–Lo único seguro en la vida son los cuernos y la muerte –me dijo mamá una vez que me vio dibujando corazoncitos en la agenda.

Yo justo ese día había sacado un boleto capicúa, el número 25852, que me daba 22, 2 y 2 son 4, el 4 es D, de Daniel, que justo a la mañana lo había pescado en matemática mirándome desde la otra punta del aula, y Valen el lunes me había dicho que él siempre preguntaba por mí en el kiosco, así que pegué el boleto en la agenda, porque era la señal de que íbamos a ser novios seguro. Ahí fue cuando mamá me vio, yo no la vi venir porque estaba concentradísima pintando y dibujando, y ella entró por atrás y tuvo tiempo de leer por encima de mi hombro y después me dijo eso de los cuernos y la muerte.

Yo ya sabía cómo se ponía ella con el tema, así que pasé la página para ver qué tenía en el cole al otro día y me puse a armar la mochila.

–Cuidate de ese Daniel, seguro que es un hijo de puta.

La tía me dijo que cuando está así no le tengo que llevar la contra, pero a veces no me puedo aguantar.

–Daniel es distinto.

–Son todos iguales –me dijo mamá.

Yo empecé a levantarme, me colgué la mochila, junté la agenda, y pensé que iba a poder salir de la cocina. Si salía, enseguida me iba corriendo para arriba como hacía siempre y me encerraba en el baño con el agua abierta para que pensara que me estaba bañando, o en el dormitorio y ponía los dibujitos bien fuerte, y así dejaba pasar un rato largo, hasta que a ella se le pasara el mal humor.

–Y vos sos una pelotuda si pensás que el pibe ese te va a hacer feliz –me dijo justo cuando iba a salir. –Sos una pelotuda si pensás que vas a ser feliz alguna vez, con este hijo de puta o con cualquier otro que se te cruce.

Salí por fin y empecé a subir lo más rápido que podía, pero ella me empezó a correr por la escalera.

–Voy a hablar con la directora para que lo cambien de aula al mocoso ese de mierda, que lo manden al turno tarde, y voy a hablar con los padres, si te toca le corto el pito, te juro que le corto el pitito de mierda que debe tener.

Yo me metí al baño que estaba más cerca que mi dormitorio, y cerré la puerta, pero ella la atajó, le pegó un golpe que la puerta rebotó contra el inodoro, y yo me caí para atrás en la bañera, se salió la cortina y se me cayó encima, y mamá me seguía gritando.

–Y si a vos se te ocurre tocarlo te voy a llenar la conchita de fósforos y los voy a prender a todos juntos, ya vas a ver si vas a querer seguir dibujando corazoncitos después.

Después me abrió el agua fría y se fue.

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