El pasado 10 de marzo se presentó en la residencia del embajador uruguayo en Argentina la cuarta edición de Tebas Land, obra de teatro del dramaturgo y director de teatro uruguayo Sergio Blanco. Esta es la primera edición argentina y la cuarta en el mundo. Su presentación coincide con el estreno de la obra en la sala Timbre 4, donde la dirección de la puesta está a cargo de Corina Fiorillo.

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El texto se articula como un espacio en expansión, es mapa de un territorio semiótico infinito y circular que toma forma de teatro por las múltiples líneas de fuga que sugiere. El argumento: Un director y dramaturgo uruguayo se encuentra escribiendo y ensayando una obra de teatro sobre un caso real de parricidio. Visitas a Martín, el parricida preso condenado a cadena perpetua; en paralelo ensayos con Federico. La poca didascalia que presenta la dramaturgia esclarece desde el principio que Martín y Federico serán interpretados por el mismo actor; en esta instancia también sabremos que el espacio de representación será la cancha de basquet de una cárcel y a la vez una sala de ensayo. ¿Cuándo comienza a escribirse una obra? ¿Cuándo comienza a planearse un parricidio? ¿Le debemos amor incondicional a ese padre representante del poder establecido e impuesto y por lo tanto coercitivo? Preguntas que transitan y hacen parte del aire que se respira en la lectura.

Tal como corresponde a un evento de presentación de una obra plagada de posibilidades de sentido, durante el encuentro se dejó ver una articulación de varias entradas. Allí se encontraban no sólo el Embajador que nos recibió para la ocasión y el autor de la obra, quien nos permitió hacerle algunas preguntas que acompañan estas líneas; sino también la directora de la obra en la argentina, la editora cordobesa Gabriela Halac, que a causa de la exquisita edición nos instaló preguntas ante las que brindó enriquecedoras palabras, y Lucía de la Maza, directora de la obra en Chile, donde también se presentará el libro y cuya puesta en escena tendrá lugar durante el mes de agosto. El evento resulta un reflejo de la punta de iceberg en que se ha trasnformado Tebas Land, una obra que cautiva en instancia de lectura y que gracias a esta edición sacia el apetito conceptual y curioso de quien lea, gracias a la inclución de la bitácora de Sergio Blanco como un regalo para los lectores. El aire de la presentación daba lugar a una fantasía de maratón tebana, pedimos el público, poder ver en continuado las puestas argentina y chilena, para luego pensar y organizar el propio parricidio. Por fuera del deseo, 2017 resulta ser un año tebano gracias a esta red de libro más representaciones en cadena.

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El parricidio en tanto mito fundacional atraviesa nuestras categorías morales pero ante todo se lo sabe instalado en el imaginario como un hecho emancipatorio, como una acción liberadora y según muchos, como un acto necesario. En el texto, el autor reúne varios relatos en la historia universal que dan cuenta de múltiples y complejos vínculos entre grandes artistas o personajes y sus padres: Dostoievski, San Martín de Tours, Mozart. A su vez, como corresponde a un pensador-artista contemporáneo, la obra plantea cuestiones vinculadas al valor del original y la copia, a la distancia entre el arte y la realidad, presente acá no sólo en el contraste entre el encierro del personaje y la representación actoral de un otro que construye imaginando y en libertad.

La calidez del autor aparece en la poesía de la obra, sorprende escucharlo hablar con ternura de sus propios padres, agradecer el acompañamiento que sintió de ellos desde pequeño y conmueve enterarse de que ya en su primera infancia, su madre, que estudiaba los mitos, practicaba su exposiciones ante Sergio sembrando así el germen de esta historia que hoy es otro éxito de Blanco. La sorpresa que sentí ante la familiaridad y la calidez del director y dramaturgo uruguayo pusieron en evidencia la confusión entre ficción y realidad que genera Tebas Land, obra que tiene como protagonista a S, también director y dramaturgo, pero mucho más seco y triste que el hombre que recuerda sus primeros encuentros con el parricidio envuelto del amor materno.

 

Preguntas a Sergio Blanco:

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¿Cómo fue el proceso de escritura de la obra?

