Tras el fallecimiento del gran escritor, Sigrid Kraus, directora editorial de Salamandra, escribió el presente artículo, publicado en El País, el 21 de junio de 2015. Agradecemos a Sebastián Lidijover la autorización para reproducirlo en Evaristo Cultural. A continuación de estas líneas encontrarán un hipervínculo a la página de Salamandra en donde podrán disfrutar de las primeras páginas de  Todo lo que hay, el último libro publicado por la editorial, distribuído en nuestro país en junio de 2014.

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El viernes falleció James Salter, uno de los grandes escritores de la literatura norteamericana. Ha muerto con 90 años, perfectamente lúcido y en plenas facultades, y deja un hueco enorme para todos los amantes de la literatura.

James Salter forma parte del catálogo de Salamandra gracias a Anik Lapointe, que lo recuperó para el público lector español en su etapa en Grup 62, y también a Juan Mila, que continuó este trabajo en El Aleph y más tarde en Salamandra. Hoy, tanto Anik como Juan forman parte de nuestro equipo de la editorial Salamandra, por lo que somos algo así como la “familia” de Salter en el ámbito español.

El fenómeno Salter es de esos que en el mundo de la edición de hoy son cada vez más difíciles de reproducir. Sus primeros libros se vendieron muy poco y sólo seguimos insistiendo porque siempre nos ha parecido un escritor singular, apasionante, y consideramos un gran orgullo tenerlo en nuestro catálogo. ¡Qué grande fue nuestra alegría cuando por fin este esfuerzo se vio recompensado también en ventas! James Salter siempre quiso ser leído por mucha gente, no le interesaban tanto las magníficas reseñas, sino llegar y conectar con los lectores. De ahí que este redescubrimiento de su obra, que se dio especialmente en España, América Latina y Estados Unidos, le hiciera mucha ilusión.

Estar rodeado de jóvenes admiradores cuando presentó Todo lo que hay en Estados Unidos fue una de sus mayores satisfacciones en estos últimos años.

Creo que todos los que tuvimos la suerte de conocer a James Salter en persona coincidiremos en que era un hombre encantador, un auténtico gentleman, gran conversador, de una educación exquisita, que siempre mostraba un gran interés por todo lo que lo rodeaba.

Salter era un hombre modesto, que prefería hacer preguntas a hablar de sí mismo, lo que tal vez fuera un rasgo que hizo más difícil su reconocimiento en un mundo donde lamentablemente cada vez hay que hacer más ruido para ser valorado.

Fue uno de los candidatos al Premio Princesa de Asturias, y aunque finalmente no lo ganó, sé que este galardón lo habría hecho feliz.

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http://salamandra.info/sites/default/files/books/previews/todo_lo_que_hay-1er_capitulo.pdf

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