es el mundo para uno y otro! ¿Con qué

fin el sacerdote exige su trabajo al labriego?

¿Cuáles son sus redes, sus trampas? Lo envuelve

de fríos diluvios abstractos y de bosques de soledad

para que levante castillos y minaretes que después habrán de cupar reyes y sacerdotes.

La que rebosa de juventud y aún no tiene destino asegurado se ve unida

por artimañas legales a quien aborrece ¿y ha de arrastrar la cadena

de la vida con agobiado deseo? ¿Han de oscurecer sus criminales pensamientos

el límpido cielo de su eterna primavera? ¿Engendrará la cólera invernal

de un implacable terror que lleva a la locura al verse sujeta al cetro

que pesa todo el día sobre sus hombros encogidos? ¿Pasará sus noches

dando vueltas a la rueda del deseo falso y a los anhelos que despiertan su pecho

al odiado nacimiento de querubines antropomorfos,

que viven una enfermedad, mueren como el meteorito y se desvanecen?

El niño habita con quien desprecia y hace cosas que le repugnan;

usando su vigor, el impuro azote planta su semilla, que dará lugar al nacimiento prematuro

para que por siempre sus ojos puedan contemplar las flechas del día.

 

¿Adora la ballena tus umbrales como el perro hambriento?

¿Husmea la presa del monte con toda la boca metida en el océano? ¿Distinguen sus ojos la nube huidiza

cual los ojos del cuervo? ¿Mide los espacios como el halcón?

¿Puede la movediza araña contemplar el acantilado donde el águila oculta a sus pequeños?

¿Se alegra la mosca cuando llega la cosecha?

¿Acaso el águila no desprecia la tierra y desdeña los tesoros que ésta esconde?

Mas el topo sabe lo que hay ahí; el gusano te lo dirá:

¿No levanta él una columna para que no vaya a desmoronarse el cementerio

y un palacio eterno ante las quijadas de la tumba voraz?

Sobre su pórtico están escritas estas palabras: «¡Aprovechen la bendición, hombres,

que dulces serán sus paladares y dulces sus renovadas dichas infantiles!»

¡Niñez arrojada y feliz que anida

en gozosas faldas en busca del placer! ¡Inocencia! Honesta, abierta, ansiosa

de probar las fuertes dichas de la luz del alba; abierta a la bendición virginal ¡que te

educó en la modestia, la modestia sutil! Hija de la noche y el sueño

¿fingiste al despertar no conocer tus secretas felicidades

o dormías cuando este misterio fue revelado?

Luego te adelantaste, modesta doncella que sabes de simulaciones,

llevando redes que encontraste bajo tu almohada para cazar con ellas la virginal fortuna

y marcarla a fuego como prostituta para venderla en la noche silenciosa que no deja

escapar ni un murmullo y que parece dormir.

Sueños religiosos y sacras vísperas encienden tus llamas humeantes.

En otras épocas tus fuegos fueron avivados por la mirada de la honesta mañana,

¡y mi Theotormón busca tan falsa modestia!

 

Tan informada, hábil, discreta, temerosa, prudente y temblorosa hipócrita!

¡De forma que Oothoon es en realidad una ramera!

¡Y todas las felicidades virginales de la vida son cosas de puta!

Theotormón apenas si es el sueño de un afiebrado

y Oothoon la sierva artera de la beatitud egoísta.

Mas no: Oothoon no es eso, sino una doncella exultante de fantasías virginales

dada a la alegría y al goce en cuanto sobreviene la belleza.

Si la encuentro en el sol de la mañana, a ella se pegan mis ojos en feliz acto carnal. Y

si la encuentro en el fresco atardecer, cansada del trabajo,

me siento en un banco para disfrutar de los placeres que me otorga esta dicha que ha nacido libre.

¡El momento del deseo! ¡El momento del deseo! La doncella

que anhela un hombre abrirá su pecho a enormes felicidades en las secretas sombras

de su estancia y el mozo apartado del lujurioso goce olvidará generar y crear una

imagen amorosa a la sombra de sus cortinas y entre los pliegues de su discreta

almohada.

¿No es ése el sitio de la fe y el premio a la temperancia?

¿Los goces propios de la negación? ¿Para qué quieres la religión?

 

Es porque los hechos no son bellos que buscaste la soledad donde la tenebrosa

oscuridad queda marcada con la impronta del deseo.

¡Padre de los Cielos, que la tierra te maldiga!

¿Por qué has educado a Theotormón en algo que merece tan grande condena? Hasta

que la belleza se desvanezca en mis hombros oscuros y exiliados,

una sombra solitaria gemirá en las playas del no ser.

Exclamo: ¡Amor!, ¡amor!, ¡amor!, ¡tan dichoso amor, libre como el viento de la montaña!

¿Acaso es amor esto de beberse al otro como la esponja absorbe el agua?

¿Esto, que nubla con celos sus noches y con lágrimas todo el día?

¿Lo que causa tejer una red de edades a su alrededor?

¡Gris y canoso! ¡Sombrío!

Hasta que sus ojos se emborrachan con el fruto que pende ante la mirada.

¡Así es el amor de sí mismo que todo lo envidia! Es un esqueleto rastrero

de ojos como lámparas, que vigila el yerto lecho matrimonial.

Mas sedosas mallas y trampas de adamante sembrará Oothoon para cazar jovencitas de dulce plata

o de oro furibundo y ofrecértelas.

En un escabel, a tu lado me acostaré para presenciar sus juegos alocados,

sus encantadoras cópulas, bendición sobre bendición, con Theotormón.

Roja como el alba rosácea, lujuriosa como el primer rayo de sol, Oothoon presenciará

su propio goce, que ya no tapará la nube celosa,

llegar al cielo del amor desinteresado, libre de la plaga egoísta.

¿Pasea el sol vestido de gloria por el secreto suelo donde el frío usurero extiende su

oro? ¿Se posa la nube refulgente

delante de su umbral de piedra? ¿Pueden sus ojos ver el rayo que aporta

expansión a la mirada piadosa? ¿Se uncirá a sí mismo,

junto al buey ante su helado surco? ¿Acaso el rayo caluroso no confunde

al murciélago, al buho y al destellante tigre, rey de la noche?

El ave de mar aprovecha la bocanada de aire invernal para taparse con ella

y la serpiente salvaje, el sucio barro para engalanarse de áureas joyas.

Árboles, pájaros, bestias y hombres contemplan sus eternas felicidades.

¡Levántense, alitas oblicuas, y celebren su dicha infantil!

¿Levántense para beber su bendición, que todo cuanto existe es sagrado!

De esta forma se lamenta Oothoon cada mañana. Mas Theotormón permanece

impertérrito junto al océano, conversando con sombras horrendas.

Las Hijas de Albión escuchan los lamentos de Oothoon y devuelven en eco sus suspiros.

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