La convocatoria del San Martín es cierta, el teatro me convocó, yo escribí un texto en ese entonces, tal cual describe Tebas… al principio en el personaje de S. Eso fue en el 2012, cuando se cumplían los treinta años de la Guerra de Malvinas, escribí un texto que se llamaba El salto de Darwin, que se trataba del tema de las Malvinas. Se empezó y luego por una serie de incidentes y problemas, no se pudo hacer, entonces yo ahí decidí hacer este texto que también iba a ser para el San Martín y después lo estrené en Montevideo y no se hizo nunca en el San Martín.

¿Efectivamente vos tuviste contacto con una persona en contexto de encierro para escribir?

No, el género autoficción, con base narrativa, en teatro, yo estoy importándolo al teatro; es la mezcla de aconteceres reales y ficticios, entonces en Tebas Land hay mucho que sí fue real y mucho que fue ficción, en este sentido el caso jurídico es un caso inventado por mí, no existe y no, nunca me encontré con un prisionero.

Pensando en el patriarcado como una instancia donde el padre fue sacerdote, juez y dueño de la familia; tomando esta afirmación de Engels de que la familia son los esclavos del patriarca, ¿para vos el parricidio puede ser una forma de revelación ante esta esclavitud o para vos tiene que ver con una cuestión netamente afectiva donde se toman las condiciones inmediatas de vida y se excluye todo lo anterior?

No, creo que no la excluye, creo que tiene sin lugar a dudas esto que decís, adhiero mucho a esto que decís, a esa noción. Creo que el acto parricida como acto simbólico es muy importante, levantarse y sublevarse contra todo sistema de autoridad, contra ese goce primario que te dió vida y al mismo tiempo te impuso la ley. Me parece que sí, reivindico el parricidio simbólicamente, yo creo que, y Tebas… lo dice, todos buscamos en algún momento matar a nuestro padre. No nuestro papá, al padre en sentido de esa ley suprema que nos gobierna, que nos ordena, que nos estipula, que nos civiliza de alguna manera, y todos tratamos de levantarnos frente a eso, sí. Es como un acto de recuperar una cierta autonomía, una cierta libertad si no es imposible, yo creo que todos de alguna manera cometemos un crimen con él. Tebas es eso, más allá del padre de Martín, es el símbolo de lo importante que es independizarse de la figura esa.

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¿Encontrás algún vínculo entre escribir teatro y matar al padre?  Porque vi una entrevista donde decís que el arte es inútil…

Eso sí, de eso estoy seguro. no sé si hay un vínculo entre matar al padre y escribir teatro.

Pero Tebas Land fue un lugar donde mataste a un padre, por lo menos al de Martín

A varios… Sí estoy convencido de que el arte es inútil, adhiero mucho a esa definición hermosa que da Oscar Wilde en el prólogo de El retrato de Dorian Grey, donde dice “toda obra de arte es una pasión inútil”, en ese sentido entiendo que es algo que no sirve para nada. Cuando a veces pretendemos asignarle una función política, de que el arte nos hace mejores, de que el arte funda la ciudad, donde el arte es ciudadano… No, yo creo que el arte nos enfrenta al horror de lo que somos también y que el arte no necesariamente está para soldar la sociedad y la comunidad, sino que también está para interrumpir el pacto social y está para saturarlo y para disolverlo. Creo que el teatro, y en eso adhiero más a la noción de Artaud, es una peste que llega a una ciudad y saca lo peor de uno mismo, de los cuerpos, y el teatro tiene eso, en el propio ADN del teatro, el hombre ateniense iba a ver a escena los horrores de la sociedad, los dramas más existenciales, más negros, más oscuros; entonces no sé si nos hace mejores. Creo que es algo inútil en el sentido… Lo inútil es algo hermoso, lo que no sirve para nada, para qué sirve un jazmín, para nada sirve. Es una pasión inútil y a mí me parece que está bien que no sirva para nada, que no haya encontrado una utilidad, en el sentido de “el arte va a cambiar el mundo”, no el arte no puede cambiar el mundo y mejor que no seamos los artistas quienes cambiemos el mundo porque puede ser un peligro, puede cambiar la vida de una persona, pero no sé si cambia la sociedad, el arte.

