Elegancia. Esa es la primera palabra que inspira la muestra Refléctica, del artista Alfio Demestre en Pasto Galería. Allí esculturas y dibujos actúan como huella empírica de lo limitada que es nuestra capacidad de ver, pero más allá de lo que evidencia la luz, hay una reflexión que cala hondo, de la mente al corazón, presentada de modo exquisito, para el goce de los espectadores.

Al entrar nos reciben tres pequeñas esculturas, estructuras que se construyen con la dinámica de las moléculas. Pequeños fragmentos de vidrio con imágenes del mundo occidental. Reliquias de la fotografía que han sido reutilizadas por Alfio. En ellas veremos el Vaticano convertido en pequeñas fracciones organizadas como si de modo natural se hubieran unido para formar una nueva sustancia. Sustancia estructura escultórica. Detrás un dibujo en capas, reformula esta concepción y posibilidad de tomar formas abstractas que inspiren la creatividad del espectador. Para apreciarlo mejor es ideal tocarlo y hacer que la transparencia evidencie lo que subyace a la primera mirada. En la sala también podemos ver dos esculturas compuestas, entre otros materiales, por polarizadores, un material que hace que las piezas jueguen con la luz de modo tal que los espectadores recorremos la obra para decodificar cómo puede ser que esos fragmentos, de eso que parece una especie de vidrio o plástico, distorsionen lo que tienen detrás, y a su vez, logren reflejar las múltiples caras del objeto que tienen por delante. Dibujos en fondos negros, telas sin preparación, sugieren una mirada al infinito, a otras galaxias. En todas las obras que tenemos a nuestro alrededor la ciencia se manifiesta. Los dibujos parecen construirse con la falsa arbitrariedad con la que se construye el universo, todas las obras sugieren ciencia ficción. Es la magia del cosmos lo que Alfio decodifica para nosotros.

La muestra cuenta con un texto donde el artista devela su fuente de inspiración. En él nuevamente la ciencia es protagonista, dos citas de autoridad construyen los argumentos inspiracionales. Hay en Refléctica un vínculo estrecho entre la luz y lo que ella nos permite ver. Vínculo que se pone en juego con descubrimientos de neurociencia que dan cuenta de la posibilidad de sentirnos y comunicarnos a partir del corazón y la mente, con otros seres próximos y no tanto en el espacio. Un postulado que seguramente hemos sentido y quizás desestimado, condujo al artista a reelaborar la certeza de lo engañosa que es la vista humana.

Ya sea por el trabajo que Alfio ha desarrollado durante más de dos décadas con la luz, como por la virtud de ésta para dar cuenta fácticamente de la visión sesgada de la realidad a la que accedemos los humanos naturalmente, el empirismo científico se hace próxima ante el público a través de las obras. Esa mirada parcial, incompleta, que evidencia Demestre, es dentro de la muestra, la llave con la que los espectadores completaremos las imágenes que nos son sugeridas. Hay estímulos en cada obra, se presentan ante nosotros con formas refinadas, geometrismos y curvas blandas, estímulos elegantes que están allí para que cada espectador se ponga en contacto con lo que su parcialidad le deje ver.

En la inauguración la palabra recurrente fue elegante, las distintas miradas coinciden. Pero ¿qué es lo que hace que el eco en la sala repita elegancia? Tal vez la aparente sencillez de las piezas, quizás la infinita fragilidad de las formas, seguramente la calidad y el buen gusto de las obras, que al representar aristas del universo dentro y fuera de este mundo, hacen de su precisión un manifiesto de distinción develando su pura belleza y una complejidad conceptual cuya esencia se vuelve accesible a simple vista.

Alfio Demestre hace más de veinte años se desarrolla como artista, cuenta a su vez con una vasta experiencia en montaje que hace que cada exhibición sea un despliegue de virtuosismo, logrando hacer funcional cada dispositivo para que las obras transmitan lo necesario y funden en el espectador preguntas, pensamientos, ideas. En su trabajo hay un devenir del universo, de su construcción hacia el espacio infinito y deconstrucción en lo inmediato, próximo, material. Lo que en papel dibuja, con distintos materiales construye y así despliega en diversas materialidades fragmentos de un cosmos que se le revela y comparte, para que pueda ser recorrido, tangible, próximo ante el espectador; para que pueda seguir desarrollándose hacia el infinito esa galaxia que trae para nosotros. Consciente de la mirada ajena busca conocerla, cuenta con ella, la disfruta y la fomenta.

