EL RETRATO DE RAÚL ALFONSÍN | Entrevista a Oscar Muiño

El recuerdo de Raúl Alfonsín. Un perfil del alma de la democracia encerrada en un cuerpo colectivo acostumbrado a ser insuficiente en tiempos difíciles, ese cuerpo político le quedaba chico.

Un elegido para enfrentar y derrumbar “la teoría de la seguridad” impuesta a sangre y fuego.

Un hombre que rechazó la lógica de los “pragmáticos cínicos”.

El libro intenta, y logra, desnudar y transmitir la imagen del líder, del político en ascenso, del encumbrado, y del que le sigue, sin resignarse, hasta el fin de sus días. Etapas de una misma vida dedicada al fortalecimiento de la democracia.

Un legado sin beneficio de inventario; con los errores de Alfonsín, también se puede enseñar, y aprender, lo necesario.

El libro ofrece una paleta de testimonios destinados a sumar pinceladas que van iluminando rasgos de un retrato.

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Quisiera conocer su opinión sobre la Ley de Obediencia Debida y preguntarle ¿por qué generó tanta sorpresa y disgusto dentro de las filas de la U.C.R. el temperamento adoptado, siendo que a grandes rasgos, ya había sido anunciado, y enunciado, el mismo día que Alfonsín asume el cargo?

La ley de obediencia debida fue la política de Alfonsín desde la campaña electoral. El propósito era castigar a los principales responsables de la violación de los derechos humanos pero también a los ejecutores del golpe de Estado con el propósito de desterrar las asonadas y motines a futuro. La decisión de ampliar de algunas docenas a miles de oficiales nace de la decisión del senador Sapag y del viraje peronista, que pasa de aceptar la ley de autoamnistía a buscar juicio contra todos. En el radicalismo, diversos sectores querían ampliar la base justiciable, de donde nació la consigna: “No hubo errores / no hubo excesos / son todos asesinos / los milicos del proceso”. La Coordinadora y otros sectores –acaso los más dinámicos- querían ampliar el castigo a más militares de la propuesta de campaña.

Durante la campaña, se dividieron las aguas en razón de la ley de autoamnistía; los candidatos Alfonsín y Luder toman distintas posturas. La pregunta obligada parecería ser la siguiente: ¿Cuál habría sido la apuesta de Alfonsín al ofrecerle la presidencia de la Corte Suprema de Justicia a Luder?

La oferta a Luder era una mano tendida al PJ para la construcción de un sistema de partidos. Debe recordarse el antecedente de Yrigoyen, quien en 1930 había promovido la presidencia de la Corte Suprema para Figueroa Alcorta, ex presidente del régimen. No hay, que yo sepa, idea alguna en el sentido de aceptar la autoamnistía. Alfonsín no la quería y nunca la quiso; los testimonios son concluyentes. Alfonsín desestimó la posibilidad de incluir los crímenes del peronismo durante 1973-76 porque, si bien podía resultar en el corto plazo favorable para la UCR, era inconsistente con la decisión primordial de construir un sistema de partidos basado en las dos grandes estructuras de la época: UCR y PJ.

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¿Qué puede decirnos sobre el pensamiento socialdemócrata que inspiraba al Dr. Alfonsín; y sobre los intelectuales del Grupo Esmeralda?

La relación de los presidentes con los intelectuales es zigzagueante. Ni Isabel ni Menem ni De la Rúa fueron sostenidos por corrientes vigorosas de pensadores. Incluso Illia fue rechazado por la mayoría de los intelectuales. El Grupo Esmeralda y otros circuitos que se acercaron a Alfonsín admitían autocrítica y la existencia del Otro, la admisión del derecho a la disidencia. No debemos olvidar que el intelectual y el periodista deben ser por definición portadores de un espíritu crítico contra la autoridad, aunque acompañen procesos políticos o sociales. Ese espíritu dolorosamente no se advierte en Carta Abierta, más allá de la vocación individual de algún miembro.