¿Cómo fue en lo dramatúrgico el vínculo del parricidio con la cárcel?

Cuando vi la cancha de básquetbol me interesó. La vi yendo a trabajar una mañana a la universidad bien temprano en París, en la esquina donde yo vivo, donde tomo el metro hay una cancha de básquetbol, inmediatamente pensé qué interesante que sería una obra que pase dentro de una cancha de básquet. Esas canchas que están enrejadas. Me pareció un espacio poético, un espacio teatral. Inmediatamente me subí al micro y lo empecé a dibujar, por eso digo que Tebas la empecé dibujando. Después se me ocurrió que podía tratar hablar del tema de Edipo, quería reescribir, quería trabajar sobre Edipo Rey, trabajar con el mito… Se fue casi escribiendo sola, es una obra que yo llevé muchos años escribiéndola sin saber que la estaba escribiendo. La escritura no es el momento en que uno se sienta y escribe en la computadora o escribe en el papel, es un proceso que a veces comienza mucho antes.

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En la bitácora del final está la cárcel de Montevideo.

Sí, es una foto que yo saqué cuando fuimos con el equipo de diseñadores y los actores cuando montamos la obra.

¿En alguna representación de la obra interpretaste a S?

No, yo sólo dirigí, no soy actor.

Pero vi en una entrevista que te hicieron en Uruguay que estabas actuando…

Ese es un trabajo que hice con mi hermana Roxana, de ficción, ella es actriz de teatro. Los dos juntos estamos en escena y leemos un texto que se llama Ostia que se trata de un hermano y una hermana, pero fue lo único que hice, no soy actor.

El personaje de Martín ejerció en su pasado la prostitución, esto en el imaginario social da cuenta de un costado homosexual, siendo que la prostitución masculina no se vincula a un consumo femenino tanto como masculino; a su vez en algún momento se sugiere un costado erótico hacia S, me interesaba pensar la homosexualidad en relación al padre, ¿cómo se articula, cómo trabaja esa prostitución masculina que se sugiere homosexual con ese parricidio?

Sí hay referencia, hay sensualidad en toda la obra. El tema de la homosexualidad es inseparable del mito de Edipo porque él hereda su tragedia por lo que pasó con Layo, que fue su padre quien habría raptado a Crisipo joven y habría sido, según la mitología griega, la primera relación homosexual de la historia, entonces hay una condena de alguna manera, por eso yo quería abordar un poco el tema, no sé si de la homosexualidad, pero sí las sexualidades múltiples. Nada es claro, es muy compleja esa escena en la que hablan.

S no habla ni de sexo ni de religión, parece pacato en relación al imaginario de hombre de teatro.

Es quizás el personaje más solitario de la obra, los tres son seres solos, pero S es un personaje que también está encerrado en su propio mundo, de alguna manera está aprisionado como Martín. El único que no está prisionero de nada es Federico que es el que puede representar, ser dos al mismo tiempo.

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¿Cómo se jugó para la vos la relación entre la presentación y la representación, que está todo el tiempo muy presente?

Hay una especie de muñeca rusa, cajas chinas, la meta teatralidad.

Creo que Tebas Land habla también de la estructura de la obra de teatro y es una especie de tesis sobre la estética, sobre lo que es el mundo de la representación y esa idea que avanza, que propone el personaje de S es que la representación del mundo es más interesante que el mundo y yo creo en eso, que el arte es más interesante que la vida real. Porque la belleza en el arte siempre va a ser bella y el horror en el arte está allí y no está en la vida real, entonces de alguna manera la reproducción del mundo a mí me resulta más interesante que el mundo, mucho más interesante. Sí creo que la experiencia estética para mí es una de las experiencias mayores, más que las vitales. Es también una experiencia vital la estética, pero la reproducción del mundo es siempre más interesante que el mundo, porque creo que la belleza de una pintura es algo extraordinario, va a estar para siempre, es eterna y la representación del horror es una representación, no es la verdad; entonces el campo de la ficción para mí es siempre mejor que el campo de lo real. Y también puedo decir qué es ficción y qué es real, no? Me interesa mucho más el campo de la ficción que el de la realidad. A mí no me interesa que dos y dos sean cuatro, a mí me interesa que dos y dos sean seis, en ese sentido los mundos imposibles son más interesantes que los mundos posibles.