Al igual que un científico, Alfio investiga permanente cuales son las ocupaciones de la ciencia y las utiliza en su obra, convierte los últimos paradigmas del campo de las exactas en arte. Fusiona las dos disciplinas y las encuentra, las hace dialogar, las vuelve obra próxima para cualquier espectador que logre confiar en su instinto. Hace de su apropiación de la ciencia un objeto obra que sorprende al reflejar la certera imaginación de un creador.

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¿Cómo surgió la muestra?

La muestra surgió porque, más allá de que lo que se expone, está pensada dentro de una muestra más grande, la verdad es que la obra también está pensada para el espacio específico de Pasto Galería. Yo venía trabajando con mis dibujos, esculturas de reflejo de la luz, los polarizadores, las pinturas, desde hace ya un tiempo, probablemente todo haya empezado cerca del 2009/2010. Después se destila una parte más chica o aledaña a exhibir en Pasto.

¿Por qué se llama Refléctica?

Siempre pensé que los nombres de las muestras eran confusos porque en general, lo que me pasa a mí, es que me dan falsas expectativas, no me gusta eso. Entonces quise buscar una palabra muy precisa, cuasi inventada. Al final fue lo pasó, usé una palabra inventada para denominar un cierto estado mío y del espectador, que es esto de que la persona pone en práctica su intuición y su imaginación en el momento de contemplar el trabajo.

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¿Cómo nace tu interés y búsqueda en la ciencia?

Siempre me gustó la ciencia. En realidad siempre me gustó el experimento más que la ciencia. Desarmaba juguetes, armaba cosas con pedazos de otras, siempre el mundo de la fantasía estuvo muy ligado. Pero si me pongo a pensar, cuando ya tenía más conciencia me gustaba mucho la ciencia ficción. Finalmente la ciencia se basa en la ficción. La ciencia es una pregunta. La ciencia ficción está basada en la ciencia y al mismo tiempo le da parámetros para que la ciencia dura se posicione en algún lugar, empiece a pensar las cosas desde algún lugar; y todas las especulaciones científicas serias vienen de haber leído un libro de fantasía, de ciencia ficción, de Julio Verne, hasta Asimov, son un montón de especulaciones de gente que tuvo contacto con la ciencia pero al mismo tiempo es fantasía, es un proceso imaginativo. Así que no sé si estaría separado en mi manera de pensar, la ciencia de la fantasía. Yo no tengo casi ningún contacto con la ciencia dura, ciencia de laboratorio, así muy duro, muy adentro, me encanta como amateur. Pero también sé que todos estos pasos de la poética ficcional tienen mucho que ver con aquello en lo que los científicos basan sus investigaciones.

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¿Cómo es tu vínculo con los espectadores a la hora de pensar la muestra y al componer tu obra?

Como tengo experiencia en ver, me siento hacedor o creador y tengo bastante facilidad para ponerme en el lugar de espectador, incluso con mi obra, o sea, puedo abstraerme, soy bastante autocrítico y puedo ver si no está bueno o si está bien. Es un ejercicio que no dejo nunca de hacer, trato de ponerme siempre del lado del espectador. Ese es el vínculo, que es interno en realidad. En el sentido de que no estoy pensando qué va a decir el espectador, sino que estoy tan adentro de esa situación de ser espectador que no hay un estado previo pensando en cómo el espectador va a situarse, sino que es una situación mucho más fluida. Dejo fluir en un mundo de incertidumbre, en algún punto, porque no pienso que haya módulos de especulación para después pensar qué va a pasar con el espectador acá, qué va a hacer. Es un poco lo que pasa en los dibujos, yo propongo pautas y la persona después viene y encuentra una determinada forma. Yo no hice esa forma, pero sabía que eso estaba abierto a que la persona encuentre algo. Entonces me parece que en el momento en que estoy haciendo la obra no pasan por mi cabeza palabras, ni estados posibles de otras personas, sino que es como un continuo fluir, como si te clavaras una canilla en el pecho y empezara a salir algo de tu ser; pero si lo detuvieras y analizaras un poco eso se perdería la gracia de hacer obra. Hay otros artistas que sí lo hacen, de hecho yo en algún momento de mi vida he hecho alguna obra especulando ciertas cosas. Ya no lo hago más porque me parece que es un trabajo que no rinde demasiados frutos porque no podés hacer que eso funcione  y a su vez es una pérdida de tiempo.

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Mirada sesgada de la realidad, posibilidad de sentir a los otros por las ondas del corazón y la mente, estos postulados son aceptados en la ciencia pero no muy promovidos popularmente ¿Por qué creés que pasa esto? ¿cómo ves que se manifiestan estas concepciones en la actualidad?

A mí estas apreciaciones me interesan y las tomo, me parecen buenos puntapiés para generar poéticas alrededor, pero la verdad no tengo una investigación muy precisa sobre porqué pasa esto.