El Pacto de Olivos ya cumple veinte años y podemos ver algunos resultados. ¿Considera que generó condiciones a favor de la política o, sin quererlo, abrió las puertas a la antipolítica ubicándola en espacios de poder político?

El Pacto de Olivos fue un éxito institucional pero un fracaso político, sobre todo para Alfonsín y el radicalismo. Pretendió conservar espacios para los partidos tradicionales y el efecto fue otro: alentó el surgimiento de fuerzas nuevas. Su gran mérito –la primera reforma constitucional acordada entre las principales fuerzas, y no impuesta por los vencedores, como las de 1949 o 1957- se diluyó porque fue leída por millones de votantes como una capitulación de la UCR ante la reelección menemista. No me parece que haya abierto la puerta a la anti-política, pero sí que dinamitó el bipartidismo.

 

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Alfonsín, se opone al pacto Perón-Balbín y, veinte años después, impulsa un pacto con Menem; ¿Cómo se explica?

Alfonsín de 1973 es un tribuno de la plebe que confía ciegamente en la movilización popular. Veinte años después, teme un regreso a la antinomia peronismo-antiperonismo de 1946-55, ve a su UCR dividida y elige el pacto como mal menor. Se ha convertido más en un senador prudente, en un rol diferente al transformador que había intentado ser durante toda su vida.

¿Cuál sería, a su juicio, el mayor acierto de Alfonsín durante su mandato, y cuál su mayor error?

Los aciertos de la presidencia de Alfonsín son numerosos. Por un lado, el juicio a las juntas evitó que los familiares de las víctimas mataran a los asesinos de sus hijos, y por el otro, liquidó para siempre al partido militar.

En materia de política internacional eligió el destino latinoamericano, terminó con un siglo de guerra fría con Chile y con trescientos años de hostilidad con el Brasil. Eso permitió también disminuir el poder de las FFAA. Evitó que el continente deviniera escenario de guerra caliente entre las superpotencias, al bloquear la invasión de los Estados Unidos de Reagan a Nicaragua y la guerrilla del Frente Manuel Rodríguez en la frontera argentino-chilena.

El Mecosur es un logro histórico para la región.

Colocó a la Argentina como una potencia moral y modificó para siempre –después de la CONADEP y la condena a las Juntas- el derecho penal internacional, al fijar las bases que permitieron la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad, figura inexistente antes de que fallasen los tribunales argentinos.

El clima de tolerancia desencadenó un estallido artístico –evidente en el cine nacional acaparando premios por doquier-. Promovió la democratización del peronismo, que se alfonsinizó con la Renovación peronista. No es casual que durante la presidencia de Alfonsín haya tenido el PJ la única interna con una fórmula elegida por sus afiliados de modo directo.

Alfonsín creó un marco de respeto y tolerancia que luego de su presidencia se ha ido deteriorando.

El principal error de la presidencia Alfonsín fue, seguramente, haber confiado excesivamente en su proyecto sin advertir el exceso de limitaciones objetivas que marcaban una correlación de fuerzas desfavorable. Al asumir en el momento histórico de peores precios para los productos argentinos, con exportaciones infravaluadas y muy altos precios para las importaciones, con tasas de interés exorbitantes, el condicionamiento de las Fuerzas Armadas, de los grandes bancos poseedores de los papeles de deuda, la desconfianza empresaria y la feroz oposición del peronismo sindical, sumada a la ausencia de control sobre el Senado, obligaba a medir más los pasos, teniendo en cuenta esa correlación de fuerzas adversa.

¿Es posible trazar un paralelo entre el radicalismo conducido por Raúl Alfonsín y el radicalismo de hoy? ¿Algún político radical, hoy alcanza su estatura?

En cuanto a una comparación, resulta hoy imposible: Alfonsín es uno de los poquísimos jefes que tuvo la UCR en su historia: Alem, Irigoyen, Alvear, Balbín, acaso Frondizi, y Alfonsín. Si surgiera un nuevo Alfonsín, sería el indiscutible nuevo líder del radicalismo y el conjunto de la oposición no peronista.

 

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Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integró el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Se desempeña en el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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