¿Cómo funciona la memoria –olvido y recuerdo- en tu escritura?

Yo estoy en contra de la memoria, me parece que es muy importante el olvido y que el olvidar es lo que nos permite sobrevivir antropológicamente. No soporto la memoria, me parece algo hermosísimo que las cosas se diluyan en un tiempo pasado. Yo reivindico mucho el olvido, es fundamental. Si no olvidáramos el humano no podría vivir, lo que permite el funcionamiento del cerebro son las capacidades de olvido más que las capacidades de recuerdo, entonces me parece que el olvido es importante y que es importante combatir también el olvido.

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¿Dónde ves una escena?, ¿dónde aparece una escena?

Todo el tiempo, el mundo es un escenario, como decía Shakespeare, el gran teatro del mundo. Todo el tiempo estoy viviendo los espacio como una escena.

En el procedimiento de escritura lo que hago es jugar con las palabras y las escenas van apareciendo solas, no es que quiera escribir una escena, yo trabajo con el lenguaje. Yo no sé si escribo escenas, yo escribo palabras, pongo palabras en papel, las organizo, después de pronto aparece una escena, pero a mí no me interesa la escena, a mí me interesa cómo esa palabra puede despertar algo en la cabeza o en los sentimientos de la persona que lo va a leer. La escena me interesa como estructura teatral, ahí sí, uno la organiza, la empieza, la termina.

¿Cuándo empezaste a pensar en el parricidio?

No me preocupa el parricidio porque lo trabajo a nivel simbólico.

Desde chiquito siempre me quise oponer a toda forma de autoridad, pero no es algo que me habite o que piense en relación a mis padres. Desde pequeño me quise oponer a toda ley y el escritor de alguna manera es alguien que se levanta contra la ley, porque escribir es atentar contra el lenguaje y el lenguaje es la ley que nos obliga a hablar, entonces el propio gesto de escribir ya es violar todas las leyes del lenguaje, cuando uno escribe de alguna manera uno está sometido al lenguaje. El lenguaje es fascismo puro, nos obliga a hablar de alguna manera. El lenguaje no es impedir, es obligar a decir algo y la lengua nos obliga a hablar. La única salida que tiene el lenguaje, como dice Barthes es la literatura, donde cada uno puede hacer lo que quiere con el lenguaje y cuanto más viola le ley, más interesante es la experiencia poética.

 

Charla con Gabriela Halac:

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¿Cómo trabajaron esta edición que sorprende por no tener errores y por ser completa a la hora de construir un universo alrededor del texto dramático?

El libro es respetuoso con el trabajo del autor, o sea, que el editor justamente logre llevar a un lugar el trabajo del autor, al cual también lo vincule de una mejor manera con los lectores.

¿Cómo fue tu encuentro con la obra y cómo seleccionaste el material que se incluye?

Hay algo que juega muy a favor que es la intimidad que uno ya tiene con un autor que conoce hace tiempo. Yo Tebas… no es la primera obra de Sergio que conozco, conozco muy bien a la obra de Sergio y a Sergio como persona y como pensador del teatro, eso te da siempre más llaves con las que podés abrir más cajones y a permitirte más cosas como editor. La edición la pensamos como una puesta en escena, el libro es un espacio para poner en escena un texto  y el trabajo del editor es justamente proponerle al autor otro tipo de desafío, de acuerdo a la lectura que uno sea capaz de hacer ver cuáles son los canales posibles dentro de la imaginación que uno tiene. Por otro lado Federico Irazábal es un crítico, pensador del arte contemporáneo que a mí me parece que además de ser generacionalmente compatible con Sergio porque han nacido el mismo año, es un crítico que ha evolucionado su escritura y su pensamiento de una manera que a mí me interesa mucho, pero además está muy en vínculo con la editorial, es prologuista de muchos de nuestros libros, y a mí me gusta esa insistencia, creo que el libro es un mundo para obsesionarte con ciertas cosas, y Federico por supuesto, conoce la obra de Sergio y estaba encantado en hacerle el prólogo.