En un punto me siento partícipe de una generación a la que se le agotaron los recursos. Entonces creo que si se agotaron ciertos recursos; me refiero a recursos de la fe, yo no soy una persona religiosa ni mucho menos, pero sé que el misticismo está perdido, se perdió hace siglos; entonces me parece que hay búsquedas, son búsquedas globales. La gente necesita entender y entenderse. Son posibilidades, hay tanta gente en el planeta, tanta gente por ahí repartida que siente tantas cosas distintas… Me parecen acercamientos, no sé lo que pasa y hasta dónde llega, cuáles son los parámetros. Sí sé que cuanto más abierto esté, cuanto más heterogénea sea una manera, una fórmula de entendimiento, y más posibilidades tenga de incluir a todos, tiene más chance de alcanzar al espectador y hacerlo sentir el arte. Se habla de la energía del corazón, esto ya es medible, todos tenemos corazón, todos sentimos…      

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¿Cómo te encontraste con los polarizadores? ¿Cómo descubriste ese material?

Me encontré con los polarizadores siguiendo un poco esa política de juego de cuando era chico, que desarmaba los juguetes; o con el grupo Oligatega, con el que trabajo desde hace muchos años, desarmamos cosas que llegan a nosotros, tecnología, un poco para ver. Una vez habíamos pensado que era una manera de revertir la tecnología, usarla de una manera para la que no fueron creadas, ese ejercicio lo hicimos siempre. Y los polarizadores fueron un hallazgo de cuando desarmábamos computadoras, monitores, plasmas, pantallas de led; empezamos a ver que todas estas piezas están manufacturadas para un componente electrónico, ahí me encontré con eso.

 

¿Cómo ves la escena del arte?

Veo todo un poco quedado, apagado. Hay cosas buenísimas, pero estamos en un lugar donde a la cultura se le da poca importancia, poca relevancia. La gente no está acostumbrada, educada, para disfrutar algo. Se lo pierden, porque están educados para consumir televisión pero no arte contemporáneo ni el arte clásico. Hay un montón de gente que quizás podría disfrutar un poquito más si tuviera las herramientas.

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¿Cuáles serían esas herramientas?

Un poco de educación. El arte clásico tiene una llegada un poco más grande porque tiene ciertas situaciones normativas estéticas e incluso mecanismos ideados por los propios artistas para que la persona se sensibilice, pero el arte contemporáneo, conceptual, tiene ciertos parámetros que son un poco elitistas, están encapsulados en un montón de ideas que tienen que estar transmitidas, situaciones allanadas para que la persona pueda disfrutar de eso. Y se complica bastante ese proceso porque para que la persona pueda realmente disfrutar del arte y pueda tener una experiencia trascendental tiene que poner mucho de sí, mucha energía, muchas ganas, para poder establecer un vínculo que tiene que ver con la magia, con la intuición, con la imaginación, tiene que  vencer  un montón de barreras que tienen que ver con cómo viene su día, sus cosas, su realidad, para poder establecer un vínculo con esa obra que tiene enfrente. Eso es muy difícil.

Una vez leí que si una persona mira más de cuarenta segundos una obra es que es una gran obra, porque la gente en general tiene una velocidad de menos de treinta segundos en un cuadro. Ese podría ser un medidor de cómo veo el arte contemporáneo, una cosa inmediata.

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¿Cómo es tu formación?

Bueno, vengo de una familia de artistas. Mi padre, Carlos Demestre, era grabador, xilógrafo. Mi madre pintaba también, en algún momento. Mi tío también pintaba, se hacía llamar César Clodión, no usaba el apellido Demestre para que no fueran los Demestre por ahí, exponiendo juntos. Así que vengo de familia de gente que escribía, pintaba, hacían grabados; me crié entre artistas. Mi viejo en algún momento dirigió una academia de arte y ahí yo estuve desde muy chiquitito, dibujando con modelo vivo, haciendo escultura , así que fue medio imposible que pudiera no pensar todas esas lógicas como algo cotidiano. Después hice una carrera industrial en el Otto Krause, o sea que adquirí toda una parte técnica que en la educación artística, acá en la Argentina, falla muchísimo. Tuve una educación técnica superior bastante importante, porque el Otto Krause es una de las escuelas más respetadas, o por lo menos en aquel momento era una de las escuelas más importantes de la Argentina. Una vez que terminé ahí el paso lógico era hacer Ingeniería, pero no tenía las aptitudes para hacer esa carrera. Los contenidos me parecían súper interesantes pero como estaban dados, de manera autoritaria, poco artística, me pareció que no tenía que seguir una carrera tan dura como la ingeniería. Quizás me hubieran gustado sistemas, computadoras, pero en aquella época no había nada de todo eso, ni internet, que era una cosa que alguna gente tenía pero no era una cosa cotidiana. Después de escuela técnica fui a la escuela Prilidiano Pueyrredón porque me interesaba mucho la escultura, y ahí me encontré con un montón de gente que fue lo verdaderamente valioso, gente de mi misma idiosincrasia. Empecé a hacer la carrera y viniendo del Otto Krause me parecía que todo era súper fácil, me sacaba muy buenas notas, me pareció que había hecho un cambio correcto.