Marco Antonio de la Parra, que es el que hace el posfacio tan singular, que es una serie de cartas que le escribe a Sergio, es chileno; la obra se va a representar en Chile en el mes de agosto y mi idea es que uno siempre se tiene que poner en contexto de acuerdo con el público lector al cual se va a enfrentar y nosotros íbamos a ir a Chile con el libro. Marco Antonio de la Parra es una de las voces que me parece más reconocida y además había un vínculo entre Marco Antonio y Sergio, y Marco Antonio ya conocía a Tebas… Entonces parecía una oportunidad increíble cuando mandó su propuesta epistolar, que no era un requerimiento editorial, sino que fue una propuesta de él, me pareció de alguna manera una genialidad para terminar el libro.

Y la bitácora tiene que ver con una lectura bífida; por un lado Tebas Land es una obra que habla del proceso de escritura, por lo tanto a mí me parecía conceptualmente valioso tener otra visión de la obra. Tener la bitácora significaba poder indagar en esa construcción, en ese espacio de proceso creativo. Por otro lado, estamos saturados de imágenes, de posibilidades de acceder a la obra, vos  googleás Tebas Land y te aparecen una cantidad de imágenes de todas las Tebas… que se han puesto, de los afiches de las obras, entonces el libro no es el mejor espacio para representar una imágen de una obra que se haya hecho para representar a Tebas. Ninguno de nuestros libros tienen imágenes de las puestas, sino que más bien la cultura contemporánea nos liberó de esa obligación de tener que documentar eso, entonces eso nos dió la posibilidad de contar algo que tenía que ver con la intimidad de obra, con la intimidad del proceso creativo, algo que no se muestra, que no está en la obra y que normalmente el autor no va a postear en su facebook porque son cosas que necesitan otro tipo de cuidado.

Estuvimos hablando mucho con Sergio sobre la inclusión de la bitácora, finalmente lo logramos y para mí es un regalo para el lector, poder ver algo que tuvo que ver con un tiempo otro, con una anterioridad. Estamos acostumbrados que los libros sean fruto de un proceso de depuración en donde uno muestra lo que quiere, muestra el final, pero la espesura que compone todo ese proceso y todo ese tiempo en que uno estuvo trabajando para llegar a ese punto final, es algo que normalmente se esconde y Tebas Land, hablando ayer con Corina, con Sergio; Corina dijo algo que me pareció genial que fue que el lugar ideal para Tebas Land es el lugar del ensayo, y sin quererlo, la edición busca ese mismo lugar, de ensayar, de pensar. Entonces esa fue nuestra lectura.

Y la tapa, que es muy diferente a lo que se venía trabajando en las otras versiones, para nosotros no era el parricidio en lo que queríamos centrarnos sino más bien en la construcción, en el proceso de construcción de escritura, y en ese sentido, la hoja milimetrada de la tapa, donde Tebas está escrito en lápiz, y es todo una cuestión de boceto, de intentos, de diseños tipográficos, tiene que ver también con esto: el lenguaje es una convención, y una construcción, y tiene sus límites. Tiene milimétricamente pensado hasta dónde puede llegar, entonces nosotros nos centramos más en eso, el lenguaje como construcción, nos vinculamos más al concepto constructivo que trabajó Sergio que al esquema, y de esa manera aportar una pequeña ventana diferente desde una sensibilidad que tiene uno como editor, decir: yo humildemente propongo esta mirada ante ediciones anteriores. Está buenísimo porque te obliga a correr la línea de una primera lectura, tenés que ir a otro lugar y ese otro lugar siempre es un poco más personal, y es un lugar más de uno como lector, que es en definitiva el lugar al que tendríamos que llegar todos los editores, somos lectores, solamente eso.

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Título: Tebas land

Autor: Sergio Blanco

Editorial: DocumentA/Escénicas

185 páginas

 

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Texto: Sergio Blanco

Dirección: Corina Fiorillo

Actúan: Gerardo Otero, Lautaro Perotti

Fotografía: Fabián Pol

Viernes – 20:45 hs

Domingo – 19:15 hs

TIMBRE 4 (México 3554)

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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