En el año 1999/2000 formo un grupo con otros cuatro artistas, que se llama Oligatega. Empezamos en una época socio-política difícil en la Argentina, hicimos un colectivo de artistas, donde de alguna manera todos enfocábamos nuestras energías para no estar solos, porque como artista independiente en Buenos Aires era muy difícil encarar una galería, un museo, era como que necesitabas hacer equipo. Entonces nos juntamos y empezamos a hacer un trabajo colaborativo cuando todavía no existían los colectivos de artistas, por lo menos acá en la Argentina, sí en Europa, Fluxus y otros grupos, pero la verdad es que acá en la Argentina no se hacía; sobre todo por la forma de pensar de los artistas locales, donde está el artista sólo y es como un bohemio, que trabaja en soledad; y eso, para nosotros, lo único que hacía era desvincularte de lo que pasaba alrededor, no estabas compartiendo información, era muy celoso todo el circuito, todavía sigue siéndolo un poco, pero no se compartía información de concursos, becas, así que no nos parecía una buena idea quedarse solo sino hacer un equipo y compartir experiencias. Después de eso empezamos a hacer algunas muestras, mostramos en el Museo de Arte Moderno, hicimos varias muestras en galerías emergentes que había y una vez que empezamos a hacer cosas a Roberto Jacobi le pareció interesante lo que estábamos trabajando, también algunos de los chicos iban a algunas clínicas, a raíz de eso nos invitaron a la Beca Kuitca. Después de la Beca Kuitca ya entramos en una especie de lógica, empezamos a entender un poco cómo se manejaba el mundo del arte; una cosa era el pibe que sale de la Pueyrredón, que empieza ahí y va a hacer una muestra en algún lugar, y otra cosa es estar con una persona como Guillermo Kuitca, que tiene mucha influencia y tuvo siempre mucha trascendencia en el circuito del arte y cómo se manejaban los galeristas, los dealers, los marchands, los museos. Empezamos a entender otra lógica y empezamos después a tener unas galerías, o sea que medio que mi formación real en cuanto al circuito empezó más o menos en esa época. Empezamos a tener galerista, a vender obra de arte contemporáneo, más allá de los circuitos más chicos, más de gueto, esto era un poco más de visibilidad. La Beca Kuitca estaba patrocinada por la Universidad de Buenos Aires, por el Centro Cultural Rojas, o sea que había una llegada un poco más grande. Eso en relación a mi inserción en el medio. Después sigo creyendo que mi educación que casi no empezó, porque si pienso que las que considero mis primeras obras realmente serias son del 2008/2009, casi que recién empieza mi educación real como artista. Porque son un montón de pasos que tienen que ver con logros personales, no tienen que ver las instituciones, ni con las acreditaciones, ni con la gente que me diga sí, ahora te recibiste de tal cosa; tiene que ver con haber hecho lo que tenías planeado hacer.

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¿Cuáles son tus referentes?

En principio, el mundo de la ciencia ficción, todo el arte clásico, desde Grecia hasta el arte rupestre. Todas cosas que me llegaron como un juego, yo no las estaba tomando como información, por todo esto que conté de que vengo de familia de artistas, viendo películas, esculturas de escultores en sus talleres, entonces tengo muchos referentes que tienen que ver con eso, con las experiencias.

Después referentes contemporáneos…Hay ciertas líneas de trabajo que me interesan como la escultura que tiene que ver con la luz, desde artistas como Olafur Eliasson, Dan Flavin, escultores clásicos como Henry Moore, gente que trabaja en el espacio, gente que trabaja de maneras muy disímiles, abarcando el espacio. Los trabajos de pared me gustan y hay muchos pintores que me parecen fascinantes pero siento que la escultura tiene cierta gravedad. Gravedad en términos de peso y de fuerza del acontecimiento. Hay algo de la escultura que modifica el espacio y creo que el arte es eso, modificar el espacio que te rodea y los cuadros se quedan un poco cortos en esto de modificar el espacio.

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Podés visitar la muestra durante lo que queda de Agosto y hasta el 17 de Septiembre de martes a domingo de 14 a 20 hs en Pasto Galería, Pereyra Lucena 2589, http://www.pastogaleria.com.ar/

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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